Eduardo Margaretto | Foto: Chío Enríquez

Margaretto: «Con los libros se puede ser punky toda la vida»

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Eduardo Margaretto | Foto: Chío Enríquez
Eduardo Margaretto | Foto: Chio Enríquez

Eduardo Margaretto es fantiano. Es también traductor y escritor. Pero que es fantiano se reconoce enseguida, y no solo porque sonríe en cuanto se le nombra a John Fante, sino casi desde la primera línea del libro John Fante, vidas y obra. Como un soneto sin estrambote que le acaba de publicar Editorial Al Revés. Una extensa biografía ramificada, rigurosa y narrativa, en la que Margaretto reconstruye todas las facetas del que él considera, sin titubeos, su escritor.

Así es, es mi escritor. No sabría darte una razón concreta, porque hay muchas: su intuición, su estilo, su sentido del humor… la maestría con que describe escenas dramáticas y uno acaba partiéndose de risa, eso es una genialidad. Hace ya mucho tiempo que cuando tengo que elegir un escritor, elijo a Fante. Además, Fante siempre funciona.

¿Cómo es eso de que “siempre funciona”?
Te podría nombrar a un montón de amigos a los que he recomendado muchos libros y por supuesto, a Fante. Les pueden haber gustado todos, pero para Fante siempre tienen un comentario especial. Nunca falla. Pero al mismo tiempo hay una contradicción que no me explico… ¿por qué no vende? Y es una cosa muy rara porque tenía unas críticas maravillosas. Y si consiguió ser guionista de Hollywood y además muy bien pagado, fue porque se le consideraba un grandísimo escritor. Por eso le pagaban 3000 dólares a la semana por escribir guiones, pero solo vendía 2000 libros. Aunque tampoco es que me rasgue las vestiduras… Y eso lo aprendí muy fantianamente: las cosas pasan como pasan y si no vendió, qué se le va a hacer.

Editorial Al Revés
Editorial Al Revés

En España se podría decir que se saltó una generación.
Sí, en los 80-90 no lo conocía casi nadie. Por esa época yo estaba en Madrid… es que yo también tuve un exilio fantiano: él se fue a Los Ángeles para ser escritor y yo me fui a Madrid, en el 80 y poco a la movida madrileña, para ser músico, pero por suerte al final me dediqué a escribir (ríe). Recuerdo que, sería por el año 91 quizá, un día me enteré que en un cine-teatro iban a pasar Espera a la primavera, Bandini, una película basada en la novela de Fante, con Ornella Muti y Joe Mantegna. Fui corriendo y cuando llegué el cine estaba vacío, solo estábamos la chica de la taquilla y yo. Así que vi esa peli yo solo, toda la sala para mí.

Y antes, ¿cómo llegaste a Fante?
Para responder a eso, bien vale lo que dicen los americanos: que a Fante se llega por Bukowski o por recomendación de un amigo. En mi caso llegué por Bukowski. Lo cita en varios libros y, a diferencia de su editor, yo sí me creí que Fante era un escritor de verdad, que no se lo había inventado Bukowski.

Pero no debió de ser fácil encontrar sus libros en España…
Sí, aún faltaban años para que los tradujera Anagrama. Recorrí librerías pero nadie me supo decir nada de Fante. Así que me fui a las bibliotecas y al final encontré Hermanos de vino, una edición de Ultramar, cuando estaba haciendo la mili. Lo leí y me dije: “Yo soy de Fante”. Y entonces pedí a mis amigos en Italia que me enviaran libros, después empecé a pedirlos en Estados Unidos, y ya no he parado desde entonces. De hecho, después de publicar la biografía, sigo recopilando material.

Te atrapó con un solo libro y te convertiste en fantiano, pero, ¿cómo y cuándo decidiste escribir su biografía?
Eso es algo curioso, porque cuando faltaban unos meses para que saliera el libro, lo comenté con varios amigos. Y todos me dijeron lo mismo: “¡hombre, al final lo has hecho! ¡Si hace veinte años ya decías que ibas a escribir la biografía de John Fante!”. No me acordaba de haber dicho eso… la verdad es que creía que la idea de escribir su biografía estaba más cercana en el tiempo, pero parece que lo tenía en mente desde hace mucho. Me puse a trabajar en serio hace 15 años, cuando en Italia hubo un boom con la obra de Fante y ya había internet. Entonces pude tener acceso a muchísima información y me convencí de que podía escribir este libro.

De hecho, una de las cosas más destacables de John Fante. Vidas y obra es la gran cantidad de documentación.
¡Es que yo lo quería leer todo! Si quería escribir sobre él tenía que saberlo todo. Constantemente salían cosas nuevas: documentos, cartas… hasta tesis doctorales. Lo leía, lo estudiaba, a veces solo para acabar sacando dos palabras para la biografía. Es verdad que he pasado mucho tiempo en eso, pero es que me gustaba la idea de levantarme por la mañana y pensar cuántas horas iba a dedicar a Fante, era casi como trabajar con él.

Y tampoco ha debido de ser una tarea fácil, teniendo en cuenta que corre mucha leyenda fantiana y que, además, él mismo juega con su vida real en sus novelas.
Es cierto. Esto lo complicaba bastante, pero yo quise asumir esa dificultad. Hay una anécdota de Joyce, su mujer, que creo que ilustra muy bien lo que era Fante y ese juego. Muy al inicio de su relación ella se dio cuenta de que muchas de las cosas que él le contaba sobre su vida o su familia no acaban de cuadrar. Llegó a pensar que quizá le tomaba el pelo, a ella y a todo el mundo. Pero él lo vivía exactamente como lo contaba: ficcionaba la realidad, su familia, sus recuerdos. Reelaboraba toda su vida constantemente. Y dice Joyce que ahí se dio cuenta de que tenía al lado a un verdadero escritor.

De eso sí tenía Fante una conciencia clarísima: él era escritor.
Exacto. Esto nunca cambió. Él se levantaba y se decía “aquí está Jonh Fante: el escritor” y era escritor las 24 horas del día. Era una actitud ante la vida. Así se presentaba, con toda la honradez, y así vivía. Se lo dice a Menken, el editor, en una de sus cartas: “yo soy escritor aunque no haya publicado nada”.

¡Cuánta determinación! Parece que no le faltó compromiso…
Jamás. Y ahora que lo pienso es algo que se echa de menos hoy en día. No digo los libros, sino ¿dónde están los escritores? Alguien que haga como Pasolini en el artículo donde afirma que él es un intelectual. ¿Dónde encuentras hoy a alguien que diga eso? Y de esa manera, sin juicios de valor, porque esto es algo que no es ni bueno, ni malo, ni regular, es sencillamente defender esa figura. Como lo hacía también Fante con la de escritor.

Y además Fante decide poner su vida en su obra y casi viceversa… Tanto debe ser así que en Jonh Fante: vidas y obra, en vez de utilizar cartas o documentos para ilustrar datos concretos sobre su vida, en muchas ocasiones utilizas pasajes de sus novelas.
Es que es indivisible. Sus obras van más allá de la ficción y de la autoficción. En una carta a Menken, sobre Camino a Los Ángeles Fante escribe: “Este libro es absolutamente autobiográfico, tan autobiográfico como el lector quiera que sea”. Si quería escribir su biografía no podía separar vida y obra. Por eso también quise que el libro tuviera apartados más críticos sobre realidad y ficción.

Estructuralmente tu biografía juega con distintas capas.
La verdad es que le di muchas vueltas a la estructura. Fante juega siempre con diferentes planos en sus obras y yo quería hacer lo mismo al escribir su biografía. Técnicamente entrañaba varias dificultades: la primera era cronológica, pero tenía claro que quería escapar de las biografías que yo llamo académicas. El “Nació en el 1908, etc. etc.” no me valía.

En efecto, es una biografía muy narrativa. Se lee como una novela.
Con eso estoy muy satisfecho porque esa era precisamente mi intención. Estructurar la biografía a través de capas que se van desarrollando en paralelo a lo largo del libro, y también me parecía muy importante mencionar en cada capítulo el contexto histórico.

El libro empieza precisamente con la muerte de Fante.
Quise hacer una historia circular. Empezar por el final para después remontarme a los orígenes de su familia en los Abruzzos. La pista me la dio su hijo, Dan Fante, que en su libro [Fante, un legado de escritura, alcohol y supervivencia. Sajalín editores] habla de su abuelo y sus orígenes cuando cuenta la muerte del padre. Porque ese es un tema primordial en Fante. Él es primera generación nacido en Estados Unidos, hijo de inmigrantes italianos y esto más que marcarle, le define.

En sus novelas se percibe una especie de nostalgia heredada.
Es que él vive esta nostalgia del emigrante casi como una contradicción. Por un lado él es americano y quiere ser americano, quiere comer sandwinch de mayonesa y no de mortadela, pero está su familia que le recuerda constantemente de dónde vienen, y también la sociedad, para la que él es un dago, un wop. Aunque al mismo tiempo, por ejemplo, en uno de los planos de Mi perro idiota prácticamente critica a sus hijos que no les quede nada de italianos, e incluso vende metafóricamente sus palos de golf, muy americanos, para irse a Roma.

El que quiere sandwich de mayonesa es su personaje, Arturo Bandini. Fante se escribe a través de sus alter ego.
Sí, Bandini es Fante. Al principio, en sus relatos, Fante está buscando su personaje y crea a Jimmy Toscana. Pero después, más que un personaje, está buscando un punto desde donde mirarse a él mismo. Sabe que su personaje tiene que ser pobre, tiene que querer ser escritor y su nombre y su apellido tienen que ser italianos. De ahí nace Arturo Bandini.

Pero en novelas posteriores Fante crea a otro personaje: Henry Molise.
Claro, porque Bandini no podía ser un fracasado, irse a Hollywood a escribir guiones de cine. ¡Bandini iba a ser el mejor escritor del mundo! Molise también es Fante, pero para mostrar esa parte de su vida no podía utilizar a Bandini, no podía traicionarle de esa manera. Por eso se inventa a Molise, que se siente un fracasado, que llora, que se esconde en su casa y se emborracha. Esto indica la interioridad de su escritura, hasta qué punto respeta a sus personajes.

Y se respeta también a sí mismo. No se vende aunque se haya ido a Hollywood.
Exacto. Estando en Hollywood podía criticar el trabajo de guionista, decir que era una mierda, pero no lo decía como una queja. Sencillamente lo consideraba un trabajo alimenticio, aunque le daba muchísimo dinero y él se reía bastante de eso. Sus películas no funcionaron muy bien, le encasillaron y él se dejó encasillar porque no le interesaba hacer carrera en el cine.

Quizá fuera porque él ya tenía su bastión…
Así es, Fante tenía la literatura. Cuando uno convierte su trabajo en su vida intentará defenderlo, necesitará formarse una seguridad entorno a eso para que no se venga todo abajo. Le dicen que Hollywood le ha robado la escritura y él responde: si fuera albañil habrían dicho “mira cuantos libros ha escrito ese albañil” en cambio como trabaja de guionista les parece que ha escrito muy pocos. Fante se ríe de eso porque su lucha y su vida está en sus novelas, él es escritor, tanto si trabaja en Hollywood como en la fábrica conservas de pescado.

¡Eso es muy fantiano!
(Ríe) Sí, eso será ser fantiano y además lo puedes ser para siempre. Igual que él, que cuando está ya ciego vuelve a Bandini. Yo me imagino a mí mismo siendo un abuelo y diciendo “traedme un libro de Fante, que me quiero divertir”. Lo bueno es que con los libros se puede ser punky toda la vida.

Olga Jornet

Olga Jornet (Girona, 1977) es profesora de los cursos de Narrativa y de Cuento en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès, y coordinadora de 'Revista de Letras'.

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