Miguel Ángel Delgado | Foto: Amaya Aznar

Tesla en los márgenes

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Miguel Ángel Delgado | Foto: Amaya Aznar
Miguel Ángel Delgado | Foto: Amaya Aznar

El principio del siglo XXI ha propiciado una especie de renacimiento de la figura de Nikola Tesla, como si de repente la reivindicación de su figura supusiera una vuelta de tuerca a la concepción de toda la Segunda Revolución Industrial. En España su gran valedor ha sido Miguel Ángel Delgado, quien desde una doble vertiente que aúna ciencia y pedagogía lo ha presentado en sociedad. Ahora, a la espera de una gran exposición en la Fundación Telefónica, lo hace con Tesla y la conspiración de la luz (Destino), una novela con muchos entresijos que sólo una buena charla con el autor puede revelar en su justa medida.
Quedamos en la cafetería de la Laie, nos sentamos en una mesa nada apartada y tras la típica charla de reencuentro procedemos a iniciar unas plácidas hostilidades. Enciendo la grabadora.

¿Cómo nace tu obsesión tesliana?
De casualidad. Me lo topé por primera vez en El palacio de la luna, de Paul Auster, donde un personaje cuenta la historia de Tesla en seis páginas y me quedó la duda de si ese personaje existió. Y así fue cómo me interesé y fui comprando libros aquí y allá…

Y así devino una afición de largo recorrido.
Sí. Turner publicó la biografía de Margaret Cheney (ndlr: Nikola Tesla: El genio al que le robaron la luz), la primera editada en España, y hablé con la editora. Esa biografía era de los años ochenta y así surgió la traducción de textos de Tesla al castellano.

En la esfera global Tesla es un personaje muy popular.
Sí, pero desde un territorio alternativo. El tema va a más y tiene un goteo constante en la cultura popular, de Fincher a Echenoz. Ahora hablan de si la película de Disney Tomorrow Land irá sobre Tesla y también se están presentando coches eléctricos con el nombre de Tesla, se menciona en series de televisión…

Y en España tú eres quien lo introduce.
Pero no es nada buscado, salió así.

¿Cómo ha resultado pasar de la teoría a la ficción?
Tenía ganas de hincarle el diente a la novela, y claro, Tesla estaba ahí, le daba vueltas a la cosa, pero no me apetecía contar su vida, quería hacer algo distinto.

Y Relámpagos de Echenoz aun está muy reciente.
Y lo contó estupendamente. No me motivaba. Me puse a releer la serie Lucky Star de Isaac Asimov, libros muy divulgativos que me inspiraron. Y así fue como se inició el proceso. Mis libros ensayísticos sobre el tema me dieron una base para hilvanar biografías de los personajes de esa época y de este modo todo cobró forma.

Destino
Destino

Y así surgió, dentro de la voluntad de no ser biográfico, surgió una novela que es pura fantasía.
Sí, pero ojo, todo el Nueva York que se cuenta está sacado de los textos de Tesla. Se puede discutir su viabilidad, pero esa era la idea que él tenía del futuro. Me interesaba mostrar su capacidad visionaria, y es con eso con lo que construí la novela y marqué el escenario.

Como si todas sus propuestas hubieran triunfado en el mundo de 1931.
Eso es, que hubiera triunfado la Torre Wardenclyffe, que no se la hubieran tirado y que se hubiesen desarrollado todas sus ideas, desde los autómatas hasta la conexión inalámbrica. Evidentemente es un recurso de ficción.

Cuando empiezas a leer la novela choca encontrar ese mundo.
Y Tesla aparece muy avanzada la historia, primero planteo el mundo donde se desarrolla la trama.

¿Pensaste en alguna película o en algún libro como inspiración?
Lo que más tenía en mente era una ilustración de 1917 de My Inventions, con una visión alucinante del futuro, muy al estilo de Frank R. Paul. Robert Hoolbrook y su corto My Inventions también fue importante a la hora de configurar la visión de ese mundo que no fue y reflejo en la novela.

Mientras leía pensaba en Metrópolis, de Fritz Lang.
Claro, está, es el pez que se muerde la cola, mucha de esa iconografía surge de Tesla. En 1941 aparece un corto de Superman donde un científico con acento extranjero con el rayo de la muerte, y como este ejemplo muchos otros. El arranque con una nave que llega nos recuerda a Blade Runner…

Que es la otra influencia que noté en el texto. Por otra parte tu novela está repleta de muchos personajes que propician el nacimiento de la ciencia ficción.
Sí, esa ciencia ficción de principios de los años treinta, muy ingenua, que cree en el poder de la ciencia y la ve como un progreso donde todo es posible.

La Segunda Revolución Industrial permite este auge de la ciencia ficción.
Hasta que llega el átomo y con Hiroshima todo se vuelve negrísimo, una especie de repetición de lo que pasó con la Primera Guerra Mundial, que cercena la fe en el progreso porque lo único que multiplica es la capacidad de matar.

Y aquí planteas la distinción entre lo bueno y lo nocivo de la tecnología.
En la sociedad ideal de la novela son muchos los que creen vivir en el mejor de los mundos, en una sociedad perfecta, pero en realidad no es así. Tengo poca fe en las utopías, incluida la tecnológica.

1931 se asocia con la crisis de 1929, pero en la sociedad perfecta de la novela no hay un atisbo del hundimiento de Wall Street.
En la novela no existe la crisis por el desarrollo perfecto de esa sociedad, pero 1931 es por la muerte de Edison.

Y de ahí arrancan todas las piezas.
Exacto, incluido el elegir un protagonista como Edgar que me permite trazar el típico esquema de novela de aventura y la idea de aprendizaje.

Edgar es el prototipo del niño que admiraba muchísimo a Edison, por aquel entonces una especie de padre de la patria.
Y eso le pasa un poco al lector, habrá teslianos y otros que piensen que el propio Tesla es un carácter de ficción.

El protagonista asume a partir de Edison un discurso oficial que margina a Tesla.
En realidad fue así en vida. Edison a principios de siglo XX era una pequeña antigualla, pero Henry Ford dedica una fortuna a devolverle a primera línea, reconstruir su laboratorio y hasta le organiza un homenaje nacional con el encendido de la bombilla en 1929 al que acuden miles de personas, un fenómeno nacional.

Era un ídolo.
Venerado, hasta el cine realiza El joven Edison con Spencer Tracy y eso es una campaña de Ford para coronar a Edison como padre de la patria.

Supongo que la pureza americana de Edison también ayudó al ostracismo de Tesla.
Edison se convierte en el perfecto americano. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial Tesla se quedó en una situación más bien delicada.

Cuando tuvo mucha relación con los grandes de su tiempo.
Sí, en la última década del siglo XIX Tesla está plenamente insertado en la vida social de un Nueva York por donde pasan todas las personalidades que cuentan. En esa época era de buen tono interesarse por la ciencia y la tecnología. El Players, el club de Mark Twain, se fundó para que la gente del mundo artístico tuviera relación con el mundo económico, era una relación excepcional dentro de un período fascinante.

Y tú juntas a todos en la novela. ¿Cómo pensaste la trama?
Tenía una idea muy sencilla de la trama. Iba a ser una novela mucho más corta, pero mientras la desarrollaba vi que pedía muchas más cosas, como aspectos de la segunda parte que no estaban antes en mi cabeza. Una novela con una mayor unidad temporal y un único escenario, Nueva York. Iba a transcurrir en menos días, pero la propia historia me pidió crecer.

La tardía aparición de Tesla también la tenías planeada desde antes de empezar a escribir.
Sí, y hasta pensé que no apareciera en el título de la novela. Quería que fuese un descubrimiento. Cuando aparece no lo hace con su nombre, los teslianos pueden captar su aparición entre el hotel y las palomas, pero mi intención era que se descubriera poco a poco y fuera una especie de figura paterna para Edgar.

El niño al ser un adolescente curioso te dio mucho juego para hilvanar un discurso científico.
Está en lo desconocido y tiene curiosidad científica, quiere ser aviador. En ese mundo tan aburrido le fascina que el orden se resquebraje y la seguridad se pierda.

E insistes mucho en lo de la seguridad, hasta que no muere Edison está todo lleno de certezas.
La semana pasada se presentó un Tesla Model pensado para tener piloto automático. La tecnología nos vuelve blandos. Imagina que nos quedamos un día sin internet. ¿Qué pasaría? Nos volveríamos locos.

En la novela está muy asumida la tecnología, se observa desde la complacencia.
Sí, y el escenario de la novela es de una dictadura suave, hay un político que ni gobierna porque los poderes económicos por detrás, de manera suave, manejan los hilos.

Y el desmorone, que no es comparable a nuestro tiempo, se asemeja a ciertos aspectos previos a la crisis en la que aun estamos sumidos.
Piensa en la nube, imagina que revienta. Sería una locura. Y mira que no soy en absoluto paranoico ni creo en conspiraciones. Internet nos ayuda mucho, pero no sustituye a otras cosas.

Supongo que aquí entra la cuestión de su buen uso.
Si te para un policía por la calle y te fríe a preguntas te pondrás nervioso y hasta te indignarás, pero en cambio en la red soltamos nuestros datos con una facilidad más que pasmosa.

Va un poco por aquí la cosa, ellos en la novela no se preguntan el porqué de la tecnología.
Sí, Edgar alucina al saber que antes de su época los barcos iban a vapor, ni le entra en la cabeza. Otro ejemplo de lo que digo es Diana Torregrossa, la hija de Daniel Torregrosa, divulgador científico que tiene el magnífico blog Ese punto azul pálido. La niña, que en la novela es Diana Rosstower, dijo en un ejercicio que la radio la inventó Tesla y la suspendieron, porque claro, en general la gente piensa que fue Marconi.

Edison y los demás forman parte de estas certezas asumidas.
Y la obsesión es que no se descubra la mentira, como si no quisieran que se comprobara la existencia de un mundo diferente. Edison pertenece a la generación que pensaba aun que todo era posible, hasta un periódico inventó que había inventado una máquina que fabricaba comida y la gente lo creyó, la fe en él era enorme.

¿Cómo pensaste la operación para que ese edificio se desmoronara en la novela?
Tenía muchas ideas basadas en la realidad. A Edison le quitan de la primera línea de General Electric y queda como presidente de honor. En el libro aparece el tema de la sucesión y hasta Tom Edison Junior, un tipo eclipsado por su padre que vivía de ceder su nombre a cremas de zapatos, pero los abogados de su padre le prohibieron usar el apellido porque era propiedad de su padre. Se casó con una corista, se divorció al mes, se alcoholizó…

La muerte de Edison inicia la problemática y luego llegan las amenazas que provocan la confrontación en la novela.
Los que no se han beneficiado de ese mundo maravilloso irrumpen para desmentir ese orden. Cuando murió Edison su agonía fue una especie de espectáculo público…

Como la muerte de Juan Pablo II.
Pues sí, y eso que el país no estaba para muchas alegrías, fue un gran suceso mediático, casi parece un campo de pruebas para calibrar el impacto de estos hechos en el gran público, y la muerte del Padre de la Patria era perfecta para eso. Imagina que llega a existir la televisión en ese momento…

Y con el fallecimiento de Edison surge la reivindicación de Tesla. No es él quien salta a la palestra, lo reivindican otros…
Y eso es un guiño a que Tesla le han hecho más daño los teslianos que los demás, alguno con su entusiasmo le adjudica una cantidad de tonterías que sólo le ha perjudicado, como decir que inventó los platillos volantes o que le enviaron los marcianos. Son cosas que han mantenido su nombre en círculos alternativos, pero también han logrado desacreditar su figura. En la novela se plantea esta diatriba entre teslianos de bien y los otros.

Los que amenazan lo reinvindican desde algo negativo.
Que ni siquiera es por Tesla, se escudan en él para vengarse.

¿Te costó mezclar acción y pedagogía?
Fue lo más curioso. Había escrito cuentos de ficción con mucha vida interna, sin acción. La ciencia tiene que explicarse e intenté abordar el tema lo mejor que pude. La acción me resultó muy difícil de escribir, sobre todo porque estamos contaminados de la que sale en las películas. No puedes contar la acción a lo Julio Verne.

Los diálogos te ayudaron a dar vida y velocidad a la trama.
Me preocupaba dar la información justa, no montar una novela enciclopédica, la acción debe respirar porque la historia es lo fundamental.

Si ajustas las piezas la novela puede ser un acicate para entrar en textos más sesudos.
Sin duda, pero ahora tengo ideas para otras novelas de otro estilo.

¿Tras esta novela has matado a tu Tesla?
No puedo afirmarlo, pero creativamente mis ideas van por otros caminos.

Pero va contigo.
Sí, pero me gustaría aparcarlo. Ahora las ideas que tengo quieren hablar de científicos que no son para nada teslianos.

Jordi Corominas i Julián

Jordi Corominas i Julián (Barcelona, 1979) ha publicado dos novelas en catalán ('Una dona que sap jugar amb els peus' y 'Colors', editadas por Abadía Editors), una biografía histórica en italiano ('Macrina la Madre', 2005) y el poemario 'Paseos simultáneos' (Ed. Vitrubio, 2010). En 2009 coeditó la antología 'Matar en Barcelona' (Alpha Decay). En 2011 publicó 'Loopoesía(s)' (Descrito Ediciones) y el cuento 'John Wayne' (Sigueleyendo). Es integrante y fundador del proyecto poético-experimental Loopoesia. Como crítico coedita 'Panfleto calidoscopio', y colabora en varios medios, entre los que destaca RNE. En 2012 ha publicado los poemarios 'El gladiador silenciado' (Versos&Reversos), 'Oceanografías' (Vitruvio) y la novela 'José García' (Barataria). En 2013 salió su poemario 'Los lotófagos' y en 2014 aparecerá su suite 'Al aire libre', versos con los que el proyecto Loopoesía cumplirá un lustro de existencia.

1 Comentario

  1. Es con notoria frecuencia con la que leo, -incluso aquí mismo, en esta página-, y escucho mucho, sobre todo a los Españoles, decir o nombrar a los ciudadanos o residentes de los U.s.a, como si fueran los únicos «americanos, o Norteamericanos», cuando existe un gentilicio que tiene que usarse, aunque no suene tan… pero estos, ni son los únicos, tampoco los más septentrionales, y son simples ESTADOUNIDENSES… porque los Catalanes también son Españoles, de la misma forma como gran parte del norte de Mexico, al igual que todo Canadá, son también norteamericanos, y más de 22 países, incluyendo los insulares como Cuba, etc, también son AMERICANOS.
    ¡Ya es hora de corregir en bien de la precisión y la verdad!

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