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Bondad, humanismo y redención para (con)vivir en el mundo

La escritora norteamericana Marilynne Robinson vuelve al universo cotidiano que creó en la serie 'Gilead' con su nueva novela 'Jack' | Foto: Nancy Crampton

En su nueva novela, Jack, la escritora Marilynne Robinson regresa al mundo que creó en Gilead y continuó en En casa y Lila, conformando un universo propio que se amplía en cada entrega y que es, en términos generales, uno de los proyectos literarios más ambiciosos y extraordinarios de la literatura norteamericana de las últimas décadas.

En Gilead, su segunda novela, Robinson ofrecía una larga carta que el reverendo John Ames, a mediados de los años cincuenta, escribía a otro clérigo, ya jubilado, Robert Boughton, quien a su vez vivía afligido por la ausencia de su hogar de su hijo Jack; él es quien protagoniza esta cuarta entrega que lleva su nombre. En En casa, Robinson se centraba en Gloria, la hermana de Jack, quien regresa al hogar a cuidar al padre; el hermano aparecía de manera puntual. No así en Lila, la tercera entrega, en la que la esposa de John Ames reflexiona sobre su pasado. Cuatro novelas conectadas de manera no lineal, conformadas mediante diferentes registros literarios que tienen cada una de ellas, y en conjunto, un claro componente experimental desde lo narrativo en una constante búsqueda de aunar lo material y lo espiritual, creando un universo en el que la vida cotidiana posee los trazos de algo más profundo que busca transcender los contornos de lo mundano y abrazar una visión que tiene mucho que ver con la visión religiosa de la propia escritora.

“Creo que la mayoría de las personas percibe una diferencia entre sus vidas reales y las vidas que llevan en el mundo. Pero pasan por alto sus almas, o las ocultan, de manera que puedan mantener la coherencia, mantener una vida normal y corriente. Usted no lo hace. A su manera, es una especie de… de ser puro”.

Galaxia Gutenberg

Jack es una novela con la que, bajo las formas de una historia romántica en apariencia imposible, Robinson plantea un itinerario redentor a través del amor. Jack ha abandonado Gilead y a su familia -por lo que la historia se ubica aproximadamente en la época de Gilead- y vive una vida casi de vagabundo. Ha estado en la cárcel, roba y bebe hasta la extenuación y lleva a cabo una vida alejada de los rígidos, pero morales, preceptos de su padre. Es un hombre problemático que siente la educación religiosa que ha recibido, y asimilado, como una fuerte losa. Y, en el fondo, sabe que está perdido, tanto de manera literal, en la vida diaria, como en espiritual: no hay salvación para su alma. Pero un día, de manera casual, conoce a Della Miles, una joven maestra de escuela e hija de un obispo, una mujer amable, pero, a su modo, también atormentada, con la que entabla una amistad que poco a poco va tomando otra forma más profunda. Mientras conversan sobre Shakespeare y Hamlet, la vida, la teología o cualquier cuestión que se presenta ante ellos, se enamoran.

Pero entre ambos, se alzan varias barreras. Una social: Della es negra y la pareja se encontrará en medio de una problemática evidente en los años cincuenta en Estados Unidos, la de la no aceptación de la pareja tanto por parte de la sociedad en general como de la familia de la propia Della, consciente de que nunca llegará a buen puerto: ya en Gilead Robinson introducía, en las reflexiones de Ames, el tema de la esclavitud en Estados Unidos y el abolicionismo. Por otro lado, Jack conforma una barrera en sí mismo en tanto a que encuentra en Della la gracia, la salvación, pero no es capaz de aceptarla. Robinson estructura y desarrolla Jack a través de la narración de la conciencia de Jack. Cada movimiento, pensamiento o gesto del protagonista revela una fuerte pugna interior a la hora de enfrentarse con el mundo exterior y consigo mismo. Para ello, la escritora sigue ahondando en ese estilo ya presente en su primera novela, Vida hogareña, y que pretende conformar una suerte de visión metafísica de lo cotidiano mediante un relato sumamente realista y descriptivo y que, sin embargo, resulta todo lo contrario: la creación de un mundo reconocible pero fabulado, tan real como irreal y, en el caso de Jack, además, impregnado de un toque surrealista lindante con lo cómico.

“Es posible que todavía no se hiciera una idea de que la vergüenza, el desdén implacable, punitivo, pueden corroer el alma hasta que ésta se desvanece en una soledad sin palabras. Una soledad apofática, tal vez. Dios en silencio. En la profundad oscuridad”.

La novela se sostiene sobre momentos que Robinson extiende a lo largo de varias páginas, sin temor a introducir un ritmo lento y reflexivo a través de la acción y las conversaciones. Aunque la historia avanza de manera lineal desde el encuentro de los dos personajes hasta el final y la decisión de Jack sobre qué decisión tomar, hay constantes saltos en el tiempo que Robinson se encarga de introducir en el relato sin distinguir en ocasiones esa variación temporal, porque en el fondo, la linealidad viene marcada por la relación de ambos y en cómo Jack lucha en su día a día por ser mejor persona, por cambiar, para poder, finalmente, abrazar esa gracia que le ha sido concedida en la forma de Della. La memoria, el recuerdo del pasado, surge no solo para explicar el presente, también para incidir y convivir con él, de ahí que Robinson dé brucos saltos temporales: concibe la historia como un todo, en realidad, inabarcable en cuanto a sus causas.

Como toda la obra de Robinson, Jack es una novela profundamente humanista desde una visión calvinista, la cual la escritora tamiza constantemente para integrar sus creencias, también sus dudas, a través de sus personajes. El itinerario redentor de Jack viene a ser una muestra de la necesidad que, para Robinson, debería haber en todo ser humano de vivir la vida desde la gratitud, el amor y la bondad. También desde el asombro de reconocer aquello que se presenta ante cualquier en la vida diaria. Robinson opta en esta ocasión por abordar las formas del romance imposible, pero lo hace atendiendo a la problemática de raza sin caer en agendas contemporáneas ni en el cinismo actual, introduciendo el conflicto en la vida de los dos personajes para, desde ahí, arrojar una mirada mucho más rica y profunda sobre una moralidad que, tenga su base en preceptos filosóficos o teológicos, sitúa al ser humano en una situación en la que debe elegir por encima de sus deseos y de sus pulsiones para hacer aquello que es correcto, aquello que puede beneficiar a quienes le rodean como la mejor manera de, a su vez, crecer personalmente. Por tanto, una novela moral y, a su manera, política, en el mejor sentido posible: ofreciendo al lector la posibilidad de ahondar en sus decisiones y elecciones vitales una vez que asiste a un final tan sencillo como bello como cierre de una novela que vuelve a mostrar que Robinson es hoy por hoy una de las mejores novelistas contemporáneas.

Israel Paredes

Israel Paredes (Madrid, 1978). Licenciado en Teoría e Historia del Arte es autor, entre otros, de los libros 'Imágenes del cuerpo' y 'John Cassavetes. Claroscuro Americano'. Colabora actualmente en varios medios como Dirigido por, Imágenes, 'La Balsa de la Medusa', 'Clarín', 'Revista de Occidente', entre otros. Es coordinador de la sección de cine de Playtime de 'El Plural'.

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