Revista de Letras
12 años de Periodismo Cultural

El mundillo

Tres libros: Lo verdadero es un momento de lo falso, de Lucía Etxebarría; Todo el amor y casi toda la muerte, premio Primavera, escrito por Fernando Marías; y La fragilidad de las panteras, de María Tena, finalista.

Dos presentaciones.

Foto © Daniel Lobo

Un lugar, el Círculo de Bellas Artes en la calle Alcalá de Madrid. Es jueves por la tarde, aproximadamente las siete y media. La luz es ya la de los días en los que se retrasa la noche y yo espero a Iñaki en un bar al lado de la librería Blanquerna, fumando un cigarro, con un café con leche en vaso enfriándose en la barra. Nuestro plan es simultanear eventos, ser ubicuos, dejarnos ver y observar con atención ese mundo (mundillo) literario en el que intentamos integrarnos como insistentes espermatozoides en un óvulo.

Pero el momento es este, y no lo que habrá de venir, sea bueno o malo, implique el fracaso o todo el éxito del mundo. Hoy me he pintado los labios de rojo.

Estoy escribiendo mientras en la tele ponen Amor idiota, todavía con el vino del catering  aplastándome el cerebro, y vuelvo a la cuarta planta del Círculo, donde, minutos antes de la aparición estelar de la ministra Bibiana Aído, esa mujer que empezará su intervención con un “Hola, amigas y amigos” que rozará el surrealismo, pasa sobre la pantalla del salón de columnas, una y otra vez, en un bucle, el vídeo musical del grupo que Lucía Etxebarría se inventó para su historia y cultivó en Facebook.

La puesta en escena es espectacular, me recuerda a la orgía de Eyes wide shut, en la que se ve inmerso, sin comerlo ni beberlo, el pequeño Tom Cruise. Nos sentamos en las últimas filas, cerca del pasillo, con la intención de escabullirnos cuando, un poquito más tarde, se presente oficialmente el Primavera. El público de Lucía es joven, progre, guapo y muy intelectual. Aplaude al editor, a la política y sobre todo a la escritora, porque les ha gustado la novela cuya trama, centrada en la muerte del cantante Pumuki, es en realidad una reflexión sobre el discurso de Guy Debord y su “sociedad del espectáculo”; un pinchazo en las córneas del lector, acostumbradas al Sálvame y los informativos sembrados de sucesos y violencia de género. Mientras escucho, me hago dos preguntas: la primera, ¿qué ha pasado para que Lucía Etxebarría cambie de sello editorial, de Planeta a Suma de Letras? La segunda, si seré capaz de comprender semejante ejercicio filosófico-narrativo. Me siento pequeña.

El episodio dos de nuestra aventura transcurre un poco más cerca del nivel del mar, en el segundo piso. El salón elegido por Espasa es inmenso y se llena. Las primeras bandejas con copas y refrescos se vacían en segundos. Y desde los ventanales se cuela el centro de la ciudad a la hora de los atascos por la vuelta a casa desde el trabajo.

Observo las luces de los coches en el semáforo responsable de contener el tráfico alrededor de La Cibeles e imagino a los conductores maldiciendo la idea de hipotecarse con la compra de un adosado a unos idílicos veinte minutos de la civilización. Con el barullo de las firmas de Marías y Tena a mi espalda, me encierro en el silencio urbano del exterior; esa realidad que, lejana detrás del cristal, se nos escapa en el intento de plasmarla sobre el papel. ¡Qué absurdo! La verdad se protege de nuestras manos al otro lado de un abismo.

Alguien me habla de un relato de Foster Wallace (me está volviendo loca, más todavía, con su broma infinita) en el que se disecciona una convención de ex payasos de McDonald’s. Me propongo buscarlo. Comprendo que el glamour del encuentro organizado para promocionar el premio no es mayor que el de esa reunión en las afueras de algún estado árido, cruzado por carreteras desiertas y sembrado de cactus. Sólo hay que cambiar una palabra: payaso por escritor. No debería parecernos ni más ni menos ridículo.

Rosa Montero, Nativel Preciado, Pedro de Paz, Luisge Martín, ejecutivos y comerciales del sector, aspirantes como nosotros y dos premiados que practican una literatura honesta, limpia, pulida a lo largo de una reconocida trayectoria, por la que merece la pena arriesgarse entre las páginas de su ficción; juntos formamos un retrato extraño; practicamos un juego en el que no participar es imposible.

Y quiero creer que merecemos salvarnos.

Marina Sanmartín
La Fallera Cósmica

Etiquetas: Amor idiota, Bibiana Aído, Círculo de Bellas Artes, David Foster Wallace, Eyes wide shut, Fernando Marías, Guy Debord, La fragilidad de las panteras, Lo verdadero es un momento de lo falso, Lucía Etxebarría, Luisge Martín, María Tena, Nativel Preciado, Pedro de Paz, Planeta, Ronald McDonald, Rosa Montero, Suma de Letras, Todo el amor y casi toda la muerte, Tom Cruise

Sobre el autor

Marina Sanmartín

Marina Sanmartín (Valencia, 1977), periodista, escritora y librera, es "La fallera cósmica", premio RdL a Mejor Blog Nacional de Creación Literaria. Actualmente trabaja en su primera novela, "El principio del desierto", tras la publicación del libro de relatos "La vida después", editado por Baile del Sol.

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