Revista de Letras

David Eloy Rodríguez: “A la poesía nada de lo humano le es ajeno”

17 septiembre 2013 Entrevistas

Considera Miedo de ser escarcha uno de sus libros de poesía más importantes, publicado en 2000 y reeditado con su correspondiente actualización en 2012. Él es David Eloy Rodríguez, un poeta nacido en Cáceres en 1976 y que un buen día se trasladó a Sevilla, ciudad en la que fijó su residencia y desde la que despliega todas sus maneras de relacionarse con la escritura. Y digo esto porque a la hora de dialogar con él uno va descubriendo con asombro que detrás del poeta hay un activista cultural capaz de convertir el agua en vino y la poesía en espectáculo. Tuve la ocasión de escuchar en su propia voz algunos de sus poemas en uno de esos actos al uso, convencionales para este tipo de eventos. Pero fue al día siguiente cuando más me sorprendió: había sido programada una intervención suya en un garito en compañía de Daniel Mata, un músico con su guitarra y sus propias canciones, en vivo y en directo. Y ahí lo vi de nuevo, esta vez subido a un escenario, declamando poemas suyos, transformado, sin miedo escénico, dejando claro a los espectadores que con la poesía se pueden hacer muchas cosas: “Esta es nuestra materia: / palabras como espacios condenados / que debemos resucitar”. Así empieza uno de sus poemas, el mismo punto de partida que da origen a esta conversación con David Eloy, habiendo espantando antes todos los males habidos y por haber.

David Eloy Rodríguez (foto: Pepe Calvo)

David Eloy Rodríguez (foto: Pepe Calvo)

Ante una persona como tú, implicada en tantos modos distintos de tratar con la literatura, me pregunto qué lugar ocupa, cuál la importancia de la poesía en medio de tanto ajetreo…

La poesía es quizás el centro de mis dedicaciones. Si escribo canciones o letras flamencas, o audiovisuales, si me dedico a la escena teatral o a la pedagogía de la literatura, incluso si escribo narrativa, tal vez es a partir de la poesía, de su irradiación e influjo.

¿Poesía como vocación?

Tuve la fortuna de publicar mi primer poemario muy joven, con 20 años (Chrauf, premio Universidad de Sevilla), y eso reafirmó un camino que yo ya vivía con pasión. “La poesía no es una vocación, es un veredicto”, que decía Leonard Cohen.

¿Es decir?

La poesía es una magia irreductible, inmarchitable. Comunicación y conocimiento, revelación y misterio. Compañía, encuentro, transformación… Agradezco poder vivir cerca de la poesía.

¿Está también en crisis la lírica?

La poesía incide, perdura, se extiende: se busca la vida desde siempre. Su estado permanente es la crisis: ser crisis, ponernos en crisis. El poeta descifra una escritura por venir tratando de ponerle nombres a las cosas. La poesía ejerce la resistencia de la dignidad de la palabra precisa, la palabra libre.

Miedo de ser escarchaTu escritura, ¿se diferencia o distancia de otras poéticas?

Como lector, procuro disfrutar de todas las poéticas. Me gusta aprender de toda oportunidad, en la vida y en los versos, donde aparece la poesía. Como autor estoy a la escucha de lo que me van enseñando los poemas. Cada día en búsqueda, cada día sorprendido. Mis libros están ahí, diciendo lo que puedan o sepan decir…

¿Qué nos cuentas de tus últimos poemarios?

Mis poemarios más recientes son Para nombrar una ciudad (Renacimiento, 2010, premio internacional Francisco Villaespesa), Lo que iba diciendo (ediciones Liliputienses, 2012), que es una recopilación de los textos que acaso con más frecuencia recito en los encuentros con el público, y Miedo de ser escarcha (Editora Regional de Extremadura, 2012), la edición revisada y actualizada del libro del mismo título que se publicó en 2000 en Qüasyeditorial, una obra que fue muy importante para mí. Se había agotado hace años, pero no dejé nunca de sentirlo vivo. Me gustó mucho que en la editorial extremeña hubieran pensado lo mismo y me propusieran la reedición y actualización. Y fue hermoso reto revisitarlo: publicar un libro que fuera el mismo libro y, a la vez, un libro distinto…

Fuiste uno de los incluidos, hace algunos años, en la antología Once poetas críticos en la poesía española reciente… ¿Sigue girando en torno a esta “etiqueta” tu poesía o ya es cosa del pasado? ¿Cómo es tu relación actual con este tipo de poesía calificada así? ¿Sigue siendo hoy en día necesaria?

Todas las etiquetas son una forma de acotar, y, por ello, también, de reducir, de “cenizar”, diría Lezama Lima. Son útiles, cuando lo son, como herramienta analítica, orientativa. Pero el autor no crea, no compone, desde una etiqueta, para justificarla o cumplirla, digamos… La vida, lo real, desborda cualquier etiqueta. Dicho esto, desde luego, me siento halagado y feliz de que se considere mi obra, y la de tantos y tantas compañeros/as en la poesía, cerca de los problemas de nuestro tiempo, que puede aportar en los cuestionamientos a este estado de las cosas y acompañar en los haceres de otros mundos posibles. Por ejemplo, como lo ha hecho recientemente Alberto García-Teresa, que incluye generosamente un recorrido analítico por mi trabajo poético en su exhaustivo estudio Poesía de la conciencia crítica (1987-2011), o como se puede leer en Canto y demolición. 8 poetas españoles contemporáneos, una antología bilingüe que acaba de aparecer en Italia y que ofrece una mirada semejante. Y la antología que comentas, Once poetas críticos en la poesía española reciente, me sigue pareciendo plenamente de actualidad e interés.

David Eloy Rodríguez (foto: Pepe Calvo)

David Eloy Rodríguez (foto: Pepe Calvo)

¿La primera y fundamental función de toda poesía es la comunicación? Hay quien pone esto en cuarentena… ¿Tú qué dices?

La poesía, pienso, comunica siempre (no una información, sino una aventura del conocimiento, el resultado de un proceso que es consecuencia del deseo de expresar), el poema es un hecho comunicativo (lo deseara o no el autor, digamos, comunique mejor o peor unas u otras cosas), y hay muchas formas de comunicación. Lejos de mi intención prescribir recetas en un ámbito tan diverso y continuamente abierto a la creación. Estoy con Juan Larrea cuando escribe “Sucesión de sonidos elocuentes movidos a resplandor, / poema / es esto / y esto / y esto”. Como lector, por supuesto, cada cual decide qué le parece interesante y qué, por el contrario, no.

¿Consideras la poesía como un género válido para la denuncia de problemas sociales?

A la poesía nada de lo humano le es ajeno. Y, por supuesto, la injusticia, la opresión, la destrucción de la vida, el capitalismo y sus lógicas, la mentira de la Realidad… aparecen en muchísimos poemas. Los grandes poetas nos ayudan a mirar, a comprender, a vivir de veras, a transformar. La poesía es un espacio de toma de la palabra, un tiempo para vivir otros valores distintos a los de la mercancía, una ocasión para oponerse a la permanente construcción de un mundo injusto.

¿Cada libro tuyo de poesía publicado es una aventura independiente o por sus contenidos y estructura formal los consideras relacionados unos con otros, como un todo, una progresión manifiesta del poeta David Eloy Rodríguez?

Cada una de mis obras es una aventura independiente, engarzada en un trayecto de sentido.

Si no recuerdo mal llevas como unos quince años dedicado a la actividad pedagógica de la enseñanza poética. ¿Es posible “enseñar poesía”? ¿En qué consiste esta labor tuya?

Es posible compartir conocimientos, construir espacios y tiempos para el encuentro y la reflexión, con la poesía como fondo y forma. Es posible invitar a la imaginación, a la creación, a la acción; es posible vivir experiencias en común alrededor de la poesía, de sus artesanías y de sus magias; es posible acompañar críticamente y aportar en los trayectos estéticos… La pedagogía literaria, al menos como la concebimos (es lo mismo si para niños o para adultos, si en universidades, en bibliotecas o en prisiones, si en España o en otros países), intenta ayudar a mirar poéticamente, a comprender cómo funcionan los textos, a ampliar y enriquecer las posibilidades expresivas… desde las necesidades y el contexto de cada grupo. Se trata de ofrecer una vía para acercarse al hecho poético, o bien para profundizar en su conocimiento y práctica, en cualquier caso para aprender a disfrutar mejor la poesía como lector, como creador, como ciudadano. Y, por supuesto, pensar la poesía es también pensar las palabras, la identidad, el mundo… Mi experiencia con los distintos talleres de creación literaria especializados es muy prolongada, como dices. En cada uno de ellos propongo un viaje conjunto, un camino distinto. Viajan con nosotros en este itinerario los versos de poetas de todo tiempo y lugar, y materiales que preparo para propiciar la atención y el desarrollo de las lógicas poéticas, de la razón poética, diría María Zambrano.

Para nombrar una ciudad¿Cómo resumirías tu satisfacción didáctica?

Amo la literatura y la vida, su exploración, y las pasiones son contagiosas. Me lo paso muy bien, y creo que la gente también, y crecemos juntos en cada proceso. Uf… Pienso ahora que, en todos estos años, han pasado por los talleres que he impartido aquí y allá una cantidad muy grande de gentes muy diversas. Es un privilegio que agradezco haber podido participar de su presencia y de su tiempo, de su talento, de su energía y vitalidad, de su confianza en nuestro criterio, en nuestro trabajo… Muchas cosas vividas, sin duda. Y las que me quedan, confío.

¿Piensas que hay colectivos sociales excluidos de la poesía o, mejor, que no se sabe por qué motivos parece que la poesía no está hecha para ellos, que esto de la poesía es para unos pocos elegidos?

La práctica de la poesía, nos cuentan los antropólogos, es universal: se da en todos los pueblos de la tierra, de una forma u otra: dicha, escrita, cantada, bailada… La poesía es un caso del lenguaje, un uso concreto, especial. El lenguaje está ahí, disponible, usado por todos constantemente, en ocasiones de forma muy creativa. ¿Por qué no intentar el poema? La poesía puede ayudarnos a vivir, aportarnos cosas decisivas, ¿por qué va a ser privilegio de unos pocos? Sería una lástima perdérnosla, no escuchar lo que tenga que decirnos… Leer y comprender la poesía lleva a admirarse de un patrimonio ingente de sabidurías, de sensaciones, que si entendemos y nos conmueven (por mucho que hayan pasado los siglos, si fuera el caso) es porque no nos resultan ajenas: desde el lenguaje vienen a convocarnos y a afectar nuestro cuerpo, nuestra vida. Cuando se escribe, cada cual puede intentar convertir su memoria, sus experiencias, sus deseos, sus propias sabidurías y sensaciones, en palabras precisas, vivas, duraderas, para compartirlas con la comunidad. Escribió René Char: “el poeta, conservador de los infinitos rostros de lo viviente”. Que a cada cual le sirva para lo que le sirva (desahogo, autoconocimiento, interrogación y comprensión del mundo, diversión…). No todo el que pinta, por ejemplo, puede, ni quiere, ni necesita, lo mismo en su relación con la pintura, pero sí que todos pueden encontrar momentos de revelación, hallazgos, en sus horas dedicadas a buscar, a ensayar, a practicar, a jugar…

Este loco mundoTambién has escrito para niños…

La literatura infantil me interesa muchísimo. En este género he publicado Este loco mundo. 17 cuentos y, recién editado, Cosas que sucedieron (o no), ambos en la editorial Cambalache. Los dos libros, que nos están dando muchas alegrías, son una aventura compartida con Miguel Ángel García Argüez y José María Gómez Valero (juntos ideamos y escribimos los textos) y la ilustradora Amelia Celaya. Escribir para público infantil es una responsabilidad y un goce: nos invita a (re)descubrir nuestro niño interior, a bucear en sus idiomas y conflictos. Se trata, además, de lectores muy exigentes: no cabe en ningún caso el engaño, ni la simplicidad, ni la pedantería.

Quizás una faceta constante de tu trabajo, a lo largo del tiempo, ha sido la investigación en formas de acercar la poesía al público…

Sí. Trabajar, inventar, pulir, modos de comunicar y trascender el verso. De ahí mis colaboraciones con diversos escritores y artistas, de ahí las obras escénicas que conjugan la poesía de viva voz con la música, el videoarte, la pintura en directo.

Efectivamente, es la escenificación otro de tus territorios más queridos. Yo mismo tuve la ocasión de verte subido a un escenario. ¿En qué consisten los espectáculos?

En espectáculos como “Su mal espanta”, “Todo se entiende sólo a medias” o “¡Qué sabrá el reló de ná…!”, por decirte los tres en los que estoy implicado actualmente, discurren y se entrelazan en escena la poesía de viva voz (la de los autores de los textos, que aportan además su presencia) con la música y la pintura en directo, y videopoemas y otras creaciones audiovisuales realizadas al efecto. En estas obras tengo el placer de colaborar con queridos y admirados artistas de disciplinas diversas, con quienes resulta maravilloso trabajar y formar el equipo de la Compañía de Poesía La Palabra Itinerante (por ejemplo con músicos como Daniel Mata, Enrique Mengual, Juan Murube, José Luis Medina…, con artistas visuales como Patricio Hidalgo o María Cerón, con poetas como Miguel Ángel García Argüez y José María Gómez Valero…).

¿De dónde este interés tuyo por la escena y cuál la respuesta de sus diferentes públicos?

Me importa el cuidado del acto comunicativo: su intensidad, su verdad, que se convierta en tiempo vivo, emocionante… Empezamos en la poesía escénica hace quince años. Muchas cosas desde entonces, muchos viajes y actuaciones, muchos recuerdos. Nos hemos encontrado siempre atención, respeto y afecto en todas partes. La recepción en el extranjero, por ejemplo, ha sido hasta la fecha extraordinariamente acogedora. Hemos actuado con estos trabajos (cada uno con sus características concretas, con su propio concepto) en numerosos lugares de España y también en otros países (Rusia, Macedonia, Marruecos…), en festivales especializados en poesía, polipoesía, spoken word, oralidad, música, flamenco, arte contemporáneo, teatro… Resulta muy gratificante  escuchar corear las canciones con acentos del otro lado del mundo, sentir cómo los textos logran transmitir superando las fronteras culturales. Confrontar los versos en el directo con públicos diferentes es un proceso riquísimo. En la actualidad estamos ultimando un libro-disco sobre “Su mal espanta”, ilustrado por Patricio Hidalgo, que incluirá los poemas y las canciones del espectáculo. Esperamos que aparezca antes de que acabe 2013. Es un proyecto que nos ilusiona mucho.

David Eloy Rodríguez (foto: Pepe Calvo)

David Eloy Rodríguez (foto: Pepe Calvo)

Deduzco que entiendes la oralidad como una dimensión más de lo poético… ¿sí?

El libro de versos es ya una posibilidad extraordinaria de comunicación, suficiente de por sí; la dimensión oral es otra posibilidad que añade retos, búsquedas, aprendizajes, alcances, incidencias… El repertorio para los recitales y actuaciones incluye aquellos poemas de mis libros que considero más propicios para la comunicación en directo, más inmediatos, aquellos que escojo y preparo para escena. Hay innumerables caminos. A mí me arrastraron los poemas por esta dirección: probar, intentar, cómo darles nuevas vidas, vidas añadidas, más allá del papel. Esto ha supuesto una especie de laboratorio permanente de investigación, una aventura en marcha.

También eres parte integrante del proyecto editorial Libros de la Herida. ¿Podrías resumir su ideario, eso que la distinguiría de otras iniciativas similares?

En Libros de la Herida tratamos de ofrecer libros inolvidables. El último que hemos publicado hasta la fecha, en coedición con la editorial asturiana Cambalache, es De la poesía, de T. S. Norio, una auténtica delicia: una extensa investigación, casi quinientas páginas, acerca del sentido y la función de la poesía y los poetas a lo largo de la historia y en las diferentes culturas. Aporta una visión especialísima, tan lúdica como lúcida, en muchos niveles, sobre el tema. Además de este libro, un ensayo muy singular, hemos publicado poemarios de autores que nos fascinan: versos que son lumbre en el frío, versos-brújula, versos para tratar de entender lo que sucede, para confrontarnos…  Ahora estamos preparando —con mimo, como siempre— las próximas novedades de la editorial.

Y para acabar —si es que a un personaje como tú, visto lo visto, se le puede aplicar esta acción verbal—, muchos poetas se quejan de que la poesía no vende. Tú dirías que…

La poesía no se vende / porque / la poesía no se vende”, que escribió Guillermo Boido. La poesía está siempre ahí, encontrando sus espacios y sus modos de hallar cómplices, de tender puentes, atravesando los años y los siglos. Leemos a Heráclito, a Li Po, a Jorge Manrique, a Juan de Yepes, a Rimbaud, a Antonio Machado, a Federico, a Juan Ramón, a Cernuda, a Larrea, a Vallejo, a Ramón, a Emily Dickinson, a Rilke, a Pessoa, a Juarroz, a Alejandra Pizarnik, a Huidobro, a Borges, a Alfonsina Storni, a Jaime Sabines, a Gonzalo Rojas, a Bukowski, a Ángel González, a Claudio Rodríguez, a Gil de Biedma, a Brossa, a René Char, a Gloria Fuertes, a Sophia de Mello, a Antidio Cabal, a Miguel Ángel Velasco, a Ory, a Agustín García Calvo, a tantas y tantos, por decirte solo, al caprichoso vuelo rápido de la memoria, algunos poetas ya fallecidos, y bien distintos entre sí… y sus versos siguen recién escritos y universales, y siguen encontrando quien los lea o relea, o repita de memoria, con gratitud, conmovido, aquí y allá, y así sucederá mientras la humanidad perviva. Siempre ha habido gente conectada a la poesía, esperándola, sintiéndola, recordándola, usándola en sus vidas. Necesitamos, como especie, la poesía, esas pocas palabras verdaderas, palabra en el tiempo. La industria cultural es otra cosa distinta, tan solo un episodio en la historia de la poesía.

¿Y cómo ves el panorama cultural actual en España?

La cultura es un bien público, esencial para la construcción social, para una vida mejor, para un mundo mejor. Las políticas privatizadoras y precarizadoras desean que entendamos la cultura exclusivamente como un asunto de negocios, uno más. Y la cultura es mucho más que eso, es otra cosa. La educación y los educadores, el teatro, la música, el cine… no parece que estén hoy entre las prioridades de los poderes, según se percibe como tendencia dominante, salvo para su depauperación, reducción y control, como si se los sometiera a un castigo por sus posibilidades de hacernos pensar, de ofrecernos inteligencia y sensibilidad, imaginación, esperanzas, libertad. Las consecuencias de estas políticas de abandono de su responsabilidad por parte de lo público, del deterioro de la importancia del arte, los saberes, la ciencia, son, y serán, si no lo evitamos, terribles.

Antonio Jiménez Paz
http://antoniojimenezpaz.blogspot.com.es

Etiquetas: David Eloy Rodríguez, Lo que iba diciendo, Miedo de ser escarcha, Para nombrar una ciudad, Poesía

Sobre el autor

Antonio Jiménez Paz

Antonio Jiménez Paz (Islas Canarias, 1961), licenciado en Filosofía por la Universidad de La Laguna y Experto Universitario en Planificación y Gestión Cultural. Autor de los poemarios Los ciclos de la piel (Ed. La Palma, 1992); Tratado de ornitología (La Calle de La Costa, 1994)). Diario de la distancia (Huerga & Fierro, 1996) y Casi todo es mío (Baile del Sol, 2008). Ha participado en antologías y prologado libros. Su obra ha aparecido en diferentes revistas literarias y poéticas. También ejerce la crítica y publica reseñas literarias.

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