Francisco Casavella, in memoriam

Tengo una vieja superstición literaria que corroboran escritores como Enrique Vila-Matas y Paul Auster entre otros, y es que muchas de las cosas que escribimos se entremezclan con la realidad sorprendiéndonos. Me refiero a esas cosas que lees o que escribes, pura ficción, mucha verosimilitud, pero que cuando te las encuentras por la calle te sorprenden. Como ya escribí en su día en Vila-Matas perseguidor, las casualidades literarias existen. David Arroyo, mi amigo de fatigas, me prestó a mediados de este año una novela: el premio Nadal 2008 que firma Francisco Casavella: Lo que sé de los vampiros, “buenísima” me

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