Revista de Letras

XXII Editores: Jan Martí

Proseguimos después de una pausa con nuestro recorrido por el sector editorial independiente a través de algunos de sus editores más destacados. Le toca el turno a Jan Martí, fundador de Blackie Books que, en pocos meses, se ha hecho con un importante lugar entre los sellos más relevantes de los últimos tiempos. La charla estuvo conducida por Jordi Corominas i Julián.

Foto © Cristian Rodríguez

En un alarde de puntualidad ayurvédica paseo sin querer por los lugares del crimen de Carmen Broto, crónica negra antes de aterrizar en el gracienco Carrer de la Iglesia, donde la entrada a la nave de Blackie Books me hace pensar inmediatamente en mataderos y vampiras del Raval, como si entrara en un siniestro edificio decimonónico. El ascensor, una cápsula comprimida que casi encasilla mi cabeza con el techo, me transporta a una película de espías que al salir al cuarto piso, como por arte de magia, me brinda la tentación de abrir una puerta y ver un exterior industrial, escenario de crónica negra que no guarda relación con la editorial que visito. Me recibe Alice, bajamos a la Plaça de la Virreina, pedimos unas copas en una terraza y pulso el botón de Play mientras Jan Martí remueve su carajillo ronpujolero.

A modo de test…

¿Cuándo decidiste ser editor y por qué?

No soy editor porque aún no sé qué significa. Lo que sí hice fue montar una editorial, Blackie Books. Lo hice tras currar unos años en otras editoriales y ver que el oficio no era difícil. No era difícil, pero lo estaban convirtiendo en algo un poco demasiado aburrido, esquemático, organizado. Básicamente, muchos se habían olvidado de que se trataba de LIBROS, y de gente que los lee.

¿Cuál es el criterio principal de tu catálogo?

El criterio no sabemos cuál es. Queremos que cada libro que publiquemos nos guste mucho, y nos apetezca muchísimo proponerlo, como cuando te apetece mucho que un colega o una chica que te gusta escuche tu disco preferido. Cuando algo te gusta mucho la primera reacción siempre es querer compartirlo. Es más o menos eso. No nos inquieta si el libro no es una novedad, si el autor es de aquí o de fuera, si está vivo o muerto, si es ficción o ensayo, si es para niños o mayores (son más o menos lo mismo)… de todo pero no cualquier cosa, dijimos una vez.

¿Primer libro publicado?

El Do it! de Jerry Rubin. Y no por casualidad. Publicar ese libro como primera referencia significa algo. No se qué exactamente, supongo que algo que tiene que ver con cierta constatación y cierta actitud como respuesta. Y con el sentido del humor.

¿El libro más difícil? (de editar, de conseguir, de vender… interpretación libre).

Con El tutú había una dificultad: no supimos, hasta después de editarlo, si era verdad que era un libro de 1891 o no. Al final resultó que sí, y que hasta hay un único ejemplar localizable en una librería en el barrio de Saint Germain, en París. Pero no era lo mismo estar publicando un hallazgo del siglo XIX que una jugarreta de un (gran) imitador de los años ’60. Al final todos contentos. Respondo a esta pregunta desde París, por cierto; en media hora voy a ir a ver el libro. Le haré fotos, por si acaso.

¿Qué libro te hubiera gustado publicar y has debido rechazar? (por estar ya editado, por problemas de derechos, por no encajar en tu colección…).

Me gustó mucho (y recomiendo) Dios ha muerto, de Ron Currie. Lo compré en San Francisco e intenté enseguida hacerme con los derechos, y cuando estaba a puntito de conseguirlo se interesó otra editorial grande contra la que no pude competir (ni por asomo). Hubo una jugarreta ahí, pero bueno, lo he comprado esta mañana en el aeropuerto y me gusta casi tanto como si fuera de Blackie.

¿Qué te impulsa a publicar un libro, además de verlo en tu catálogo?

Pensar que nos forramos vendiéndolo y que por fin podemos comprarnos ese chalet en Torrevieja. Pensar en estar leyendo ese libro en la piscina del chalet, hecha por encargo en forma de perrito, sentados en un sillón inflable hiper-hortera. Eso, y otras cosas que no diré para no desvelar nuestros trucos.

¿Qué te impide publicar un libro?

Que sea malo, o aún peor, oportunista. O aún peor, cobarde.

Por curiosidad: ¿Por cuántos correctores pasan tus libros?

Dos correcciones “oficiales”, más el ojo avizor de los componentes de Blackie. En total son un montón de lecturas, pero es inevitable que se escape esa errata. Esa errata que descubres a los pocos minutos de recibir el libro ya impreso. Abres, y ahí está. Es durísimo.

¿Libro electrónico?

Sí, la idea no está mal, sobre todo de cara a las universidades, a los libros de apoyo, a las bibliotecas, etc. Pero que lo hagan un poco mejor, hombre, que le den un poco más al tarro, que los aparatos estos de ahora son muy feos, no aportan nada, no convencen. Solo pesan menos. Pero bueno, nadie compra un libro por el peso, ¿no? En todo caso, veo inevitable la piratería, las descargas, como con la música. Así que estoy tranquilo en ese sentido.

Confiesa: Vas a una librería. ¿Recolocas tus libros en las mesas de novedades o en los estantes cuando no están bien visibles?

Sí, y además tenemos una patrulla especializada en este tipo de operaciones. Nuestras mamás.

Imagina: En unos años, debido al éxito de la editorial, te ofrecen formar parte de un grupo o venderla. ¿Qué haces?

No, sólo la regalaría.

¿Qué hacías antes de fundar Blackie Books?

Nací en Barcelona en 1982, a los tres años aprendí a leer y a escribir. Hijo de padres keniatas, experto en cultura guatemalteca y bailes populares kurdos, hablé latín por vez primera a los cuatro años.

¡¡¡QUE NO HOMBRE, ES BROMA!!! (ahora ya no).

Lo que sí que es verdad es que leí mucho de los tres a los diez años, lo leí todo, después lo dejé hasta ahora, no volví a leer mucho nunca, la literatura de mayores…

¿Te aficionaste a la Playstation?

No, a ver, los libros para mayores no me gustan, prefiero Roald Dahl, Jan Voss, Arnold Lobel. Mi background literario es que lo leí de los tres a los diez años.

¿Y qué pasó de los diez a los veintiocho?

Me gustó más la música.

¿Y cómo volviste a sentir el gusanillo por la literatura?

Nunca dejé de leer. Lo que me atraía era ser editor. Seleccionar, proponer.

¿Cómo si fueras un productor musical?

Sí, es parecido, o como si fuera un Dj o un recopilador que selecciona música. Es un filtro modesto pero necesario.

¿Y cómo llegas a fundar y dirigir Blackie? ¿Cuál es su origen?

Trabajaba en RBA y me enganché. Hice prácticas en prensa, en la parte comercial y luego fui director adjunto. Estaba en National Geographic. Me pilló el gusanillo. Llegaban catálogos, revistas del extranjero y entendí el funcionamiento del proceso y me sentí capaz de montar mi propio proyecto. Me gusta mucho navegar por Internet, soy un buscador insaciable. Si ahora fuéramos a mi portátil lo encontraríamos con treinta y dos ventanas abiertas, que luego divido en ideas muy buenas, buenas o a considerar.

¿De cien ideas que encuentres en una búsqueda, sólo saldrá una buena?

O las dejo descansar y de repente reaparecen porque alguien menciona ese nombre que guardé en una carpeta.

Como cuando algo nos activa una información estática en el cerebro durante años que vuelve e irrumpe con fuerza.

Guardar ítems. Hoy recuperamos una idea que ya estaba en un correo de hace tres años. Es eso, no sólo son archivos interesantes, también son ideas, proyectos, esbozos que pueden cobrar vida.

En este sentido temporal es interesante remarcar que en vuestro caso hay un proceso fundacional muy largo. Estabais en Facebook un año antes de publicar el primer libro, Los Simpson y la filosofía.

Fue un proceso muy largo, mucho más de lo que tenía previsto. Nacimos en octubre de 2009 y en agosto de 2008 en la revista de verano de EL PAIS salimos en portada con  una página triple interior, algo que ahora sería impensable. No tuvo ningún tipo de sentido, y fue porque entonces cobré conciencia de todas las cosas que faltaban por pensar y hacer. Diseño, cubiertas, materiales, imprenta, distribuidora, el papeleo…

Intuyo que eres una persona muy detallista.

Lo he aprendido con la música. Cuando publicas o sacas algo es un momento increíble y extraño. Quería ir con mucho cuidado, por eso tardamos más.

No fue algo alocado, fundaste la editorial con todo muy bien amueblado, nada de Viva la Pepa.

Desde 2007 quería hacerlo y tenía libros guardados. Cree y contraté cosas antes de la existencia de la editorial, lo tenía muy claro.

¿Cuál era tu prioridad? ¿Tenías un criterio para el catálogo de Blackie?

Eso no lo pensé, más que nada quise reunir libros que me gusten. No los pensé con un orden de salida, sólo quería publicar el Do it! de Jerry Rubin primero, porque me parece una declaración de actitud e intenciones de la editorial.

De todos modos, pese a lo heterogéneo del catálogo si que se puede intuir puntos de unidad.

¿Sí?

Sí.

Ah, pues ya haré lo posible para que no se note.

Es que soy un poco puñetero.

Sí, me has picado. (risas)

Literatura norteamericana, sin duda.

Me gustan mucho los Estados Unidos y su concepto de la cultura pop, entendido como algo que se puede estudiar, de manera académica, no cómo se enfoca en España.

Eliges libros de historia contemporánea reciente que la abordan desde la literatura.

Rubin es Historia, es un manifiesto, no es literatura. Un manual contracultural. Me interesa más estar en contra del concepto novedad que impera en muchas editoriales.

¿Qué consideras novedad?

No la novedad contemporánea, sino más bien proponer algo que no estaba en la superficie. Reproponer generaciones y presentar obras que hoy en día siguen teniendo validez, que sirven a nuestra sociedad.

¿Y tu labor musical te impulsa a intentar tener un catálogo de libros escritos por cantantes y obras relacionadas con el tema?

Sí, pero es muy difícil encontrar el instante en que varias disciplinas encajan bien. Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett,  no es un libro sobre música, simplemente lo ha escrito él y se dedica a esa profesión, lo que no le da más valor;  además en las librerías no está en la sección de música. No soy muy fan de las autobiografías o biografías musicales puras, tampoco tengo ídolos así a lo bestia.

Por la recepción que han tenido los libros, qué creéis, ¿tienen un espectro de público concreto, de veinte a cuarenta y cinco años, o es flexible?

Es bastante flexible, aunque no hemos llegado a todo el mundo, y deberíamos subsanarlo.

Pese a ello, los mismos nombre de los autores, véase el caso de Werner Herzog, acercan vuestras publicaciones a un abanico muy amplio de lectores, que además pueden sorprenderse al encontrar algo diferente, no lo qué esperaban de ese nombre.

No puedo saber qué esperaban. En el caso de Do it! es para dos generaciones, la que lo vivió y la actual, la que ahora quiere quejarse u observar cómo se quejaban cuando lo hacían de verdad. El tutú también es para todos y Los Simpson y la filosofía también cumple esas premisas. No tiene ningún sentido limitarse en el target de público. Nuestro diseño de las cubiertas tampoco definen ese aspecto.

Vuestras cubiertas son muy especiales. ¿Vuestra idea es tratar el libro como un todo?

Por supuesto. Lo que se desea es que la gente se acerque al libro. El modo más directo es hacer que el volumen sea bonito, apetitoso y suculento.

Pero ya con la tapa dura y el tipo de diseño le da una especie de plus, como si vuestras publicaciones tuvieran algo de artesanal.

Pensamos mucho en el diseño, lo queríamos bonito y original. Libros que después de su lectura merezcan ser conservados o regalados. Si te fijas, su tacto es diferente.

Sí, lo palpas y lo notas. Además la tapa dura seguramente también se puede relacionar con la idea de tratar el pop de manera académica, no en plan pop de usar y tirar.

Efectivamente. Y está bien remarcarlo porque es una etiqueta peligrosa y hay que delimitarla muy bien.

Conviene matizarlas porque ahora todo el mundo se atribuye el adjetivo pop.

Sí, y ser pop no es cómo se escribe, puede tener origen en el contexto y hasta de la recepción que tenga el libro en un momento histórico, El tutú (ndlr, una obra de 1891) también es pop.

Una determinada actitud cultural sin tener en cuenta la época en que suceda.

Eso es. Somos flexibles. Reunir libros de cualquier época, tema y género. La línea debe ser variada. Nuestros libros no tienen ninguna relación entre ellos, la cuestión es identificar el sello con ellos.

Otro aspecto destacable son las ilustraciones. Se nota una preocupación por integrar la ilustración con el texto, que es otra forma de ir hacia el todo. ¿Cómo enfocáis la cuestión del diseño?

Tenemos un diseñador y desde el principio hablamos con él, lo escuchamos, nos reunimos muchas veces y pasamos horas hablando sobre la cubierta y lo que queremos decir con ella. En el caso de La conquista de lo inútil, de Werner Herzog, podíamos poner el barco y quedarnos tan tranquilos, pero optamos por una portada bonita que diera belleza al libro.

El concepto de libro objeto.

Sí, y también todo el trabajo de los ilustradores. Dedicamos mucho tiempo a buscar ilustradores.

¿Tenías alguna influencia que te inspirara en el diseño de los libros?

Penguin es un ejemplo, porque da sentido a la colección aunque los libros no tengan relación entre ellos.

Y supongo que buscabais un diseño del texto vivo, porque los textos no son aburridos tipográficamente, dan dinamismo a la lectura.

Sí, casi podríamos escribir la historia de los pasos que seguimos y lo que descartamos para llegar a la colección. Por ejemplo el siguiente libro podría ser uno para niños, y lo haría con tapa dura y lomo plano porque así eran los que leía cuando era pequeño. O sino un libro de ensayo sólo tipográfico, un poco como el de Herzog.

En este sentido, si bien antes lo has mencionado, Blackie no se cierra a ningún género.

Me encantaría publicar cómics, uno o más, también libros de ilustración, tema fotográfico, libros infantiles, reproponer libros infantiles para mayores, ensayo, mezclas y hasta la novela de una página sobre Messi que inventamos antes. (ndlr: Messi, el pirómano aburrido de tanto elogio que nunca mira para atrás).

¿Y autores españoles?

Es otro tema delicado. Produce mucha responsabilidad recibir manuscritos y pensar en publicar inéditos. Primero vimos cómo nos iba con traducciones y ahora ya pondremos en marcha varios libros nacionales.

Y aquí por fuerza debes generar una línea unitaria en la elección de temas y autores.

Sí, es complicado, no sabría dar un nombre a nuestro criterio. Nos cuesta mucho la ficción pura inédita, conviene ir con pies de plomo con la ficción.

¿Autores inéditos?

Bueno, ahora sacamos El incongruente, un libro de Gómez de la Serna con un largo prefacio de Julio Cortázar. Más tarde sacaremos cuatro novelas de Enrique Jardiel Poncela. Hay gente que alucina con eso, pero no, somos una generación que ha superado los prejuicios guerra civilistas, no lo hemos vivido y al releer los textos de alguien marginado tras la transición pues no pienso en esos aspectos que quizá antes ocultaron su obra. Habrá recuperaciones y nuevos autores.

Foto © Cristian Rodríguez

Es curioso que en España aun no exista la mentalidad de superar determinados estereotipos problemáticos de la Guerra Civil o la Transición, que siempre se analizan desde una óptica sufrida y escasamente crítica.

Ayer estrenaron una producción típica sobre el tema. Desde hace treinta y cinco años se enfoca la cuestión desde el mismo modo. Por desgracia es un tema que nunca se solucionará, pero no lo analizamos desde esa perspectiva, sino más bien de cómo leemos o cómo pensamos hoy en día esos textos. Al haber nacido tras los hechos se tiene una perspectiva diferente de la cultura anterior. Y si se quiere, publicar la obra de Jardiel Poncela puede ser un buen test para ver si muchos siguen pensando con esa nostalgia que no deberíamos tener, entre otras cosas porque no somos nuestra abuela. (tras abordar el tema, nace una charla espontánea en la mesa entre Diana Hernández, Alice Incontrada, Jan Martí y servidor sobre varios casos de Estado y memoria, hasta que aparece la crítica en el diálogo y retomamos la entrevista propiamente dicha).

¿Dais igual importancia a la crítica de la prensa generalista que a la digital?

Sí, estamos en un período de pruebas. Por ejemplo si un blogger nos pide un libro antes miramos la calidad de su web y el número de visitas. Debemos ser selectivos porque, entre otras cosas, los envíos cuestan mucho dinero. Por otra parte también salen críticas en blogs de lectores. Cada día lo controlo con Google Alerts, es bonito encontrar críticas en blogs inesperados.

Mantenéis mucho el equilibrio entre papel y red, algo propio de las editoriales independientes.

Las editoriales grandes no pueden controlarlo, no tienen tiempo. Pasa lo mismo con Facebook. Nosotros podemos usarlo porque interactuamos, preguntamos a los usuarios, nos sirve para orientarnos y aprender, no es nuestra herramienta de difusión básica, es un gran vehículo de contacto donde recibimos propuestas, agradecimientos y todo tipo de comentarios.

¿Me puedes decir alguna futura novedad de los próximos meses?

Lamentación del prepucio, aunque el título quizá no es definitivo. Peyton Place, un best-seller de los años 50 con un prólogo de Boris Izaguirre. Un libro así amplia el mercado hasta una unión intergeneracional, y además es pop, y no sólo en el contexto.

Y una publicación así hace que la gente mayor vea que hay nuevas editoriales en el mercado que ofrecen novedades que hasta ahora sólo se podían encontrar en el rastro.

Hay una anécdota (ndlr: aquí interviene Alice) de un librero al que un señor de 60 años le pide cada día Peyton Place. Señores que.

También sacaréis uno de Warhol…

I’ll be your mirror, una recopilación de entrevistas de Warhol, entrevistas imprevisibles que permiten conocer muy bien al personaje. El libro es un testimonio directo, es él quien habla.

Al mercado español, quizá hay alguna excepción en Global Rhythm, parece haber una especie de rechazo a publicar libros de entrevistas.

Sí, y es bastante absurdo. En el caso de Warhol sus palabras recorren tres décadas de su trayectoria.

(…)

Durante un momento pensamos terminar repitiendo el concepto de novedad, pero está más arriba, así que poco sentido tenia hacerlo. Seguimos un rato más bajo la amenaza del frío, nos levantamos, nos despedimos y ahora, a las 16:51 minutos del viernes 9 de abril he transcrito el diálogo, no hay más. Larga vida a Blackie Books.

Jordi Corominas i Julián
http://corominasijulian.blogspot.com

Más información: Web de Blackie Books

Etiquetas: Andy Warhol, Blackie Books, Boris Izaguirre, Conquista de lo inútil, Cosas que los nietos deberían saber, Do it!, El incongruente, El tutú, Enrique Jardiel Poncela, Grace Metalious, I'll be your mirror, Jan Martí, Jerry Rubin, Jordi Corominas i Julián, La pesca de la trucha en América, Lamentación del prepucio, Los Simpson y la filosofía, Mark Oliver Everett, Peyton Place, Princesa Safo, Ramón Gómez de la Serna, Richard Brautigan, Werner Herzog, XXII Editores

Sobre el autor

Jordi Corominas i Julián

Jordi Corominas i Julián (Barcelona, 1979) ha publicado dos novelas en catalán ('Una dona que sap jugar amb els peus' y 'Colors', editadas por Abadía Editors), una biografía histórica en italiano ('Macrina la Madre', 2005) y el poemario 'Paseos simultáneos' (Ed. Vitrubio, 2010). En 2009 coeditó la antología 'Matar en Barcelona' (Alpha Decay). En 2011 publicó 'Loopoesía(s)' (Descrito Ediciones) y el cuento 'John Wayne' (Sigueleyendo). Es integrante y fundador del proyecto poético-experimental Loopoesia. Como crítico coedita 'Panfleto calidoscopio', y colabora en varios medios, entre los que destaca RNE. En 2012 ha publicado los poemarios 'El gladiador silenciado' (Versos&Reversos), 'Oceanografías' (Vitruvio) y la novela 'José García' (Barataria). En 2013 salió su poemario 'Los lotófagos' y en 2014 aparecerá su suite 'Al aire libre', versos con los que el proyecto Loopoesía cumplirá un lustro de existencia.

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1 Comentario

  1. ped dro 12 mayo 2010 at 13:55

    “Cuando algo te gusta mucho la primera reacción siempre es querer compartirlo.”
    Es, posiblemente, el único criterio de peso.
    Me quedo con eso.

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