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Visiones místicas en un mundo desolador

En su último libro, 'Guerra interior', Angelica Liddell ahonda en la batalla contra la trivialidad a favor de lo intempestivo

‘Una costilla sobre la mesa’ Angelica Liddell | Foto: Youtube

Coincidiendo con el paso de Una costilla sobre la mesa: Madre, por los Teatros del Canal en el marco del Festival de Otoño, que debería haber tenido su complemento con Una costilla sobre la mesa: Padre, la editorial La Uña Rota edita el último libro, Guerra interior, de Angélica Liddell, como viene haciendo la editorial desde hace años con su obra literaria.

“Más bien se puede vivir agonizando, pues, aunque con frecuencia cuerpo y alma se fusionen en uno solo y único temblor, no es la guerra de la carne sino la del espíritu. A veces necesitamos la irrupción y la intervención del amor para librarla. Y lo cierto es que jamás conseguiríamos regresar a casa sin esa guerra”.

Loubna es la protagonista de Guerra interior, o, mejor dicho, el sujeto alrededor del cual gira una historia que toma la forma de los Libros de vida de los místicos. Porque ella, de alguna manera, lo es. Guerra interior se articular en cinco secciones, con la cuarta, La historia de Ahmed y Loubna, como la principal, al menos en cuanto a extensión. En ella, Liddell sitúa a ambos personajes en París y desde su superficie sigue la relación entre ambos, basada en una convulsión interna que tiene su correlación con una externa. Alrededor de esta historia, Liddell incluye las otras secciones: las primeras sirven como su preámbulo; la última, titulada Angélica en el desierto, parece apuntar a que la propia autora se sitúa en el centro del relato; y lo hace, en todo momento, pero a su modo.

“El alma carece de forma y apariencia salvo la que le concede el arte, es decir, la forma del alma es lo bello”.

La Uña Rota

Con Guerra interior, Liddell parece, como apunta el rótulo “Luto 2019-2020”, con el que abre el libro, seguir indagando en el dolor o, mejor dicho, en su superación; pero también en la agonía, en la penitencia y, finalmente, en el éxtasis en un proceso creativo que revela una profunda meditación sobre cómo transmitir la búsqueda de la expresión exacta para proyectar una prosa llena de poesía que trascienda. Hay siempre en Liddell, ya sea en su trabajo escénico, ya sea en sus escritos, una constante búsqueda de dos conceptos tan abstractos y fundamentalmente unidos como son el amor y la belleza. Así, Guerra interior, como indica su título, y más allá de sus resonancias religiosas, remite a una profunda batalla interior que linda con la locura entendida como vehículo para acceder a revelaciones internas que de otra manera quedarían ocultas. Así, mediante un proceso que remite a la mística, Liddell desacraliza la literatura para volver a sacralizarla, para situarla en un lugar en el que la palabra, y el verbo, vuelvan a tener un sentido que va más allá de su significado narrativo, de aquello que representa como significante, y adquiera una forma que abrace una verdad interior que puede o no puede ser compartida por el lector, pero que desde luego posee una gran potencia evocadora.

“Qué difícil, el silencio. No consiste exactamente en estar callados. Cuando uno vive en soledad está callado. Esto es otra cosa. No es callar. Es un silencio arduo y pedregoso pues al ser compartido con otros se junta el silencio con silencio y resuena como hecatombe. Es un silencio ritual. Es sacrificio”.

Hay dureza en las palabras de Liddell, y una mirada hacia el mundo crítica y, en ocasiones, violenta en su rechazo hacia la normatividad más hipócrita. Hay descontento ante un mundo que ha abrazado abiertamente, y descaradamente, una fealdad que debe ser superada con urgencia. La batalla solo puede librarse en el interior para alcanzar, de puertas hacia fuera, una belleza que conduzca hacia un entendimiento que se libere de toda atadura material. Liddell persigue con su literatura una liberación mística en el que el artificio desaparezca. Una austeridad formal y estilística para combatir el vacío y lo banal, para situar lo importante en el centro del discurso narrativo. Liddell crea imágenes internas que revelan no solo síntomas personales del personaje; los trasciende para que hablan de algo más abstracto, una idea de estar y de mirar al mundo para encontrar bajo las texturas de lo visible aquello que puede embellecer una realidad carcomida y sucia. Hay en las palabras de Liddell siempre tanto dolor como una constante búsqueda de un amor totalizador y sincero. Pleno y, quizá, ajeno a los humanos. Por eso, al final de Guerra interior, leemos: “Entre los hombres y los ángeles, me quedo con los ángeles”.

Aunque gran parte la obra de Liddell, por no decir toda, tienen un punto de arranque experiencial personal, la escritora sitúa al lector o al espectador en un espacio de continúo cuestionamiento. Puede no resultar sencillo dejarse llevar a los territorios a los que nos desplaza, en ocasiones mediante un humor soterrado que, sin embargo, no niega la profundidad de una mirada que rehúye lo normativo para alcanzar otros estados despojados de todo lo superfluo para que pueda surgir un humanismo que no tenga que ver con lo material ni lo impuesto, sino más bien por emociones más sinceras que conduzca hacia un amor de una pureza que Liddell intenta desesperadamente transformar en literatura.

Israel Paredes

Israel Paredes (Madrid, 1978). Licenciado en Teoría e Historia del Arte es autor, entre otros, de los libros 'Imágenes del cuerpo' y 'John Cassavetes. Claroscuro Americano'. Colabora actualmente en varios medios como Dirigido por, Imágenes, 'La Balsa de la Medusa', 'Clarín', 'Revista de Occidente', entre otros. Es coordinador de la sección de cine de Playtime de 'El Plural'.

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