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Los árboles, la luz

Editorial Renacimiento recupera 'Memoria de la melancolía', la autobiografía coral de la escritora de la generación del 27, María Teresa León

María Teresa León | Foto: Dominio público

Se reinventa la cronista a través de una escritura austera, evoca su soledad, no importa con quién se encuentre: “Se han disuelto las imágenes”, sostiene, “pero no las voces”. El anhelo interrumpido inspira las observaciones sobre la ausencia de la escritora María Teresa León (Logroño, 1903-Madrid, 1988), la exploración del yo como un relato itinerante en el que su alter ego acepta la pérdida de lo eterno, al tiempo que su provisionalidad: “Hablo con el poco sentido del recuerdo”, confiesa, “con las fallas, las caídas, los tropiezos inevitables”. Supone Memoria de la melancolía (1970; Renacimiento, 2020), la autobiografía coral de una conciencia en huida, condenada a sufrir la pérdida de pertenencia.

Y sin embargo, “el único camino que no hemos hecho los desterrados de España es el de la resignación”. La narración se centra en el pasado siempre presente de “lo que vi, lo que sentí, lo que oí”, rememora, “todo pasado por la confusión”; se parte “de las ruinas, de las casas volcadas y los campos ardiendo”; leemos “rescatando a los seres mortales, aunque no sea más que los recuerdos”, reconstruimos los acontecimientos tras el golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil, la Alianza de Escritores Antifascistas.

Editorial Renacimiento

Se suceden las vivencias en el Madrid bélico, su participación, como dramaturga, actriz o directora, en empresas teatrales; el perpetuo movimiento de la novelista de Contra viento y marea (1941), que traza los límites de la “memoria del olvido, [como] escribió Emilio Prados, memoria melancólica, a medio apagar, memoria de la melancolía”. La meta-ficción sentimental de la cuentista de Morirás lejos (1942), cambia de forma según se revela, relaciona lo extraño con lo conmovedor, consciente de que “somos irreemplazables en la manera de decir el llanto, el amor, la esperanza, la angustia, la desolación, la rabia”.

Exiliada al desconcierto, experimenta sus emociones a través de la intelectualidad de sus vivencias (“Federico [García Lorca] era el hombre que siempre llegaba tarde”), sometidas a la dictadura del silencio, alienadas en busca de respuestas: “No era la derrota de la República y el pueblo español, sino la del sentido común de los países democráticos”. Triste la remembranza de la diáspora en Francia, Argentina o Italia, ​la vuelta, en los años 70, a nuestro país (“siempre como una plaza partida en sol y sombra”), la amenaza del Alzheimer. Regresa la poeta al olvido de la mano del desarraigo, sin recuperar sentidos de propiedad: “No, no se quedan solos los muertos, nos vamos quedando solos los vivos”.

Al sumergirse en la peripecia de sus contemporáneos, su testimonio es el de alguien cuya perspectiva se deja guiar por la compasión, (“¿Volarán las hojas de mi recuerdo hasta que alguien las aplaste por inútiles?”), un perdurable estado de asombro cuyas indagaciones formulan la investigación mediante una literatura credo (“¡Dejadme volver a mi antigua libertad!”), entre la física realidad y el metafísico ensueño: “Siempre tengo que regresar a mis cuentos viejos”, apostilla, “besar las sombras… decir: mi patria son mis amigos. Y no me equivoco jamás”.

Retrato de una época (“éramos rojos españoles terribles, españoles arrebatados de cuchillo”), el libro se lee como una novela, reescrita a través de las percepciones de la añoranza, la compañera eterna de la trasterrada, que lamenta: “En mi mano derecha llevo dos lágrimas que ningún viento puede secar. Se llaman España”. En ese vivir provisional entre estados de desasosiego, arrastra María Teresa León sus reminiscencias, “estamos hechos de pequeñas muertes”, concluye, “tanto como del tejido de los sueños”. Al redactar lo sucedido, espera liberarse de las incertidumbres, recuperar “la verdad, la belleza, los hombres, los árboles de España, la luz, la esperanza”.

José de María Romero

José de María Romero Barea (Córdoba, 1972) es crítico de narrativa, poesía, ensayo y novela gráfica. Es miembro de la AAEC-Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y coordinador de las I Jornadas de Crítica Literaria ACE-Andalucía 2014. Pertenece a la Asociación Cooltura, Acción y Poesía y a la Asociación Nueva Grecia, así como al Circuito Literario Andaluz. Colabora con sus reseñas, entrevistas y traducciones en publicaciones de ámbito nacional e internacional.

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