Seis en punto

No soy únicamente la chica que se sienta aquí a leer un libro a las seis de la tarde. Soy más que eso, más que una cara oculta entre las palabras de otro. Soy quien espera...

Oro ciego

La historia la conforman los pequeños personajes, las anónimas heroicidades de hombres y mujeres que desde la sombra de los hechos, con su búsqueda de sueños y de libertad, trazan sobre el lienzo de la humanidad un dibujo colorido algunas veces y muy gris tirando a oscuro la mayoría de las ellas...

Guerra y lenguaje

Decía Joan Fuster que “la rosa, sin la literatura que le ha caído encima, no sería nada más que una col pequeña, insípida y de colores engañadores”; que hay alguna cosa –el lenguaje– que la ha convertido en la reina de las flores. El lenguaje no es, pues, un simple instrumento de comunicación ni ningún conjunto de signos arbitrarios...

La carretera

No sé ustedes, pero yo no suelo llorar de emoción con un libro. Me absorben, me hipnotizan, respiro por ellos, o me entusiasman hasta el punto de quedarme leyendo tarde en la madrugada. La lágrima se me escapa con el cine, o con música excepcional, no con los libros. Hasta ahora. Cormac McCarthy me ha hecho llorar...

Mi Pushkin

Si es cierto, y estoy personalmente convencido de ello, que somos aquello que hemos leído, no debe serlo menos que aquellos libros que hemos leído en nuestra infancia estan destinados a marcar nuestra vida, y no solamente nuestra vida de lectores, con una huella indeleble...

Mario Benedetti, siempre

Era 1984 y no sé porque comencé a leer. Mi padre, español para más señas, tenía un negocio de importación de libros y revistas en un Panamá que no no leía. De la gran cantidad de libros que había sueltos por mi casa dos tenía un peso especial para mí. Dos poetas se disputaban con sus versos el sueño del lectorcito recién estrenado: Rafael Alberti con su antología “Poemas del destierro y la espera” y el otro de un tal Mario Benedetti, “Poemas de otros”. Allí comencé a leer y comencé a escribir plagiando a Benedetti sus sutilezas amorosas del

El mar

…y ella seguía queriendo ver el mar, desde que recordaba y tenía uso de razón, ver el mar y sentirlo rodeando su cuerpo, siempre había constituido uno de sus máximos objetivos. A decir verdad, el mar, como muchas personas, lo había visto tan sólo en fotos, en videos, en películas, en numerosos medios y en numerosas ocasiones, sí claro que sí, pero siempre filtrado por una lente, a través de un cristal o plasmado en algún soporte. Pero lo que siempre había ambicionado, era poder verlo en vivo y en directo, lo que ambicionaba era poder mirarlo cara a cara

Juan José Flores

Supongo que hay una especie de juego metaliterario constante, puesto que la ficción que no se presenta como un sueño explícito, también lo es, en realidad. Todo es sueño pues, dentro del sueño que siempre propone un autor. No creo que se pueda vivir sin soñar, como nos dicen los psicólogos, parece ser una necesidad casi fisiológica, aunque no lo recordemos siempre al despertar...