Revista de Letras

Vivian Liska: “Mientras haya un mendigo no hay Mesías”

29 septiembre 2014 Entrevistas, Portada
Foto: 'Kafka and the Paradox of the Universal'

Vivian Liska | Foto: ‘Kafka and the Paradox of the Universal’

Nacida en la ciudad de Nueva York, Vivian Liska es profesora de Literatura Alemana y directora del Instituto de Estudios Judíos de la Universidad de Amberes. Coincido con ella durante el X Congreso del European Association for Jewish Studies celebrado el mes de julio en París donde, durante una semana, decenas de investigadores tomamos las aulas de la Sorbonne y de la École Normale Supérieur. La suya fue, de lejos, una de las ponencias más interesantes de este encuentro que reunió a dos centenares de estudiosos, principalmente de Europa, Estados Unidos e Israel. Su principal línea de investigación se centra en la literatura moderna alemana, el pensamiento judío-alemán y la modernidad. Maneja el legado de Walter BenjaminFranz Kafka Hannah Arendt con dominio y lo comparte con generosidad y sentido de la actualidad. Sobre ellos conversamos.

¿Por qué es tan grande Kafka?
Hay dos aspectos de Kafka que me impactaron en mi experiencia con el lenguaje, y luego con la literatura y la vida. De alguna manera todos los modernos critican esto, pero para mí la intensidad de Kafka radica en ese echar por tierra la evidencia, lo que en alemán llamamos Selbstverständlichkeit. Kafka perturba nuestra familiaridad con la normalidad y nos hace verla con una luz completamente diferente, y esto es el fundamento de todo. El otro aspecto es su cuestionamiento de los valores de la Ilustración. La Ilustración era la racionalidad, lo estático. El movimiento romántico retoma temas que la Ilustración desplaza y los extrema: la locura, el niño…, lo que hace Kafka, la forma en que él pone las cosas en cuestión es radicalizando las propias herramientas y valores de la Ilustración. Por ejemplo, logrando un tipo de racionalidad que se torna locura a base de estirarla, de llevarla al límite. Otro ejemplo, en la Ilustración el valor era la autonomía, y Kafka la empuja y tira de ella hacia una especie de solipsismo.

Domina la mecánica de cuestionamiento
Absolutamente. También, por ejemplo, en su forma de tratar el sentido de aislamiento. Lo vemos en uno de sus últimos relatos La Madriguera (Der Bau) en el que el protagonista durante más de cuarenta páginas es un animal solo en su madriguera. Es una historia fantástica, que para mí ejemplifica una de las mecánicas internas de las obras del Kafka. Se inicia con la frase “Mi madriguera (pero podemos extender su sentido a todo, a la civilización o simplemente al hogar) está bien, su acabado es completo, está bien”. Pero a continuación, la segunda frase dice “En realidad no estoy seguro de la entrada, tal vez hay algo malo en la entrada, y el lugar donde pongo toda la comida. Lo he puesto todo en un solo lugar, pero quizá he de ponerlo en muchos lugares, pero si la pongo en muchos lugares, entonces no la voy a encontrar más, y además todos los animales pueden encontrarla… Oigo el ruido de animales que vienen a mi mundo, o tal vez soy yo el que estoy en el mundo de otro”. La historia no termina, Kafka la detiene en mitad de la frase. Encontramos en el texto ese tipo de locura que procede de la extrema racionalidad. Suena completamente lógico, pero acaba en locura. Esto es lo que Kafka nos enseña. Lo mismo aplica cuando trata el poder. El mismo mecanismo. Es fantástico.

¿Qué hace a Kafka tan universal?
Este es un tema bastante amplio. Actualmente estoy editando un libro que precisamente trata esta cuestión. Primero de todo, hay una razón muy simpe: en los textos de Kafka no hay prácticamente ningún detalle particular de localización o temporal. Las narraciones no están situadas. Sin embargo, son parábolas. Pero son parábolas vacías, en el sentido de que en ellas el lector espera una lección moral, pero lo que sucede es que Kafka termina las narraciones sin ningún tipo de mensaje moral; más bien todo lo contrario, echa por tierra cualquier posible moralidad que puedas apreciar en la lectura. Y sin embargo, estas narraciones mantienen las características de las parábolas. Esto es lo que lo hace tan universal. La forma de la parábola está ahí, pero está ahí también para ser destruida. Los estudiosos han encontrado en sus textos componentes de narraciones hassídicas y cabalísticas, y relatos de Praga. Pero lo que realmente encuentras en su texto son unas determinadas estructuras de dinámica, de funcionamiento de determinadas relaciones y fenómenos de la vida y del mundo que vivimos que él deja abiertas, donde la gente pude proyectar lo que necesite, por eso se han utilizado tanto en psicoanálisis, marxismo, feminismo, estudios postcoloniales… puedes proyectar todos estos temas en estas estructuras.

¿Era Kafka un estratega de la escritura?
Esa es una pregunta muy difícil, pero congruente, por la forma en que él describe su escritura, por su compasión total, obsesiva, a veces una compasión casi extática. Él describe su escritura como una lucha, una batalla. Él dice que cada palabra que escribe se vuelve contra él con un arma. En esta metáfora que utilizo para responder a tu pregunta ya puede sentirse la naturaleza opresiva y compulsiva de su escritura. Pero al mismo tiempo hay una estrategia de la lucha contra este enemigo que está en las palabras. Por tanto, hay locura en su razón y razón en su locura.

'Esgrima', incluido en 'Dibujos', de Franz Kafka (Sexto Piso)

‘Esgrima’, incluido en ‘Dibujos’, de Franz Kafka (Sexto Piso)

¿Podemos considerarlo un místico?
No creo que fuera un místico aunque él dice de sí mismo que iba a inventar una nueva cábala. Pero no creo que buscara la unión con lo divino, sino más bien ese fuerte sentimiento de imposibilidad de unión. Y eso es lo que hace que Kafka sea tan importante como pensador moderno. Muestra que ese lugar donde lo divino desaparece, en el sentido de muerte de Dios de Nietzsche, ese lugar es enorme. Leí recientemente…, no recuerdo si fue Gershom Scholem quien lo dijo: uno siente en Kafka la sombra del Dios que muere. Probablemente una diferencia entre la Modernidad y la Posmodernidad es que en la posmodernidad la muerte de Dios es un hecho consumado. En la Modernidad, sin embargo, todavía se produce el proceso de muerte, puede sentirse la catástrofe y el duelo, y la plena conciencia de que la humanidad se queda sola.

Sin embargo ahora parece que vuelve, la idea de un Dios
Tienes razón. Hubo un momento en que se hablaba sobre el fin de la Historia, ya sabes el comunismo había terminado, también la religión y ya sólo nos esperaba el bienestar capitalista. Pero hay guerras y hay pobreza, hay injusticia, y sufrimiento; y no parece que el marxismo y el comunismo puedan rebrotar debido a su descrédito, aún superior al de la idea de Dios. Quizá es por ello que todavía miremos en la dirección de que podamos encontrar un poco de consuelo en algo, y que pongamos nuestra fe en ello. No sería como fue pero esta nueva fe quizá podría incorporarse a nuestro mundo.

¿Qué autores de la literatura israelí recomienda?
Me gustan Agnon y David Grossman, son voces que recogen la sabiduría de la experiencia humana, tan necesitada en esa región. La gran dificultad de escritores como Amos Oz o David Grossman es que tienen que tratar con cuestiones como seguridad, guerra, riesgo y la intensidad de la situación allí. A mí me gusta especialmente David Grossman, él ama Israel, pero también es muy crítico y eso se ve en sus escritos que son de una extrema humanidad. Estos días de guerra no paro de pensar en su libro La vida entera, en esa mujer que no para de caminar…

¿Qué significado tiene el destino en la cultura judía?
La tragedia griega se basa en esta idea de destino, de Schicksal, Edipo no puede escapar a su destino. En el judaísmo hay dos nociones que tienen que ser distinguidas. El mundo es esa idea de casi fe y destino; pero por otro lado, es también de llamada, porque el judío recibió la Torá en el Sinaí, y la Torá fue considerada por los judíos como el códice ético (ethical codex). La idea judía de la elección se basa en la idea de transmitir este códice ético al mundo. Y hay algo en Walter Benjamin que reconoce esto cuando dice que se puede advertir en las leyes judías cómo era el mundo de antes. Las leyes judías están hechas de distinciones, por ejemplo, algo es puro o no es puro. Pero luego hay una gran discusión acerca de cada distinción, porque hay muchas, muchas, muchas distinciones. El mundo que Benjamin dice que vemos en Kafka, ese terrorífico mundo, es un mundo sin distinciones. Es un gran caos. Hay un cierto romanticismo en eso, porque no hay ninguna garantía de que esto traerá la salvación o el caos; y hay una idea anarquista detrás, que es maravillosa. Cuando vemos la distinción, vemos que las cosas están bien. Hoy en día sin embargo celebramos la pérdida de las distinciones, de las diferencias.

Hannah Arendt diferenció dos vertientes de ser: el qué (the what), es decir, aquello que nos viene dado, la identidad judía en su caso; y el quién (the who), aquello que vamos adquiriendo de forma individual, la identidad política. ¿Dónde situamos el lenguaje materno?
Esta es una pregunta muy interesante. El lenguaje es ambas; no sólo porque hay lengua y habla, sino porque es algo que se adquiere con la cultura, siempre está ya. Antes de que empecemos a pensar en ello y antes de que podamos elegirlo ya está en nosotros; ese es el qué, el what. Pero después sí hay un elemento de elección de lo que haces con el lenguaje, ahí está el quién, el who. En referencia a la Shoah, George Steiner escribió esa teoría de que la violencia ya está implícita en el idioma alemán y esto me parece terrible, porque significa abandonar la distinción entre el qué y el quién, y conduce a un determinismo que hace que nada sea posible.

¿Dónde situamos la lengua adánica de Walter Benjamin?
Para Walter Benjamin hubo una vez una lengua adánica. Esta lengua se perdió cuando caímos en la Historia. Y ahora tenemos el lenguaje caído (fallen language). De esta manera, todo el conjunto de la humanidad estamos en un estado imperfecto, y la elección de lo que hagamos depende del nivel de conciencia que tenemos de vivir en ese estado de caída o, al contario, en un estado de ilusión. Para Benjamin, la idea de un lenguaje no manipulado tiene el potencial mesiánico. Pero la lengua reducida a pura herramienta tiene el efecto contrario. Hemos de comprender esta afirmación en su tiempo, en un contexto en el que se producía un abuso del lenguaje de muchas maneras. Hoy en día también se puede sentir cómo se abusa del lenguaje.
Pero existe la posibilidad de utilizar este lenguaje caído de forma en que se puedan activar las chispas mesiánicas, el punto a una lengua de futuro de una humanidad redimida. Lo que para Walter Benjamin es un error es el uso de la lengua como si ya hubiéramos sido redimidos, o como si nunca hubiéramos caído en la Historia; de tal manera, que se consigue el efecto de que se puede llegar a una inmediatez en la que lenguaje y la realidad coinciden, pero para Benjamin en un mundo sin justicia no es posible. Mientras haya un mendigo no hay tiempo mesiánico, y por tanto el lenguaje no es esa cosa completa.

¿Se puede comprender el Holocausto?
Es una pregunta muy amplia, porque cada respuesta que das viene con toda una carga ideológica. Recientemente escuché una charla de un amigo, un profesor que se dedica a la memoria del Holocausto y su línea principal es que no se puede entender el Holocausto. Por otro lado, el filósofo Alain Badiou en su libro recopilatorio de ensayos Polemics sostiene que decir que no se puede entender el Holocausto es hacer secretismo, algo hermético, y que se puede entender por completo. Pienso que ambos puntos de vista son problemáticos, los dos tienen una agenda política y toda una ideología detrás de él. Depende de cómo se mire. Para mí la comprensión llega a través del mundo literario, que es el que me toca más; y estoy pensando aquí en Paul Celan. Hay una expresión de infinita Auschwitz y de resistencia en las palabras y más allá de ellas, en su poesía. No son más que palabras pero transmiten Auschwitz desde una perspectiva que nos toca, y la cuestión importante ya no es comprender o no comprender.

Una palabra es lo que esperaba Celan de Heidegger
Y pienso que esa palabra era “lo siento” (been touched). Pero nunca llegó.

Hablemos de su próximo libro
Son 15 ensayos que han ido apareciendo en francés, alemán e inglés, ahora reunidos en un libro que se publicará primero en inglés. Tres de estos ensayos sobre Agamben ya se publicaron en un libro en alemán Giorgio Agambens leerer Messianismus. (Wien: Schlebrügge, 2008). Se trata de tres ensayos sobre cómo Agamben lee Franz Kafka, Hana Arendt y Walter Benjamin. Los tres están estructurados de una manera similar y tienen una introducción que explica mi punto de vista.

¿Cuál es ese punto de vista?
Principalmente que Agamben recoge el mesianismo de Walter Benjamin, pero lo transforma eliminando lo concreto y particular de la vida vivida. Lo que a él le importa, los lugares donde lo mesiánico sucede son umbrales, son límites, son fronteras, pero son todos lugares en los que no hay nada. Yo demuestro en este libro que cuando Agamben lee a Kafka, cuando lee a Benjamin y cuando reclama el legado de Arendt, no toma en consideración que para ellos los lugares donde lo mesiánico sucede, o en el caso de Arendt en los que algo nuevo puede comenzar, no son lugares puramente vacíos. Para Walter Benjamin están en el flâneur, la mémoire involuntaire… son experiencias o figuras concretas. Lo mismo sucede con Kafka, muestro cómo él lee a Kafka sin estos detalles concretos de la vida cotidiana. Hay un pasaje en el que el Kafka se refiere a la experiencia cercana a la muerte en los siguientes términos “no hay nada que se pueda decir acerca de la muerte si no has estado allí, pero esa experiencia te hará amar más esta vida”. Agamben lo utiliza para hacer de este momento sublime de última experiencia el lugar de la experiencia mesiánica, donde el lenguaje se vacía de sí mismo, donde las cosas se vacían de sí mismas, de ahí el título del libro que recoge estos tres ensayos: El mesianismo vacío de Giorgio Agamben. Es una de las maneras en que muestro cómo los pensadores judíos alemanes y autores de principios del siglo XX son leídos por filósofos contemporáneos.

¿Cómo comprender, en pocas palabras, qué significado le da Walter Benjamin al mesianismo?
Desde mi punto de vista, en Walter Benjamin no hay tal cosa como el mesianismo. En Walter Benjamin el mesianismo tiene una dimensión política. La cuestión es que Agamben parte en su interpretación con dos argumentos. Por un lado, la influencia de Heidegger y por otro lado, la Paulina. Argumenta Agamben que en el texto de Walter Benjamin sobre el concepto de Historia, en el fragmento dedicado a teología y política, hay referencias al mesianismo; y concluye que es Paulino y que ahora es el momento en el que podemos leer que Walter Benjamin y Pablo de Tarso vienen a ser lo mismo. Y yo no comparto esa idea.

¿Por qué hemos de seguir leyendo a Walter Benjamin para explicar nuestro tiempo?
Es muy interesante el hecho de que Walter Benjamin es considerado como el precursor de muchos movimientos que son importantes en la actualidad. Algunas personas dicen que es el precursor de la teoría de los medios de comunicación, otros piensan que es el precursor de los estudios culturales y demás. Pero creo que las únicas lecturas o más importantes lecturas de Walter Benjamin se recogen en la intención principal de su trabajo, que estaba a medio camino entre lo religioso y lo político. Quizá este aspecto se ha vuelto hoy menos interesante para mucha gente, pero creo que todavía puede dar mucho de sí, tal vez porque se habla tanto acerca de la edad post secular que vivimos.

¿En qué sentido?
Creo que estamos en una época donde, por un lado las ideas de la Ilustración están progresando de una forma radical: todo lo que cuenta es el progreso, la racionalidad, ya sabes, todo el movimiento de la ciencia cognitiva, incluso en la literatura, la ciencia cognitiva y la literatura. Esta es la manera de empujar la Ilustración más lejos en términos de progreso continuo a través de nuestra racionalidad. Desde luego, hay movimientos contrarios a este radicalismo racional, como siempre ha habido. El Romanticismo fue un contramovimiento a la Ilustración, también la Modernidad de principios del s. XX, y muchos otros. En los tiempos de Walter Benjamín, y sobre todo en los años treinta, en la época de entre guerras, ya resultaba muy difícil de creer que los hombres progresaran hacia una humanidad mejor. Incluso hoy, no parece que a pesar de todos nuestros inventos y avances científicos la humanidad haya progresado. En ese sentido Walter Benjamin desarrolló teorías y reflexiones muy potentes para anular esta idea de Historia y progreso. Hoy en día asistimos a unos avances increíbles de la ciencia, sin embargo yo todavía creo en la Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Max Horkheimer. Tenemos la más fantástica tecnología, pero se usa para matar.

Etiquetas: Filosofía, Hannah Arendt, Heidegger, Holocausto, Kafka, Literatura, Nueva York, Paul Celan, Vivian Liska, Walter Benjamin

Sobre el autor

Berta Ares

Berta Ares es Licenciada en Periodismo (UPSA) y Máster en Estudios comparativos de Literatura, Arte y Pensamiento (UPF). Realizó estudios y una investigación de posgrado en Tel Aviv University (TAU), cuyas conclusiones se publicaron en la prestigiosa 'Qesher' (N. 24) que se edita en Tel Aviv y Nueva York. Trabaja en el campo de la comunicación cultural y la comunicación corporativa, y escribe su tesis doctoral, sobre Joseph Roth, en el Departamento de Humanidades de la UPF. Sus inquietudes literarias se inscriben en el campo de la memoria, el laicismo, la religión, la modernidad y Europa.

¡Comparte este artículo!

Sin comentarios

Envía tu comentario