Sergio del Molino| Foto: Lara Albuixec

La España vacía

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Sergio del Molino| Foto: Lara Albuixec
Sergio del Molino| Foto: Lara Albuixec

En una de sus muchas definiciones, la inteligencia es eso que consiste en simplificar lo complejo o complicar lo simple.

Lo hizo Einstein doblegando los misterios del universo a una solo y famosa línea matemática; lo hizo recientemente Martín Caparrós regalándonos más de 600 páginas sobre algo tan común y humano como es el hambre. Lo consiguió Tolstoi, lo alcanzó Wittgenstein, lo lograron Svetlana Alexievich, Zadie Smith, Kafka o Montaigne.

También lo consigue Sergio del Molino en La España vacía. Viaje por un país que nunca fue, su último libro publicado el pasado mes de abril por la editorial Turner Noema.

En el caso del escritor de origen madrileño residente en Zaragoza, se trata de la segunda excepción del concepto inteligencia. Del Molino toma un tema aparentemente anodino, la despoblación que sufren ciertas zonas de España, y arma un texto que va mucho más allá del tratado demográfico raso.

En la España Vacía, esa España que representa el 53% del territorio, esa tierra que excluye todas las cornisas costeras y donde no hay grandes ciudades, viven el 15,75% del los españoles. Éste es el punto de partida no declarado de este libro y el punto a partir del cual, Sergio del Molino empieza a profundizar y a desarrollar otros muchos temas: La historia de la España vacía y su relación en ocasiones de odio con la España europea y cosmopolita que la menosprecia, los mitos tenebrosos que revolotean sobre el territorio despoblado, las consecuencias políticas y sociales de vivir en un país macroencefálico o los frustrados intentos llevados a cabo por los intelectuales de la república por acercar las dos Españas.

Se trata de un relato sobre España elaborado desde esas zonas (pues Del Molino en su trabajo como periodista ha viajado a muchas de ellas) que con frecuencia no cuenta con escritores para ser contadas. Ese es probablemente el gran acierto de esta obra: no pontificar como ha sido frecuente desde la centralidad de la capital sobre el estado de «provincias», sino explicar un mundo dando voz a los que habitan ese mundo, por muy pocos que sean.

Turner Noema
Turner Noema

En nuestros días afirmar que ésta es una obra de difícil clasificación es algo trillado, un lugar común. Pese a esto, en el caso que nos ocupa el tópico moderno es del todo cierto. En La España vacía se entremezclan distintos registros para acabar conformando un libro que se lee velozmente, se devora. La crónica periodística, el ensayo, el libro de viajes o la narración histórica son algunos de los palos (palos pues me resisto a decir géneros) que el autor toca y que terminan por conformar un rara avis no apto para escritores envidiosos. Del Molino sabe mucho y de muchas cosas, y tiene ese talento especial gracias al cual consigue explicar lo complejo de modo ameno; previo a haber complicado lo simple.

Con todo lo dicho queda claro que Sergio del Molino escribe desplegando su inteligencia y lo que es mejor, haciéndonos más inteligentes a los lectores, sin embargo, como otros teóricos del concepto arguyen, no hay sabiduría sin humor. Especialmente gratificantes son esos pasajes de La España vacía en los que se entremezclan con naturalidad y comicidad, posos culturales de muy distinta procedencia. Del Molino nos arranca una sonrisa cuando compara los viajes de Azorín por territorio español con los realizados por los beatniks por Estados Unidos o cuando como alegoría de la gestión política en la Extremadura socialista de Rodríguez Ibarra toma por referente a la banda de rock Extremoduro.

La España vacía, con todo, pertenece a esa clase de libro que desgraciadamente  (aunque espero equivocarme) no transciende más allá de los ambientes literarios. No porque no lo merezca, sino por otros motivos que poco tienen que ver con la literatura. Su difícil filiación en un mercado que necesita encajonarlo todo en categorías estancas y fácilmente vendibles, su tema verdaderamente polémico demasiado alejado de los círculos culturales urbanos españoles o la simple falta de lectores potenciales que puedan interesarse por la despoblación de ciertas zonas de España, son algunos de los motivos. Así de cruda es la «España llena» hacia los libros que hablan de sus despojos.

La España vacía, y en eso espero y creo que acierto, se ha convertido desde que ha aparecido en las librerías en un referente literario para entender la España rural y su relación de amor y odio con la España ciudadana. Veremos si con el tiempo acaba por convertirse en un clásico.

Albert Alexandre

Albert Alexandre (Barcelona, 1987) es licenciado en Historia, tiene un Máster en Creación Literaria y otro en Literatura, Arte y Pensamiento. Ha colaborado como articulista en medios como 'Cultura Colectiva', 'Culturamas', 'Código Nuevo', 'Vice', 'La Directa', 'Arainfo' o 'El Cotidiano'.

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