Revista de Letras

Las afinidades electivas de Goethe

27 julio 2009 Reportajes

libro2Las afinidades electivas de Goethe es, sin duda, una obra brillante que ejemplifica, como ninguna otra, la novela romántica y sus principales características. Escrita en 1809, inicia la fase de madurez del escritor alemán, poniendo énfasis en los conflictos morales de la época, en los problemas matrimoniales y, cómo no, en las pasiones que determinan nuestros actos. Todo ello, basándose en la ley de la química que afecta – según la cosmovisión de Goethe – a las personas como si fueran elementos.

Los personajes

Goethe
Goethe

La novela tiene dos personajes principales, la pareja formada por Eduard y Charlotte (elementos A y B) que se verán influidos y alterados por la llegada a primer plano de los personajes de El Capitán y Ottilie (elementos C y D).

Charlotte es el ejemplo de la mujer razonable que, constantemente, induce a la reflexión y que mide todos sus comportamientos. Se trata de una mujer madura, serena y con gran instinto para predecir las relaciones humanas. Está casada con Eduard (su amor de juventud) en segundas nupcias. Ella se cuida a la perfección de la casa y de sus gastos, así como de vigilar que haya siempre armonía y paz en el hogar. Es el símbolo de la resignación al presente que le toca vivir. Es protectora y tolerante.

Eduard es un hombre infantil y egoísta. No tiene apenas fuerza de voluntad ni valor. Se obsesiona, en su juventud, con conseguir a Charlotte y, más tarde, se enamora apasionadamente de la joven Ottilie y no cesa hasta que se considera correspondido.

El Capitán (que hace de elemento C) es un viejo amigo de Eduard que llega a la casa (donde transcurre la mayor parte de la novela) por la insistencia de éste. Como Charlotte, y al contrario de Eduard, es reflexivo y no se deja llevar por sus impulsos. Es equilibrado y, a la vez, resignado con las circunstancias que reinan en cada momento.

Ottilie es el elemento que desequilibra la novela (el D). Es la hija adoptiva de Charlotte, y estudia junto a la hija natural de ésta, Lucine, en un internado. Es frágil, servicial y comedida. Lenta en su aprendizaje, carece de talento y no expresa sus sentimientos casi nunca (por ello, Goethe recurrirá en la novela a los diálogos secretos de ella, para que el lector la conozca mejor). Llega a la casa al mismo tiempo que El Capitán, para ayudar a su tía en los trabajos del hogar. La pasión que surge entre ella y Eduard hace que los personajes comiencen un baile repleto de pasión y renuncia.

libroLos símbolos

La novela está  inundada de símbolos y presagios que la hacen absolutamente moderna. Crisantemos que anuncian muerte, el niño que se está apunto de ahogar en el cumpleaños de Ottilie y es salvado por el Capitán… La copa de juventud de Eduard con las iniciales E-O que cae y no se rompe, y que le hace creer que el destino le tiene preparado una feliz historia de amor con Ottilie, la niña a la que Lucine obliga a bailar después de haber estado, voluntariamente, mucho tiempo sola y que sufre una especie de crisis de ansiedad al sentirse observada por todos… Ese retiro a la soledad y muchas otros sucesos que pasan a lo largo de la novela nos van avisando de la tragedia final, la que tiene preparado el destino para el que no hace caso de la moral de época, al que le ciega la pasión, al que no es capaz de renunciar. Al que, en definitiva, se convierte en desgraciado en el intento de dejar de serlo.

El aspecto científico con el que Goethe impregna la novela también es importante para la necesidad de incorporar el Otro en el Yo. Los personajes se unen a la perfección, cada uno es parte de su complemento. Un buen ejemplo de ello se puede ver cuando los protagonistas tocan sus instrumentos musicales. Los complementarios fabrican una misma melodía:

“El Comandante acompañaba con su violín
a Charlotte cuando ésta tocaba el piano, lo mismo que Eduard
con su flauta lo hacía con Ottilie y su instrumento de cuerda.”


cadaver OttilieEl objeto de deseo como plenitud

El amor romántico anhela la totalidad. Es la búsqueda de plenitud del Yo, una búsqueda de la propia libertad en el Otro. Por eso, el romántico es siempre desdichado, porque esa totalidad quiere verse reflejada en una eternidad a la que el ser humano, por su naturaleza, no puede acceder. De aquí que entre los ideales románticos y sus obsesiones aparezca el suicidio. No es una idealización como muchas veces se ha dicho. Es el sentimiento trágico de la belleza (sólo hace falta imaginarse a la frágil Ottilie en su caja transparente). Si Werther se suicida, y hace que decenas de jóvenes de la época aspirantes a románticos acaben a haciendo lo mismo con su vida real, Ottilie se deja morir. También es una especie de suicidio, más lento, más doloroso, aún. Es un dejarse morir por no tener la totalidad de su amado, porque esa totalidad y plenitud se ha perdido con la muerte, en sus manos, del hijo de Charlotte.

Esa reivindicación del Yo a través del Otro está presente, constantemente, en la novela. La melancolía por no poseer al amado plenamente da a la obra un carácter trágico y angustioso al mismo tiempo. El dilema entre hacer lo debido y hacer lo deseado marca los pensamientos y acciones de los personajes. La pasión y la renuncia han comenzado la batalla.

“-En todos los seres de la naturaleza notamos,
en primer lugar, que están en cierta relación consigo mismos.
Ciertamente, resulta extraño decir algo que se entiende por sí solo,
Pero sólo justo después de haberse puesto plenamente de acuerdo sobre
lo conocido se puede avanzar de forma conjunta hacia lo desconocido”

En esta cita, que corresponde a una explicación que hace el Capitán a Eduard, Goethe comienza a desplegar el concepto Verwandtschaften (“afinidades”), que servirá de base filosófica-científica a la novela y que dará título a la obra. En el discurso del Capitán, éste defiende que sólo se puede entender lo ajeno al haber entendido aquello con lo que eres afín.

Eduard sufre  por el devenir en su relación con Ottilie. Quiere el divorcio amistoso con Charlotte, incluso quiere que el Capitán esté con la que aún es su esposa (a pesar de que ellos son capaces de resignarse).

Pero para Eduard y Ottilie, sin el amor, no hay plenitud. La vida ya no tiene el mismo sentido. Ottilie lo ha descubierto y la ausencia de Eduard hace que vuelva a la mediocridad con la que se nos ha presentado al comienzo de la novela, cuando en el internado no destacaba en nada y era lenta aprendiendo. Con Eduard, se animaba a tocar su instrumento de cuerda, a escribir… Eduard se ha marchado a la guerra porque en la casa ya no puede estar. Necesita o todo o nada.

“Una vida sin amor, sin la proximidad del amado,
es sólo una comédie à troir, una mala pieza de cajones.
Se saca uno tras otro y se vuelve a meter para pasa
enseguida al siguiente.”

Pero la novela avanza. Otto, el niño que ha tenido Charlotte con Eduard, muere mientras éste estaba en la guerra por un despiste de Ottilie. Ahora ella está tan dolida que echa la culpa de todo a la pasión que ha sentido por Eduard. Es, de algún modo, un encuentro con la moralidad de la sociedad burguesa. El sentimiento de culpa gana a la inocencia que ha ido dejando atrás. Ottilie no puede soportarlo. Se refugia en una soledad que le llevará a la muerte. Eduard tampoco puede superar la tristeza, que le impide comer y beber, hasta que también muere.

La melancolía, por tanto, es la expresión trágica en que toda pasión concluye. El Yo se libera con su Otro, que lo complementa como parte de sí. Pero la eternidad que exigen a dicha pasión es imposible, por la intensidad de la misma y, sobre todo, por la naturaleza del ser humano.

Albert Lladó
www.albertllado.com

Etiquetas: Johann Wolfgang von Goethe, Las afinidades electivas

Sobre el autor

Albert Lladó

Albert Lladó (Barcelona, 1980) escribe en La Vanguardia y es editor de Revista de Letras. Es autor de la obra de teatro 'La mancha' (Arola, 2015), estrenada en el TNC. Su último libro publicado es 'Los singulares individuos' (La Isla de Siltolá, 2016)

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2 Comentarios

  1. maria laura 10 abril 2012 at 4:30

    El articulo me ha motivado a la lectura del libro. Queria saber algo sobre esta obra de Goethe, ya que es mencionada en una pelicula francesa de la nouvelle vague, Jules et Jim de Francois Truffaut.
    Muchas gracias.

  2. Orlando 15 abril 2012 at 5:42

    Justamente estoy viendo Jules et Jim, y tuve que parar la imagen cuando uno de los protagonistas coge la novela de Goethe y se la lleva. ¿Hay algún tipo de relación entre Las afinidades electivas y la película de Truffaut?
    Gracias.

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