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Revista de Letras
10 años de Periodismo Cultural

Mónica Bello: "Somos puro vacío en términos físicos"

27 junio 2019 CCCB, Portada

Mónica Bello | Imagen cedida por la Fundación Aquae

Si el matemático y físico francés René Descartes abrió las puertas al pensamiento racional con su Cogito ergo sum, intenten imaginarse la revolución filosófica y cultural que traerá la física cuántica y en consecuencia el cambio de narrativas que necesariamente producen hallazgos como el bosón de Higgs, la llamada partícula de Dios. Para facilitarnos una experiencia humanística de este mundo subatómico, el CCCB presenta Cuántica, un proyecto expositivo que aglutina diversas instituciones culturales, del que Mónica Bello, directora del Arts at CERN dentro del Centro Europeo para la Investigación Nuclear en Ginebra, es una de sus comisarias.

En la muestra surgen, como fantasmas, cuestiones que en el último siglo han traído de cabeza a artistas, filósofos y científicos: la realidad, el azar y su aparente contrario, lo determinado.
Con respecto al azar, ahí tenemos a Einstein cuando dice que “Dios no juega a los dados” y es una frase que hemos escuchado constantemente, es casi un Andy Warhol de la cultura científica. Sin embargo, no llegamos a entender qué significa eso. Hemos añadido la réplica de Niels Bohr que dice, “Einstein, deje de decirle a Dios qué hacer con sus dados”. Ese es el gran dilema: ¿está todo determinado, o no? A lo largo de la exposición nos encontramos con voces que sustentan diferentes tesis de este debate sobre el determinismo o no determinismo y sobre una realidad que no entendemos. Es un debate que todavía está en sus inicios. Desde el Big Bang hasta ahora sabemos que el universo está en expansión, pero de repente aparece la incertidumbre, las pruebas experimentales nos dicen que sigue expandiéndose pero no de la manera que esperábamos. Son preguntas profundamente científicas y profundamente filosóficas, y yo creo que los artistas en esta exposición lo intuyen. De alguna manera esta exposición facilita que el visitante se haga la pregunta sobre la realidad, si es o si la estamos construyendo.

En la instalación The View from Nowhere (Semiconductor, 2018) alguien dice, no sé si un artista o un científico: “A la naturaleza no le importan nuestros deseos”.
¡Ese no saber si es artista o científico es lo que queremos! Esta frase que dices la escucho mucho en el CERN. Y no es sólo que a la naturaleza no le importen nuestros deseos, es que directamente no le importamos. Para la naturaleza somos un accidente y esta afirmación en ningún sitio se hace tan evidente como cuando trabajas con físicos: porque nosotros no tenemos peso, somos puro vacío en términos físicos, no valemos para nada, no vamos a alterar nada más que ecológicamente nuestro planeta. Pero nos hemos acostumbrado a interferir con nuestro entorno. Me encuentro mucho público en esta exposición que espera interactividad y en cambio no va a encontrar ni una sola experiencia interactiva, porque la investigación que aquí se despliega es física fundamental. Todo esto surge de pensar o de imaginar lo invisible.

Pero es fascinante la capacidad de pregunta humana.
Desde un punto de vista cognitivo, sí, desde luego. De hecho a partir de la investigación científica se ha logrado crear materia que nunca ha existido en el universo. ¡Esto es una gran hazaña! Y se ha generado para poder tener un ingrediente al que poder agarrarse, para poder medir el universo, aunque sea a nuestra medida. Ahí hay una interesante pregunta.

Hay una necesidad de sentir lo infinito en algunas obras de esta exposición.
Sí, desde luego, por ejemplo la obra de Lea Porsager. Puede apreciarse en ella que su experiencia la lleva a situaciones más allá de sí. Hay una búsqueda de conexión con el neutrino, que se escapa y es imprevisible. Su obra consiste en un cuerno de neutrinos de tres metros que se trajo desde el CERN, vídeos 3D con sonido, una cama y gafas 3D. En esa obra ella habla de conocimientos originarios de nuestra civilización tan antiguos como las filosofías hinduistas. La experimentación como artista que ella hace para conectar con la idea de las partículas fundamentales o de las partículas más invisibles como los neutrinos es a través de experiencias tántricas. Es un esoterismo muy positivista, no tiene nada de superstición; su práctica artística está basada en estados de conciencia alterados a través de meditación para llegar a otros niveles de conocimiento. Esto no tiene nada que ver con el arte y ciencia que uno pueda esperar en una exposición.

Nada que ver con la propuesta reivindicativa de Julieta Aranda.
En relación a la obra de Julieta Aranda, que es la más críptica, cuando me acerqué a la exposición para observar las reacciones del público encontré su sala llenísima de gente. Estaban todos con cara de sorpresa. Me costaba descifrar la sensación del público ante ese desparrame de objetos que hay en esta sala, donde se presenta la idea de la extracción de un planeta en decadencia que está acercándose a un abismo, una idea muy presente, ¿no? Luego están las imágenes en la pared que como un juego de espejo se reflejan entre ellas y se trata de imágenes de las moléculas de una de las proteínas que condicionan el lenguaje. De alguna manera creo entender en su obra esa idea de que se crea la realidad cuando la mencionas, cuando le das un nombre. La idea de lenguaje está muy presente en la exposición.

Hay inevitablemente una pregunta acerca del tiempo.
A lo largo de la exposición los artistas se preguntan acerca de ese tramo temporal en el que nuestra especie ocupa o habita el planeta. En one1one los artistas Haroon Mirza y Jack Jelfs crean un escenario donde un observador o agente es trasportado al futuro al año 4.250. No es una elección caprichosa sino elegida en base a un momento astrológico importante, que además tiene que ver con una concepción cosmológica. La obra ficcionaliza una situación en la cual el lenguaje matemático se convierte en un método arcaico. Nos trasladan a ese momento donde el lenguaje ya no tiene sentido en nuestra especie. Y todo se negocia a través de estados de conciencia a los cuales la ciencia nos ha permitido llegar. Estos estados de conciencia me remiten a la saga The Culture del escritor escocés de ciencia ficción Iain M. Banks. En esta obra Jack y Haroon están considerando la evolución, ese momento en donde nuestros prejuicios contemporáneos ya no nos sirven para comprender el mundo.

Hay intuiciones artísticas que remiten a lo cuántico pero algunas también remiten a esa imagen del arte rupestre de la mano en la cueva.
En un primer estadio de la obra de Haroon Mirza y Jack Jelfs, ellos habían situado el CERN en un futuro ficticio en el que aparecía como un yacimiento arqueológico enigmático ante el cual surgía la pregunta sobre qué es esa gran máquina, que es la más grande del mundo, la más energética, la más fría y la más caliente. También ellos pensaron en esa idea de la cueva, de aquella mano que hemos dejado a lo largo de los tiempos. También la artista Suzanne Triester plantea a los científicos una intuición que ella tiene en donde el principio holográfico del universo, que es una de las grandes teorías de ahora de la física teórica tiene una correlación con la evolución de nuestra civilización a través del arte y de la cultura, y ella proyecta más de 25.000 imágenes desde el principio del arte, desde esa mano en la cueva hasta ahora para mostrar que el tiempo y que nuestra realidad existe en un horizonte dentro de un agujero negro, que es lo que reclaman los científicos dedicados a esta área de investigación.

¿Te imaginas alguna de estas piezas en algún museo? La fuerza estética de alguna es impresionante. Hay asombro y hay poética.
Sí, desde luego, y está ocurriendo ya. Nosotros hemos producido las piezas, pero la obra es del artista, no hemos adquirido la obra, y ya hay museos que las están pidiendo. La obra de Yunchul Kim (Cascade, 2018) es extraordinaria. La gente se va de la exposición pensando en ella. Es muy bonita, es una instalación a través de tres objetos muy poética. Pero además es altamente científica. Hay una ciencia que el artista ha desarrollado en su estudio, donde ha combinado los saberes científicos, el diseño, la filosofía, la mística y la espiritualidad que reside en la naturaleza. Es una instalación que genera experiencia poética y estética y es donde más se detiene la gente. Esta obra y alguna más me la imagino en salas de museo en donde cobrarían una presencia mucho mayor incluso. Tienen un potencial tremendo. También la de Yu-Chen Wang, que son tres mesas con los archivos del CERN y con voces, es extraordinaria. Esta obra si se lleva a museo se verá mejor. Ahora este contexto le favorece, pero yo creo que la artista también está viéndola ya en los museos. Yo me la imagino en una sala con esa música y esas voces.

Yunchul Kim | Foto: Mark Bowler

La instalación comprende tres elementos escultóricos: Argos, Impulso y Tubular para estudiar las interacciones de las partículas subatómicas. La artista explora el potencial artístico de sus comportamientos, reflexiona sobre las propiedades materiales experimentales y observación de fenómenos a un nivel fundamental. Parte de un estudio de las partículas elementales que se generan en los rayos cósmicos que cruzan la atmósfera. Nos invita a sumergirnos en los paisajes amorfos y en el mundo de acontecimientos aparentemente invisibles de la materia fundamental.

Hace años, cuando comenzaste tu proyecto como comisaria de Arts at CERN te preguntaba en una entrevista por la relación entre Arte y Ciencia y por el proyecto de comisariado que realizabas entonces en este enorme centro de investigación nuclear. Esta es la entrevista:

Hoy podemos ver concretadas y comprender mejor esas reflexiones, has llevado a la práctica el proyecto y podemos verlo en esta exposición. Además, acabas de revalidar como comisaria para tres años más. Una vez ha quedado atrás el asombro inicial, ¿qué perspectiva tienes ahora de esta curaduría en el CERN?
Efectivamente, ahora estoy en una etapa madura de esta trayectoria y de mi experiencia como curadora, y de hecho estoy escribiendo un texto que me han encargado para explicar qué significa la curaduría en un marco de este tipo. Y en paralelo, una editorial me ha invitado a participar en la escritura de un libro sobre la física de partículas (neutrino, materia oscura, holografía, vectores…) con las voces de artistas y científicos. Para empezar, todo lo que yo pensaba y todo con lo que había trabajado tanto en curaduría, como en teoría del arte y en estética… no sirven de nada cuando vas a trabajar a un lugar donde todos los días tratas de comprender las tensiones entre algo que está muy legitimado socialmente como es la ciencia. Hablando del CERN, como estructura de trabajo es increíble, tienen una fiabilidad y una legitimación que no tenemos en cultura: tal como se construye el conocimiento científico, se produce ese conocimiento, y aunque es algo que está abierto a la crítica, hay miles de personas que construyen esas máquinas en función de ese conocimiento y que acaban dictando de alguna manera nuestro entender del mundo. En arte estamos muy alejados de eso. Por tanto, desde el inicio surge la pregunta: cómo introducir a los artistas en ese mundo. Desde luego se necesita mucha pasión, estar muy convencida. No es algo que se pueda replicar en dos, tres años. El contexto condiciona y es un contexto incómodo: estamos hablando de comunidades muy grandes, donde la comunicación es muy fragmentaria, y ahí tiene lugar un pequeño experimento cultural en un lugar tan grande y tan conectado globalmente. A veces la presencia es difícil, pero al mismo tiempo vale mucho la pena y lo demuestra esta exposición.

¿La experiencia en el CERN está modificando tu experiencia como curadora?
Desde luego, sobre todo por trabajar en ese contexto. Hablando recientemente con una gran comisaria e investigadora sobre comisariado y práctica artística entramos en un debate en el que ella me decía que no distinguía entre práctica artística y práctica curatorial. Yo no puedo estar en mayor desacuerdo, yo me remito a la modestia del comisario facilitador. De tener cuidado y cuidar. Más aún en entornos que son frágiles, porque sabes que el proyecto puede ser efímero, o puede eventualmente cambiar hacia otra cosa, por tanto, tiene mucho de gestión y de poner en marcha acciones y generar estrategias que permitan que los proyectos pervivan aun fuera del contexto donde fueron producidos. Se trata de comisariar no solo artefactos, sino también saberes, argumentos –por ejemplo, cuando se descubrió el neutrino o se empezó a hablar de materia oscura- tienes que hacerte cargo de esos saberes, esos hitos en nuestro conocimiento reciente y saber entender que en ese momento los artistas in fluxus se estaban preguntando esas mismas cuestiones. Se intuían tal como las intuye ahora Julieta Aranda en esta exposición. Esas conexiones son importantes para hacer un proyecto comisarial que se dirige a los artistas, para que sea algo fuerte y sólido, y que perviva. A veces hay que tirar de artillería. En esto, se diferencia mucho del comisariado consistente en crear una tesis y a partir de ahí invitar a aquellos que te ayudan a respaldarla.

¿Cómo resulta la experiencia para los artistas?
El artista que viene al CERN generalmente se encuentra un poco agitado, porque siente que tiene que responder ante lo que se pueda esperar de él. Me he encontrado todo tipo de reacciones, desde las de artistas con astucia para lanzarse, a las de los precavidos, a veces en exceso y que no se sienten del todo preparados. Unos encuentran en el CERN el “nirvana de los nerds”, a otros no les ha gustado la experiencia y hay quien ha visto que rápidamente su obra podría ganar al ponerse en contacto con científicos que trabajan con antimateria, con algo que no existe en nuestro universo. Como comisaria tengo que estar preparada para una gran diversidad.

En el debate que inaugura la exposición el artista Juan Cortés destaca la pureza de investigación que puede realizarse en el CERN, ya que está alejada de dinámicas capitalistas.
Sabemos que ese es un ideal al que nos agarramos cuando trabajamos desde la investigación artística o científica fundamental y básica. Creo que es una de las grandes formas de encuentro entre arte y ciencia. Eliminar de repente la palabra innovación porque nos destina a aplicaciones e industria, que puede ser algo interesante para investigar pero que no sea lo que dicte o dirija nuestra experiencia de por sí genera un lugar cómodo en el que estar. Además, el artista se ve muy respetado, ese respeto profesional es algo que se ha realizado desde la curaduría, es un respeto que se va negociando, pero sabemos y valoramos que estos artistas tienen una carrera y han trabajado mucho para desarrollar un marco de investigación artística sólida. Entonces, ahí el comisariado busca generar un impacto importante en la experiencia final. Por otro lado, estoy pensando en volver a filósofos como John Dewey que hablaba del arte como experiencia, cuando el arte sale de los museos…, creo que ahí encontraremos ideas interesantes para definir lo que puede suceder en arte y ciencia.

Catálogo de la exposición

Hay una apertura mayor a lo inesperado.
Efectivamente, inesperado también porque lo esperas todo, cualquier cosa puede surgir, y a la vez con confianza de que salga de ahí algo no habitual. Tengo una artista ahora muy interesante que está haciendo una nueva producción: Leslie Thornton, de Nueva York. Tiene una carrera de cineasta experimental y ahora está combinando una historia familiar (su padre tuvo relación con alguno de los científicos del Manhattan Project) y ha recogido archivos privados para investigar qué sucedió con estos científicos y lo combina con una estancia con nosotros en CERN y con otra en CalTech. En CERN, donde los archivos son abiertos, públicos y caóticos, está haciendo un trabajo maravilloso. Y ahora la han llamado del CalTech donde los archivos son privados y es difícil acceder a ellos, porque recogen un momento traumático de la creación de la bomba. Ella me decía que cuando era joven, en torno a los años 50 en Nueva York, lo que querían los artistas como ella era crear comunidades y estar juntos. Esta era una gran motivación y una finalidad de la creación. E intuía que en la actualidad se está produciendo otra situación por la cual ella misma y muchos artistas más jóvenes buscan nuevos espacios no orientados a su propia comunidad, sino alejados,  en lugares remotos, neutros, desde los que pueden llevar a cabo un reset, una nueva mirada. Venir al CERN proporciona precisamente esto, y es un síntoma de esta búsqueda. En el catálogo destacamos esta cuestión.

Hay en la exposición una obra de James Bridle que trata del azar cuyo título, A State of Sin, me recuerda a la frase de Kierkegaard para quien “pecar” es enredarse azarosamente en la realidad. Lo cual nos lleva directamente a la conciencia.
Wolfgang Lerche, uno de los físicos teóricos más brillantes, durante una conversación con artistas en el CERN indicó cuáles son las fronteras actuales del conocimiento: complejidad, cosmología, física de partículas y conciencia. La cuestión de la conciencia es una de las grandes claves modernas. También Helga Timko, la científica partner de Yunchul Kim, habla de conciencia, pero de otra manera. En uno de los documentos de la exposición señala la biología cuántica como uno de los desarrollos más asombrosos que nos podrá traer la cuántica en el futuro.

¿Cómo fue reunir una exposición de este calibre primero en Liverpool y ahora en Barcelona?
Este proyecto es como un poliedro, no es el fruto de una voz sino de muchas y se construyó en relativamente poco tiempo. A lo largo de tres años fueron surgiendo las obras de arte y de ahí surgió la oportunidad de llevarlo al público. Hubo además una colaboración estrecha con centros científicos que intentan abrirse al público pero no a través de la comunicación divulgativa. Ellos traían sus ideas y por nuestra parte trajimos artefactos científicos del CERN y de otros institutos. No era para nada un escaparate del CERN, ese nunca fue el objetivo. En Arts at CERN no nos orientamos a la comunicación. Para mí fue una gran satisfacción ver a los artistas el día de la inauguración, entre científicos, pero no en una exposición propia de un museo de ciencia, este nunca fue el mensaje ni el objetivo. Creo que esto ha sido lo mejor, darme cuenta de que estos artistas quieren producir obra y seguir en comunicación con todo aquello que se imaginaron cuando estuvieron con nosotros en el laboratorio. La experiencia del artista y del arte con la ciencia.

Cuéntanos el proyecto desde el génesis y la singularidad de la muestra en el CCCB (por la que ya han pasado cerca de cuarenta mil visitantes en dos meses).
La génesis de este proyecto es una colaboración con instituciones y ciudades establecida a partir de nuestro programa insignia Collide International. Durante el período de tres años que va de 2016 a 2018 desarrollamos el proyecto con FACT (Foundation for Art and Creative Technology) de Liverpool. Durante esos años Collide International tiene lugar además en colaboración con esta ciudad que alberga una parte de la residencia, como ahora en esta nueva etapa de 2019 a 2021 sucede con la ciudad de Barcelona. En el segundo año empezamos a pensar que teníamos que generar obra, apoyar nueva producción, y lo hacemos invitando a otras instituciones que quieran apoyar la iniciativa de producir nueva obra a partir de la investigación en el CERN. CCCB se interesó para desarrollarla a través de su Línea Beta que está creciendo y que es muy interesante porque suma ciencia y cultura contemporánea. Le Lieu Unique, una institución de Nantes con quienes hemos trabajado desde el principio de nuestro programa, lo entendió desde un principio y nos dio su apoyo. En conexión con Liverpool llegó iMal en Bruselas, un laboratorio de producción artística que este año inaugura un nuevo espacio. Entre todos formamos el consorcio ScANNER (Science and Art Network for New Exhibitions) para poder apoyar las exposiciones. Y en cuanto tienes producciones ya tienes exposición. Decidimos entre todos que habría diez obras. Tres artistas de residencias largas –de tres meses- y el resto fruto de las menciones de honor con estancias más breves en el CERN. Invitamos a un comisario, José-Carlos Mariategui, con quien he trabajado en el pasado y entendemos bien el terreno y la visión compartida. Entre los dos apoyamos a los diez artistas con el fin de desarrollar propuestas sólidas y con rigor, significativas, con una conexión todavía importante a lo que habían experimentado en su contacto con la ciencia, pero sin abandonar su práctica artística y su modus operandi. Para la exposición en Barcelona, el CCCB decidió sumar un itinerario científico y la exposición adquirió otro sentido, una capa nueva muy interesante donde ya no solo están los proyectos artísticos sino que además se suma una reflexión científica amplia. Ahí es donde decidimos detenernos en la física cuántica. En Barcelona, Cuántica cobró mucha importancia. José Ignacio Latorre es el asesor científico con un trabajo de divulgación muy potente. Formamos entre todos un gran equipo.

En el CCCB aparece unido al itinerario artístico el científico a través de nueve ventanas de laboratorio que explican cuestiones claves de la cuántica.
Es un producto propio y además tiene el ADN del centro. Hemos dado mil vueltas, pero ha sido muy divertido. Estoy encantada con el resultado. El CCCB cuenta con un equipo muy creativo y exigente. Y el centro cuenta con unas competencias que son únicas y que no muchas instituciones tienen. Ese valor es evidente, se ve en la exposición.


Cuántica expone diez proyectos artísticos que evidencian que el impacto de la cuántica va más allá del dominio de la ciencia, y presenta nueve ventanas que introducen el trabajo de investigación en el laboratorio y sitúan al visitante ante el logro intelectual que suponen las teorías de la física en contacto con el alcance de los experimentos avanzados. Al unir ambos itinerarios se configura un panorama poliédrico que plantea nuevas preguntas y conexiones que contribuyen a la comprensión de una realidad aparentemente invisible y el impacto que esta tiene en nuestras vidas. Fecha clausura: 24 de septiembre 2019.

Si te interesa el mundo cuántico, te recomendamos el reportaje de Ramon Sangüesa para Revista de Letras: La comunidad del anillo, una mañana bajo el CERN.

Y el libro A propósito de Majorana, de Javier Argüello. Aquí una reseña de Ricardo Martínez-Llorca en Revista de Letras.

Conoce el programa Collide International at CERN  y la nueva convocatoria de residencias artísticas.

Etiquetas: Aleatoriedad, Arte y Ciencia, Bing bang, Borh, Bosón de Higgs, CalTech, CCCB, CERN, ciencia cuántica, Ciencia y Arte, Collide International, Comisariado, cuántica, Descartes, Einstein, FACT, iMal, John Dewey, Le Lieu Unique, Monica Bello, Wolfgang Lerche, Yunchul Kim

Sobre el autor

Berta Ares

Berta Ares es Licenciada en Periodismo (UPSA) y Máster en Estudios comparativos de Literatura, Arte y Pensamiento (UPF). Realizó estudios y una investigación de posgrado en Tel Aviv University (TAU), cuyas conclusiones se publicaron en la prestigiosa 'Qesher' (N. 24) que se edita en Tel Aviv y Nueva York. Trabaja en el campo de la comunicación cultural y la comunicación corporativa, y escribe su tesis doctoral, sobre Joseph Roth, en el Departamento de Humanidades de la UPF. Sus inquietudes literarias se inscriben en el campo de la memoria, el laicismo, la religión, la modernidad y Europa.

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