Revista de Letras

Víctor del Árbol: “Admiro a la gente que lucha por sus sueños”

10 abril 2012 Entrevistas

Víctor del Árbol (foto: Alrevés Ed.)

Víctor del Árbol se ha convertido, con su novela La tristeza del samurái (Alrevés Editorial), en el primer escritor español que gana el premio a la Mejor Novela Negra Europea  ‘Le Prix du Polar Européen’ que otorga la prestigiosa revista francesa Le Point. El autor catalán recibió el galardón durante la gala de inauguración del festival  ‘Quais de Polar’ que se celebró en Lyon del 3 de marzo al 1 de abril.

La tristeza del samurái ha sido una de las mayores sorpresas literarias recientes. Con esta obra, que comienza en plena posguerra española y acaba el 23-F de 1981, el autor hace una reflexión sobre la culpa, las emociones y el poder.

¿Cómo definirías La tristeza del samurái?

Para mi la mejor definición es que, ante todo, es una novela valiente. Su valentía está en abordar de manera honesta y sincera emociones, a veces sobrecogedoras, que rascan el alma, lo más profundo de los lectores sin caer en los estereotipos de personajes buenos o malos. Los personajes se acaban convirtiendo en compañeros de viaje de carne y hueso, llegas a quererlos y a odiarlos como si estuvieran a tu lado, haciéndote daño o haciéndote feliz. Su fuerza está en una trama que no te deja respirar, porque sientes que tú estás participando de esta historia página tras página.

¿Cuál es la metáfora del samurái?

La “tristeza del samurái” es la que todos sentimos alguna vez en la vida, cuando descubrimos, o nos hacen descubrir que aquello que siempre quisimos ser, que lo mejor de nosotros, es solo un personaje que nos hemos ido creando y creyendo a lo largo de la vida y que se ha acabado comiendo a quien realmente somos. Todos quisieran ser mejores de lo que son, todos desearíamos ser aquello que los demás esperan de nosostros: un buen padre, un buen hijo, un buen amante, un buen amigo, una buena abogada, una buena aristócrata… Pero no siempre lo conseguimos, a veces no lo logramos nunca.

¿La novela es, de alguna manera, un rompecabezas que acaba formando un todo?

La historia está montada de tal manera que crea dos hilos conductores en el tiempo: el pasado -años cuarenta y siguientes- y los ochenta. En estos dos hilos caminan un montón de personajes que en apariencia no tienen nada que ver entre sí, pero que poco a poco, van encajando de manera natural, nunca forzada hasta crear una historia total. Pienso que el éxito que tiene es gracias a una trama muy rápida, muy intensa, que no te deja un momento para tomar aliento. Quieres seguir hasta el final y, a la vez, no quieres que se acabe.

Las emociones ocupan un papel predominante en la obra. ¿Qué buscabas mientras la escribías?

Las protagonistas principales son dos mujeres separadas por cuarenta años y antagónicas en su manera de ser y de hacer. A pesar de todo tienen una cosa en común: la desesperación de vivir intensamente todo aquello que hacen. Luchan por no convertirse en personas anodinas, no dejan, no quieren dejar que nadie escriba sus destinos. Me interesa este tipo de emoción, esta rebeldía contra una vida que parece predeterminada. Admiro a la gente que lucha por sus sueños, los consiga o no, al final lo que queda es el camino, más allá de los logros. He buscado poner a los personajes en situaciones muy límites, llevarlos al abismo de sus emociones, porque creo que así es como uno da lo mejor y lo peor de sí mismo.

¿Cada personaje simboliza las diversas contradicciones del propio espíritu humano?

Exactamente, cada uno de ellos encarna un deseo -querer, venganza, idealismo, amor, poder, soñadores, románticos y crueles- pero a la vez es la manera de conseguir lo que se proponen, a veces son valientes y a veces cobardes, una veces dignos y otras miserables, contradictorios porque están vivos y reaccionan en función de lo que les sucede.

¿Por qué arranca la novela en la posguerra?

Porque nunca en la Historia de este país tan castigado hemos estado tan cerca de la oscuridad. No es una historia sobre el franquismo ni la guerra civil, no es este el tema. Me interesaba el miedo al mañana, el abuso de los ganadores y el miedo de los perdedores, el caldo de cultivo propio para la injusticia y la ceguera de unos y otros. Me interesaba también mucho a nivel histórico el desarrollo de la Legión Azul en el frente de Leningrado durante la II Guerra Mundial. Me gusta especialmente esta parte de la historia.

En cambio, decidiste acabar la trama el 23-F de 1981, día del intento de Golpe de Estado.

Yo tenía catorce años y recuerdo una frase de mi abuelo, cuando vió las imágenes de los tanques de Milans en Valencia: “Ya estamos otra vez”. No he podido olvidar su expresión de temor, su miedo a que todo volviera a empezar. Ese día el nivel de la balanza cayó del lado de los derechos y las libertades. Pero durante unas horas todos pensamos que podía suceder lo contrario. María, la abogada protagonista, se duerme en el quirófano en el primer capítulo preguntándose: ¿Qué cara será la que veré en el Telediario cuando despierte? Esta trama, los días y meses previos al Golpe del 23-F dan pie a la historia que desarrolla María.

Escribes desde muy joven. ¿Qué te impulsó a coger el primer lápiz?

La necesidad de expresar por escrito aquello que mi voz era incapaz de explicar, mi mundo interior; las fantasías de un niño que pensaba que el mundo era su juego. Y también porque al crear estos mundos dejé de sentirme solo, dejé de tener miedo.

¿Y de qué se alimentan tus musas a diario?

Me gusta caminar por la vida con los ojos abiertos y los oídos atentos. Soy muy observador e inquieto, en cada lugar hay una historia esperando que alguien la atrape. Soy un atrapador de historias. Escucho los matices y los perfilo a mi manera, les doy voz propia.

¿Crees que La tristeza del samurái podría coquetear también con el cine?

Creo que se acabarán dando besos y bailarán juntos (rie). Tengo una manera de escribir muy visual y, sí, estoy convencido de que algún día veremos La tristeza del samurái en el cine. Solo pido que no se desnaturalice; a veces las emociones de un libro son difíciles de traducir en una imagen.

Has recibido muy buenas críticas. ¿Te ha sorprendido el éxito, también internacional?

Sí, me ha sorprendido, y estoy muy feliz. Por mí, por la gente de la editorial Alrevés, que ponen toda su energía en este proyecto maravilloso. Y me hace feliz que personas de todo el mundo se puedan identificar con lo que nos pasa aquí. Al fin y al cabo, los sentimientos no conocen lenguas ni fronteras.

¿Poder vivir de la literatura es, cada día, un objetivo más cercano?

Es un paso más. Aún es pronto para saberlo, todo dependerá del veredicto de los lectores. Pero es un sueño que llevo dentro desde que era niño. Ya tenía claro que sería escritor. Ahora sólo me falta que pueda vivir de aquello que más me quiero hacer.

Ramon Texidó
www.diarimaresme.com

Etiquetas: Alrevés Editorial, La tristeza del samurái, Víctor del Árbol

Sobre el autor

Ramon Texidó

Ramon Texido es periodista, colaborador en cafeambllet.com y en Ràdio Calella. Desde 2009 dirige Diari Maresme (www.diarimaresme.com).

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1 Comentario

  1. Jennings Pereira 25 julio 2012 at 15:54

    Tengo 16 años y hace cuestión de unos meses me compré ese libro por el circulo de lectores solo su resumen me atrajo… es una novela sin tapujos impresionante y culta, de forma mas coloquial alucinante, explosiva, cañera… Espero que Víctor nos sigua dando libro como este, y que porfavor llevar un gran libro como este al cine haría que muchas personas no se interesas por su lectura que es lo realmente apasionante..

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