Revista de Letras
12 años de Periodismo Cultural

Contra la literatura de la indignación, por Marina Sanmartín

Esta de moda leer a autores cabreados con el sistema, como si recorrer las palabras que expresan su enfado nos concediera una especie de bula papal que eximiese a nuestras conciencias del remordimiento por no rebelarnos de verdad. Cuánto más fuertes son los títulos, más breves los textos y más bajos los precios, mejor; más tienen las ediciones de insultos desbocados en la barra de un bareto sin licencia.

Esta de moda que los ancianos de la tribu, como Hessel y Sampedro, que sí han vivido y han participado físicamente de la batalla, actúen como impulsores de la sobremesa de los progres más jóvenes, que así se sienten más comprometidos y concienciados. No creo que fuera esa su intención e imagino que, en silencio, con una media sonrisa, se avergüenzan de nosotros.

Me enfado.

La subversión no debería quedar atrapada en la literatura, no es el mosquito en el ámbar de Parque Jurásico. La subversión no es prehistórica, es injusto que se retire a las urnas de cristal de los museos o se derive hacia debates inocuos que no influirán en las decisiones sobre las que se empeñan en discutir: de nada servirán las barreras a Internet ni eternizarse en la contemplación de los países que se hunden y nos recuerdan que esta vez tampoco hemos sido nosotros, aunque –para qué nos vamos a engañar- es probable que nuestra capitulación se halle a la vuelta de la esquina. El debate no es ese.

No hay que hablar del sistema, hay que hablar de nosotros: los responsables de la abstracción y de la permisividad y la indiferencia. Somos nosotros los que hemos llegado hasta aquí. Nadie más es culpable, nadie nos puso una pistola en la cabeza; la culpa es nuestra si permitimos que nos hagan trampas: nos parecemos a jugadores desinteresados de parchís, que se dejan matar mientras se quejan de su mala suerte.

Leo en La tierra permanece que los intelectuales no son buenos líderes a la hora de conducir efectivamente al pueblo. La antigüedad habla por sí sola.

¿A qué estamos jugando?

Las arengas se leen en las plazas de las ciudades que se hunden en la guerra, no a la luz de la lámpara de Ikea que ocupa nuestra mesita de noche y proyecta la sombra del despertador.

… y lo peor es que este post, después de todo lo que dice, se convierte en sí mismo en una contradicción.

Un amigo al que aprecio, la otra tarde, puso en su estado de Facebook: “¡A las barricadas!”; la forma de hacerle caso es facilitar a las librerías de humanidades la consecución de su presupuesto.

Marina Sanmartín
La Fallera Cósmica

Pequeña bibliografía de la indignación

.COMITÉ INVISIBLE. La insurrección que viene (Melusina, Junio 2009)

.HESSEL, S. ¡Indignaos! (Destino, Febrero 2011)

.MAYOR ZARAGOZA, FEDERICO. Delito de silencio (Comanegra, Marzo 2011)

.ECO, CARLOS. Indígnese (Ediart-Pena Veiras,  Marzo 2011)

.ASKENAZY y COUTROT. Manifiesto de economistas aterrados (Barataria, Marzo 2011)

.VV. AA. Reacciona (Aguilar, Abril 2011)

Etiquetas: ¡Indignaos!, José Luis Sampedro, Stéphane Hessel, Sublevación, Subversión

Sobre el autor

Marina Sanmartín

Marina Sanmartín (Valencia, 1977), periodista, escritora y librera, es "La fallera cósmica", premio RdL a Mejor Blog Nacional de Creación Literaria. Actualmente trabaja en su primera novela, "El principio del desierto", tras la publicación del libro de relatos "La vida después", editado por Baile del Sol.

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