Revista de Letras

Un oleaje narrativo

Detalle de 'La llama danzante' | Minúscula

Detalle de ‘La llama danzante’ | Minúscula

El escritor, decía el autor alemán Lion Feuchtwanger, es aquel que establece “una clara conexión entre la vida y la historia haciendo que el pasado de frutos al presente así como al futuro”. Las palabras del escritor alemán podrían servir como acotación literaria a La llama danzante, una novela publicada por Minúscula en la que el autor, José Luis de Juan, convierte el viaje en presente de sus dos protagonistas, Juan y Lotte, en un recorrido a lo largo de su pasado, del cual ninguno de los dos puede desprenderse: a pesar de la distancia cronológica, el pasado sigue marcando la ruta que, desde el presente y con la mirada puesta en un futuro, también atrapado en los condicionantes del tiempo ya transcurrido, Juan y Lotte realizan a lo largo de la geografía norteamericana.

Más allá de las etiquetas genéricas, La llama danzante no es solo una novela de carretera pues, a pesar de que el escenario geográfico remita directamente a la narrativa norteamericana de viaje, en especial a la novela On the road, la obra de De Juan inscribe el tiempo en el espacio del viaje, a través de una construcción palimpsética en la que presente y pasado conviven en una confusa atemporalidad: el presente es dominado por un pasado del que no puede desligarse a la vez que el pasado es releído desde la perspectiva presente de los dos protagonistas, que en sus recuerdos lo reescriben y lo reinterpretan. En este juego de reescritura que supone todo acto de memoria, Villa Aurora es solo en apariencia el punto de partida del viaje de Juan y Lotte: en esta villa, reconvertida en los años noventa en residencia para artistas y que había sido el hogar de Lion Feuchtwanger al exiliarse en Estados Unidos durante los años del nazismo, los dos protagonistas se reencuentran y comienzan un largo recorrido, montados en un viejo Chevrolet, por el desierto de Arizona y el Pacifíco.

José Luís de Juan | Julia de Juan

José Luís de Juan | Julia de Juan

“El viaje era el amor y de él se sabe el momento de partir, incluso a veces tampoco este, pero nunca la llegada, o la renuncia a seguir”, comenta el autor de la novela quien subraya la difícil demarcación del momento de partida, un momento que se hace huidizo puesto que el viaje comenzó antes, en las experiencias pasadas de los dos protagonistas así como en el legado familiar que ambos arrastran: se trata de un legado que es, a la vez, el pasado reciente de Europa, el de la Alemania Nazi –por parte de Lotte- y de la Guerra Civil Española –por parte de Juan. A través de sus historias familiares, José Luis de Juan presenta la todavía problemática historia reciente, cuyos hechos todavía siguen abriendo unas brechas que nunca llegaron a cicatrizar:

“El abuelo Pepe, el abuelo Miguel, el abuelo Hans: los tres fueron procesados por una corte marcial y condenados, presos en una cárcel militar. Pero a cada uno lo suyo”, reflexiona Juan, voz principal y estructurante de la obra.

El intento de una reconciliación parece condenado a fracasar, como también el intento de la pareja de encontrar un lugar para su relación, deseada por ambos a la vez que rechazada por los sentimientos de culpa que invaden a los dos personajes. Encontrar ese lugar es desprenderse, en cierta medida, de las ataduras del pasado, pero ¿acaso es esto posible?

“No lo sé. Quizá sea una novela a la postre pesimista, descreída, que niega el espacio y el tiempo en relación con el esfuerzo del amor”, comenta Juan Luis de Juan, antes de citar los veros de Ingeborg Bachmann “En el espacio del amor / la pantera está sola”. “Es una condena”, continua diciendo el autor, “queremos compartir, queremos querer y que se nos quiera en un espacio común, y ese espacio es como una ola, inestable, dominado por vientos lejanos, que acabará rompiendo”. Lotte y Juan son víctimas de esta ola, de su inestabilidad; ellos no consiguen alcanzar el equilibrio que, sin embargo, la novela no niega: “el lugar nuestro existe, es cuestión de tenacidad y de humildad hallarlo o comprender que lo hemos hallado”.

Abandonados a su suerte, Juan y Lotte tratan de sobreponerse a la ola de inestabilidad empujada, desde el pasado, por sus propias existencias, por las personas que la han conformado y por los relatos que han configurado y configuran su presente.

Minúscula

Minúscula

Escrita en tercera persona, La llama Danzante es una novela polifónica en la que los relatos de los dos protagonistas se entrecruzan y se superponen a la vez que, a través de sus propios relatos, el autor incorpora las voces y testimonios de los personajes secundarios que, desde un tiempo pretérito, intervienen en la configuración del inestable presente de los protagonistas: el presente de Juan y Lotte carece de un punto de amarre, de una sólida referencia. El pensamiento constante de Lotte hacia sus hijos –paradójicamente llamados Hansel y Gretel, aquellos dos niños de los Hermanos Grimm cuya madrastra quiere abandonar en el bosque- y su sentimiento de culpabilidad por haberlos dejado al cuidado de su exmarido, convive con el peso de una maternidad que se presenta como castrante, impedimento para encontrar el lugar buscado.

La existencia, por tanto, de los dos protagonistas, se configura a partir de una pluralidad de voces y de relatos existenciales que la preceden: en su estructura dialógica, en palabras del teórico Mijail Bajtin, La llama danzante se presenta como una narración en estilo indirecto libre que remite estilística y formalmente a la narrativa de Virginia Woolf y, en especial, a Las Olas, cuyos personajes son asimismo arrollados por su pasado:

“Hace mucho tiempo que leí Las Olas, pero sí, hay puntos de contacto”, me comenta Juan Luis de Juan, “esos personajes que se construyen a través de otros, que se reflejan en otros y que no logran avistar su propia identidad más que a través de la emoción que los demás crean en ellos”. Si bien Las Olas es aparentemente el referente más directo, el autor hace mención también a Orlando y a su protagonista, “el personaje doble, que viaja en el tiempo y en el sexo, en la sustancia del amor”.

Todos estos recursos permiten al autor un distanciamiento de la acción que desborda la linealidad de la trama, enriquecida y ampliada por subtramas paralelas en las que predomina la reflexión.

“La construcción polifónica me permitía distanciarme de algo demasiado cercano. En realidad es una primera persona porque la mayor parte del relato tiene un único punto de vista. No obstante”, matiza De Juan, “el narrador encubierto, Juan, es proclive a mirar las personas y la situaciones desde distintos puntos de vista, siempre egocéntricos, aunque no lo parezcan, porque practica la empatía”.

La llama danzante es, en definitiva, una obra narrativa que en su naturaleza poliédrica desborda los géneros: no solo propone una reescritura de la denominada narrativa de viaje, sino que indaga en este género literario hasta convertir el espacio geográfico en el relato sobre el cual se escriben y se inscriben las experiencias vitales. Como testimonian Juan y Lotte, es imposible vivir en el más absoluto de los presentes –el presente, ese tiempo cuya instantaneidad lo convierte en seguida en pasado-, y nuestras experiencias están inevitablemente atrapadas en los relatos que los otros han escrito, a través de sus propias existencias, y que inevitablemente confluyen en nuestro inestable recorrido.

Etiquetas: Arizona, Chevrolet, Estados Unidos, Europa, Hermanos Grimm, José Luis de Juan, La llama danzante, Las Olas, Lion Feuchtwanger, Minúscula, On the Road, Orlando, Pacífico, viaje, Virginia Woolf

Sobre el autor

Anna Maria Iglesia

Anna Maria Iglesia (1986) es licenciada en filología italiana y en Teoría de la literatura y literatura comparada; Máster en Teoría de la literatura y literatura comparada por la UB. Es colaboradora habitaual de Panfleto Calidoscopio, ha publicado breves ensayos en la Revista Forma de la UPF y reseñas en 452f. También ha publicado artículos en El núvol o Barcelona Review.

¡Comparte este artículo!

Envía tu comentario