Revista de Letras

Poesía como acontecimiento

Laia López Manrique | Foto: La Garúa

Laia López Manrique | Foto: La Garúa

Uno de los acontecimientos de la primavera literaria en Barcelona ha sido la presentación de La mujer cíclica (La Garúa, 2014), de Laia López Manrique, que tuvo lugar a principios de junio en la flamante y recién inaugurada librería Calders, en el barrio de Sant Antoni, junto a los también poetas Lola Nieto y Álex Chico. A veces, poesía y acontecimiento parecen términos contrarios, pero La mujer cíclica los ha reunido sin paradoja posible.

López Manrique ha recreado, en su segundo libro, su mundo poético genuino, lleno de las referencias que no sólo la identifican como persona y como creadora, sino que toman forma y se escriben en las fronteras que el lenguaje le permite investigar, fronteras que se pueden asimilar con las del propio cuerpo, frente a una concepción intelectual de la creación, como demiurgo y límite de todo lo conocido:

La Garúa

La Garúa

mi cuerpo es la razón,

la única razón

que me ocupa

y me basta

Como en la película Persona (1964), donde la presencia rotunda de los cuerpos permite a Ingmar Bergman reunir lo que permanece pero también el instante de tránsito de una existencia que cambia sucesivamente de un estado hacia otro; los poemas de La mujer cíclica se desarrollan como cuerpos, como seres vivos: tienen un inicio sobre el que van creciendo, tomando forma, endureciéndose, haciéndose en espiral como los ciclos de la vida. Pero, también se trazan desde la multiplicación del sujeto, en este caso López Manrique da forma a su ser femenino sin renunciar, por ello, a otras posibilidades, como la masculina o, incluso, a la neutra –que no asexuada–, en la que el creador decididamente no toma partido por ningún sexo. Así, el lenguaje poético ayuda a la autora a asumir, de forma no reduccionista sino compleja, diferentes identidades.

Esta multiplicación, que toma forma cíclica como el título del libro nos sugiere, hace de la poesía posibilidad, andamiaje sobre la que decir la frontera, el campo de sombras, la tierra de nadie con la que se identifica la creación, siempre haciendo del límite del cuerpo con su entorno el umbral en el que todo existe. En este caso el lenguaje es columna sustancial sobre la que descansa no solo el yo del poeta sino todo su universo creativo; el lenguaje como cuerpo en toda su dimensión matérica y temporal, con sus heridas como huellas y su progresivo desmoronamiento, y también en sus dimensiones simbólicas, con su deseo, sus infinitas maneras de representarse, de limitarse o transformarse. Así, la poesía le permite a la autora asumir todas estas paradojas sin entrar en contradicción:

(…) He deseado la vida en absoluto y en absoluto la muerte.

Al fin, nos encontramos ante unos poemas eminentemente reflexivos, que incluso se alargan hasta tomar la forma de prosa poética, asumiendo voces de personajes, de actrices, de escritoras, que vuelven de otras épocas para reencarnarse aquí no como recuerdos sino para decir su temporalidad, para volver a vivir en el hoy.

La mujer cíclica es poesía que no se limita, que abre, que amplía, que arriesga, que traza un camino sugerente. Laia López Manrique es una voz fresca, pasional y equilibrada, es una autora que va a permanecer.

Etiquetas: Ingmar Bergman, La mujer cíclica, Laia López Manrique, librería Calders

Sobre el autor

Agustín Calvo Galán

Agustín Calvo Galán (Barcelona, 1968) ha publicado 'Letras transformistas', una selección de sus poemas conceptuales y visuales (2005), 'Otra ciudad' (libro objeto, 2006), 'Poemas para el entreacto' (2007) y 'A la vendimia en Portugal' (2009). Su obra como poeta visual ha sido recogida en varias antologías especializadas.

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