Revista de Letras

Ignacio Escolar, el hombre que quería ser escritor

Estoy segura de que no se acuerda, pero la primera vez que nos vimos, hace ya algunos años, era invierno, noche cerrada, y habíamos quedado en un bar de San Bernardo donde le esperamos María, El Portugués y yo comiendo patatas fritas con pimientos del padrón. Él llevaba una parca y no paraba de hablar de su trabajo en Tele 5. Yo no debí decir gran cosa.

Ignacio Escolar (foto: Marina Sanmartín)

Ha pasado el tiempo y esta vez es primavera. Llego pronto al Café de las Letras y, supersticiosa con las tazas, me pido un café con leche en vaso; minutos después, él pedirá lo mismo. La música está alta y la mesa es pequeña, apenas hay espacio para la libreta, el móvil y las 31 noches que he leído durante el fin de semana, casi de un tirón.  Aún no son las once y, fuera, el sol y el viento confunden con una mezcla extraña cuando Ignacio Escolar aparece en la puerta.

Nacho esta contento. Lo primero que me cuenta es lo cerca que le pilla el sitio de las nuevas oficinas de eldiario.es, su nuevo proyecto periodístico en Internet; un periódico digital que tiene intención de poner en marcha antes del verano. Sólo con ese tema, podríamos pasarnos horas charlando, pero los límites de la conversación, esas son las reglas del juego que marco antes de arrancar, empiezan y terminan en la novela y la literatura.

Tiene cita en Sant Jordi, en la madrileña Noche de los Libros, irá a la feria de El Retiro… de repente se ha convertido en escritor, aunque él me confiesa que ya lo sabía: es lo que siempre había querido ser y este es un principio planeado. Con una frialdad para el diagnóstico propia de un cirujano en un hospital de campaña, dejó de escribir ficción en la adolescencia porque “era consciente de no dominar suficientemente el lenguaje”. “De esa época, tengo incluso poemas”, comenta, pero no le parecían buenos. Así que se entrenó en los medios de comunicación escribiendo a diario opinión, invirtiendo esfuerzos en un blog, Escolar.net, que no tardó en convertirse en un punto de referencia para los adictos a la actualidad política; y esperando a que, en 2009, llegara el verano de Público, cuando le propusieron contar una historia que debía prolongarse durante las 31 noches del mes de agosto. Ese es el germen de su primera novela.

Con un principio un tanto dickensiano, el de construir una ficción por entregas, y la presión del cierre obligándole a perder el miedo, las columnas de Nacho, habitadas por la fauna de los bajos fondos madrileños y los tejemanejes del narcotráfico, vieron la luz. El resultado fue más que satisfactorio y, orgulloso con él, el coautor de Reacciona y del reciente Actúa, se puso en contacto con el editor de Aguilar para contarle su idea: hacer saltar la trama del periódico a los estantes de las librerías.

Dicho y hecho: “en total han sido cuatro meses, uno a tiempo completo y tres a tiempo parcial, lo que me ha costado escribir el libro que ha salido poco antes de Semana Santa”. Cada capítulo “es como un balazo”, porque fue en su momento una columna de 2000 caracteres y eso se nota; se nota que hay oficio detrás de la anécdota de la habitación de plástico con la que se inician las peripecias del periodista, el policía corrupto Velasco y Alek, el portero de discoteca; personajes que podrían compartir barra con el Coronado de Urbizu en No habrá paz para los malvados.

Nacho me explica su rutina de escritor: escribir a diario, a la misma hora y escuchando música: “normalmente música electrónica, pero en esta ocasión música folk. He utilizado durante todo el proceso una misma lista de canciones, tanto es así que hay un guiño a una de ellas en la novela”. Quiero saber cuál y me lo desvela, aunque yo me lo voy a reservar.

EL GÉNERO NEGRO CUENTA CON UNA NUEVA OBRA DE REFERENCIA.

No me resisto a preguntarle qué le parecen las palabras que utiliza la editorial para definir su trabajo. Se las leo en voz alta: el género negro cuenta con una nueva obra de referencia.

Y él se ríe.

Teme que la crítica lo tache de intruso y me sorprende con una modestia que no esperaba mientras no deja de jugar con una servilleta roja de papel que dobla y desdobla sin darse cuenta; y es honesto, aunque eso implique violar las estrategias de marketing: “simplemente pretendo entretener, en periodismo siempre he defendido que el buen artículo es el que se entiende. No escribimos para las fuentes sino para los lectores. Soy partidario de las frases cortas y el estilo directo, los personajes se definen a través de los diálogos. He desarrollado una capacidad muy aguda a la hora de eliminar las redundancias y huyo de las esdrújulas, el exceso de subordinadas y la paja. No sé por qué tiene buena prensa literaria menos mensaje en más espacio”.

También es un error, pienso, confundir la simplicidad con la falta de trabajo. Detrás de las 161 páginas de 31 noches hay un descenso exhaustivo a la noche de Madrid. Nacho es incapaz de escribir sin documentarse hasta el extremo: “He hablado con muchos porteros de discoteca, he vivido en México, sé de lo que hablo al escribir que quien controla la puerta controla la sala, no he tenido que irme muy lejos porque la gente te cuenta cosas cuando sabe que vas a convertirlos en ficción. Hay mucha vanidad a ese respecto. En España las principales bandas de narcos están relacionadas con las puertas de las discotecas”, pero este no es un texto que pretenda denunciar nada. Escolar no es Saviano, lo único que ha hecho es basarse en un marco real para inventarse una de esas mentiras que tanto juego han dado a Kundera o Vargas Llosa en sus ensayos metaliterarios.

Nacho quería contar una historia; algo que considera fundamental, que para él se impone al estilo a la hora de escribir, y que tiene mucho que ver con sus autores de referencia: Martin Amis, Lorenzo Silva, Rafael Reig, Antonio Orejudo y, sobre todo, Rubem Fonseca.

En Manual de literatura para caníbales, Reig diferencia entre los escritores que hacen ejercicios de estilo y los que cuentan cosas”. No es difícil intuir que Nacho prefiere situarse entre los segundos.

Lo próximo

Hablamos del futuro a medio plazo: les ha regalado a sus padres un Kindle por Navidad y cree que el libro está destinado a seguir los pasos del vinilo: “nos dirigimos a una literatura más popular. Tal vez la novela no será el futuro y habrá otros modelos, pero desde que hubo una fogata y una cueva la gente tiene la necesidad de que le cuenten historias”.

Por lo que se refiere a 31 noches, muchos le han dicho que la ven en el cine, pero él se la imagina más como novela gráfica y, para colmo, ya está pensando en nuevos proyectos que le alejarían del género negro, al que llegó por casualidad, para abrirle las puertas de la ciencia ficción.

Tiene fe en la intención divulgativa de Actúa y en las conciencias incómodas de los miles y miles de lectores de la literatura de la indignación. También salen a la conversación el 15M, Kipling y la caza del elefante blanco; la idea de que es el periodismo el que se está disolviendo en ácido… cuántos temas… aquí me gustaría poner (y de hecho lo estoy poniendo) que la realidad se presenta ante nosotros calidoscópica, como la revista de Corominas… y estoy segura de que Nacho criticaría lo pedante y excesivamente cultureta de mi símil.

La idea básica, sin la que ninguna otra tiene sentido porque van después, es transmitir el mensaje, que haya un receptor al otro lado y que seamos capaces de hacerle llegar lo que queremos decir.

Lo hemos pasado bien. Nos despedimos cerca de la Gran Vía y seguimos nuestro camino hasta la próxima estación.

Marina Sanmartín
La Fallera Cósmica

Etiquetas: 31 noches, Ignacio Escolar, Suma de Letras

Sobre el autor

Marina Sanmartín

Marina Sanmartín (Valencia, 1977), periodista, escritora y librera, es "La fallera cósmica", premio RdL a Mejor Blog Nacional de Creación Literaria. Actualmente trabaja en su primera novela, "El principio del desierto", tras la publicación del libro de relatos "La vida después", editado por Baile del Sol.

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1 Comentario

  1. María 18 mayo 2012 at 14:59

    Indpendientemente de la ideología las críticas de la novela que he leído son muy buenas, por lo tanto, anotada para mi próxima lectura.
    La descubrí en la página de Suma Conspicua, nuevo sello para jóvenes autores, muy buena inciaitiva para los amantes de la lectura. Os dejo link por si os apetece echar un vistazo.
    Un saludo,
    https://www.facebook.com/conspicuacoleccion

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