Revista de Letras

Todas las almas

24 julio 2008 Críticas

“Aunque el que habla no sea el mismo que estuvo allí.
Lo parece, pero no es el mismo […]. El que aquí cuenta lo que vio
y le ocurrió no es aquel que lo vio y al que le ocurrió,
ni tampoco es su prolongación, ni su sombra,
ni su heredero, ni su usurpador.”

Javier Marías, Todas las almas, Pág. 17

Argumenta Marías que habiendo escrito El hombre sentimental, Todas las almas era la primera novela que, de alguna manera, se nutría directamente y no exclusivamente de datos autobiográficos. Digo de alguna manera, por que toda novela, por muy escindida que esté de la vida del escritor y circunscrita sólo al reino de su imaginación, no puede dejar de pertenecer, como sugiere el mismo Marías, al sustrato de vivencias, experiencias… que forman parte del autor y del que emerge la obra. De esta forma, hace hincapié en la importancia del primer parágrafo donde el narrador ya nos intenta advertir que aquel que cuenta lo que vio y le ocurrió no es aquel que lo vio y al que le ocurrió. Esto, según Marías, inscribe al personaje dentro de la categoría de ‘cualquiera’, desvinculándolo, así, de cualquier identificación con su persona. La necesidad de dejar clara la separación viene dada por el hecho que el autor comparte ciertas similitudes con el protagonista, hecho que podría llevar a identificar la novela con un relato autobiográfico.

Para ir por partes, cabría decir que la historia está situada en la ciudad universitaria de Oxford en Inglaterra, ciudad que parece estar conservada en almíbar y dónde sus habitantes parecen vivir en la misma perturbación que nuestro personaje. Así, nos describe el español, que mi estancia en esa ciudad fuera a ser una perturbación no tenía en cierto sentido nada de particular, en la medida en que todos los que viven allí están perturbados o son unos perturbados. Pues no están en el mundo, y eso ya es bastante para que, cuando salen a él (por ejemplo a Londres), les falte el aire, los oídos les zumben, pierdan el sentido del equilibrio, den traspiés y tengan que volver apresuradamente a la ciudad que los posibilita y guarda: allí ni siquiera están en el tiempo[…] Habiendo estado siempre en el mundo (habiendo pasado mi vida en el mundo), me veía de pronto fuera del mundo, como si me hubiera trasladado a otro elemento, el agua (Pág. 67-68). Es en este contexto, el personaje irá narrando en primera persona desde Madrid,  los recuerdos de su estancia en Oxford, exponiendo sus reflexiones acerca de la vida, la muerte, el amor a través de su relación con tres personajes: una amante, un amigo y un maestro. Así, la novela está íntegramente escrita en primeras persona, salvo un capítulo en el que, a través del diario de Cromer-Blake, se nos relata con narrador intradiegético homodiegético, una escena donde el mismo Cromer-Blake es protagonista (Pag. 45).

Por lo que se refiere al estilo, una de las metáforas que, a mi modo de ver, más juego dan en la novela es la del cubo de basura, donde, según el protagonista, esa bolsa, ese cubo, son a veces los únicos testigos de lo que ocurre durante la jornada de un hombre solo, y es allí donde se van depositando los restos, los rastros de ese hombre a lo largo del día, su mitad descartada, lo que ha decidido no ser ni tomar para sí, el negativo de lo que ha comido, de lo que ha bebido, de lo que ha fumado de lo que ha utilizado, de lo que ha comprado, de lo que ha producido y de lo que ha llegado (Pág. 82). También somos lo que desechamos. Nos solemos fijar en lo que descartamos cuando no sabemos lo que queremos o nos encontramos perturbados, ya que desechar o no elegir son una forma de elección. En una situación parecida se encuentra el personaje principal, ya que como señalábamos antes, se encuentra fuera del mundo, y va configurando su personalidad, por lo que desecha o no aprovecha, como, por ejemplo, su encuentro con una mujer que lo atrae en el tren y a la que, sin embargo, no aborda, para luego comenzar una relación con Clare Bayes, que lo llevará hacia el final mediante un juego increíble, donde se hace patente la importancia de la separación entre Marías y el narrador, a relacionar un escritor muerto con el desenlace de una historia donde el cómo es, tal vez, lo más importante.

Sobre el autor

Diego Giménez

Diego Giménez, doctor en filosofía y pensamiento (UB) con una tesis sobre "El libro del desasosiego" de Fernando Pessoa, ha realizado diferentes actividades relacionadas con la literatura y el periodismo. Ha trabajado como redactor de LaVanguardia.com y en 2008 cofundó Revista de Letras. Actualmente está terminando un proyecto de investigación que prevé la publicación del libro "História do 'Livro do Desassossego'" en la editorial Angelus Novus con una beca financiada por la Fundación Calouste Gulbenkian.

¡Comparte este artículo!

Envía tu comentario