Revista de Letras

A propósito de “Seda”, de Alessandro Baricco

23 septiembre 2010 Críticas

Seda. Alessandro Baricco
Traducción de Xavier González y Carlos Gumper
Anagrama (Barcelona, 1997)

Hace algunas semanas, una colega italiana –lectora empedernida ella– me preguntó por qué Seda, esa novelita que es más bien un cuento largo o una nouvelle, había tenido tanta aceptación en España, bastante más de la que tuvo en su país de origen. Remarcó que Océano Mar o Esta historia tienen mucho más mérito. Pero, al menos aquí, el gran público sólo relaciona al escritor turinés con esta fábula protagonizada por Hervé Joncourt, el aventurero buscador de gusanos de seda.

El hecho de no hallar una contestación concreta a aquella pregunta me motivó a recuperar su lectura. Podría haber arriesgado una respuesta fácil, como que es el típico regalo para quedar bien en cumpleaños o navidades, al tratarse de un libro tan breve y sencillo de leer. O que, desde que se rodó la película, es un título recurrente para elogiarlo o destriparlo a gusto e piacere. O incluso que el debate suscitado por su calidad literaria ha creado una bola de nieve que no deja de generar adeptos y detractores. Debate que no tiene atisbos de acabar, y que este artículo viene a atizar todavía más.

Lo cierto es que si Seda no tuviera tanta exposición, no habría surgido tal charla y este artículo ni siquiera hubiese sido escrito.

Hablamos de la historia de un comerciante de gusanos de seda que viaja a Japón para conseguir huevos de calidad, aunque acaba enamorado de los inquietantes ojos de una mujer de rasgos occidentales: se trata ni más ni menos que de la amante de Hara Kei, el señor de las tierras que producen los mejores huevos de gusano del mundo. En Francia, mientras tanto, lo esperan su mujer, su jefe y toda una población que vive de los huevos que él recoge. Ése sería, a grandes trazos, el tejido grueso de la historia.

La conclusión que obtuve tras esta segunda lectura fue que Seda es un entretenido y conmovedor relato, y ya está. La prosa tiene sus carencias, sus excesivas pretensiones. Se le pueden encontrar mil pegas si rizamos el rizo. Pero cuanto más releo pasajes que han llamado mi atención, más me convenzo de que el autor lo escribió sin premeditación, en un par de días, y sólo después de acabarlo se dio cuenta de lo que le salió.

Alessandro Baricco es de esos escritores que, obra a obra, dirige sus esfuerzos en establecer un tono único y personal, que marque camino. Para lo cual se empeña en transgredir normas de puntuación, en crear párrafos donde debería ir punto y seguido, en hacer hablar a los personajes cuando deberían callar, y viceversa… Seda es un desfile de estas premisas. Y todo con una economía narrativa que dota a la historia de una poquedad efectiva, como un schiaffo en la mejilla. Esto genera lagunas en muchos pasajes de la novela que, por fuerza, deben ser completadas por el lector. Por tal motivo resulta inexplicable que incurra en cansinos circunloquios, o bien en adjetivaciones que no aclaran la vista, sino que la nublan:

(…) Un solo día de retraso podía significar el fin. Lo sabía, y sin embargo no era capaz de marcharse. De modo que permaneció allí hasta que aconteció una cosa sorprendente e irracional: de la nada, de repente, apareció un chico.

No hacía falta remarcar lo “sorprendente e irracional”. El lector lo verá por su cuenta.

La mañana en la que [Baldabiou] partió, Hervé Joncour le acompañó, junto con Hélène, hasta la estación de tren de Avignon. Llevaba consigo una sola maleta, y esto también era relativamente inexplicable. Cuando vio el tren, parado en el andén, depositó la maleta en el suelo.

–Una vez conocí a uno que se había hecho construir una vía de ferrocarril sólo para él.

Dijo.

–Y lo mejor es que se la había hecho construir toda recta, centenares de kilómetros sin una curva. Había incluso un porqué, pero no lo recuerdo. Nunca se recuerdan los porqués. En fin, adiós.

¿Un homenaje a sí mismo? Ésta es una obvia alusión a Dann Rain, protagonista de su primera novela, Castelli di Rabbia (publicada en España como Tierras de cristal), quien se había hecho construir una línea de ferrocarril sólo para él. La anécdota no aporta nada a la trama, desaparece en la sucesión de hechos, y no pasa de ser un guiño a sus seguidores.

Asimismo, Seda deja demasiadas preguntas abiertas que no se cierran, y que el lector medio quizás se formule: ¿qué hace una mujer de rasgos occidentales en Japón?; ¿cómo es que habla francés Hara Kei?; ¿por qué Baldabiou, el empresario que promueve los viajes de Joncourt a Japón, abandona todo y desaparece de un día para el otro? También se le puede criticar la forma, su afán orientalista plagado de clichés occidentales, su apresurado final…

Baricco sólo quiso escribir una historia de amor, aunque la contraportada de la edición de Anagrama lo niegue. Después sólo era cosa de decorarlo: ¿Dónde? En Francia y en Japón. ¿Quién? Un viajante. ¿Qué busca? Buen precio y aventura. ¿Qué encuentra? Un par de ojos. Así dio forma a esto que no es una novela, sino un ejercicio narrativo, o mejor dicho un cuento escrito por un esteta. Con esto en absoluto busco ser peyorativo. Considero a Baricco un hábil narrador, que sabe lo que quiere y lo consigue. Y a Seda una historia que conmueve. Lo no dicho, el toque de irrealidad, la sutil melancolía generan preguntas que ni siquiera hace falta preguntarse. Es una fábula que actúa como un reloj. Y como todo reloj, además de dar la hora correcta debe tener un tictac armónico. Seda tiene todo esto. Un libro entretenido, modesto, que no pretende ser otra cosa que no es… E basta così.

El estilo ayuda a crear ese efecto, puesto que la prosa se diluye como un trozo de fina seda entre los dedos. A pesar de los desaciertos citados, a pesar de las preguntas sin respuestas, las someras pinceladas que nos brinda de, por ejemplo, la vera del lago en la que Joncour acaba sus días, la gigantesca jaula de pájaros, los desiertos que atraviesa o la intensa carta final, eso nos es suficiente para que su impronta se mantenga en nuestra retina y la historia se cierre con efectividad en el anteúltimo capítulo.

En definitiva, ¿qué busca un lector en un libro? ¿Un trasfondo ideológico firme, un alarde de retórica, fraseos correctamente concatenados? ¿O una historia bien contada? Es esto y es lo otro. Pero la lectura es también evasión, y si al levantar la vista del libro vemos, al menos por un rato, el mundo un poco diferente, con la tónica de la ficción que acabamos de leer, el libro ha cumplido su cometido.

Así que, estimado lector, si aún no has leído Seda, permíteme una recomendación: arroja los prejuicios lo más lejos que puedas. Olvídate de todo lo que dice este artículo. Desnuda tu mente y déjate llevar. Puesto que es un libro tan corto, construirás tu criterio en tan sólo unas horas. Podrás recordarlo durante semanas u olvidarlo enseguida, podrá llegarte al alma o no. Da igual. Pero al menos, estoy convencido de ello, pasarás un buen rato. Que no es poco.

El autor

Si bien es considerado por muchos críticos como uno de los grandes creadores italianos contemporáneos, no faltan quienes lo ven un bluff, uno de esos autores de lectura fácil y conformista. En este sentido, el artista Daniele Luttazzi ha opinado en la revista cultural Orizzonti, en obvia alusión a Baricco: “No soporto aquellos autores que usan la página para poner el propio yo por delante”. El crítico literario Giulio Ferroni suscribió, asimismo, un duro alegato titulado Del lado de los malos: a propósito de Baricco y otros escritores de moda.

Como fuere, no puede negarse que Baricco es de esos escritores multifacéticos, hiperactivos y con cierta pizca de histrionismo. Autor, además, de las novelas City, Sin sangre, Océano mar (ganadora del prestigioso premio Viareggio) y Esta historia, es también actor, dramaturgo, ensayista y crítico musical en los periódicos La Stampa y Repubblica. Durante los años noventa fue presentador televisivo de Pickwick, un popular programa sobre libros que, en palabras del escritor Claudio Paglieri, “invitó a los italianos a redescubrir el placer de la lectura”:

En 2008 debutó como realizador con la película Lecture 21, con guión es de su propia autoría, una coproducción ítalo-británica protagonizada por John Hurt, Noah Taylor y Leonor Watling:

Como era de esperarse, esta incursión en el séptimo arte también encontró sus detractores. Sin ningún tipo de eufemismos, el reconocido crítico cinematográfico Paolo Mereghetti calificó este debut de “desastroso”.

Actualmente, Alessandro Baricco codirige en su ciudad natal una escuela de escritura creativa, ya célebre en Italia, llamada Holden, en homenaje al protagonista de El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger

Seda: la película

En 2007, el canadiense François Girard trasladó a la gran pantalla las peripecias de Hervé Joncour y sus gusanos de seda, un largometraje protagonizado por Michael Pitt y Keira Knighley. Precisamente, la cinta será emitida por la cadena Antena 3, de Madrid, el próximo sábado 25 de septiembre a las 22 horas.

Franco Chiaravalloti
http://decatisondeteibol.blogspot.com

Etiquetas: Alessandro Baricco, Anagrama, Seda

Sobre el autor

Franco Chiaravalloti

Franco Chiaravalloti (Buenos Aires, 1979) es escritor y profesor de narrativa. Máster en Teoría de la Literatura por la Universidad de Barcelona, ha publicado el libro de cuentos 'Como un cuentagotas que se presiona suave, muy suavemente' (Hijos del Hule, 2009). Asimismo, suele colaborar como lector y redactor para diversas editoriales. Actualmente imparte clases de novela y cuento en la Escola d'Escriptura del Ateneu Barcelonès. En 2010, su blog 'Decati Sonde Teibol' fue finalista del premio Revista de Letras al Mejor Blog de Creación Literaria.

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10 Comentarios

  1. sanchez 11 octubre 2010 at 21:01

    …..estoy sorprendido por conocer a alguien que dice que ha leido esta novela, jajaja, por fin…………ya que a quienes oía hablar de ella notaba que lo hacían de una manera muy rara y todos descubrían que habían visto la película -que yo, poco aficionado al cine no he visto- pero no habían leido la novela; he de decir que me gustó y, a la vez, me sorprendió porque me gustan mucho los viajes y éste, para los que hemos viajado poco, era muy atractivo y luego, además, también me gustan los gusanos de seda, con lo cual…………miel sobre hojuelas; comprendo que un crítico ha de hacernos ver cosas que los lectores “normales” no vemos o no llegamos a desmenuzar una novela como lo puedan hacer ellos;………..;saludos y bienvenida esta crítica aunque no entiendo a qué viene ahora ya que la novela/nouvelle es de hace más de una década………lo dicho, y enhorabuena

  2. José A. Muñoz
    Josep A. Muñoz 13 octubre 2010 at 4:31

    Saludos, Sánchez.

    En Revista de Letras consideramos, al contrario que en buena parte del sector editorial e informativo, que los libros no tienen fecha de caducidad (¿cuántas novedades encontramos que, en realidad, han sido escritas hace décadas?).

    Hay dos motivos por los que un libro que no es reciente puede tener cabida en RdL: El primero, que el reseñista lo haya descubierto, leído, releído… en el momento de escribir su texto (puede ocurrir que, entre tantas novedades, se decida echar mano de una obra que nos gustó hace tiempo o que habíamos dejado pendiente), o que se sienta motivado a redactar un artículo sobre ella. El segundo es que nuestra publicación digital tiene dos años de vida y, como podrás imaginar, hay miles de libros que no han aparecido reseñados por aquí. Es una manera de ampliar el catálogo de recomendaciones más allá de lo nuevo. En este caso, además, se trata de un libro disponible aún en librerías.

    Y hay un tercer motivo: Nuestra política de no someternos exclusivamente a lo que dicta la actualidad o, dicho de otro modo, a lo que promocionan desde las editoriales. Ciertamente, nos movemos en un ámbito en el que se debe informar de lo que es noticia, de las novedades que encontramos en el mercado, etc., pero procuramos hacerlo desde la distancia y, siempre que podemos, manteniendo un margen prudencial, ya que no queremos convertirnos en una simple plataforma más de promoción para el sector.

    ¡Gracias por leernos!

  3. Ana 16 enero 2012 at 16:22

    Creo que una de las principales virtudes de este libro es, justamente, ese ascetismo narrativo que obliga al lector a construir e imaginar los espacios en blanco. Por lo menos es lo que a mí particularmente me seduce. Y creo que es también el sentido de la literatura, creer lo que el narrador cuenta y aportar a la construcción de ese relato. Es lo que hace a las historias perdurar en el tiempo.
    Saludos.

  4. Natalia 2 agosto 2012 at 2:45

    Es muy dificil poder explicar una sensación…. y generalmente un libro produce sensaciones que uno no puede explicar cuando se vincula con uno sensiblemente, y no desde el sistema mental. El final del libro me causó tristeza, vacio, consternación… como ponerle palabras a algo que ni uno bien entiende…. No sabía que el libro era famoso, llegó a mis manitos en Córdoba, Argentina para mi cumpleaños, y lo leí sin expectativas…. Comprendo ahora que me puse a buscar otras reflexiones que haya tenido repercusión porque le debe haber ocurrido lo mismo a otros seres que se vincularon sensiblemente con el libro. Tal vez fue una sensación similar a cuando uno termina de leer La insoportable levedad del ser, y aparece el sinsentido de la vida, de las vidas en general, y que la trascendencia de una historia, la que vive uno en su vida, se esfuma y queda flotando en el aire, para no ser conocida por nadie.

  5. Loany 27 marzo 2013 at 19:15

    me gustó esta novela corta… excepto la parte en que repite mucho la descripcion del viaje que hacia Hervé Joncour… pero en general es interesante la manera en que me obliga a imaginar lo que el autor deja oculto entre lineas… la pasion profunda que provocó la mujer con “cara de chiquilla y que sus ojos no tenian aspecto oriental” en el corazón de Hervé.. es un libro interesante…

  6. silveria Reyes Velasquez 4 abril 2013 at 5:35

    Me gusto la novela , pero me espera un final feliz ,ya que no se sabe por que BALDABIOU se fue si lo tenia todo llego tener dinero. Y que también el final de Herve joncour se quedar solo al final.

    muy bonita me gusto ´por que al leerla me imaginaba que estaba ahí

  7. hacedor de lluvia 4 abril 2013 at 17:46

    Cual fue la motivacion que tuvo franco Chiaravalloti para escrtibir la reseña?

  8. Constanza Gerter. 25 mayo 2013 at 1:02

    La verdad es que, personalmente, no me siento lo suficientemente inmiscuida en las costumbres o enseñanzas milenarias de oriente, en general -supongo que a gran parte de los occidentales les pasa lo mismo-, por lo que no me atreví a formular juicios precipitados sobre un texto que, a primera vista, me pareció superficial y algo pretencioso (al adoptar ciertas figuras literarias de manera forzosa, pero no queriendo realmente; digamos: genuinamente, expresarse de ese modo). Pudo ser que, en efecto, el autor sí gozara de esa inclusión en la cultura japonesa, cosa de la que en este momento tiendo a dudar en cierta medida.

    Intentando llegar al corazón del libro, me he dado cuenta que no logro conseguirlo en lo más mínimo. Reconozco la musicalidad, la precisión de los diálogos; la reiteración obvia de lugares infinitos, eternos, suspensos en el tiempo, etc…; que sólo estimulan más el desarrollo trivial del libro. En qué sentido: es un ansia absurdo -casi alienante- que busca, por medio de artificios, simular un escenario tal que se presente al lector como una figura X, con la que el relator encaje perfectamente. El lector, no por esto, dejará de pensar críticamente la obra, descubriendo, al fin, tanto el escenario, como las máscaras, las caretas: la alienación innecesaria.

    Como cuando se va a ver al cine una taquilla: no pasan ni 10′ y ya se empieza a dudar; porque no se ve en la historia un interés real por parte del director -productora, para ser frontales- de transmitir verdaderamente una historia. De exponer SU historia. En cambio, la mentalidad de estas máquinas de hibridación es considerar el común múltiplo entre los espectadores; estudiar al público e introducir artificialmente los elementos que respondan a esas inclinaciones masivas (en el caso de las productoras de cine: historias de amor, muerte de algún personaje importante -ojalá no el principal-, suspenso, drama, y para qué seguir dando ejemplos; en el caso puntual de “Seda”: la musicalidad, precisión de los diálogos, alteración del orden esperable de estos, supuesto desinterés del narrador en la narración misma, todo a mi juicio parece un intento burdo de imitar los libros de sabiduría japonesa).

    Entonces, el posible atisbo de una filosofía más profunda que pudiera dejarse entrever por medio de la sutileza en la redacción, en un esquema premeditado de desinterés auténtico por la historia, el libro, y todo lo que esto implica (los personajes, la publicación, marketing, etc) se pierde en el exceso de recursos que Baricco se preocupó de dejar, de forma sellada, manifiestos en el libro.

    En fin, ahora que he leído más acerca de la pretendida profundidad del libro, del autor, y de los comentarios que los lectores han dejado olvidados por las cavernas cibernéticas de estas pantallas, me atrevo a decir que el libro es una grosera alevosía contra los preceptos iniciales que el mismo autor se predispuso a cumplir.

  9. nabil 28 noviembre 2013 at 17:06

    la verdad. me ha encantado la critica, yo tambien lo he leido y me ha ayudado a abrir los ojos. Muchas gracias, eres buen escritor y lector.

  10. Gueorgui Lozev 27 febrero 2014 at 23:17

    Hablando de Seda:
    Este escritor ha hecho algo parecido a la magia. Nos presenta fotografias a través de las palabras. No es algo normal, es un libro de una plasticidad apabullante.
    Lo recomiendo.

    George de Vigne
    http://www.librosenred.com/autores/georgedevigne.html

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