Feliu Formosa, Abel Cutillas e Ivan Benet | Foto: Luigi Fugaroli

Traducir Kafka es fácil

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Feliu Formosa, Abel Cutillas e Ivan Benet | Foto: Luigi Fugaroli
Feliu Formosa, Abel Cutillas e Ivan Benet | Foto: Luigi Fugaroli

Feliu Formosa es de los invitados a actos organizados por librerías que se presentan un cuarto de hora antes de lo previsto y se pone a mirar libros. Al menos eso fue exactamente lo que hizo el sábado cuando llegó a la Calders. Lo habíamos invitado a hablar sobre traducir la obra de Kafka y adaptarla al teatro con otro ya bastante experto en artes escénicas pero novato en traducciones kafkianas: Ivan Benet.

Me acerco a Formosa, le saludo, me devuelve el saludo e, inmediatamente, señalando uno por uno los libros que tiene delante, empieza a dar detalles de cada uno de ellos. “Seguramente Felice es la mujer con quien él más se identificó.”, dice sosteniendo Cartas a Felice, de la editorial Nórdica. “Estaba Milena, claro; pero con Felice tuvo una relación particularísima, casi siempre a distancia: incluso que se casara con él se lo pidió por carta. Se escribieron muchísimo y en las cartas se ve: fue la mujer con quien más se identificó.” Estira la mano luego Formosa para señalar uno de los volúmenes de la obra completa que va publicando Círculo de Lectores. “Para esto no han contado con mis traducciones; me dijeron que querían voces nuevas. Pero en el prólogo, Llovet las cita… y las elogia.” Eso mismo explica después ante el escaso (¿qué os pasó el sábado, lectores?) público. Se lo explica precisamente a una voz nueva, Ivan Benet, cuya primera incursión traductora en el mundo de Kafka tuvo lugar el año pasado, cuando tradujo el Informe para la academia y lo estrenó dentro de la programación del Teatre Lliure.

Benet nos había avisado de que venía con un montón de preguntas para el maestro Formosa. Se adelanta Formosa sin embargo y comienza preguntándole él a Benet por su experiencia trabajando con el informe. “Pues no me resultó difícil.“, contesta Benet. “Es curioso que digas eso; Gabriel Ferrater también lo decía.”, le apunta Formosa y en seguida le explica por qué: “No resulta difícil porque Kafka utilizaba precisamente eso: una redacción como de informe; por eso, cuando te pones a traducirlo, vas haciendo y nunca te encuentras con que plantee demasiadas dificultades de estilo, por ejemplo. Con Thomas Bernhard pasa lo mismo.”

Abel Cutillas, el librero, que tras presentarlos se ha quedado con ellos en el escenario, les pregunta entonces si lo que están diciendo es que el estilo de Kafka es simple. “Es un estilo que engancha.”, dice Formosa, “No es aburrido pero es muy sugestivo.” “Sí,”, sigue el hilo Benet, “porque plantea contradicciones muy profundas, que aún hoy nos las seguimos planteando, pero lo hace con preguntas súper básicas, con un lenguaje muy preciso.” “Es un novelista del detalle,” continúa ahora Formosa, “de la cosa parcial que desconcierta: dice cosas que no sabes por qué las dice, pero que resulta que luego tienen mucho sentido.”

Siguen Formosa y Benet repasando Kafka, la obra y la persona, y sin saberlo van resumiendo todo lo que se ha ido diciendo sobre él y sus libros en los tres días anteriores de esta Semana de la literatura checa que acababa hoy: que era humanamente contradictorio, que no se convirtió en un escritor consagrado hasta que no acabó de caer el Comunismo -”según las autoridades, sus historias no eran aptas para la clase obrera”, cuenta Formosa que le explicaron una vez en Alemania-, hablan de la importancia de los personajes-animales en sus libros, de cómo se documentaba en estudios científicos para luego reinterpretarlos a su manera… Hasta que, cuando ya llevan casi una hora de animada conversación, Benet, para acabar, le pregunta a Formosa con cuál de sus propias traducciones de Kafka se quedaría. “Con la de El proceso.”, responde Formosa sin pensárselo ni un segundo.

Apuntad: El proceso; es la recomendación del maestro. Y no hay más que hablar.

Isabel Sucunza

Isabel Sucunza (Pamplona, 1972). Vivió en Navarra hasta finales de los 90, cuando se le acabó el chollo de estudiar y decidió buscarse un trabajo en Barcelona. Lo encontró en la redacción de la Guía del ocio. Trabajar allá durante cinco años supuso una especie de segunda carrera sobre qué se cocía en la ciudad. Pasó después por BTV y TV3 como miembro del equipo de los programas 'Saló de lectura' y 'L'hora del lector', y aquello fue como una especie de tercera carrera sobre qué se cocía en los libros. En los últimos dos años ha publicado un libro suyo ("La tienda y la vida". Blackie Books) y ha colaborado en la publicación de unos cuantos libros de otros en Navona Editorial.

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