Revista de Letras

XXII Editores: Pablo Mazo

26 abril 2010 Entrevistas

Desde sus inicios, la editorial madrileña Salto de Página se ha caracterizado por una apuesta decidida por la narrativa en castellano, tanto nacional como latinoamericana. Con el tiempo ha ido creándose un aura de calidad y buen hacer, tanto en la selección de textos (con una cierta predilección por el género negro o criminal, reinventado en muchos casos, eso sí) como en la edición final de cada libro. Todo ello gracias al trabajo de un equipo de editores y socios del que hoy secuestramos y metemos en nuestro zulo virtual de Revista de Letras a Pablo Mazo, para que nos cuente algunas cosas sobre la edición independiente en general y sobre su experiencia como editor en particular. Permanezcan atentos tras cada salto de… párrafo, porque Pablo es un lector avezado y un editor que cree en lo que hace y al que apenas hemos tenido que torturar (bastó amenazarle con ciertas lecturas en voz alta) para que nos hable con franqueza, tal y como entiende este crimen, es decir, este oficio.

A modo de test…

¿Cuándo decidiste ser editor y por qué?

A finales de 2006, cuando me lo propuso mi amigo —y hoy también socio— Daniel Martínez. Supongo que, junto a su gran capacidad persuasiva, el motivo fundamental fue que casi todo lo que siempre he querido y sabido hacer ha girado en torno al mundo del libro.

¿Cuál es el criterio principal de vuestro catálogo?

Queremos pensar que la calidad literaria es el primer criterio, una especie de requisito previo. Todos sabemos que se publica mucho, y las editoriales que eligen cuidadosamente su catálogo son las que pueden ofrecer un asidero en medio de la actual sobreabundancia de títulos y ganarse así la simpatía del lector. Por supuesto, es éste el que ha de decidir si cumplimos con ese criterio.

Pero, a partir de ahí, la selección tiene que ver con la línea editorial; con la proximidad de la propuesta a la literatura que nos interesa.

¿Primer libro publicado?

Puta linda, del peruano Fernando Ampuero. Fernando es un excelente narrador que, como muchos otros autores hispanoamericanos, goza de gran reconocimiento en su país, pero no ha obtenido el correspondiente reflejo en España, al menos entre el gran público. Esto y la frescura de la novela parecieron una estupenda carta de presentación para la editorial. Y lo fueron.

¿El libro más difícil? (de editar, de conseguir, de vender… interpretación libre).

Tal vez El año del desierto, de Pedro Mairal, porque despertó el interés de otros sellos con mayor capacidad que nosotros y, tras diversos avatares, ha habido que esperar más de un año para contar con esta extraordinaria novela en nuestro catálogo. Pero ha valido la pena. Lo publicaremos este próximo mes de mayo.

¿Qué libro os hubiera gustado publicar y habéis tenido que rechazar? (por estar ya editado, por problemas de derechos, por no encajar en tu colección…).

Muchos. En algunos casos nos vemos obligados a rechazar proyectos que publicaríamos con toda satisfacción, si tuviéramos la capacidad y los recursos. Pero en la mayor parte de estos casos tratamos con problemas de derechos (y ahí los rechazados somos nosotros), como nos ha ocurrido con la obra de Jorge Ibargüengoitia.

¿Qué  os impulsa a publicar un libro, además de verlo en vuestro catálogo?

Sin duda, una de nuestras mayores satisfacciones es apostar por voces nuevas —o no tan nuevas, pero poco escuchadas—, y que éstas encuentren la complicidad de lectores y libreros. Si un texto satisface determinados criterios de calidad y adecuación a la línea editorial, creo que el último impulso procede de la convicción de que nos gustaría que alguien lo descubriera para nosotros como lectores: nos gusta publicar lo que nos gustaría leer.

¿Qué  os impide publicar un libro?

Que falte ese último impulso. También, no seamos tan idealistas, que falte tiempo, dinero, capacidad de trabajo, espacio en el catálogo…

Por curiosidad: ¿Por cuántos correctores pasan vuestros libros?

Al menos por dos, más la revisión del autor.

¿Libro electrónico?

Sí, desde luego; aunque es difícil ser preciso. En este aspecto los editores parecemos estar conteniendo la respiración hasta que se aclaren algunas cuestiones, como las relacionadas con la seguridad o la compatibilidad de formatos, y demos con la modalidad idónea. Entretanto, creo que quienes trabajamos con contenidos literarios estamos más o menos de acuerdo en que el libro tradicional seguirá siendo nuestro soporte privilegiado por mucho tiempo.

Confiesa: Vas a una librería. ¿Recolocas tus libros en las mesas de novedades o en los estantes cuando no están bien visibles?

No. Sólo reconoceré haber reprimido la tentación, pero ni creo que sirva de mucho, ni es nuestro trabajo. Sería un poco como entrar en casa de un cocinero de probada solvencia y recolocarle los productos en el frigorífico.

Imagina: En unos años, debido al éxito de la editorial, os ofrecen formar parte de un grupo o venderla. ¿Qué harías?

Bueno, depende de bajo qué condiciones de independencia o de cuánto dinero… Pero en cualquiera de los dos casos hablaríamos de un precio proporcional a su valor para nosotros. Que es mucho.

Aunque es verdad que el género negro tiene cierta presencia en vuestro catálogo, parece que la línea de Salto de Página va más por la calidad de cada título que no tanto por un perfil determinado. Digamos que la facultad narrativa es lo que manda en vuestras colecciones, en las que figuran obras muy distintas. También sois varios editores y, por lo tanto, lectores distintos. ¿Qué ha de tener un texto para que todo el equipo de Salto de Página se ponga de acuerdo?

Efectivamente, nuestra línea editorial se puede caracterizar no tanto por la debilidad hacia determinado género como por una marcada inclinación por lo narrativo en un sentido muy amplio. Sin duda esa inclinación por la narrativa nos ha llevado a apostar por textos que siempre lindan de alguna manera con géneros de origen «popular», y a menudo injustamente valorados, como la novela negra, el fantástico, el terror o la ciencia ficción. Pero la literatura de género nos interesa en la medida en que haga justicia a lo mejor de su tradición, y eso se hace liberándose de clichés y reinventándose, fuera de los caminos trillados.

Al compartir este planteamiento, el acuerdo entre los cuatro miembros del equipo sobre una propuesta nunca ha sido un problema. Como decía más arriba, un texto de calidad y adecuado al catálogo sólo requiere esa chispa de entusiasmo que, por lo general, suele ser peligrosamente contagiosa.

Esto de la edición literaria tiene mucho de descubrimiento y goce privado, cuando uno se encuentra un texto que le apasiona y que aún no ha caído en manos de quienes, eso espera, serán los lectores de su editorial. Sin desvelar del todo la receta, ¿cómo vivís esa búsqueda previa, qué modus operandi seguís para conseguir ese texto que os seduzca?

Por supuesto, esos «descubrimientos» son uno de los momentos mágicos del trabajo editorial (aunque también creo que conviene no mitificarlo, pues a menudo el supuesto hallazgo es tan privado como el goce, es decir, que uno no conocía de nada a ese autor, pero éste lleva años escribiendo, bregando en concursos o incluso publicando… Desarrollando un trabajo literario y extraliterario, en definitiva. Quizá habría que decir que nuestro momento no es tanto el del descubrimiento como el de la apuesta). En este sentido nuestra receta no es ningún misterio: junto a la búsqueda más activa que todo editor lleva a cabo, estamos abiertos a cualquier propuesta que se adecue a nuestros intereses, procuramos dedicar a la lectura todo el tiempo que es posible (aunque éste es siempre insuficiente), e intentamos evaluar todo lo que recibimos.

En vuestra colección más reciente, Cian, encontramos dos referencias y valores seguros como Emilio Carrère y, sobre todo, Arturo Barea. ¿Cómo nace esta iniciativa? ¿Qué respuesta percibís por parte del público y de la crítica en estos rescates?

La colección Cian tiene la vocación de rescatar obras del siglo XX escritas originalmente en castellano que han permanecido inéditas en España o llevan un largo periodo de tiempo fuera del mercado editorial a pesar de su calidad e interés. Para nosotros era la forma natural de ampliar el catálogo y llegar a nuevos lectores sin alterar la identidad del proyecto, y aunque su andadura aún es corta la recepción hasta ahora ha superado nuestras expectativas. El tercer título de la colección será El golpe de Estado de Guadalupe Limón, una singular y poco conocida novela de Gonzalo Torrente Ballester.

Repasando vuestra colección principal de narrativa, Púrpura, encontramos a algunos autores que repiten en novela, como es el caso de Óscar Urra o, claramente, de Carlos Salem, uno de vuestros best sellers. ¿Salto de Página es una editorial de autores? ¿Cuidáis esa labor, digamos, de mecenazgo de una firma, o todo depende al final de cada texto?

Sin duda, nuestra voluntad es trabajar con autores antes que con proyectos. Es el caso de Urra y Salem, pero también de Jon Bilbao, Alejandro Hernández, Leonardo Oyola… Apostar por un autor es apoyar una trayectoria, y trabajar con éste más allá de la producción y promoción de determinado título —en ámbitos como las traducciones o la gestión de derechos audiovisuales— nos parece fundamental para cualquier proyecto como el nuestro. Además de muy gratificante.

Ya que te he secuestrado con malas artes, Pablo, voy a concederte una licencia. O voy a torturarte un poco más, no lo tengo claro. Todo editor tiene siempre una espinita clavada, un libro por el que se apasionó  y en el que creía de veras, pero ante el que luego el mercado, ingrato, no respondió como uno esperaba. Forma parte de este crimen, perdón, oficio, nunca perfecto. Háblanos aquí y ahora, si quieres, de ese libro de Salto de Página, si lo hubo. Nunca se sabe quién te puede estar leyendo para salir corriendo a darle la vara a su librero…

Pues aprovecho la licencia para recomendar, una vez más, Plop, de Rafael Pinedo. Ya hablamos de él durante la pasada Feria del Libro de Madrid de 2009, en un acto en torno a los libros peor vendidos, nuestros worst sellers (fue una iniciativa de Ediciones Escalera en la que discutimos, desde la autocrítica y el sentido del humor, sobre nuestros proyectos menos afortunados). Plop es una novela potentísima, impactante y muy original en su contexto, que no nos cansamos de reivindicar porque es para nosotros esa apuesta editorial desafortunada por la que preguntas, y porque la historia de su edición fue también amarga (Rafael Pinedo falleció poco después de que tuviéramos conocimiento de su obra, y apenas dos días antes de que lográramos ponernos en contacto con su familia).

Entre novela y novela, también figuran en la colección Púrpura varios libros de relatos. Incluso uno de vuestros autores, Jon Bilbao, también con una novela en Salto de Página, se hizo con el Premio Ojo Crítico de RTVE con uno de los mejores libros de cuentos de los últimos años, Como una historia de terror. Por su parte, Esther García Llovet firmó el excelente Submáquina. Los que trabajamos en esto y desde cualquier punto de la cadena (como editores, críticos o autores), sabemos lo que a estas alturas cuesta todavía vender relatos. Sin embargo, luego el lector de cuentos es siempre un lector fiel y activo. ¿Cómo fue la experiencia posterior al Premio Ojo Crítico? ¿Va a continuar Salto de Página apostando con cierta regularidad por el relato breve?

Sí, seguiremos peleándonos por el cuento. Claro que tiene sus propias dificultades, pero como dices sus lectores son fieles, inquietos y exigentes, y muchas editoriales —sin duda encabezadas por la labor de referencia de Páginas de Espuma— vienen demostrando que es posible sostener un proyecto publicando buenos relatos. Nuestra experiencia hasta ahora ha sido muy positiva, desde Como una historia de terror, que nos situó en el mapa para muchos lectores de relato, hasta De mecánica y alquimia, de Juan Jacinto Muñoz Rengel, que también ha recibido una excelente acogida. Nuestra apuesta más reciente es el último libro de Jon Bilbao, Bajo el influjo del cometa: estamos convencidos de que no defraudará a los gourmets del cuento más exquisitos.

Las antologías de relatos destacan también en vuestro catálogo y parten siempre desde premisas de género, bien policial, bien fantástico, como la celebrada Perturbaciones, a cargo de Juan Jacinto Muñoz Rengel. Creo que al relato como fenómeno literario le hacen mucho bien, pero, ¿cómo os han funcionado estas antologías con los lectores? ¿Cómo crees que las reciben? ¿Vais a seguir con ellas?

Ambas antologías fueron muy bien recibidas —algo difícil de conseguir con una tarea selectiva y a veces necesariamente restrictiva—. Seguiremos trabajando en la línea de las antologías de género, pero también habrá alguna sorpresa…

La saturación de títulos en las librerías cobra dimensiones bíblicas. Aparte de mantener la calidad en la edición (como objetos, vuestros libros resultan siempre reconocibles y tienen un diseño muy cuidado, cosa que agradecemos los bibliófilos), ¿cómo os planteáis la promoción de un libro para que no sea otro más en los anaqueles? ¿Simplemente, dejáis que el circuito haga su trabajo o buscáis vías alternativas?

Siempre hemos intentado cuidar mucho el diseño; creo que es casi una seña de identidad de la mayor parte de las editoriales independientes más jóvenes, y que en este sentido se viene haciendo un trabajo muy valioso. Las mesas de novedades son un poco menos feas, y se agradece. Un diseño cuidado es una declaración de principios sobre el valor que uno otorga al libro como objeto, pero también —cómo no— una herramienta comercial, una estrategia para destacar en medio de esa saturación.

El modelo actual de distribución está comenzando a mostrar sus fallas. ¿Una editorial independiente necesita también de libreros independientes, de otras estrategias más directas para ganar visibilidad, o las grandes cadenas se seguirán llevando siempre la parte del león?

Las grandes cadenas siguen siendo fundamentales, y además creo que han cambiado mucho en los últimos años. Su oferta hace tiempo que no se limita a las novedades más comerciales de los sellos consagrados. Pero, sin duda, una editorial independiente necesita de la complicidad del librero-prescriptor y de las librerías independientes, espacio natural de nuestros libros. El apoyo de muchas de estas librerías ha sido, en nuestra experiencia, una ayuda inestimable. Lo cierto es que nosotros estamos muy satisfechos con el trabajo de nuestro distribuidor, y cualquier estrategia directa o alternativa —presentaciones, encuentros, lecturas— es una tarea complementaria de ese trabajo, que exige coordinación y apoyo mutuo.

¿Cómo valoras la incidencia de la crítica literaria y de los medios en vuestro trabajo?

La crítica es, ante todo, la primera respuesta de los lectores. Y es también, junto a la distribución, la clave de nuestra visibilidad en el momento quizá más difícil del proceso —la promoción—, en el que las cosas dejan de depender del propio trabajo. Si ese momento falla, es muy difícil que un título encuentre a sus lectores: en medio de la sobreabundancia que tanto mencionamos, resulta casi un milagro que una propuesta pueda abrirse paso por sí sola, sin la adecuada comunicación.

La red, a través de bitácoras y revistas especializadas, en teoría  también independientes, y sobre todo gracias a las redes sociales, ofrece un nuevo espacio de comunicación, tanto entre profesionales como, sobre todo, con el lector. ¿Cómo enfoca Salto de Página su presencia en la red?

Hoy la red nos permite afinar, llegar a un público especializado que sabe lo que quiere y dónde buscarlo. Permite también, a través de las redes sociales y blogs, una comunicación más directa con los lectores, y con muchos libreros. Los grandes medios conservan su importancia a la hora de lograr visibilidad, pero han perdido parte de su capacidad prescriptiva frente a los nuevos medios. Como tú sabes de primera mano, el lector especializado hoy confía menos en unos suplementos a menudo con una selección de propuestas muy comprometida y en un espacio muy limitado que en un conjunto de bitácoras o revistas digitales donde encuentra críticas igualmente cualificadas, contenidos más desarrollados y libres de aquellas restricciones.

En nuestro caso, siempre hemos tratado de prestar toda la atención posible a los medios digitales y aprovechar su gran capacidad para llegar a un público segmentado; también intentamos emplear las redes sociales como herramienta de comunicación y no como mero escaparate. Nos ha sorprendido muy gratamente el número de personas que nos llegan a conocer o contactar a través de este medio.

¿Qué nos prepara Salto de Página a partir de ahora, en qué estáis trabajando? Háblanos de vuestro catálogo, Pablo, pero sobre todo de dónde te gustaría ver a vuestra editorial en un futuro cercano.

Encantado: además del magnífico nuevo libro de relatos de Jon Bilbao que antes mencionaba —Bajo el influjo del cometa—, estamos muy orgullosos de presentar estos días la última novela de Jorge Volpi, Oscuro bosque oscuro: una fábula estremecedora con el nazismo como fondo, y al mismo tiempo una arriesgada apuesta formal.

En mayo, además del rescate de El golpe de Estado de Guadalupe Limón, de Torrente Ballester, presentaremos El año del desierto, de Pedro Mairal, sin duda una de las mejores novelas que ha dado la nueva y valiosísima narrativa argentina de los últimos años.

¿Dónde nos gustaría vernos en un futuro cercano? Supongo que consolidándonos como una editorial independiente de referencia, valorada por la calidad del catálogo, y sin dejar de cuidar los libros como creo que hemos hecho hasta ahora. Y respondiendo nuevas entrevistas como ésta: es siempre un placer.

Sergi Bellver
Bitácora de Sergi Bellver

Más información: Web de Salto de Página

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Sobre el autor

Sergi Bellver

Sergi Bellver (Barcelona, 1971) es escritor, editor y crítico literario. Responsable de la edición y el prólogo de «Chéjov comentado» (Nevsky Prospects, 2010) y autor en «La banda de los corazones sucios. Antología del cuento villano» (El Cuervo/Baladí, 2010; ed. de Salvador Luis). Profesor de Escola d'Escriptura de l'Ateneu Barcelonès y Escuela de Escritores de Madrid, donde ha colaborado con la Cadena SER. Publica artículos y reseñas en las revistas Tiempo, BCN Week y Standdart, en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia, y en los medios digitales Culturamas, Revista Kafka y La tormenta en un vaso.

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