Esta vez el fuego, de Michele Monina

Como la filmografía de Fatih Akin, la ópera prima de Hanif Kureishi o buena parte de los relatos de Irvine Welsh, la espontánea trilogía que Periférica ha ido situando en las librerías durante los últimos meses a partir de Lionel Tran, Gul Y. Davis, y, ahora, Michele Monina...

¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo de patio?

Perec es un escritor anacrónico, de otro tiempo, que no tiene nada que ver ni con el mercado bestselleriano ni con la binarización de la cultura -1, todo; 0, nada-: es un escritor de matices, de un gusto exquisito aunque frecuentemente se sirva envuelto en modesto papel de estraza; leer a Georges Perec es, sobre todo, divertido y hasta orgiástico porque el parisino es un gamberro es su acepción más literal...

El hombre del traje gris

En una carta que le escribe DeLillo a Jonathan Franzen le comenta que “si la lectura seria disminuye casi hasta la inexistencia, posiblemente significará que la cosa de que estamos hablando cuando hablamos de “identidad” ha llegado a su fin”. Franzen nos dice que no puede dejar de leer estas líneas sin dejar de sentir una ráfaga de esperanza...

Hacia donde mira el stlanik

“¿Cómo camina un hombre por la nieve?”, pregunta Shálamov al comienzo del primer volumen de sus relatos sobre Kolimá. “El trabajo más duro es para el primero, y cuando a éste se le agotan las fuerzas, lo reemplaza otro, del mismo quinteto de cabeza. De entre los que rigen los pasos del primero, cada uno de ellos, hasta el más pequeño, el más débil, tiene que pisar un trozo de capa nevada y no otra pisada...

Botchan

“Desde niño, he tenido una impulsividad innata que me viene de familia y que no ha hecho más que crearme problemas. Una vez, en la escuela primaria, salté desde la ventana de un primer piso y no pude andar durante una semana...

Guerra y lenguaje

Decía Joan Fuster que “la rosa, sin la literatura que le ha caído encima, no sería nada más que una col pequeña, insípida y de colores engañadores”; que hay alguna cosa –el lenguaje– que la ha convertido en la reina de las flores. El lenguaje no es, pues, un simple instrumento de comunicación ni ningún conjunto de signos arbitrarios...

La carretera

No sé ustedes, pero yo no suelo llorar de emoción con un libro. Me absorben, me hipnotizan, respiro por ellos, o me entusiasman hasta el punto de quedarme leyendo tarde en la madrugada. La lágrima se me escapa con el cine, o con música excepcional, no con los libros. Hasta ahora. Cormac McCarthy me ha hecho llorar...