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Revista de Letras
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Annie Ernaux: "Lo sexual es una cuestión política"

27 septiembre 2019 Entrevistas, Portada

Annie Ernaux | Foto: Cati Cladera

“¿Por dónde empezar? Quizá por la incredulidad que sentí cuando se me anunció que había ganado el premio Formentor, como otros grandes escritores del mundo entero antes que yo. Me sentí dividida entre el orgullo y un sentimiento de ilegitimidad o, más bien, gracias a la sensación de orgullo, por la que reconocía la justicia del jurado y de su veredicto, intentaba acallar la duda y el temor de mi ilegitimidad. Que el premio, a lo largo del tiempo, haya recompensado a pocas escritoras, me situaba, además, en una posición ambigua: la de lamentar la desigualdad anterior con respecto a las mujeres, a la vez que me sentía secretamente valorada como excepción”.

Así comenzó Annie Ernaux su discurso de recepción del Premio Formentor de las Letras 2019. La escritora francesa, a lo largo de su lectura, repasó su trayectoria y su vida a través de un itinerario en el que reflexionaba sobre el proceso vital que condujo a Ernaux a elaborar una narrativa tan rica tanto en su mirada íntima y personal, como a su inclusión en el un contexto social, histórico y político mucho más amplio.

Durante las jornadas de Formentor tuvimos ocasión de hablar con ella sobre su obra y, en especial, sobre Los años (Cabaret Voltaire, 2019), su última novela publicada en España.

Los años es un fresco, una novela total, frente a sus otras novelas, en apariencia más concretas, ¿cuál fue el proceso de escritura?
Fue muy largo, estuve trabajando en ella durante muchos años, alrededor de veinte. Hice lo contario a lo que había hecho hasta entonces, no partí de un punto de vista personal, de mi vida, sino adoptar el punto de vista de la Historia con mayúsculas.

En su obra a veces aparece una mirada negativa sobre su pasado, ¿en qué consiste ese sentimiento de vergüenza de clase que aparece en su obra? ¿Cree que sigue siendo igual de importante las diferencias sociales?
Las brechas sociales han existido siempre, pero me parece que se está produciendo un retroceso hacia una menor movilidad social. En cuanto al sentimiento de vergüenza, no es específico a mí y no creo que sea malo, es algo que surge cuando sales de tu entorno natural y te enfrentas a otras realidades. No es un término del todo peyorativo, lo uso para enfrentarme a ese pasado. Quien no lo siente es que no ha salido de ese entorno social y no ha conocido otras realidades.

Ha definido Los años como una autobiografía impersonal, ¿podría concretar más el término?
Es el término justo, aunque me gusta mucho más el de novela total. La forma que usé para su escritura es una forma amplia, porque usé más “ellos”, “se”, “él”, “ella”. Quería hablar en tercera persona, tanto en singular como en plural, para contar historias tanto generales como concretas, pero de forma que cada lector o lectora, aunque eso es algo que no sabía en el momento de la escritura, pueda identificarse o ver su vida en ese libro. Quería partir de un postulado filosófico y sociológico, donde lo psicológico tiene menos importancia que lo histórico o lo social. En el fondo, lo psicológico se reduce prácticamente a nada, por eso busqué que las historias particulares se explicasen y se entendiesen a través de la Historia que están viviendo. También otorgué mucha importancia en Los años a las palabras en cuanto a que también van cambiando con el desarrollo de la Historia. Por ejemplo, hay una época en Los años en la que la economía era muy importante y la gente utilizaba términos económicos para contar lo que está sucediendo en sus vidas e intenté recuperar, al hablar de ese momento, ese lenguaje social.

En varias de sus novelas habla del matrimonio desde diferentes perspectivas, ¿desaparece el amor con el matrimonio?
El dramaturgo Pierre-Augustin de Beaumarchais dijo que “hay matrimonios buenos, pero no los hay deliciosos”. En Francia ha decaído mucho el matrimonio. Es una institución que tiene que ver más algo más con la ley que con los sentimientos, de ahí las separaciones. El matrimonio, como la familia, en cierto modo son necesarios para que la sociedad, al menos tal y como está organizada la nuestra, se perpetúe. Al principio, evidentemente, es el amor el que hace que el matrimonio tenga sentido, la sexualidad se impone. Pero después, cuando decae esa pulsión, debe haber otro tipo de razones para mantenerse. A veces pueden ser razones poco confesables de manera abierta, como meramente económicas, porque no conviene la separación a ninguno de los dos en ese aspecto y mantienen su relación por interés monetario. Cuando se tienen pocos medios económicos, sale más barato vivir en pareja. Todo está relacionado. Por ejemplo, hay mujeres que cuando tienen que criar a sus hijos solas, con pocos medios, llegan a decir que era mejor antes cuando no había posibilidad de separación o divorcio. Pero lo que hay detrás de esto es grave. Se trata de desigualdades sociales muy acentuadas, de que la mujer cobra menos que el hombre. No hay problemas femeninos específicos, la maternidad y el aborto evidentemente sí, pero el resto tiene que ver más con temas de clase y desigualdades sociales.

En Regarde les lumières mon amour, escribe que “ver para escribir, es ver de otra manera”.  ¿Es consciente constantemente de todo lo que va a escribir?
Es muy importante que deje claro que mi primera impresión hacia el mundo es sensible y no intelectual. Aunque ese libro, en concreto, fue un encargo y sabía desde el principio lo que iba a escribir. Por eso miraba con precisión aquello de lo que debía escribir. Por lo demás, es una cuestión de sensibilidad. Después trabajo con la memoria, con las impresiones que me han quedado. Un trabajo más sensorial, en muchos aspectos, antes que intelectual. Dejo que la memoria haga las selecciones oportunas de esas impresiones.

Dice que “escribir sobre la propia madre plantea, a la fuerza, el problema de la escritura”, ¿por qué?
Quizá, tan solo quizá, porque venía de ella la prohibición o el permiso de poder escribir. Me dejó escribir, pero lo que he escrito después, de haber podido, seguramente me lo habría prohibido. En esa intersección entre la prohibición y el permiso y el posible rechazo a lo que escribo, insisto, quizá, se encuentra la esencia de esa frase y de mi escritura.

Habla de “la dimensión política de intimidad”, ¿de qué se trata en su obra?
Querríamos que nuestra intimidad fuera un dominio reservado, pero no es así. No escapa a lo político. Por ejemplo, la sensibilidad es una cuestión de época, dado que evoluciona. También es una cuestión de clase social. Lo sexual, todos nuestros sentimientos, son cuestiones políticas. Creemos que nuestra historia nos pertenece, siguiendo la cita de Ortega y Gasset que abre Los años, pero no es así. Tenemos tan solo nuestra propia historia y, por desgracia, a veces ni nos pertenece.

Todas las imágenes desaparecerán, ¿es para usted la literatura una lucha para preservar el pasado?
El olvido es la ley de la vida y la escritura, como cualquier arte o expresión artística figurativa, o la fotografía, sirven para guardar esas imágenes, esos recuerdos, aquello que queremos preservar. Lo que caracteriza a la humanidad es la capacidad para preservar mediante el arte aquello que está destinado a desaparecer.

Etiquetas: aborto, Annie Ernaux, España, Historia, itinerario, Los años, matrimonio, Premio Formentor, sexualidad

Sobre el autor

Israel Paredes

Israel Paredes (Madrid, 1978). Licenciado en Teoría e Historia del Arte es autor, entre otros, de los libros Imágenes del cuerpo y John Cassavetes. Claroscuro Americano. Ha colaborado en más de una treintena de libros colectivos. Colabora actualmente en varios medios como Dirigido por, Imágenes, y es coordinador de la sección de cine de Playtime, suplemento del periódico El Plural, y publicado en La Balsa de la Medusa, Clarín, Revista de Occidente y otros medios.

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