Revista de Letras

Boccaccio, una fuente de agua clara y un pavo real

Boccaccio según Andrea del Castagno, 1450

Giovanni Boccaccio admira profundamente al autor de la Comedia. Es gracias a él y a sus constantes elogios, precisamente, por lo que llegará a nuestros días con el calificativo de Divina. Esa reverencia literaria le lleva a escribir Breve tratado en alabanza de Dante Alighieri, una suerte de biografía que compone conversando con quienes le habían conocido, narrando anécdotas, recuerdos y noticias que logra compilar, y que la colección de Clásicos Aquae ha publicado en una edición bilingüe italiano-español. Ese texto nos permite, tantos siglos después, hablar con él de agua y de poesía.

Los elementos como el agua o el fuego han estado presentes, desde siempre, en la esencia de la poesía.
Nuestros poetas crearon la ficción de que Saturno tenía muchos hijos que, a excepción de cuatro, fueron todos devorados por él. Los cuatro hijos que no devoró eran, Júpiter, es decir, el elemento del fuego; el segundo es Juno, esposa y hermana de Júpiter, es decir, el aire, mediante el cual el fuego aquí abajo obra sus efectos; el tercero es Neptuno, dios del mar, es decir el elemento del agua, y el cuarto, y último, es Plutón, dios del infierno, es decir, la tierra, la más baja de todos los elementos.

La parte simbólica más importante del tratado llega cuando relata cómo su madre sueña el propio parto. Ahí el agua vuelve a ser fundacional.
Se le figuró a la gentil mujer, en su sueño, que estaba bajo un laurel muy alto, en un prado verde, junto a una fuente de agua muy clara, y que allí alumbraba a su hijo, el cual en muy poco tiempo, alimentándose solo de bayas, que caían del laurel, y del agua clara de la fuente, se convertía en un pastor y se dedicaba como podía en alcanzar las frondas del árbol, cuyo fruto había sido su alimento y, por el mucho esfuerzo, le parecía ver que se caía y cuando se reincorporó ya no era un hombre, sino que se había convertido en un pavo real.

¡Qué extraño sueño!
El sueño le causó tanta admiración que se despertó; no pasó mucho tiempo que le llegó la hora del parto, y dio a luz un hijo, al que de mutuo consentimiento con el padre llamaron Dante.

Clásicos Aquae

El agua y el laurel se convierten, pues, en el alimento del poeta, incluso antes de nacer realmente.
Entiendo que los frutos que cogía el niño nacido para alimentarse, son los efectos de esa disposición del cielo, como he mostrado; son los libros de poesía y sus enseñanzas, con los que se alimentó, con los que aprendió nuestro Dante.

¿Y la fuente qué representa?
Juzgo que la fuente de agua clarísima, de la que a ella le parecía que bebía, no puede ser otra cosa más que la fertilidad de la filosofía doctrina moral y natural; la cual de la misma manera que procede de la fertilidad escondida en el vientre de la tierra, así estas doctrinas, que pueden llamarse fertilidad de la tierra, toman esencia y causa de las muchas razones demostrativas, sin las que, de la misma manera que la comida no puede disponerse bien sin la bebida en los estómagos de quien come, ninguna ciencia puede adaptarse bien en los intelectos de nadie si no está bien ordenada y dispuesta por los razonamientos de los filósofos.

Dante aprendería pronto que vida y muerte son dos caras de la misma moneda.
Dante conoció la gravedad de esta ley común a todos antes por una muerte ajena que por la suya propia. Casi a finales de su vigésimo cuarto año, Beatriz, como dispuso Dios que todo lo puede, dejando las angustias de este mundo, partió hacia la gloria que sus méritos le habían proporcionado. A consecuencia de esa partida, Dante quedó sumido en tanto dolor, en tanta aflicción, en tantas lágrimas, que muchos de sus cercanos, parientes y amigos creyeron que solamente la muerte acabaría con ellas; y consideraron que sería inmediata, al verlo sin ninguna confortación, sin que le hiciera efecto ningún consuelo.

El agua, en ese momento, se transforma en lágrimas y desconsuelo.
Iguales eran los días y las noches; de estas ni una sola hora transcurría sin lamentos, sin suspiros y sin copiosa cantidad de lágrimas; sus ojos parecían dos fuentes de las que surgía abundante agua, hasta el punto que muchos se maravillaban de que fuera capaz de tanto llanto.

Acaba la biografía volviendo a ese sueño de la madre de Dante, y cerrando con una alegoría que regresa al agua y al mar.
Reconozco que he hecho la exposición del sueño de la madre de nuestro poeta de manera muy superficial. Mi pequeña barca ha llegado al puerto hacia el que dirigió la proa cuando partió de la costa opuesta; y como el piélago ha sido pequeño, y aunque el mar que ella ha surcado ha sido poco profundo y tranquilo, no obstante quiero agradecer a aquel que ha prestado el viento a sus velas que yo no haya encontrado obstáculos.

Este artículo pertenece a Agua y Cultura, sección patrocinada por la Fundación Aquae | Puedes leer Trattatello in lode di Dante Alighieri en PDF.

Etiquetas: Agua y Cultura, Boccaccio, Dante, Fundación Aquae

Sobre el autor

Albert Lladó

Albert Lladó (Barcelona, 1980) escribe en La Vanguardia y es editor de Revista de Letras. Es autor de la obra de teatro 'La mancha' (Arola, 2015), estrenada en el TNC. Su último libro publicado es 'Los singulares individuos' (La Isla de Siltolá, 2016)

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