Brit Bennett y su extraordinario culebrón

En su segunda novela, 'La mitad evanescente', la autora revelación de la literatura afroamericana se pregunta sobre el concepto de raza a partir de un entorno y una familia llenos de secretos | Foto: Emma Trim, Penguin Random House

Con solo dos obras publicadas, Brit Bennett (California, 1990) está considerada una de las voces jóvenes más importantes de la narrativa contemporánea estadounidense y ya se le equipara a James Baldwin y Toni Morrison. Ambas novelas, The Mothers (2016) y The Vanishing Half (2020) han tenido un éxito de ventas y público extraordinario, de tal manera que HBO ha comprado los derechos para adaptar la segunda novela como serie de televisión en una puja de productoras sin precedentes. Pero no esperen a la serie, lean primero el libro, porque es extraordinario. La mitad evanescente acaba de publicarse en castellano (Penguin Random House) y en catalán (Edicions del Periscopi).

A partir de elementos de los mal llamados «géneros menores» como son el melodrama y la narración policial, Brit Bennett logra construir una reflexión profunda, inteligente y conmovedora sobre la identidad, sobre el passing o transición y sobre aquellos factores que más allá de la raza, el género, el sexo o la clase social nos definen como personas. «En esta novela parto de la idea de dos gemelas idénticas que en un momento dado toman decisiones diferentes», me explica, «eso me permite preguntarme cuánto de nosotros hay de innato o de cultural. Me ha interesado mucho explorar esta dinámica que llevan a preguntarme cuáles son los factores que me han hecho la persona que soy, esa es mi pregunta de fondo».

En rueda de prensa vía Zoom, organizada por ambas editoriales y con la inestimable colaboración del intérprete y escritor Yannick Garcia, un puñado de periodistas conversamos con la escritora sobre su trabajo.

Edicions del Periscopi

Origen del libro. «El libro empezó charlando con mi madre, que es de Luisiana, y me contó que hubo una vez un pueblo obsesionado por el color de la piel». «Su madre le había contado que existía, pero empecé a documentarme y no lo localicé, no lo he logrado encontrar en ningún mapa o registro y eso me pareció interesante porque parecía casi mitológico. Más allá de eso, sí me documenté sobre comunidades parecidas que habían existido en el estado de Luisiana. Comunidades criollas o de color que habían creado sus propias comunidades y que procedían del mundo blanco, pero con presencia negra». «A partir de ahí empecé a pensar en la idea de hermanas gemelas idénticas (consideradas de raza negra por su origen, pero no por su aspecto) que procedieran de ese pueblo y que cada una tomara caminos de vida distintos. De alguna manera, escribir este libro ha significado regresar a mi propia familia, a mi historia y a todas estas cuestiones sobre la identidad y el racismo que llevamos siglos planteándonos».

Fingir la raza. «Me parece que tenemos una larga y dilatada historia de novelas de este hacerse pasar por la raza o identidad que no es. La imitación de la vida de Fannie Hurst y llevada al cine, fue quizá la puerta de entrada a esa idea de fingir tu propio color de la piel, y luego también la novela Passing de Nella Larsen. Creo que esta idea de fingimiento y simulación de tu raza, de poder reinventarte y aceptarte de otra forma es casi una ideología que caracteriza a los Estados Unidos. Es una idea sobre la que llevamos años reflexionando. Este libro aporta una perspectiva desde el siglo XXI. Una de las cosas que más admiro de esta literatura sobre la simulación y el “hacerse pasar” (passing) es que no se centran sólo en la raza, sino también en la sexualidad, el género y en la clase social. Todas estas dimensiones están interconectadas. En mi libro reflexiono cómo cada personaje pasa por el mundo en una transformación constante».

Random House Mondadori

De los ’60 a los ’80 del siglo XX. «Me interesé por esos años porque se produjeron cambios radicales en la sociedad. Cambios drásticos en el sentido de posibilidad de cómo alguien puede moverse por el mundo en relación con la identidad de raza, de género, de clase… Me interesa el hecho de que se han producido esos cambios enormes y sin embargo hay otros aspectos que no han variado nada, que están como en bucle. Esa inestabilidad de los cambios, esa discordancia entre lo que cambia y lo que no varía es algo que se aplica claramente a la vida norteamericana y era algo sobre lo que quería reflexionar, sobre todo entre los años sesenta y los años ochenta, que son años de luchas por los derechos civiles».

Identidad y lenguaje. «Una cuestión que ha sobrevolado la escritura de esta novela es la relación entre la identidad y el lenguaje. El lenguaje ha tenido que hacerse complejo a lo largo de las últimas décadas para poder reflexionar sobre la identidad. No sé si mis personajes, que viven en un contexto que es la Luisiana de los años 60, se hubieran identificado con el concepto «multirracial», todo era entonces muy binario: eras blanco o eras negro. La comprensión de cuestiones en torno a la identidad siempre ha sido complicada, en los años 60 el lenguaje todavía no estaba a la altura de esta complejidad, ahora se adecua más».

Culebrón. «Soy consciente de haber utilizado un material y una forma melodramática. Mi libro es un melodrama que trata la cuestión de raza y de simulación racial. Va de dos gemelas que se separan de forma misteriosa, hay personajes que ocultan sus identidades, hay secretos familiares. Al principio, cuando definí el pueblo, Mallard, pensé que debía tener la apariencia de algo muy documentado e histórico, pero a medida que iba escribiendo pensé que lo mejor era basarlo en esa concepción a partir de los rumores y elementos del folclore. Al ver que manejaba elementos del melodrama pensé que lo mejor era aceptarlo y zambullirme, no eludirlo sino explotarlo, por eso hay culebrón. De hecho, el personaje que siempre quiso ser actriz acaba protagonizando su propia telenovela. A mí me gustan los libros que se comprometen al máximo con un planteamiento, sobre todo con formas de culturales que mucha gente considera inferiores como el culebrón. Sin embargo, a mí el género me atrae muchísimo, hay grandes telenovelas que son verdaderos fenómenos culturales».

Violencia de género. «La violencia de género está presente en la novela, porque es un tema que me preocupa, pero no me interesa esencializar la experiencia de ser mujer o de ser negra, no me interesa reducirlo a los elementos más traumáticos. No quiero transmitir el mensaje de que ser mujer signifique padecer violencia de género. Por más que es una cuestión que de alguna manera conforma a los personajes, incluso en cómo se perciben a ellas/os mismas/os o cómo ven su mundo. La violencia de género y la violencia racial son cuestiones que me interesan, pero no desde el reduccionismo.

Transexualidad. «El libro plantea cuestiones de transexualidad, especialmente a partir del personaje de Reese. El proceso de documentación fue complicado, en muchos sentidos. Primero, porque estaba tratando una experiencia muy distinta a la mía y además en una época en la que ni siquiera había nacido yo. Además, la comunidad trans, al menos en esa época, no era tan visible. Sí descubrí narraciones en primera persona de trans de esa época y tuve la suerte de tener amigos que conocían a historiadores trans o amigos trans que me ofrecieron muchos recursos para que la historia de Reese no fuera anacrónica, sino que encajara en esa época. Reese es un personaje que se reinventa, como de hecho hace la mayor parte de personajes de la novela, pero él además lo que quiere es ser él, no apartarse de su ser esencial, y para mí ese era el contrapunto en comparación con los demás personajes. Y luego pensé que encajaría como pareja de Jude, porque los dos han experimentado el dolor y la violencia en sus cuerpos. Ambos encuentran la forma de quererse, confiar el uno en el otro y de seguir adelante. Reese es el personaje que todo el mundo adora. Su relación con Jude es lo más romántico del libro, algo que yo no esperaba cuando empecé a escribir sobre ellos. En la literatura contemporánea escasean bastante, pero me alegro poder escribir sobre una relación de gente que se quiere y se respeta y que los dos van en su propio viaje de aceptación».

Epifanías literarias. «Hubo muchos momentos durante la escritura en los que tuve que cuestionarme a mí misma y mis ideas sobre la identidad. Me ha llevado a plantearme la visión que tengo de los demás, las formas en las que etiquetamos o categorizamos a las personas e incluso en cómo me veo a mí misma. Hubo momentos en los que tuve que detenerme y reestudiar mi propia visión. El personaje de Kennedy, por ejemplo, no sabía cómo identificarla desde el punto de vista racial y sin embargo quería asignarle una categoría. Muchas veces tuve que esforzarme para no sucumbir porque la complejidad es enorme. A veces caía en la urgencia de poner etiquetas, cuando la mayoría de las veces son innecesarias. Esta para mí fue la mayor revelación: frente a esa necesidad de juzgar y etiquetar, empecé a ponerlo todo en tela de juicio y a reprimirlo. Espero que esto persista en mi vida».

Método de trabajo. «No tengo un guion, para mí tener un esquema previo es como darte deberes. Prefiero empezar el libro con lo que me interesa y a partir de ahí tirar del hilo. Luego, cuando ya empiezo a dar forma al proyecto, tengo que tomar decisiones para saber hacia dónde voy. Cuando ya he pasado esa primera etapa, entonces utilizo fichas, la pizarra, voy poniendo cartelitos e intento que el proyecto pueda llegar a su conclusión. Pero, al principio voy siguiendo mi instinto, sin ningún tipo de parámetro externo, simplemente habitando este espacio de juego de forma intuitiva».

Racismo y política. «Trump reveló una serie de fracturas que ya existían, las hizo aflorar. La gente aprovechó sus opiniones y se reafirmó en ellas por horrorosas que fueran y eso no va a desaparecer. Los millones de personas que le votaron no se han ido. O sea que no espero que la cosa cambie tanto. No sé qué tal lo va a hacer el equipo Biden, espero que mejor».

Berta Ares Yáñez

Periodista e investigadora cultural. Doctora en Humanidades. Alma Mater: Universidad Pompeu Fabra.

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