«Still Life», de Juan Vico | Revista de Letras
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«Still Life», de Juan Vico

Still Life. Juan Vico
Universitat Autònoma de Barcelona
(Bellaterra, Barcelona, 2011)

“Abrir los ojos es romperse por el centro”. Con este verso de Lezama Lima abre Juan Vico (Barcelona, 1975) su nuevo poemario Still Life. Vico trama, en su primera parte, la luz de su naturaleza muerta de la mano, por ejemplo, de un Brueghel particular, donde un guante negro, de perfil, y como si estuviese encajado en la mano de un fantasma, es pateado por dos niños, contrastando con la saturación de la nieve. Y es que la poesía de Vico es contraste, descomposición sobre vida, tiempo quieto, búsqueda deslumbrante. Y camina en ese abrir de ojos y romperse por el centro acompañado de Rothko, Paul Klee, Balthus o Bacon, por situar alguno de esos autores con los que comparte una visión alucinada pero a la vez sustancial. Porque Vico trasciende. Y lo hace desde el ahora, desde lo más actual. Y no se libra de la pegajosa caída existencial, con una voz propia, juguetona y rotunda, así pinta su “Autorretrato”:

“Repito mi nombre hasta el hartazgo (…) Su sabor: / entre mohoso y dulzón, ligeramente ácido, insospechadamente / vulgar”.

Vico teje la luz en una primera parte que titula, precisamente, “Tramar la luz”, y en la segunda, situado el color en la paleta, pinta la quietud y el recinto en su conjunto de poemas con título “Dominical (Interior con figuras)”. A diferencia de la primera parte, en esta el tiempo se vuelve “luz perezosa del domingo” y la serie transcurre en un espacio cercado, el poeta es atrapado por la carne y el paisaje interior. Y el lector experimenta esa inquietud, el tiempo que se detiene. Así, en el poema III, se muestra claramente el espacio cercado:

“El reloj se deshace / de todo lastre interpretativo, / como poco antes lo intentaran / el espejo y la ventana. (…) Un paisaje borroso, alveolar, / se insinúa sobre tu espalda, una mancha en la pared / reclama a gritos / otro marco / sutilmente / desdorado”.

Juan Vico (foto cedida por el poeta)

Lo micro toma la importancia de lo macro, y el universo puede situarse en el antebrazo, en los restos del café o en los arañazos de la madera, pues “Mi universo / no es ya más que un gran bostezo”. La mañana del domingo se detiene y el poeta hace girar el mundo tomando como centro unas clavículas, un cuerpo dormido, “la línea de fuga de tu cuello”, y ahí las cortinas se agitan, las palabras giran en espiral, comienza el pálpito y la vida fluye. Es por ello que Still Life es disección luminosa y terrible, a golpe de bisturí poético, de una naturaleza muerta que está viva, batiéndose entre líneas. Y si la mañana dominical discurre en el “foso turbio de tu taza”, la noche de Still Life es, además de americana, deseo, temor a la luz y búsqueda. “Noche americana” es la tercera parte del poemario. Las escenas siguen esa ansia de superposición y la experiencia y memoria cinéfila es constante en Vico, siempre en danza con el deseo. Como en el poema “Hiroshima, mon amour”, donde

“Desaparece la historia / entre tus muslos, / la larga lucha de los hombres / es sólo un mito flotando / boca abajo / en el lodo tibio de de esta noche / imprecisa / y febrero / no más que un nombre / que ensucia mis dientes”.

Una vez el autor ha situado el color a través del contraste y la mañana en el interior (espacial y físicamente), se abandona a la noche destapando paisajes y la nada que le rodea, “las ventanas ciegas / como alfileres”. Y es que Vico consigue tejer el revés de la existencia en Still Life a través del envés, sin despegarse de esa angustia de la búsqueda donde el poeta deja caer los puños y la verdades, donde pasea “fuera de tiempo por sus afueras, / como por el borde de una vieja polaroid”. Y después de todo, el regreso. Así en su último poema “Days of Being Wild»: “La luna tiembla / en el retrovisor, / de vuelta a casa”. Una vez se regresa de esa exploración incansable solo queda, irremediablemente, comenzar de nuevo.

*Still Life ha sido publicado por el servicio de publicaciones de la Universitat Autònoma de Barcelona, dentro de la colección “Gabriel Ferrater”, tras resultar ganador del premio “Divendres culturals” de 2011.

Iván Humanes Bespín
http://ivanhumanes.blogspot.com

Iván Humanes

Iván Humanes (Barcelona, 1976). Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona. En el 2005 publicó el libro "La memoria del laberinto" (Biblioteca CyH), en 2006 el ensayo "Malditos. La biblioteca olvidada" (Grafein Ed.) y en 2007 en la obra "101 coños" (Grafein Ed.). Prepara la publicación de su libro de relatos "Los caníbales" con la editorial Libros del Innombrable y la publicación de la novela "La emboscada" con la editorial coruñesa InÉditor.

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