Revista de Letras

Ellen Foster

‘Ellen Foster’, en la versión cinematográfica | Foto: YouTube

Ellen Foster (1987) es la primera novela de la escritora sureña Kaye Gibbons, ganadora de varios premios y accésit a otros; parece que fue escrita durante una de las crisis del transtorno bipolar que sufre -que, reconoce, afecta positivamente a su creatividad-, y ha inspirado una recreación cinematográfica en 1997, una adaptación teatral y una secuela, The Life All Around Me by Ellen Foster (2005) escrita por la misma autora.

La protagonista y narradora, Ellen, es una chiquilla de once años crecida en una familia disfuncional -madre enferma y padre alcohólico- que, después de perder a su madre y verse sometida a la violencia de su padre y, con posterioridad a la muerte de este, al maltrato de su tía, acaba en un hogar de acogida -de ahí ese “Foster”, que no es su apellido propio sino la expresión inglesa que hace referencia a las personas en adopción temporal-, lugar desde el que compone su peculiar autobiografía.

“Ojalá se atraganten. Ojalá se atraganten y se mueran y yo prenderé fuego a la casa y los quemaré a todos. Hasta a mi propio padre y así terminará todo.”

Ellen no ha disfrutado de una infancia modélica: violencia doméstica, amagos de incesto, alcoholismo, explotación laboral, castigos corporales, racismo -inconsciente aunque patente-; pero cualquier barbaridad queda relativizada al ser vista a través de la mirada inocente de Ellen, aunque algo en su tono o, con más frecuencia, en sus comentarios, parece indicar que se da perfecta cuenta de la gravedad de la situación pero le interesa y conviene explotar esa bendita ignorancia para utilizar su conocimiento en su propio provecho cuando la ocasión lo requiera.

“Ya sé que he hecho como si estar en el jardín con ella fuera una cosa corriente pero en realidad solo sucedió una temporada. Lo que pasa es que si te cuentas lo mismo una y otra vez acabas engañándote a ti mismo, las historias se diluyen y te olvidas de que fue una única temporada en toda una vida. Así es como lo hago yo.”

Ediciones Las Afueras

Esa supuesta inconsciencia es precisamente el recurso que parece avalar la verosimilitud de su visión y garantizar la fidelidad en la reproducción de los hechos narrados cuando la voz que los detalla es la de una persona que sufre una inadaptación provocada por una infancia difícil y unas tormentosas relaciones familiares en un medio social violento, conflictivo y desasosegante. Porque como complemento a su inocencia, Ellen muestra una insólita madurez, incluso bajo la mirada adulta, en su interacción con el mundo: al tiempo que manifiesta una indudable superioridad con respecto a los chicos de su edad que no han soportado sus privaciones y que han tenido una vida más fácil y disfrutado de lo que Ellen deja más en falta, una familia convencional; pero también con respecto a muchos adultos que ignoran, engañados por su aparente inocencia, su capacidad de comprensión. Al final, el verdadero aglutinante que hace que el discurso de esa Maisie contemporánea sea creíble es la desinhibición de quien desconoce ciertas convenciones sociales con respecto al trato con los demás, con todo aquello de lo que no se puede hablar; o de quien sí las conoce pero explota las ventajas que le brinda su edad y el concepto que de ella tienen los adultos.

“Podría quedarme toda la noche leyendo. No puedo dormirme si no leo. Hay un momento en el que el cerebro no tiene nada constructivo que hacer y se dedica a dar vueltas. Yo le obligo a dejar de hacerlo leyendo hasta que se apaga del todo. Es que creo que es mejor hacer alguna cosa hasta el momento en que te duermes.”

El mayor riesgo de la apuesta literaria de Gibbons es prestar la voz narrativa a una niña de once años; pero esa apuesta redunda en su mayor logro ya que consigue armar el relato de los hechos con la inocencia de una persona en formación que no los omite ni los trasgiversa sino que ofrece una interpretación acorde con su comprensión de los mismos pero que el lector, adulto, puede decodificar en función de su mayor conocimiento.

“Y yo me quedé allí sintiéndome lista por saber la verdad y todo lo que puede pasar cuando menos te lo esperas.”

Etiquetas: familia, hogar de acogida, Kaye Gibbons, racismo, violencia doméstica

Sobre el autor

Joan Flores Constans

Joan Flores Constans nació y vive en Calella. Cursó estudios de Psicologia Clínica, Filosofía y Gestión de Empresas. Desde el año 1992 trabaja como librero, actualmente en La Central del Raval. Lector vocacional, se resiste a escribir creativamente para re-crearse con notas a pie de página, conferencias, críticas y reseñas en la web 2.0, y apariciones ocasionales en otros medios de comunicación.

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