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Laurence Debray: "Me educaron en el silencio"

25 septiembre 2019 Entrevistas, Portada

Laurence Debray | Foto: Anagrama

Laurence Debray publicó en 2017 en Francia Hija de revolucionarios (Anagrama, 2018), convirtiéndose en un fenómeno literario de ventas y, a su vez, un libro muy controvertido, y atacado por la visión crítica hacia una época que, la propia Debray, considera que todavía es intocable. En él, Debray, hija del filósofo Régis Debray y la antropóloga Elizabeth Burgos, recupera la historia de ambos cuando siendo muy jóvenes marcharon a Cuba para unirse a la guerrilla castrista. La detención de Debray y todo lo que supuso, tanto a nivel íntimo como general, teje una narración que busca plantear más preguntas que dar respuestas y, sobre todo, entender unas decisiones que, en su posición de hija, por lo sufrido, siguen siendo en muchos aspectos un misterio para ella.

Durante las Converses Literàries a Formentor tuvimos la ocasión de poder hablar con Debray sobre Hija de revolucionarios.

Preguntas y respuestas: “Buscaba tanto respuestas como crear un diálogo a través de esos sucesos. Pero no lo hubo, sobre todo ataques. Quería una conversación entre generaciones. Pero me atacaron por tocar a sus héroes, a sus mitos. No están acostumbrados a que se cuestione esa época, porque es cuestionar muchos elementos que sustentan su ideología. Por otro lado, quería entender el aspecto íntimo y personal, y para ello busqué en la medida de lo posible salir de las ideologías. Como hija, quería comprender lo que habían hecho, los motivos de aquellas decisiones que tomaron”.

Anagrama

Proceso de escritura: “Fue un proceso largo de digestión, y, en ocasiones, de indigestión. Primero, actué como historiadora, documentándome en archivos y periódicos, buscando información general, más objetiva. Después, a nivel familiar e íntimo, preguntando a quien quería responder a mis preguntar. Combinar dos tipos de información. Cuando lo tuve adopté una escritura distanciada, como si estuviese viendo una película con cierta épica, con sus héroes, con su acción y sus dramas. Quería ser parte del relato, pero también su espectadora. Adoptar una mirada externa en la medida de lo posible para poder llegar a lo íntimo, a lo oculto en la historia. Su escritura me ayudó a entender bien lo que significaba el apellido de Debray. Cuando mostré el manuscrito a mis padres, no se lo tomaron bien, tampoco demasiado mal... Mi padre me pidió que quitase cosas que no quería que saliesen a la luz; mi madre, en cambio no, pero fue duro para ella. Pero pensaba también en mis hijos, en que tengan un testimonio sobre quiénes eran sus abuelos”.

Preguntas y silencios: “Mis padres no contestaban a mis preguntas y tuve que hacerlo yo en muchos casos. Durante el proceso de escritura me di cuenta de que el problema era el silencio. Me educaron en el silencio. Y romper ese silencio fue complicado. Imposible, en realidad. Mis padres siempre tuvieron un pacto de silencio que no quisieron romper ni conmigo. Y si no lo he conseguido con este libro, no creo que lo haga nunca. Muchas cosas, por desgracia, quedarán en ese silencio”.

Dos padres: “Recrear literariamente todo el encarcelamiento de mi padre resultó muy emocionante para mí, con diferentes fases a la hora de enfrentarme a esa historia. Pero sobre todo porque la figura pública de mi padre es muy diferente a la que tenía en mi casa. He tenido dos padres y quise entender a ambos a través de Hija de revolucionarios. También intentar unir ambas figuras en una sola. Pero no lo conseguí del todo, en gran medida porque fue imposible que mi padre me hablase de muchas cosas”.

La figura de su madre: “Mi madre no tenía ese personaje público que sí tenía mi padre. Cuando mi padre deja la cárcel era un héroe, un personaje público, admirado y aplaudido, pero mi madre no tuvo nada de eso. Incluso a nivel íntimo, no fue casi reconocida por todo lo que hizo, por lo que sufrió. Pero había en su comportamiento más coherencia y flexibilidad. También 1uería comprender cómo ella aceptó casarse con un hombre que en principio estaba en la cárcel para cuarenta años. No entendía esa decisión”.

Figura admirada: “Durante toda esa época, en Francia, se hablaba de él en diferentes entornos, no solo los intelectuales de izquierdas. Su caso trascendió, en gran medida, porque mi padre hizo lo que los demás no tuvieron agallas de hacer: ir a la revolución. Él si estuvo allí, mientras el resto hablaban de la revolución sentados en los cafés parisinos. Se jugó la vida literalmente y eso le valió esa figura heroica a su regreso. Pero fue a hacer la revolución y, en cambio, no quiso hacerla en casa”.

Homenaje a una izquierda utópica: “Quise entender la historia de mis padres para poder entenderles a ellos. Lo que hicieron fue una entrega total de su juventud, casi de su vida. Pero no querían poder ni dinero. Quería en el fondo homenajear un momento en el que las luchas eran más puras. La política de izquierdas era otra cosa en esa época. No había la corrupción actual. Eran más idealistas, más utópicos, tenían algo que se ha perdido en la lucha actual. Por eso busqué que mis páginas fuesen también un gran homenaje a esa generación”.

Fotografía de las cubiertas: “La fotografía de la cubierta la elegí yo, sí. Quería mostrar hasta qué punto mis padres no respetaron ni mi infancia. Mostrar hasta qué punto su lucha y su ideología estaba por encima de absolutamente todo. Por otro lado, quería que el lector, al ver esa imagen antes de abrir el libro, me legitimara a hablar de lo que hablo. Porque yo viví la revolución desde dentro y desde fuera. Tengo derecho a contarlo y a que me den respuestas, aunque no las haya obtenido. Cuando regresé a Francia de ese campamento militar, fue brutal para mí regresar a mis ambientes burgueses y tener que integrarme de nuevo en una realidad tan radicalmente diferente. Me afectó mucho”.

Etiquetas: Converses Literàries a Formentor, Cuba, Francia, Hija de revolucionarias, Laurence Debray

Sobre el autor

Israel Paredes

Israel Paredes (Madrid, 1978). Licenciado en Teoría e Historia del Arte es autor, entre otros, de los libros Imágenes del cuerpo y John Cassavetes. Claroscuro Americano. Ha colaborado en más de una treintena de libros colectivos. Colabora actualmente en varios medios como Dirigido por, Imágenes, y es coordinador de la sección de cine de Playtime, suplemento del periódico El Plural, y publicado en La Balsa de la Medusa, Clarín, Revista de Occidente y otros medios.

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1 Comentario

  1. Solange Torena 8 noviembre 2019 at 0:45

    El haber sido educada con profundos silencios y omisiones es una complicada situación. Durante mi infancia recuerdo haber sido espectadora, para luego no poder expresarme de manera alguna. Ni siquiera ante el dolor físico, y menos aún el emocional.

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