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El papel de la cultura: de la representación de imaginarios al horizonte de futuros posibles

Bernd Scherer, director de la Casa de las Culturas del Mundo de Berlín, Mathieu Potte-Bonneville, director de programas del Centro Pompidou, y Judit Carrera, directora del CCCB, conversan sobre el papel de las instituciones ante un mundo en conflicto

Las imágenes cada vez más sanguinarias que nos llegan en streaming desde Ucrania. Los relatos que ofrecen el colapso general como única alternativa de futuro. La desinformación, que todos creemos que solo afecta al vecino, sin, así, armarnos de las herramientas necesarias para combatir la propaganda que inoculan en nuestro propio discurso. La impotencia generalizada ante un mundo que afronta los conflictos cuando parece que todo esté abocado al abismo. ¿Cuál es el papel de la cultura ante la sensación de impotencia generalizada? ¿Cómo se articula el compromiso de las instituciones para posicionarse políticamente y, al mismo tiempo, abrir espacios para la disidencia y para los relatos que han caído en la espiral del silencio?

De estas y otras cuestiones han hablado Bernd Scherer, director de la Casa de las Culturas del Mundo de Berlín, Mathieu Potte-Bonneville, director de programas culturales del Centro Pompidou de París, y Judit Carrera, directora del CCCB, el centro que ha acogido el encuentro —dinamizado por el periodista cultural Alex Vicente— dentro del marco del proyecto Cultures d’Avenir. Un acto que ha sido presentado, previamente, por Anne Tallineau, secretaria general de la Oficina Franco-alemana de la Juventud.

Bernd Scherer, quien ha participado de forma telemática en la conversación, considera que las instituciones culturales han de explicar lo que está pasado en Ucrania, pero, también, extrapolarlo a lo que pasa en Siria y en otros lugares en conflicto. El centro que dirige, que está acogiendo a refugiados de la guerra iniciada por Putin, cree que un museo debe tener un sentido práctico, también, cuando estallan este tipo de emergencias. De hecho, considera que el concepto de arte moderno, definido sobre todo durante la Guerra Fría, está mutando de significado, y ahora mismo es imprescindible reformular una idea clara de Europa.

“El archivo es fundamental, hay que abrirlos y releerlos”, defiende Scherer. Y es que el archivo, afirma el director de la Casa de las Culturas del Mundo de Berlín, proporciona “evidencias materiales” que muchas veces hemos pasado por alto. “Hemos de crear nuevos conceptos para hablar de libertad”, añade.

La idea de libertad es la que ha recorrido toda la conversación. Judit Carrera, directora del CCCB, ha recordado la importancia de defender una “sociedad abierta” y, por ello, es imprescindible subrayar que “la cultura está vinculada a la libertad de expresión y de creación”. “Si queremos ser relevantes,  hemos de estar atravesados por los conflictos que nos rodean”, sostiene. “No somos impermeables”.

“Esta guerra tiene que ver mucho con la propaganda y la desinformación”, asegura la directora del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Por este motivo, insiste en la importancia de hacer un trabajo de fondo con la información veraz.

Carrera ha explicado que las instituciones como el CCCB son “espacios de representación de imaginarios” y, al mismo tiempo, han de ofrecer “horizontes de futuros posibles”. “No podemos vivir de una imagen congelada del pasado”. Precisamente porque los museos y los centros culturales están amenazados por el auge de la extrema derecha, “hay que ofrecer un relato alternativo”. Y hacerlo, subraya, desde la promiscuidad de ideas y de puntos de vista para ofrecer una mirada crítica a la narrativa hegemónica.

Por su parte, Mathieu Potte-Bonneville afirma que los museos también están reflejando la sensación impotencia ante lo que está ocurriendo en Ucrania. El director de programas culturales del Centro Pompidou de París cree que hay que dar testimonio de la solidaridad, pero eso no es suficiente. En esa línea, considera que después de 1945 el papel de la “reconstrucción” cultural fue un motor para la cultura, pero en la actualidad hay que preguntarse si las instituciones pueden tener un rol que acoja nuevos significados. “El concepto de libertad ha envejecido”, asegura. Y es que se ha expandido, sostiene, una idea de libertad asociada a la irresponsabilidad.

“La tensión actual (en los museos) está situada entre mostrarse responsables y, a la vez, seguir siendo lugares de experimentación”, ha afirmado Mathieu Potte-Bonneville. Por ello, considera que es importante “descolonizar las artes” y descubrir nuevos territorios para ampliar el discurso crítico y creativo. Y es que los museos, insiste, tienen una ambición de “cosmopolitismo” que los enfrenta necesariamente a los discursos de extrema derecha. “No, no podemos ser neutrales”, ha defendido.

“Una obra de arte es una máquina de hacer hablar y de hacer callar”. Potte-Bonneville ha utilizado esta frase para evidenciar que el discurso crítico nunca puede captar del todo la  creación artística, que siempre se escapa de alguna manera de la teorización que se hace de ella.

Para cerrar el debate, y tras la intervención de los asistentes, Judit Carrera ha apostado por un estado de “escucha permanente”. “Los centros culturales no somos únicamente prescriptores”, ha dicho, y por eso el CCCB ha abierto espacios de mediación para poner en relación colectivos, artistas y pensadores.

Bernd Scherer cree que “hay que evitar que la memoria sea secuestrada por las instituciones políticas”, y recuerda la importancia de no renunciar a la complejidad. En esa misma línea, Potte-Bonneville apuesta por inventar procedimientos que vayan más allá del “me gusta” y “no me gusta” que proporcionan las redes sociales.

Foto: CCCB

 

Albert Lladó

Albert Lladó (Barcelona, 1980) es editor de Revista de Letras y escribe en La Vanguardia. Es autor, entre otros títulos, de 'Malpaís' y 'La travesía de las anguilas' (Galaxia Gutenberg, 2022 y 2020) y 'La mirada lúcida' (Anagrama, 2019).

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