Revista de Letras

Soley-Beltran, cuerpo de letras

25 agosto 2014 Entrevistas, Portada
Patrícia Soley-Beltran | Foto: Willy Villacorta / Estilismo: Laia Encinas / Maquillaje: Making Faces

Patrícia Soley-Beltran | Foto: Willy Villacorta / Estilismo: Laia Encinas / Maquillaje: Making Faces

Recién llegada del congreso de la International Association of Women Philosophers de este año celebrado en Alcalá de Henares, Patrícia Soley-Beltran (Investigadora independiente, licenciada en Historia Cultural por la Universidad de Aberdeen y doctora en Sociología del género por la Universidad de Edimburgo) nos habla sobre identidad, narración, lenguaje, Judith Butler y Mae West.

La InternationalAssociation of Women Philosophers lleva desde los años 70 trabajando para dar voz y fuerza a las mujeres filósofas de todo el mundo. Sin embargo, usted no es filósofa, ¿cómo llegó al congreso?
De hecho, ya había participado en el congreso que celebraron en Barcelona. En esta ocasión, mi ponencia Divine Icons of Desire: Spiritual Rhetoric in Fashionable Body Cults había sido aceptada, pero yo estaba dudando en ir. Entonces mi amiga Judith Butler envió un correo a Stella Villarmea, organizadora del congreso, pidiendo que me invitaran a la cena “VIP”. Stella también es amiga pero Judith no lo sabía, y me hicieron sentir querida y valorada. Disfruté muchísimo escuchando las ponencias.

¿Una cena “VIP” de filósofas?
VIP no en el sentido más común y frecuente de la palabra, es decir, personas importantes normalmente por tener mayor poder adquisitivo o un estatus social más elevado, sino en el sentido de gente importante dentro del mundo de la filosofía. No se trata de hacer distinciones para hacer sentir mal a nadie, como ocurre con las jerarquías fashion. Precisamente, estas filósofas entienden la filosofía de un modo muy distinto al concepto clásico. Intentan responder las preguntas de la filosofía también desde las ciencias sociales y los estudios culturales. Se ensayan nuevos modos de pensar y de hacer. Es una perspectiva muy interdisciplinar. Por eso tiene cabida en este congreso de filosofía una investigadora académica interdisciplinaria como yo que, en esta ocasión, aunaba la reflexión de Walter Benjamin sobre el capitalismo como religión, con mi interpretación del glamour de la moda y la publicidad como su liturgia.

Una conexión atrevida.
Quizás pueda parecer que estos dos ámbitos, moda y filosofía, sean disociados, pero no es así. Se trata de nuestra percepción, del poder de la imagen… de hecho uno de los temas de mis estudios. La cuestión es que fui a la cena, presenté mi ponencia y, después de haber pasado una época de trabajo personal y recluso, recordé lo maravilloso que es estar en el mundo, y pensar, y compartir, y hablar, y beber vino, fumar puritos…

¿Cómo surgió la relación de amistad con Judith Butler?
La conocí cuando yo terminaba mi tesis sobre su teoría performativa del género. Ella hacía una Masterclass en la Universidad de Utrecht organizada por la filósofa Rosi Braidotti. Yo había pasado tantos años investigando el trabajo de Butler en mi doctorado que, cuando llegó el momento de hacerle una pregunta, me di cuenta que, de hecho, no le podía hacer ninguna porque ya conocía todas las respuestas. Esto no es así, por supuesto, pero a partir de allí surgió una relación de amistad y de mentora. Yo la he traducido, ella me ha leído. Yo la admiro como filósofa y persona porque tiene una manera muy generosa y compasiva de pensar el mundo.

En una ocasión, usted dijo que “escoger la ropa que nos ponemos implica decidir cómo queremos que nos vean”, ¿cómo debemos verla a usted?
De ninguna manera. A mi ya se me ha visto mucho, ahora deben oírme, escucharme, leerme.

Leerla. Porque usted ha sido modelo, es académica pero tiene además una creciente producción literaria.
Sí. Tras un par de libros académicos y diversos artículos científicos y divulgativos, estoy ultimando el manuscrito de mi ensayo ¡Divinas! Glamour, poder y mentiras. Al mismo tiempo, estoy compilando una colección de cuentos cortos y microcuentos de ficción autobiográfica humorística que llevo escribiendo desde hace más de una década. La escritura literaria me ha servido como herramienta para ahondar en cuestiones para las que el lenguaje sociológico no me alcanzaba.
Ahora ya no hago ficción autobiográfica sino que me estoy lanzando a escribir ficción. Por supuesto que se trata de una ficción cargada de un pósito biográfico como la de cualquier autor, pero el filtro es distinto.

Foto: Willy Villacorta

Foto: Willy Villacorta

Uno de los hilos transversales de su trabajo es la reflexión sobre la construcción social de la identidad, y, en particular, sobre la identidad como la narración de la propia vida.
Las personas vamos construyendo un poco la narración de quienes somos, de cómo nos explicamos a nosotros mismos y tratamos de encontrar coherencia allí donde tal vez no haya. A veces nos hacemos explicaciones teleológicas de nuestras acciones, sobretodo de nuestros errores, para ver que luego sucede otra cosa que da razón de ser a la primera. Nos narramos nuestra vida, nuestra identidad echando mano de un depósito de lugares comunes socialmente aceptados. Hace años que trabajo la identidad desde el punto de vista sociológico y estético – en su sentido más profundo- pero también me gusta acercarme a ella desde la ficción, que la ficción me permita reflejar el material más emocional de mi misma.

Si aceptamos la identidad como artificio, ¿cree que existe una identidad personal o que es en realidad una construcción constante?
Ambas cosas. Inicialmente se nos construye en un entorno cultural determinado que constituye nuestra identidad personal. Hay mucho impacto de construcción social en cada persona, de eso estoy totalmente convencida, pero también importa qué haces con lo que recibes. Yo soy muy foucaultiana en el sentido que entiendo la identidad como algo socialmente constituido. Creo que lo social nos posibilita y nos limita al mismo tiempo de un modo paradójico. Me entiendo a mi misma también bajo esta perspectiva. Y para poder hacerlo es imprescindible tener sentido del humor… por eso me gusta Mae West.

¡¿Mae West?!
Es una figura que conviene recuperar. Ella creó su propio personaje. Era explosiva y subversiva. Escribía todos sus textos y llegó a ir a la cárcel por una obra de teatro llamada Sex. Fue una literata, productora y mujer de negocios autodidacta, feminista, antirracista, defensora de los derechos de expresión que luchaba contra la hipocresía social y de los políticos. Me gusta este carácter subversivo de ella que mostraba una mujer sexualizada pero a la vez dueña de su propia sexualidad. Una mujer que no tiene miedo de su sexualidad. Y, por experiencia personal, te puedo decir que afirmarse como mujer dueña de su propia sexualidad sigue siendo subversivo. Se asocia la belleza y el atractivo sexual, particularmente el femenino, con el peligro, la desestabilización, la vanidad y el comercio, o con la falta de competencia intelectual. Hay que romper esa ecuación. Por eso creo que hoy en día Mae West seguiría siendo una persona controvertida, porque ataca esta manera discriminatoria de entender nuestra realidad corporal y sexual. Y lo hacía a través del sentido del humor, satirizando la hipocresía gracias a los personajes que creaba. Como ella misma afirmaba, West excitaba, estimulaba, pero nunca desmoralizaba. Estaba muy lejos de la superioridad fría y distante de la seducción al servicio del consumo. Esta supuesta superioridad del glamour actual sí que divide y desmoraliza.

Una identidad forjada por la narración de su vida, como decía antes.
Sí. La narración la utilizaba, la utilizamos todos, para perfilar nuestra identidad. Utilizamos sitios comunes, estándares de identidad, de género consensuados para justificar nuestras narraciones y, cuando alguien sale de ellos, se le considera loco o se le quiere poner en la cárcel, como le ocurrió a Mae West. Yo busco explorar los márgenes de este lenguaje compartido, entender cómo se construyen sus límites y se consensua lo aceptable y lo que no lo es.

La narración, pues, es un elemento muy importante para usted.
Me interesa. Y mucho. De pequeña tuve episodios de insomnio y leía toda la noche, hasta el punto que mi lectura nocturna acababa siendo más real que el día… Todavía me ocurre. Somos seres humanos, y uno de los rasgos distintivos de nuestra especie es el hecho de poseer un lenguaje muy sofisticado que nos constituye, quién somos, y nos limita, cómo somos. Es uno de los motivos por los cuales me interesa Butler, porque coge las ideas de performatividad de Austin y las aplica al cuerpo, a la idea de género, de identidad. Si el hecho de citar palabras y normas hace cosas, de alguna manera, las palabras hacen cuerpos. Nos constituimos, auto-constituimos e inter-constituimos a través del lenguaje. Un lenguaje que es una práctica, no una entelequia abstracta. Hay actos verbales que crean realidades sociales, son las llamadas locuciones performativas, y así actúan también sobre nuestra identidad. Mae west afirmaba que hablaba dos idiomas: inglés y cuerpo. Y conviene no olvidar que toda percepción del cuerpo la hacemos a través de categorías sociales.

Hablemos de eso.
Por ejemplo, los hombres no piensan tanto en su cuerpo porque la masculinidad tiende a asociarse simbólicamente con la mente, la razón y la cultura. A las mujeres se nos hace pensar más en nuestro cuerpo, porque la feminidad se asocia con el cuerpo, la emoción y la naturaleza. Además, nosotras aparecemos, nos constituimos en sujetas a través de la mirada del otro, como un espectáculo, mientras que los hombres actúan, son agentes activos. Pero conviene recordar que los hombres también tienen un cuerpo, también son vulnerables. Se trata de romper la dicotomía mente/cuerpo, cultura/natura, razón/emoción. Estos son binomios clásicos de la cultura y la filosofía, y de mucha gente que trabaja en el mundo ‘intelectual’ de las letras. Y no se puede entender esa ‘intelectualidad’ como algo exclusivamente masculino o de los hombres, porque estamos todos supeditados a este régimen de simbolización y categorización.

¿Y cómo podemos huir de este régimen?
Estas oposiciones simbólicas las podemos desmontar interrelacionando los ámbitos personal, político y académico. Y también asumiendo que la noción del individuo (o individua) autónomo y autocontenido es una ficción, aceptando que somos permeables, interdependientes, vulnerables. Gracias a una perspectiva crítica, feminista y de sociología del cuerpo, aquello que percibimos como contradictorio, deja de serlo, porque no hay ninguna contradicción en ocuparse del cuerpo y de la mente. La mera división es una entelequia dada a la hipocresía. No por el hecho de tener un cuerpo y disfrutarlo, por tratar de concebir la realidad de un modo no binario, por pensar que tienes un conocimiento posicionado, por reflexionar sobre tus sentimientos y sobre tus pasiones dejas de ser. Solamente estás construyendo una nueva narración.

Etiquetas: Identidad, Judith Butler, lenguaje, Mae West, narración, Patrícia Soley-Beltran, sociología

Sobre el autor

Roger Simeon

Roger Simeón es licenciado en Filosofía (UdG) y Periodismo (University of Stirling). Autor y dramaturgo que ha estrenado obras en Barcelona ('Tu i Jo', 'Els Convidats'), Londres ('You and Me') y Nueva York ('Los columpios'). Creador del blog literario 'Fitxes de lectura' y del teatral 'Moments de Teatre'.

¡Comparte este artículo!

Envía tu comentario