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Isabel Sucunza: «La lectura no se acaba con un libro»

La periodista está al frente de La Calders, una librería de barrio ubicada en Barcelona que ofrece, desde abril de 2014, un fondo escogido con un criterio propio y singular

Isabel Sucunza | Foto: Chini

Isabel Sucunza es periodista y librera. Desde abril de 2014 está al frente de la Llibreria Calders, o La Calders, como la llaman los asiduos. Una librería de barrio ubicada en el pasaje Pere Calders de Barcelona, con un fondo escogido, una personalidad propia y que, hasta ahora, a causa de la emergencia sanitaria, mantenía una apretada agenda de presentaciones, lecturas, debates y más actividades siempre enfocadas no solo a vender libros sino a que se hable de libros. Detrás del mostrador encontramos a Isabel, a Luigi Fugaroli (que además de librero es editor de La Fuga ediciones) y a Víctor García Tur (que también, además de librero es escritor y acaba de ganar el Premio Sant Jordi de narrativa con la novela L’aigua que vols); no por nada, todas sus comunicaciones vienen acompañadas de «librería especializada en libros». Con ella queremos hablar de lectura y del sector del libro en tiempos de pandemia.

El sector del libro es uno de los más tocados a causa de la pandemia. ¿Cuál está siendo vuestra experiencia? 

Ha sido un año rarísimo: primero saltó Sant Jordi y después tuvimos el mejor verano desde que abrimos la librería en 2016. Marzo y abril (cerrados y sin saber, además, hasta cuándo iba a durar aquella situación) fueron muy duros pero con momentos muy gratificantes al mismo tiempo: ver cómo la gente se empeñaba en comprarnos libros por teléfono o por email, sin importarles no saber cuándo iban a poder venir a buscarlos, fue alucinante; y ver con qué alegría venían en cuanto pudimos abrir, muy emocionante.

¿Y los números, qué tal han ido?

Acabamos 2020 mucho mejor que cómo imaginábamos que íbamos a acabarlo en verano. Achacamos esto a que la gente que ya era lectora ha tenido más tiempo para leer y, por tanto, han comprado más libros; a que gente que no leía tanto ahora lo ha hecho, seguramente porque no había demasiadas opciones más de ocio cultural a su disposición y también a que ha habido una especie de concienciación respecto al comercio de proximidad. No hemos recuperado Sant Jordi, claro, pero la experiencia es que tenemos muchos clientes que compran libros durante todo el año y que si tenemos que cerrar, si lo saben (como cuando hemos tenido que cerrar los fines de semana), hacen acopio de libros durante la semana y, si les pilla por sorpresa, buscan otras vías para seguir comprándolos o se esperan a que volvamos a abrir para recuperar lecturas.

Hubo un poco de lío al principio con el día del libro de 2020, no se acababa de saber si se celebraría, se barajaron varias fechas…

En 2020 nos pilló desprevenidos hasta el punto que, un poco por incertidumbre, un poco por negación de la realidad, creo, desde la Cambra del Llibre se mantuvo el mensaje de que se podría celebrar hasta entrado el mes de abril. Esto hizo que las editoriales siguieran con sus planes de publicación y de impresión y que algunas librerías hicieran pedidos de libros pensando en aquella fecha. Nosotros frenamos los pedidos a tiempo y, aquellos días, nos encerramos en la librería a atender compras que nos llegaban vía mail, teléfono y Llibreries Obertes. Finalmente nos encontramos con que el ingreso fue mínimo comparado con un Sant Jordi normal, pero el gasto también fue mínimo, lo cual, junto con unos meses de junio, julio y agosto inéditos en cuanto a ventas, equilibró un poco la cosa. Se hizo todo muy sobre la marcha.

¿Estáis pensando en algo para el de este año?

Este año, a tres meses vista, ya sabemos que no va a ser un Sant Jordi normal. Se sigue barajando la posibilidad de montar ese día una zona de paradas perimetrada, pero creo que todos estamos ya escaldados y sabemos perfectamente que esa opción es muy probable que caiga.

¿Y alguna estrategia conjunta?

La estrategia del Gremi de Llibreters tiene un punto de asamblearia que entiendo: somos muchas librerías y cada una de una madre, pero tal como están las cosas, pienso que ya deberíamos tener cerradas un par de fechas alternativas, igual que las tiene ya fijadas para este año la Feria de Madrid, que tradicionalmente se celebra unas semanas después de Sant Jordi y en 2021 ya saben que se hará o a mediados de junio o, si falla, a mediados de septiembre.

Antes has mencionado Llibreries Obertes. Durante el confinamiento se lanzaron ésta y otras plataformas que se ofrecían a coordinar los pedidos online de las librerías. ¿Qué tal han funcionado en vuestra opinión?

Nosotros, de las que surgieron, solo acabamos utilizando Llibreries Obertes, de la Cooperativa Som. En un principio pedimos que nos dieran de baja porque nos incorporaron a la lista de librerías sin avisarnos en un momento en el que la opción de la suspensión de la actividad de la librería (que habría implicado no poder facturar en absoluto) estaba sobre la mesa. Tampoco nos convencían sus condiciones: ellos retenían el 50% del beneficio de todas las ventas hasta que los clientes pudieran pasar a buscar sus libros por la librería. Cuando Òmnium se hizo cargo de la web y cambió estas condiciones (la librería recibía el 100% del beneficio en el momento de la venta), nos dimos de alta.

¿Crees que estas plataformas han aparecido para quedarse?

Hay una cosa que no me gusta de este tipo de plataformas: arrasan con la identidad de cada librería. El mensaje que lanzan es que en todas las librerías se pueden comprar los libros que ellos, Som, en este caso, han decidido colgar en la web. Nos llegaron pedidos de libros que nunca habríamos tenido en el fondo de la Calders: era como ser un punto de venta de alguien ajeno a la librería.

Una especie de alternativa a Amazon. Y, de hecho, Amazon parece ser la competencia de cualquier negocio hoy en día, pero cuando decidisteis montar la librería ya existía…

Sí, y la verdad es que no nos importó demasiado. Uno de los mejores consejos que nos dio Josep Cots, de la Llibreria Documenta, fue que nos hiciéramos con nuestros propios clientes, que los fidelizáramos a pie de librería. Es un tipo de fidelización cercana y en vivo que no tiene nada que ver con lo que ofrece Amazon para que les sigas comprando a ellos. Nos dan millones de vueltas en cuanto a volumen de negocio, claro, estaríamos locos si pensáramos en competir con ellos por ahí, pero en conversaciones sobre libros y sobre la vida en general con los clientes, les ganamos nosotros de calle.

¿Quiénes pensáis que son vuestra competencia real?

Más que competencia, lo que creo que nos resta ventas es que no haya buenos planes de lectura ni se cuiden las bibliotecas en los centros educativos, que esté tan extendida la falsa fama snob que tiene leer libros buenos cuando de la mayoría puedes encontrar ediciones mucho más baratas que la última novedad del último youtuber de moda y el disfrutarlos depende simplemente de una cuestión de educar el gusto y avivar la curiosidad (lo que me remite al primer punto de los centros educativos).

Algo no está funcionando en las campañas puntuales de fomento de la lectura…

Hay una cosa que creo que es la que genera un gran fallo en el sistema: leer es una actividad pausada, sostenida; la lectura no se acaba con un libro. Hay una cosa genial que es ver cómo tu cabeza, a través de la lectura, va incorporando referencias que se acaban integrando en el pensamiento y en las conversaciones que luego puedas tener, aunque el otro no haya leído nada de lo que has leído tú; hablo tanto de ficción como de ensayo, de poesía…, es igual. A veces, leyendo, encuentras una veta que ves que quieres seguir: eso es lo que te lleva a buscar libros del mismo autor que el que acabas de leer o de autores de su época o que trataron los mismos temas; es lo que te lleva a pedirle a un librero que te recomiende libros que se parezcan a ese que acabas de leer y que te ha gustado tanto.

Esta actividad pausada y sostenida con la que defines la lectura da la sensación de que se topa de frente con la velocidad y la cantidad de novedades que se publican en este país...

Cuando un editor dice que publica libros de consumo rápido y generalizado para hacer caja y poder publicar «cosas buenas» (algunos lo dicen así ellos mismos), pienso que seguramente esa será la manera de mantener ciertos niveles de negocio, pero que a la vez está alimentando una manera de leer (o de comprar libros) que no va a ninguna parte más que a inflar (de inflación) la vaca. Luego llega una crisis como la de este último año y es justo por ahí por donde pincha el negocio.

Por cómo está montado el mercado del libro no parece que tenga fácil solución…

Es muy difícil revertir todo esto porque el mercado y el sistema y blablabla, pero el sector del libro estaría mucho más sano si se centrara en alimentar esa idea de lectura sostenida.

Para terminar, cuéntanos qué es esa W que tenéis pintada en la pared.

En «El día del Watusi», de Francisco Casavella, Barcelona amanece un día llena de Ws rojas y negras pintadas por toda la ciudad. Hicimos una fiesta para celebrar el libro y le pedimos a nuestro amigo Pau Badía que se subiera a la estantería con un cubo de pintura y una brocha y nos pintara una en la pared. Luego nos quedamos en la librería hasta las tantas, bailando, claro: siempre hay que celebrar los libros buenos.

Llibreria Calders | Foto: Chini

Olga Jornet

Olga Jornet (Girona, 1977) es profesora de los cursos de Narrativa y de Cuento en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès, y coordinadora de 'Revista de Letras'.

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