Rafel Vallbona, escritor, periodista, guionista y colaborador en varios medios de comunicación, con una producción literaria que está alrededor de la cincuentena de tÃtulos, nos habla de Forasters, una propuesta ambientada en la Barcelona de los años 20 y la Segunda Guerra Mundial.
La Segunda Guerra Mundial y el nazismo son unos de los hechos más importantes de la historia de la humanidad. ¿Se habla como se habÃa hecho hasta ahora o hay nuevas aproximaciones?
De hecho ni el nazismo ni la Guerra es el tema central de Forasters, quiero decir que se trata la guerra, pero más como circunstancia que como tema. No se si se puede decir que es una aproximación diferente o, simplemente, se trata de un daño colateral.
¿A que se debe este “auge†en la temática?
El nazismo y la Guerra siempre han sido temas interesantes para el cine y la literatura. Ahora bien, libros como El niño del pijama de rayas, lo que hacen es explotar la vertiente más falsa y sentimental del conflicto. Yo sólo me limito a explicar las actividades de un espÃa durante la guerra, con toda la frialdad de un caso asÃ.
En “Forasters†uno de los personajes dice: “La posguerra alemana, como todas o quizás aquella algo más por lo terriblemente cruel que era activar muchas memorias, se construyó más a golpes de silencios que de palabrasâ€. ¿Es el momento, entonces, de las palabras?
Siempre es un buen momento por las palabras, si no lo creyera no me dedicarÃa a escribir.
Como los personajes de Ãfrica y de Rudolf Stallmann, ¿Sólo podremos pasar página cuando sepamos quiénes somos y de dónde venimos?
La Europa de la primera mitad de siglo XX fue un continente lleno de gente desarraigada e incapaz, por los conflictos bélicos, de encontrar su lugar en el mundo. Hacia el final de la novela dos personajes, descendientes de los primeros protagonistas, reconocen tener una vida de forasteros, porque nunca han podido estar allà dónde querrÃan haber estado. Es esta la idea que sobrevuela sobre de todo el relato.
A la hora de narrar, ¿Qué valora más, la trama o los hechos históricos?
Los hechos históricos son los que son, y no tienen el menor asomo de valor narrativo por sà mismos. El trabajo de un novelista es convertir estos hechos en un relato a través de levantar una trama argumental. Este trabajo es una de las llaves de mi estilo narrativo.
¿Qué papel juegan la identidad y la memoria en su producción literaria?
No tengo ninguna vocación ni identità ria ni memorÃstica a la hora de ponerme a escribir. Yo sólo busco construir un relato que seduzca al lector y hacer que este se tire a la piscina de la narración.
Hablando de la memoria, ¿Cree que estamos preparados por pasar página a la guerra civil española o todavÃa hay muchos silencios que no se pueden llenar?
Siempre habrá silencio o vacÃo que los artistas pueden ayudar a llenar con obras que interpreten la realidad, pero esto no quiere decir que la sociedad pueda pasar página o no. Sin juicio polÃtico al franquismo veo muy difÃcil que se pueda cerrar bien cerrado este episodio catastrófico de nuestra historia, porque siempre habrá personas esperando y reclamando justicia.
¿“Forasters†intenta llenar estos silencios?
Sin duda Europa ha empezado a analizar y reflexionar sobre su pasado reciente apenas hace dieciocho o veinte años, probablemente a partir de la caÃda del muro y las posteriores consecuencias como el deterioro del bloque socialista y las guerras a los Balcanes.
A partir de este análisis y nueva interpretación crÃtica del devenir de Europa a lo largo del siglo, una nueva lectura enormemente conservadora de la cual sale triunfadora la derecha liberal que ha conseguido imponer su modelo de construcción de la Unión, todo lo referente al nazismo, pero también todo lo referente al socialismo real, se ha puesto mediáticamente de moda gracias a escritores, algunos de muy segunda fila, que vivieron en primera persona los desastres de l’época, y a la interpretación interesada de la nueva hornada de periodistas conservadores que dominan hoy en dÃa la opinión publicada de los grandes medianos, conservadores claro está, europeos.
Y el público, acrÃtico, que vive la historia como si se tratara de un espectáculo, tal y como dijo Guy Debord, se lo traga todo con la fascinación inocente del adolescente bobo que sale por primera vez de casa solo. Yo no pretendo ni llenar silencios ni cerrar heridas, no es mi trabajo.
Entrevista cedida por Diari Maresme