Revista de Letras

XXII Editores: Pepo Paz

Pepo Paz ha logrado reunir en el catálogo de Bartleby Editores a una buena selección de narradores y poetas de varias generaciones. Editor, reportero de viajes y, por supuesto, ávido lector, forma parte del grupo de independientes que, hace ya casi tres lustros, metiéndole ganas y mucha modestia, renovaron con nuevos aires el mundo de la edición. Un espejo en el que se miran los que ahora están regenerando el sector con nuevas propuestas.

A modo de test…

¿Cuándo decidiste ser editor y por qué?

Creo que fue en la primavera del año 98. Un día, tomando unas cañas con unos amigos, surgió  el tema. Podíamos haber creado una ONG o habernos planteado dar la vuelta al mundo en bicicleta, pero nos apetecía hacer una locura. Una maravillosa locura que continúa todavía hoy, doce años, después, con un futuro aún  más incierto. Bueno, también hay una versión b: los tres amigos estábamos vinculados, en mayor o menor medida, al mundo de las letras. No sé si alguno frecuentaba burdeles pero, en todo caso, no creo que eso influyera mucho en nuestra decisión (alocada e ilusionante). En mi caso concreto, salía de un período laboral de nueve años en una multinacional y me pareció una vía alternativa de acceso a un mundo que siempre me había fascinado. Pensé: “ya que nunca alcanzarás la gloria como escritor, al menos quédate entre las bambalinas”. Y en eso ando.

¿Cuál es el criterio principal de tu catálogo?

Uno doble: La calidad y el riesgo. 

José Lezama Lima

¿Primer libro publicado?

Fueron, en realidad, dos. La Habana caleidoscópica, una edición de los cuentos completos del maestro Lezama Lima (no os asustéis, que sólo tenía 96 páginas) y Dípticos, de José Kózer. Por aquella época, Kózer vivía en un pueblo malagueño, todavía no había regresado a su morada en EE.UU.; los dos cubanos: una de nuestras premisas iniciales fue mantener una clara vocación americana (en el sentido más amplio del término) para nuestros catálogos. Además, había que empezar con cierta rotundidad porque aunque esto sea una carrera de fondo, los movimientos en el corto plazo siempre hay que sopesarlos muy bien. El segundo libro de nuestra colección de poesía fue, por ejemplo, El corazón, la nada, del poeta barcelonés Eduardo Moga.

¿El libro más difícil? (de editar, de conseguir, de vender… interpretación libre).

El libro más difícil es el que te cuesta más renuncias. En algunas, incluso, algunos se quitan definitivamente las máscaras. Estoy pensando, por ejemplo, en nuestra edición bilingüe de Billy Collins que me costó la escenificación de las diferencias abismales entre nuestro proyecto y otro proyecto editorial de alguien que nos llamaba “hermanos” o “amigos”. Pero, dejando atrás las cicatrices personales, creo que el libro que más vueltas nos costó dar ha sido el de la poesía reunida de William Faulkner. Las agencias literarias asumen catálogos de editoriales extranjeras pero cuando les planteas algo que se sale de la norma todo son problemas. Este libro reúne cuatro poemarios: dos de ellos estaban publicados por Random a finales de los años sesenta en EE.UU.; después de año y medio de espera hubo que conseguir el original por medio de un colaborador en una biblioteca pública norteamericana. En cuanto a lo de vender: todas nuestras apuestas resultan, por lo general, muy difíciles de vender. Desde los poetas españoles a los que se les publica un primer libro hasta los consagrados. El mercado de la poesía en España te depara muy pocas alegrías comerciales.

¿Qué libro te hubiera gustado publicar y has debido rechazar? (por estar ya editado, por problemas de derechos, por no encajar en tu colección…).

Los cuentos de Rodolfo Walsh, por ejemplo. Después del “ruido” mediático que trajo la publicación por vez primera en nuestro país de la obra breve de un escritor tan sobresaliente como Haroldo Conti, me hubiese gustado llegar el primero también a Walsh. Pero se nos adelantaron los colegas de Veintisiete Letras, que cuentan una destacadísima colección de ficción.

¿Qué te impulsa a publicar un libro, además de verlo en tu catálogo?

Nosotros, en general, buscamos ofrecer al lector de poesía en español la obra de autores que nunca antes se haya publicado aquí. Nos encanta llevar a las mesas de novedades la obra de poetas y narradores que nunca antes hayan llegado al lector en castellano. Queremos crear lectores. Y la opción de las ediciones bilingües amplifica muchísimo las posibilidades, sobre todo cuando te planteas mostrar que hay cosas muy interesantes y diferentes a las que se hacen en España y que tú puedes ser el primero en hacerlo: un ejemplo de esta filosofía sería Robert Hass, que era un autor muy reconocido por la crítica y los lectores en EE.UU. y al que, sin embargo, nadie había traducido en España. Nosotros nos hicimos con los derechos de Tiempo y materiales (que luego tradujo Jaime Priede con su excepcional trabajo habitual) muchos meses antes de que el libro ganara el Pulitzer de Poesía 2008.

¿Qué te impide publicar un libro?

Bueno, hay tantos factores que impiden que un libro salga adelante que no sabría por dónde comenzar. Creo que todos los editores tenemos una idea más o menos definida de lo que queremos que sea nuestro catálogo. Ahí tenéis una primera razón de peso. Me voy a remangar: yo creo que un editor independiente (es decir, que no medra a la sombra de ningún gran grupo editorial) tiene ante sí un reto enorme: ser capaz de no renunciar a sus principios. También una obligación: no perpetuar los mecanismos de poder que subyacen en el mercado literario. Por ejemplo, no entrar al juego de los premios literarios (tan denostados, por cierto, y no por culpa de los que nos arriesgamos a publicar sin paracaídas). Yo, por ejemplo, no piso las redacciones de los suplementos de cultura. Creo que nuestros libros y autores tienen que valer por lo que son y no por las comidas/cenas periódicas que el editor mantenga cada vez que visite Madrid o Barcelona. Hay colegas que entienden que esa es una manera de hacer las cosas. Los respeto, pero es una manera que yo no comparto ¿cómo vas a renovar la literatura en español si no te preocupas de renovar las estructuras que la sustentan? Nosotros, por ejemplo, creemos que no se puede ser juez y parte: no se puede dirigir una colección de poesía y estar en el jurado de premios (nacionales o Cervantes) en los que se premia a autores que publican en la colección que dirijes. No se pueden utilizar todos los resortes del poder en beneficio propio (sobrinos, amigos y contactos). El problema es que todo esto pasa a la luz del día y en un mundo tan endogámico que casi nadie (o nadie) se atreve a alzar un pelín la voz.

Por curiosidad: ¿Por cuántos correctores pasan tus libros?

Normalmente pasan dos y hasta tres filtros: los del autor, el corrector y el editor. a mí me gusta leerlos el último, en todo caso, porque no te puedes imaginar la cara de idiota que se te queda cada vez que descubres alguna errata nada más abrir el libro en la puerta de la imprenta. Eso sí, cuesta (y mucho) encontrar correctores solventes al cien por cien.

Tess Gallagher, viuda de R. Carver, con Pepo Paz

¿Libro electrónico?

Es el futuro inmediato, a corto plazo. Probablemente, también, el fin de las pequeñas editoriales tal y como las hemos entendido hasta ahora. Al problema de la piratería tienes que añadirle otro más grave: ¿qué pasa con la renegociación de los derechos de autor?¿en qué marco legal? Pero es algo que está ahí ya. Me preocupan las previsiones sobre la demanda de descargas ¿en base a qué criterios se han estimado? Un libro no es un cd ni los potenciales clientes son los mismos. Pienso que esto va a ser como una ola que rompe en la orilla de la playa y se lleva por delante todos los pequeños objetos que había dejado allí, de cualquier manera, la ola anterior. El problema no es, en realidad, el formato.

Confiesa: Vas a una librería. ¿Recolocas tus libros en las mesas de novedades o en los estantes cuando no están bien visibles?

A veces. Antes, sobre todo. Ahora me gusta ir a las librerías para charlar con los libreros y conocerlos y que conozcan nuestro proyecto y que sepan lo que hay detrás de cada novedad. No obstante, la visibilidad de nuestros títulos es la gran batalla que andamos librando todos los pequeños editores.

Imagina: En unos años, debido al éxito de la editorial, te ofrecen formar parte de un grupo o venderla. ¿Qué haces?

Me gusta fantasear con mundos posibles. Los imposibles no me interesan.

¿Qué es lo que “preferirías no haber hecho”? No me digas que ser editor…

Me hubiera gustado no endeudarme tanto para llegar al punto en el que está Bartleby Editores.

Bartleby es una editorial que se mantiene firme en sus convicciones, que quedan bien expuestas a través de su catálogo. Tras casi doce años de trabajo, ¿podrías afirmar que has conseguido la complicidad de los lectores?

Yo lo que veo, mes a mes, es que el sello editorial va ganando espacios en las librerías, en los suplementos y revistas, en los periódicos y, sobre todo, en las preferencias de los lectores. Y esa es la línea a seguir.

Si el de editor es un oficio vocacional, tratándose de poesía estamos hablando de una heroicidad. Lo que parece, al menos desde fuera, es que no tiene tantos lectores como otros géneros, pero los que hay se mantienen fieles. ¿Has notado alguna tendencia ascendente en cuanto a los lectores jóvenes?

Hay mucha mitología en torno a estas cosas. El de editor no es un oficio más vocacional que otros. Ni el editor es más héroe que el oficinista o el funcionario. Creo que hay trabajos y situaciones en el día a día que requieren mayores dosis de heroicidad. Aprender que el “no” puede ser una respuesta es cosa que nos toca a todos antes o después. En este sentido me encanta la definición que hiz un día Haroldo Conti de sí mismo, algo así como “soy un escritor y cuando dejo la máquina de escribir a un lado sigo siendo una persona tan normal como las demás”. Pues eso, así que me siento yo. La segunda parte de la pregunta: el lector joven es un tipo con muchas lecturas a sus espaldas, generalmente licenciado y con un par de idiomas bien gestionados. Un lector que valora nuestras traducciones (muy bien resueltas por lo general) y que descifra autenticidad en nuestra propuesta. Una propuesta, por otro lado, también joven: a fin de cuentas sólo llevamos doce años en esto y seguimos aprendiendo.

Se había perdido la tradición de las ediciones bilingües. Desde el primer momento apostaste por una colección en la que se pudiera acceder al texto original. Me da la impresión de que los traductores agradecen este formato. ¿Es así?

Es una exigencia de los lectores: no se entiende la edición de calidad de poesía extranjera si no es en ediciones bilingües. Entra en el estándar de calidad aceptado por todos. Los traductores, como buenos lectores, también lo exigen y agradecen.

Voltaire escribió  aquello de “Es imposible traducir la poesía. ¿Acaso se puede traducir la música?”.

Voltaire, evidentemente, no había leído nuestra edición de la Poesía completa de Sylvia Plath, traducida y anotada por Xoán Abeleira, por poner un ejemplo. Fuera de bromas: traducir poesía es una tarea muy complicada, tan sólo al alcance de unos pocos. Por eso resulta tan arriesgada nuestra apuesta: a veces te llevas unos revolcones impresionantes con gente que ostenta un curriculum cuajado de brillantes.

Navegando por tu catálogo es difícil no sentirse atraído por la mayoría de autores que lo componen.  ¿Cómo definirías al “autor Bartleby”?

Nosotros intentamos ir creando un catálogo en el que prime la calidad sobre los nombres. Éste sería el rango distintivo.

Con Lecturas21 recuperas poemarios perdidos, inéditos, poco conocidos o difíciles de encontrar al no haber sido reeditados.  La poesía, precisamente, no es un género que se reedite, exceptuando los grandes clásicos. ¿Resulta complicado mantener vivo el fondo de catálogo de Bartleby?

Esa es otra de las leyendas urbanas que todavía circulan por este mundillo: ¿qué sentido tiene un fondo de catálogo en un mundo donde las novedades apenas aguantan dos semanas encima de la mesa de una librería? El objetivo último de la serie Lecturas21 es poner en diálogo la obra de un autor de poesía consagrado con el verbo de otro joven, que haya comenzado a publicar en los albores del siglo XXI. La mayoría de los trabajos que publicamos están incluidos en las poéticas completas pero cobran un especial sentido, un sentido renovado, bajo la mirada del o la poeta joven.

La lista de firmas es abrumadora, tanto en poesía como en narrativa: John Berger, Raymond Carver, John Steinbeck, Niall Williams, Haroldo Conti (de quien has publicado sus Cuentos completos) y eso sin contar a autores no tan conocidos. Además del prestigio de publicar a estos grandes literatos, ¿ves su publicación, al margen de la evidente calidad, como una manera de llegar a más público y que conozcan al resto de autores del catálogo?

Nosotros no sólo hemos publicado (o seguimos publicando) a autores conocidos. Junto a Szymborska, Soyinka, Kapuściński, Kerouac o los que mencionas, apostamos en su momento por el primer libro de poemas de autores como Julieta Valero o Carlos Jiménez Arribas, por ejemplo, autores que luego publicaron en esas editoriales que luego se ponen la etiqueta de “renovar la literatura española” pero que no tuvieron el arrojo de lanzarse a la piscina con ellos en un primer momento. Por eso a mí no me gusta poner etiquetas al trabajo de la editorial: creamos lectores y, también, buscamos lectores. La primera enseñanza en cualquier curso de marketing editorial es que hay que conocer a tu público potencial. Y el de poesía, es España, además de ser muy reducido, es un público que se decanta mayoritariamente por las traducciones. Hay quienes dicen que editan a muchos autores españoles pero, en realidad, lo hacen bajo el paraguas de los premios, es decir, sin arriesgar su dinero. En cambio, pese al discurso que mantienen, sólo hay que mirar sus catálogos para ver que siempre han publicado traducciones. Y que lo seguirán haciendo porque el mensaje que te envía el mercado es concluyente: a te subvencionas con los premios o te financias con las ventas de tus libros. Y, aquí, lo único que se vende de manera razonable son las traducciones. Por eso mi rechazo a las poses.

El uso de internet y la comunicación 2.0 permite una mayor difusión del trabajo editorial. Los editores independientes parece que se han adaptado mejor que algunos grandes grupos, que aún andan en pañales con sus webs. ¿Hasta qué punto te has involucrado en la Red?

Los grandes grupos tienen, en general, unas webs muy exigentes. Ellos, además, disponen de los recursos para convertir sus webs en auténticos foros. Y lo hacen bien. Lo que ocurre, por otro lado, es que el estallido del 2.0 se ha producido muy al margen de ellos: son muchos los autores que han convertido en suyo el cyberespacio. Y a mi esto me parece muy sano y positivo. La diversidad nos hace a todos más ricos. Bartleby Editores, en la medida de sus posibilidades, también trabaja en ese mundo con sus blogs, páginas en Facebook, web, etc. Si la comunicación 2.0 este trabajo sería inimaginable a día de hoy.

Cada año se publica más, aunque se diga lo contrario, las librerías tienen menos espacio y, por lo tanto, los libros duran menos a la vista. ¿Cuál es el mayor problema al que se enfrenta un editor independiente en estos momentos en los que se está reformulando el modelo de negocio con el libro electrónico y las nuevas vías de comercialización digital?

El mayor reto es simple: sobrevivir. Hay que ser más competitivos, si cabe. Y extraer de los nuevos formatos todas las opciones positivas que ofrecen. Con todo yo, personalmente, soy muy pesimista. El modelo de negocio variará radicalmente tal y como lo conocemos a día de hoy y ahí sólo podrán sobrevivir los más fuertes, es decir, los grandes grupos (que, por cierto, ya andan metidos en alianzas). La lucha contra la filosofía del “todo gratis” es, probablemente, el primer obstáculo. Y todas las acciones de los agentes involucrados se han movido hacia las maneras de salvar ese pozo de la piratería en Internet.

Estamos en unas fechas muy importantes para el sector, aunque también muy peligrosas. Debido a la cantidad de novedades que aparecen estos días, es muy fácil que la mayoría de las obras publicadas queden relegadas a un tercer plano. ¿Cuáles son vuestras apuestas para la primavera de cara a la Feria del Libro de Madrid?

Nuestros libros tienen un aliento más pausado: las novedades salen reseñadas dos, tres o cuatro meses después de haberse publicado. Por lo tanto, en la FLM 2010, tendremos autores como Wole Soyinka, Ted Hughes, Wislawa Szymborska, Emily Dickinson (por parte de los extranjeros) y Esteban Martínez Serra, Marta Sanz, Antonio Martínez Sarrión y Óscar Curieses (por la parte nacional). Sin olvidar la gran apuesta de estas últimas semanas, la antología coordinada por David González: La manera de recogerse el pelo. Generación Blogger, un libro+dvd que contiene la obra de 13 poetas bloggeras españolas.

José A. Muñoz

Más información: Web de Bartleby Editores

Etiquetas: Antonio Martínez Sarrión, Óscar Curieses, Bartleby Editores, Billy collins, Carlos Jiménez Arribas, David González, Dípticos, Eduardo Moga, El corazón la nada, Emily Dickinson, Esteban Martínez Serra, Haroldo Conti, Jack Kerouac, John Berger, John Steinberk, José Kózer, José Lezama Lima, Julieta Valero, La Habana caleidoscópica, La manera de recogerse el pelo. Generación Blogger, Lecturas21, Marta Sanz, Niall Williams, Pepo Paz, Poesía completa de Sylvia Plath, Raymond Carver, Robert Hass, Rodolfo Walsh, Ryszard Kapuściński, Ted Hughes, Tiempo y materiales, William Faulkner, Wislawa Szymborska, Wole Soyinka, Xoán Abeleira, XXII Editores

Sobre el autor

José A. Muñoz

José A. Muñoz (Badalona, 1970), periodista cultural. Licenciado en Ciencias de la Información, ha colaborado en varias emisoras de radio locales, realizando programas de cine y magazines culturales y literarios. Ha sido Jefe de Comunicación de Casa del Llibre y de diversas editoriales.

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2 Comentarios

  1. Manuel Fuentes 10 Junio 2011 at 23:11

    Buenas como hago para publicar mis letras me pueden colaborar con esto por favor

  2. Manuel Fuentes 10 Junio 2011 at 23:11

    GRACIAS

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