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El peregrinaje del preso

23 diciembre 2019 Críticas, Portada

E. E. Cummings | Foto: Nocturna Ediciones

“Lo que por encima de todo hacía a la muerte digna de ser vivida y a la vida digna de ser muerta en La Ferté Macé era el aspecto cinético de aquella institución: la llegada, uno a uno o en grupos, de nouveaux de diversas nacionalidades con la que nuestra existencia -de no ser por ello más o menos simple- se veía felizmente complicada y nuestra putrescente placidez, sacudida por una dichosa violencia”.

E. E. Cummings (1894-1962) considerado como un poeta modernista de forma libre y uno de los poetas norteamericanos más relevantes del siglo XX, además de ejercerse en otros campos como la pintura, dejó un enorme legado literario en prosa, desde obras de teatro pasando por ensayos hasta textos autobiográficos. La habitación enorme (Nocturna Ediciones, 2019) se encuentra entre estas últimas.

Con un prólogo de Susan Cheever (autora de una muy completa biografía de Cummings), La habitación enorme arranca con un prólogo compuesto por las diferentes cartas que el padre de Cummings, el reverendo Edward Cummings, envío al presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson durante la época en la que el paradero en Europa durante la Primera Guerra Mundial era una incógnita, llegando incluso a recibir informaciones de que había muerto. A su regreso, en vez de afrontar una demanda judicial por lo sucedido, decidieron que Cummings relatara su experiencia a través de un libro. De ahí surge, La habitación enorme, un libro autobiográfico dado lo anterior, pero que, en caso de no conocerse el contexto, podría leerse sin problema como una novela muy particular.

“Pocos minutos después llegamos a la estación, que me costó reconocer. Los resplandores amarillos de las farolas, vastos y amorfos en la bruma nocturna, algunas figuras que se movían de acá para allá en un pequeño andén, un susurro de conversación: todo parecía ridículamente contenido, bellamente anormal, deliciosamente insano. Cada figura estaba envuelta en su espectro individual; unos cuantos fantasmas que habían salido a pasear cada uno por su cuenta, pero que por alguna razón habían elegido este fantástico rincón del mundo, esta inquieta y putrescente lobreguez. Incluso mis guardias hablaban en susurros”.

Nocturna Ediciones

La habitación enorme comienza en 1917, con Cummings sirviendo como voluntario para el servicio de ambulancias en Francia durante la guerra junto a su compañero, B., cuando ambos son arrastrados y acusados de traidores por unas cartas en las que su amigo cuestiona la guerra y su participación de ella. Ambos son enviados a La Ferté-Macé, donde estarán recluidos cerca de cuatro meses dado que aquellos que debían revisar sus casos, estaban de vacaciones. Es decir, en verdad, está prisionero sin una acusación en regla.

Así, Cummings relata a lo largo del libro esa estancia y su trayecto previo hacia ella mediante un trabajo literario en el que el realismo descriptivo se da la mano con una subjetividad extrema a la hora de detallar a sus treinta compañeros de cautiverio y de exponer sus emociones y sentimientos en la enorme sala. De hecho, Cummings logra, desde su mirada, conformar una realidad extraña, absurda y, en última instancia, evidenciar la gran farsa en la que se ha visto involucrado. Ahora bien, una farsa no exenta de tragedia.

La pose de intelectual irónico que aborda lo trágico desde la ironía y el humor esconde el verdadero horror de Cummings ante la situación y el espacio. Es, en verdad, su forma de defenderse desde el recuerdo. De ahí que el estilo de Cummings, tan libre, poetizando la prosa para extraer de esta todo su potencial, suponga un trabajo literario y estético que busca transcender el terror de la situación; no tanto embellecerlo como combatirlo con la posibilidad de articular unos recuerdos dolorosos mediante la libertad de la escritura.

“De no haber tenido causas totalmente reales, sus tribulaciones habrían hecho pensar en una manía persecutoria. Por lo visto, no había ningún método que pudiera aliviarlas; sólo sería posible de una forma: con la Libertad. No sólo con su libertad personal, sino con la puesta en libertad también de todos y cada uno de sus compañeros de cautiverio”.

Que Cummings use El progreso del peregrino de John Bunyan como base para construir la novela, con referencias claras a personajes de la obra de Bunyan, introduce un elemento casi religioso a su cautiverio, el cual deviene en calvario expresado en diferentes fases. Las cuales varían de tono sin apenas transición, mostrando los cambios bruscos de humor y de ánimo ante la situación. La vulnerabilidad, la presencia de la muerte de manera directa e indirecta, la falta de libertad y el absurdo de la situación, que deviene finalmente como metáfora de lo absurdo de lo bélico, aparecen en un relato de gran dureza a pesar de su aspecto liviano. O, quizá, ese aspecto leve es el que aporta dureza a la narración.

Cummings opta por un impresionismo literario que ayuda a unas descripciones tan realistas como en ocasiones grotescas, apoyadas por los dibujos que realizó en el momento y que amplían el relato por su sencillez. Imágenes que apoyan el recuerdo y la memoria de Cummings, quien, ya a salvo, es capaz de mirar hacia su experiencia y crear una excelente obra literaria alrededor del sufrimiento. Podría hacer pensar en la posibilidad de usar la literatura como rehacimiento de lo real, pero más bien supone su uso en busca de una mayor comprensión del dolor y de hablar de la farsa en sus propios términos. También, como la constatación escrita de que, durante ese período, algo en él se perdió para siempre.

“Estoy en La Habitación Enorme por última vez. Me estoy despidiendo. No, no soy yo quien se está despidiendo. En realidad es algún otro, quizá yo mismo. Quizá yo mismo haya estrechado la mano de un pequeño ser con un brazo seco, un pequeño ser en cuyos ojos por alguna razón hay lagrimas”.

Etiquetas: e. e. cummings, Estados Unidos, humor, ironía, La habitación enorme, prisionero

Sobre el autor

Israel Paredes

Israel Paredes (Madrid, 1978). Licenciado en Teoría e Historia del Arte es autor, entre otros, de los libros Imágenes del cuerpo y John Cassavetes. Claroscuro Americano. Ha colaborado en más de una treintena de libros colectivos. Colabora actualmente en varios medios como Dirigido por, Imágenes, y es coordinador de la sección de cine de Playtime, suplemento del periódico El Plural, y publicado en La Balsa de la Medusa, Clarín, Revista de Occidente y otros medios.

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