Marcos Ordóñez | Foto: Carles Ribas

Ordóñez: «A un buen narrador hay que darle la palabra»

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Marcos Ordóñez | Foto: Carles Ribas
Marcos Ordóñez | Foto: Carles Ribas

Tras publicar en 2013 Un Jardín abandonado por los pájaros, una texto memorialístico, Marcos Ordóñez regresa a la narrativa con Big Time: la gran vida de Perico Vidal, publicado por Libros del Asteroide. Se trata de un libro difícilmente clasificable, en el que Ordóñez rinde homenaje a Perico Vidal, un hombre de cine, alguien que vivió el cine desde dentro desde que era un joven de apenas diecinueve años. Comenzó en el cine con Mr. Arkadin de Welles, una de las primeras grandes producciones rodadas en España; allí conoció a Frank Sinatra, con quien mantuvo una estrecha amistad. Su relación con David Lean le llevó hasta lo más alto, desde donde cayó por causa del alcoholismo. El autor reescribre y reconstruye las largas conversaciones que mantuvo durante meses con Perico Vidal, añadiendo al final el testimonio de su hija, Alana Vidal, quien cierra este libro que adquiere así un matiz novelesco, convirtiéndose en una novela de formación a la vez que una historia de redención, así como en un gran relato sobre los años de las grandes superproducciones norteamericanas y sobre el papel protagonista de los profesionales españoles.

En una entrevista anterior, usted me dijo que  “la memoria es turbulenta”. ¿Por qué la memoria ha sido tan turbulenta y tan olvidadiza con Perico Vidal?
No debe resultar extraña esta memoria olvidadiza, al contrario, es muy frecuente, puesto que la gente que no está en el primer plano suele pasar desapercibida, no se suele tener memoria de ella, es decir, si no se ha estado en primer plano difícilmente se será objeto de la memoria y del recuerdo colectivo.

Libros del Asteroide
Libros del Asteroide

Rescatando del olvido a Perico Vidal rescata a aquella gente de cine de la España de finales de los cincuenta de la que hoy poco se habla.
Dentro de esta lógica de la desmemoria, y a través de la figura de Perico Vidal, cuya persona me interesaba mucho, por su trayectoria profesional, por la gente que había conocido y por su manera de narrar su vida, he querido reivindicar la idea de equipo, una idea que ya estaba en cierta mesura presente en mi anterior ensayo Beberse la vida. Yo quería reivindicar el papel de los grandes artesanos del cine, es decir, de la gente del cine de los años cincuenta: de los técnicos y de los otros profesionales del cine, de todos aquellos que conformaban el equipo que hacía posible la película. Se ha tendido a olvidar a todas estas personas y se ha reforzado la idea de que los americanos llegaron a España para hacer películas y se encontraron un auténtico desierto donde no había nada; se ha pensado generalmente la llegada de los americanos y sus rodajes como la escena de la película Bienvenido Mr. Marshall, cuando en verdad en España ya había una industria del cine y había gente muy válida.

Precisamente, lo que se deduce del testimonio de Perico, es que había un gran equipo de profesionales del cine, del cual Perico era uno más.
Perico casi siempre habla en términos de equipo, utiliza en más de una ocasión el nosotros, la primera persona al plural para implicar y referirse a todos los compañeros que conformaban los equipos de rodaje. Perico utiliza siempre ese tiempo verbal para referirse a ese grupo de personas, a esa gente del cine, entre los cuales habían algunos que ya tenían una experiencia profesional, pues venían de hacer cine durante los años cuarenta, un cine que, dicho sea de paso, era bastante autárquico, pero que tenía grandes profesionales, y otros que, por el contrario, estaban comenzando su carrera profesional.

Pero Perico fue el que, aparentemente, destacaba por encima del resto.
Perico fue para su época un personaje muy insólito: en los años cincuenta era muy complicado encontrar a alguien que hablara, a parte del castellano, el inglés y el francés como un nativo y que al mismo tiempo fuera alguien que hubiera tenido una educación elevada, alguien que sabía estar y sabía comportarse en distintos ambientes.

Además de todo esto, había sido ganador en competiciones de natación de alto nivel.
Exacto, también nadador. De hecho, Perico hubiera podido destacar en otro ambientes, pero le pica el virus del cine y durante toda su vida no puede desprenderse de él.

Perico Vidal rodando | Foto: Libros del Asteroide
Perico Vidal rodando | Foto: Libros del Asteroide

Podemos por tanto decir que el olvido hacia la figura de Perico radica en que estaba fuera de cámara, es decir, alejado del foco.
Sí, hablando en general, podemos decirlo así, aunque debe tenerse en cuenta también que él no pasaba en absoluto desapercibido en ese mundo, en el mundo del cine, donde era valoradísimo, a pesar de que, obviamente, no tenía trascendencia, como es lógico, fuera del ámbito cinematográfico. Lo importante, sin embargo, es subrayar el prestigio que tenía dentro del cine a nivel nacional e internacional, basta ver cómo lo trató David Lean, quien no sólo le envío desde Italia, como regalo de agradecimiento, 50.000$, sino que contó con él en todos sus proyectos posteriores. Perico siempre se sintió reconocido al mismo tiempo que nunca echó en falta un reconocimiento mayor proveniente desde ámbitos externos al propio cine.

La figura de Perico Vidal recuerda Pepín Bello: los dos fueron compañeros de grandes figuras del arte.
Sí, es comprensible la comparación, aunque hay una gran diferencia entre Pepín Bello y Perico Vidal: Bello, al menos por lo que yo sé, no dejó obra. Si es cierto que era un hombre muy simpático, un gran amigo de los más grandes artistas que pasaron por la Residencia de Estudiantes y un hombre muy querido, pero no tiene tras sus espaldas el trabajo y la producción de Perico, que con cuyo trabajo ayudó a realizar grandes obras de la historia del cine.

La analogía reside, supongo, en que sea ya Perico Vidal como Pepín Bello ocuparon un segundo plano privilegiado al ser testigos de una época y los dos fueron olvidados ante la presencia de los grandes nombres que los rodeaban.
En este sentido, como ya comentamos antes, es lógico que así suceda, aunque también en es cierto que Pepín Bello tuvo recientemente un renovado reconocimiento, se recuperó su figura. El caso de Perico es distinto, pues no ha tenido en el presente el reconocimiento de Pepín, sin embargo, él nunca se sintió maltratado, todo lo contrario, era consciente de que no sólo había podido dedicarse a lo que más le gustaba, el cine, sino que había obtenido el reconocimiento profesional y personal de la profesión. Otra cosa muy diferente es que, al final de su vida, el dinero escaseaba y ya no tenía esa posición privilegiada a nivel económico, aunque tampoco se quejaba, pues él mismo reconocía que se había “pateado mucho dinero y con mucha alegría”. En los últimos años de su vida, Perico tuvo más restricciones económicas por cuestiones obvias: no sólo la edad se le había echado encima, sino que el cine que él había conocido había llegado a su fin y, sobre todo, su alcoholismo lo alejó durante un tiempo del circuito.

A pesar de ello, consiguió salir del alcoholismo y seguir en la profesión a pesar de la edad.
De hecho, una vez que yo había concluido de entrevistarlo y, por tanto, dejé de verlo, Perico, que tenía más de ochenta años, se fue a Miami para trabajar como consultant en una película. A pesar de la edad y del distanciamiento, durante algunos años, por culpa del alcohol, Perico seguía vinculado al cine y, sobre todo, seguía con la pasión por el cine, una pasión que le duró hasta el final.

Su última participación fue de hecho de la mano de Isaki Lacuesta en La noche que no acaba.
Sí, es verdad, aunque se trató de una colaboración puntual, pues ya estaba muy mayor.

A través de Big Time: la gran vida de Perico Vidal, usted muestra el importante papel que jugó España y sus profesionales en el cine norteamericano de finales de los cincuenta.
Sobre estas cuestiones me detengo más en Beberse la vida, donde las analizo con más detalle, aunque aquí, a través de la figura de Perico, se observa el papel que tuvo España a nivel cinematográfico en los cincuenta. En aquellos años, España resultaba un escenario muy barato para rodar, la paridad entre dólar y peseta era muy beneficioso para los norteamericanos, que, además, encontraron en España a gente muy cualificada. Perico es testigo de aquellos años así como es también testigo de su fin: no se trata sólo de que España deje de ser escenario privilegiado para los rodajes de Hollywood, sino que es el fin de una época para el propio cine.

Perico Vidal en el rodaje de 'La hija de Ryan' | Foto: Libros del Asteroide
Perico Vidal en el rodaje de ‘La hija de Ryan’ | Foto: Libros del Asteroide

A partir del testimonio de Perico Pidal, podemos decir que La hija de Ryan es marca el fin.
Con La hija de Ryan termina la época de aquellas grandes superproducciones y también llega a su agotamiento final una manera de hacer cine que preveía una minuciosidad y unos ritmos lentos que ya no son viables, puesto que suponían, por ejemplo en el caso de los films de David Lean, una pre-producción que podía durar un año a la que se sumaba un rodaje que podía dilatarse otro año o más. El fracaso de La hija de Ryan dibuja el punto y final de esa forma de entender el cine y aparta a David Lean de la gran pantalla durante más de una década, hasta que regresa con Pasaje a la India.

La historia de las grandes superproducciones nos revela una época de la cinematografía española muy poco conocida.
Las grandes superproducciones no sólo fueron rodadas en España, sino que gran parte del equipo estaba formado por grandes profesionales de nuestro cine. No quisiera equivocarme, pero creo que la primera superproducción fue precisamente Rey de Reyes de 1961 y después de este film de Nicholas Ray ya se rueda Orgullo y Pasión, que es la película donde Perico se adentra por vez primera en el mundo del cine y donde conoce a Frank Sinatra.

A nivel formal, usted apenas interviene como narrador en Big Time: a parte de la introducción, donde usted escribe en primera persona, y de la segunda parte dedicada al testimonio de Alana Vidal, usted cede completamente la palabra a Perico.
Intervengo como narrador en cuanto en la transcripción de una entrevista siempre hay una reelaboración, pero sí es cierto que el primer plano se lo concedo en exclusiva a Perico. Cuando tienes delante a un narrador torrencial y muy bueno, lo más sensato es darle la palabra a él; por tanto, el dirigir el foco hacia Perico, no fue una decisión difícil de tomar, al contrario, fue una decisión de oído: sabía que tenía frente a mí a un solista muy bueno que no necesitaba acompañamiento. Repetí, en parte, lo que ya había hecho en Beberse la vida, aunque en esa ocasión no tenía un único solista, sino a un coro de narradores entorno a la figura de Ava Gardner; Beberse la vida era un libro en que la primera persona se alternaba con la tercera del plural: la vida anterior al éxito de Ava y, por tanto, la parte más estrictamente biográfica estaba narrada en tercera, mientras que la parte coral de los distintos testimonios estaba en primera persona, pues concedía la palabra a cada uno de los miembros de este coro. En esta ocasión, con Big Time, volví en parte a repetir esa misma estructura, aunque con un predominio de la primera persona sobre la tercera.

La transcripción tuvo que ser un complicado trabajo de montaje para dar coherencia a una serie de conversaciones que tuvieron lugar a lo largo de distintos días.
Evidentemente, fue necesario un largo proceso de reelaboración, sobre todo porque Perico, como buen interlocutor torrencial, narraba y recordaba lo sucedido no de forma secuencial, sino aleatoria: hablaba, por ejemplo de Sinatra, luego interrumpía para relatar otra anécdota y retomaba su narración acerca de Sinatra y de su relación con él unos días más tarde. Él era muy preciso, con una gran memoria, aunque había fechas y nombres que se le olvidaban y que yo tenía que buscar, reconstruyendo así los vacíos del relato. Al testimonio de Perico se añade, al final, el de Alana, su hija, también en primera persona y que fue un regalo inesperado, no estaba en absoluto previsto.

Big Time tiene su origen en el blog que usted tenía en El País y dónde comenzó a publicar las conversaciones con Perico Vidal.
Sí, allí empecé a escribir y a publicar las entrevistas con Perico y precisamente gracias al blog conocí a Alana, quien me escribió para darme las gracias por rescatar la memoria de su padre y, posteriormente, la conocí personalmente y de nuestras conversaciones surgió la parte final del libro.

Sea en el blog como en el libro, aquello que caracteriza estilísticamente la narración es la oralidad que usted conserva al transcribir el testimonio del personaje.
Es evidente que nunca puedes realizar una transcripción fiel a la oralidad puesto que en el hablar siempre hay repeticiones, modos del habla que hay que pulir y relatos o anécdotas que no interesan particularmente y que, en el momento de la transcripción, tienes que dejar fuera. De hecho, tuve que resumir el relato familiar que realiza Alana, rescatando la figura, ya no de su padre, sino de sus abuelos e, incluso, de los bisabuelos; su relato me pareció propio de Henry James.

De hecho, la historia que le relata Alana es la de una gran saga familiar, es un relato muy novelesco.
Y precisamente por esto decidí resumirla porque, por lo contrario, habría desequilibrado el libro. La parte de Alana era mucho más extensa, pero como me dijo Luis [el editor de Libros del Asteroide], era una parte tan rica por sí misma que no sólo desequilibra el libro, sino que requiere un espacio propio, pues abre nuevas temáticas y nuevas historias.

El testimonio de Perico Vidal y el de Alana establecen una relación dialéctica, se complementan proponiendo dos perspectivas opuestas: Perico relata su experiencia profesional y sus relaciones sociales y Alana relata la parte más íntima de Perico.
La aparición de Alana y su testimonio fue verdaderamente un regalo para el libro. Perico era persona muy apasionada, muy torrencial, pero, al mismo tiempo, muy frenada en cuanto a lo personal: él se da muy poca importancia a sí mismo y, además, era extremadamente discreto en cuanto a su vida personal. Como persona reservada, no sólo no hablaba de sí mismo, sino que tampoco especulaba entorno a la vida de quienes había conocido; en efecto, a lo largo de su narración, los chismes son extremadamente escasos y los comentarios hacia la gente que ha conocido no son nunca especialmente agresivos. Hay, si no recuerdo mal, un comentario duro hacia Elisabeth Taylor, pero no hay descripciones ni descalificaciones, no hay acritud en su relato. Hay que tener en cuenta, además, que él sabía lo que contaba y sabía perfectamente que había temas de los que él no quería hablar, como por ejemplo su infancia o cosas menos relevantes como anécdotas de rodaje de las que él, abiertamente, me comentó que no quería hablar.

Alana rellena los vacíos del relato de Perico, cuenta aquello que su padre silencia.
Ella es, en parte, quien rellena esos agujeros que Perico dejó abiertos en su narración y, a la vez, Alana narra una preciosa relación entre padre e hija a pesar de la distancia y de las dificultades vividas.

En Perico hay una mirada humanizante, él no describe a las estrellas del cine desde su lado más humano, olvidándose de la fama y de la idealización que les rodea.
Perico decía que su relación con Frank Sinatra fue tan buena porque, entre muchas otras cosas, no se hizo nunca fotos con Sinatra, es decir, nunca se dejó llevar por las ansias de fotografiarse con él como prueba de su amistad de cara a los demás. Su amistad con Sinatra se basaba principalmente en compartir gustos e intereses, a esto se añadía la gratitud de Sinatra hacia Perico, a quien definía como “the man who saved my life in Spain”.

Las descripciones de Perico nos descubren otro Sinatra.
Y, a parte de lo que comentas, que es cierto, hay que subrayar que, a pesar de Perico no dedica mucho espacio a hablar y a describir a las personas con las que había trabajado o con las que había mantenido una relación de amistad, sus descripciones no quedan nunca desdibujadas: Perico era muy certero con las pinceladas que daba, conseguía retratar a la gente del cine y a las grandes estrellas a la perfección y sin excesivas palabras ni giros lingüísticos. Con pocas palabras consigue dibujar un retrato reconocible, fácilmente identificable.

Podríamos decir que Perico Vidal era, puede que inconscientemente, un retratista nato.
La mirada de Perico era la mirada de un hombre de cine y esto se veía de inmediato cuando estabas frente a él; incluso es posible percibirlo en algunas de sus fotografías. Por su profesión, él tenía que ser los terceros ojos de la película, por detrás del director y del operador, tenía que estar pendiente de todo y en este sentido era único: Perico sabía mirar muy bien. Sus ojos te atravesaban, te clichaban en seguida.

Como su padre, la mirada de Alana es una mirada indulgente, sin acritud.
Alana es una mujer que lo ha pasado muy mal, ella cuenta una historia terrible vivida cuando era una niña de apenas seis años. Alana es alguien que relata haber vivido la máxima felicidad y, a la vez, el más grande de los sufrimientos: su sufrimiento, tal y como relata, no comenzó cuando, al vivir en Marbella con Perico, fue testigo de cómo su padre se hundía por culpa del alcohol, sino antes, cuando sus padres se separaron y ella se encontró en medio de la disputa por su custodia. Sin embargo, a pesar del dolor sufrido, Alana nunca juzga a sus padres, al contrario intenta comprenderlos, trata de entender que la historia de sus padres fue la historia de un amor que llegó a su fin y que solamente muchos años después, cuando Alana ya es adulta, es posible un reencuentro entre sus dos progenitores. Alana relata la historia de este reencuentro a la vez que narra la redención de su padre que, tras muchos años, consigue salir del alcoholismo, gracias a su hija que le saca de este pozo.

Perico Vidal en Irlanda | Foto: Libros del Asteroide
Perico Vidal en Irlanda | Foto: Libros del Asteroide

Big Time, de hecho, es también la narración de una redención.
En efecto y, a propósito de esto, es muy significativo ese momento en que, tras el primer reencuentro, Perico y Alana están juntos en Madrid y él, hundido todavía por la vergüenza, comenta, frente a su hija el valor y el tesón de las mujeres – “que cojones tenéis las tías”, comenta Perico-. Y, en efecto, si no hubiera sido por la insistencia de Alana el reencuentro hubiera sido imposible. Solo entonces, tras el reencuentro, Perico muestra a su hija la cantidad de grabaciones que, a lo largo de los años, él había hecho pero que nunca se había atrevido a mostrar.

Por estas características de estructura narrativa, por el juego de la mirada y el desarrollo de los protagonistas, podría decirse que Big Time tiene un matiz fuertemente novelístico.
Big Time tiene mimbres muy novelescos, podríamos decir, incluso, que la primera parte tiene una estructura narrativa dickensiana al narrar la historia que entra en el cine, casi por casualidad, de la mano de Welles, que se convierte en una especie de demiurgo para el futuro del joven Perico. La parte de Alana juega como conclusión narrativa, es aquella que termina por darle al libro una estructura circular.

Perico Vidal es un personaje que tiene, por sí mismo, un doble carácter real y literario en cuanto surge de otro libro, de Beberse la vida.
Cuando yo estaba escribiendo y documentándome para Beberse la vida, son varias las personas que me indican que para conocer aquellos años del cine en España tengo que hablar con Perico Vidal, a quien yo no conocía. Conocí, por tanto, a Perico en parte gracias a ese libro, y fue entonces cuando me interesé por su figura, aunque evidentemente no pude dedicarle todo el espacio que merecía en Beberse la vida, puesto que se trataba de un libro que giraba en torno a la figura de Ava Gardner. De hecho, en un primer momento, mi conversación con Perico tenía como objeto Ava Gardner, aunque tras unas tres horas el tema se agotó y fue cuando apareció la figura de Perico en su totalidad y que se plasma en Big Time.

Entonces, Big Time le debe a Beberse la vida el descubrimiento de su personaje.
En parte sí, aunque tampoco creo que haya mucha más relación, más allá de la temática del cine y de la contemporaneidad histórica entre Ava Gardner y Perico; al contrario, es significativa la diferencia radical que existe entre Beberse la vida y Big Time: el primero fue un encargo, sin duda un encargo que me interesaba, pues de otra manera nunca hubiera aceptado escribirlo, pero un encargo. El libro sobre Perico, sin embargo, no sólo no fue un encargo, sino que ni tan siquiera estaba previsto en cuanto libro; tras conocerle, yo empecé a grabar las conversaciones que mantuvimos en más de una ocasión, como he hecho con otras personas cuya figura y cuyo recorrido profesional encuentro interesante. En nuestras últimas conversaciones, Perico comenzó a mostrarse interesado en la posibilidad de que aquellas grabaciones pudieran formalizarse en un libro, pero no pudo ser, nos encontramos con dos editores que rechazaron la idea. Luego ya concluyeron nuestras conversaciones.

Antes de la novela, sin embargo, el testimonio de Perico Vidal salió del anonimato gracias a tu blog, Bulevares Periféricos.
Allí es donde empecé a publicar las conversaciones con Perico, algunos años después de que él muriera. Decidí publicarlas en entregas, jugando con un tipo de periodismo narrativo de tipo serial.

Y homenajeando a las novelas por entregas del XIX publicadas en los periódicos.
Exacto. Quería plantear la publicación de mis conversaciones con Perico como una historia cuyos capítulos los lectores vayan leyendo serialmente a través de distintas entregas. Asimismo, el blog se convirtió en un taller de pruebas donde intentar distintas formas narrativas, ya sea con otros textos, así como con las conversaciones con Perico; fue precisamente en el blog donde comenzó a gestarse, al menos en cuanto forma, el libro Big Time.

Anna Maria Iglesia

Anna Maria Iglesia (1986) es licenciada en filología italiana y en Teoría de la literatura

y literatura comparada; Máster en Teoría de la literatura y literatura comparada por la

UB. Es colaboradora habitaual de Panfleto Calidoscopio, ha publicado breves ensayos

en la Revista Forma de la UPF y reseñas en 452f. También ha publicado artículos en El

núvol o Barcelona Review.

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