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Reconstruyendo el mito Brontë

Hermanas Brontë | Retrato de Branwell Brontë | WikiMedia Commons

“Si los estudios del siglo XX se dedicaron a indagar la relación entre el yo y la obra, entre lo biográfico y el yo personal, yo abriría un paquete prohibido: el sentimentalismo. Me apropiaría de todas las investigaciones hechas hasta el momento, haría la ruta Brontë británica, la irlandesa y la belga, pero también abrevaría de las fuentes desacreditadas: chismes, videntes, farmacéuticos, borrachos, fantasmas, la cuñada del guardia”.

El fragmento anterior corresponde a Mis libros prohibidos, texto con el que Laura Ramos cierra su magnífico ensayo Infernales. La hermandad Brontë. Charlotte, Emily, Anne y Branwell (Taurus, 2019); en él, la escritora argentina revela de manera breve el origen y proceso de llegada hasta la escritura del libro. Unas palabras que definen en gran medida su fondo y su forma.

Ramos comienza con los orígenes de la familia de los hermanos Brontë trazando la genealogía de la familia de la madre, Maria Branwell, y del padre, Patrick Brontë; la muerte de la madre supondrá el primer fallecimiento de la familia que marcará unas vidas de inicios itinerantes hasta que se asientan en Haworth, en Yorkshire, en la casa parroquial que regirá el padre y que se convertirá en el centro del universo Brontë.

De manera cronológica, pero con suficientes fugas a la hora de seguir a los personajes, Ramos se adentra en la vida íntima de la familia atendiendo a diferentes fuentes bibliográficas, pero también recurriendo constantemente a la copiosa correspondencia que a lo largo de sus vidas mantuvieron entre sí y con amigos y familiares. Las diferentes estancias de las hermanas en escuelas potenciaron esa necesidad de comunicación, convertida en algo casi convulsivo y obsesivo por su parte. Una manera de expresión externa de unos mundos interiores complejos y no poco convulsos. Ramos ahonda en esas cartas para buscar estados anímicos, no solo como fuentes de información. A este respecto, Ramos se muestra exhaustiva a la hora de conformar el relato ensayístico, pero también muestra el deseo de componer una narración que se asemeje en tono y en fondo a las historias de las Brontë.

Taurus

Así, tanto en los cambios de capítulos, como en ocasiones en su interior, Ramos abandona tramas para recuperar y pasar a otras para, después, volver a ellas, creando un ritmo interno magnífico, apropiándose -dicho sin sentido peyorativo- del estilo de las Brontë. Ramos consigue aunar de manera muy personal la esencia ensayística con esta idea novelística para que Infernales tenga una singularidad propia: arroja, a partir de fuentes conocidas, una nueva mirada hacia sus vidas, a la par que las narra buscando una correlación con sus obras, pero no en el sentido de relacionar su intimidad con las páginas de sus novelas -algo que Ramos evita en términos generales-, sino para conseguir que Charlotte, Emily y Anne devengan, como Patrick, en personajes de una vida que bajo su aspecto normativo anidaban elementos vitales muy singulares.

Hay en el relato de Ramos de la vida de los Brontë tanto sentido de estar ante un recuento profusamente documentado y meditado, como de consciente incitación al lector a percibirlos, y a sus vidas, como personajes de una gran obra. Literaria o no. La muerte de la madre y, posteriormente, de las dos hermanas mayores, Maria y Elizabeth, debido a la tuberculosis, marcará la rectoría y sus vidas con un cierto halo siniestro:

“Las circunstancias que rodearon las muertes de Maria y Elizabeth, además de proporcionar a los niños una dimensión terrenal de la ficción calvinista del reverendo Carus Wilson, cristalizaron su imaginación en desvaríos tenebrosos y fantásticos a tono con la literatura gótica de la época”.

Una atmósfera extraña que Ramos extiende en su acercamiento ensayístico a sus vidas y que se encuentra representado, y muy bien elaborado y atendido por Ramos, sobre la creación de los hermanos de un proyecto literario anterior a sus novelas y que tenía tanto que ver con su formación como escritores como con sus vidas personales y las relaciones que establecían entre ellos.

Esta hermandad literaria, Juvenilia, estaba compuesta por dos mundos infernales: Angria, de la mano de Charlotte y Branwell, y Gondal, de Emily y Anne. Dedicaban horas y horas a su desarrollo, y los personajes iban variando en sus circunstancias y en sus destinos al compás de la vida de los Brontë. Ramos, a lo largo de Infernales, incide en esta creación, lo cual resulta de gran interés en cuanto a que conforma un correlato de cada momento específico de los Brontë, a la par que evidencia su gran capacidad de imaginación y de fabulación a la hora de conformar relatos en territorios fantásticos relacionados con su realidad.

Aunque Ramos se mueve por la vida de toda la familia, destaca en Infernales la atención a Branwell y Charlotte por motivos obvios. La segunda, la que sobrevivió a todos los hermanos, no así a su padre, se ocupó tras la muerte de Emily y Anne de poner en orden debido a los ataques recibidos a sus obras, Cumbres borrascosas (Emily) y Agnes Grey y La inquilina de Wildfell Hall (Anne), las cuales, como Jane Eyre (Charlotte) fueron publicadas en primera instancia bajo seudónimos: Currer Bell (Charlotte), Acton Bell (Anne) y Ellis Bell (Emily). Un trabajo de Charlotte que tuvo su extensión en la aparición, en 1857, dos años después de su fallecimiento, de La Vida de Charlotte Brontë de Elizabeth Gaskell, libro que se convertiría desde entonces en el texto base para posteriores acercamientos a sus vidas, asentando en sus páginas los perfiles de los hermanos que Ramos se ocupa, cuando es necesario, de contrarrestar con otras fuentes y cuestionar un libro canónico surgido de la inmediatez y de un deseo de crear unos mitos que, en su momento, venían alentados por cuestiones públicas y de posibles ventas.

En cuanto a Branwell, quien ha sido objeto de no pocos acercamientos, continúa en un cierto espacio de desconocimiento frente a sus hermanas. Resulta a este respecto gráfico ese autorretrato familiar que llevó a cabo el propio Branwell y cuyo rostro acabó ocultando para que, el paso del tiempo, lo haya ido revelando: la figura oculta de una hermandad que tenía tanto de terrenal como de trascendental, insuperables en muchos aspectos, capitales para la historia de la literatura. El hermano produjo una copiosa obra de poemas, más otros tipos de textos, pero nunca consiguió alcanzar lo que lograron sus hermanas. Quienes, a diferencia de él, asumieron de manera externa el lugar que debían ocupar como mujeres, mientras que Branwell fracasó en todos los intentos, auspiciados por su padre, de convertirlo en un gran artista y en el vehículo dignificador de la familia.

Ramos ha escrito en Infernales un ensayo magnífico, de lectura absorbente, capaz de ahondar en espacios tratados anteriormente con una mirada personal y novedosa, tamizando lo ensayístico, como decíamos, con un estilo cercano a lo ficcional. Un viaje hacia las vidas de los hermanos Brontë que, a su vez, supone una mirada hacia los procesos internos de la creación literaria y en la construcción de unas escritoras en un contexto muy particular en el que sus vidas íntimas y personales eran tan mundanas como, por su arte y gracia, novelescas, transcendiendo los contornos de sus realidades con su singularidad.

Etiquetas: Anne Brontë, Charlotte Brontë, Cumbres borrascosas, Elisabeth Gaskell, Emily Brontë, fabulación, familia, Infernales, intimidad, Jane Eyre, Laura Ramos, Yorkshire

Sobre el autor

Israel Paredes

Israel Paredes (Madrid, 1978). Licenciado en Teoría e Historia del Arte es autor, entre otros, de los libros Imágenes del cuerpo y John Cassavetes. Claroscuro Americano. Ha colaborado en más de una treintena de libros colectivos. Colabora actualmente en varios medios como Dirigido por, Imágenes, y es coordinador de la sección de cine de Playtime, suplemento del periódico El Plural, y publicado en La Balsa de la Medusa, Clarín, Revista de Occidente y otros medios.

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