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Un hueco, un remiendo

Como si fuera un caleidoscopio, 'El cuerpo', libro central de la trilogía 'Cegador' de Mircea Cartarescu, traza una memoria de la literatura donde presente y pasado se fusionan

Mircea Cartarescu | Foto: Cosmin Bumbutz | WikiMedia Commons

El sinsentido es apenas uno de los muchos hilos de la trama basada en la coincidencia, “lo tienes todo en ese enorme código único, en este códice, en este libro ilegible, este libro” con predisposición a suspender la incredulidad para ingresar en la narración, el artefacto forzado por la necesidad de callar, el volumen que se anula a sí mismo, a merced de los “ojos ultralejanos, periféricos y tristes de los antepasados”, vulnerable a su propia mutilación. Sobrevive el relato El cuerpo (2020), de Mircea Cărtărescu, a través del manuscrito demediado a medida de una existencia aferrada al alma de la ironía, donde “tú eres tan solo la llave de la puerta entre los mundos, pero una llave que se fundiría en la cerradura y que, con ella, generaría la puerta y el espacio mágico del otro lado”, un sesgado homenaje en prosa, extrañamente apropiado, a una poesía que funciona como una de las múltiples manifestaciones de la ficción.

“¿Qué espero? ¿Qué locura imposible de contemplar se va a formar y deformar en el cielo siempre atormentado de mi mente, de mi libro?”. A través de la metafísica travesura, la prolija meditación, la crónica del lento declive hacia la enajenación que, como un árbol de connotaciones, sigue el esquema fantasmal del tronco narrativo, “contemplado por un ojo inconcebible”, antes de extenderse a través de las ramas divergentes de la constante reinvención, “con efectos de la concavidad y el engrosamiento de unos perfiles inesperados”, hasta aflorar en la devoradora obsesión por la literatura de Cărtărescu, “ese aullido amarillo, con la singularidad muda del núcleo de mi libro y de mi vida”.

Impedimenta

Posmodernos divanes de la perspectiva conducen a textuales psicoanálisis que exponen las fijaciones no reconocidas del poeta de El Levante, “sumergirme, una y otra vez, en eso que he llamado siempre mi verdad, mi manuscrito o mi vida”. Se coopta por la concisión a expensas de la perorata, “tan solo una imagen del verdadero verdadero verdadero vacío”, en el que se insertan disquisiciones en blanco por cada hoja escrita, antes de salir “al exterior, a la noche bucarestina, cegado por los faros y las luces de neón”. Se eliminan trozos de la verborrea en favor de una versión reducida de la exuberancia. A favor de la intertextualidad, el creador de El ojo castaño de nuestro amor o Solenoide dialoga con los espacios vacantes de una conceptual enciclopedia, “un hueco, un remiendo de otro lugar, de otro mundo”, una novela que incluye todas las novelas, amablemente arrogante, falsamente ingenua, “el fragmento de un canto, un parlando apenas murmurado, en una lengua desconocida” acerca de la inconsciencia deslumbrada por el artificio de habitar lejos de uno mismo.

“Todos tenemos en nuestro interior el gemelo virtual que nos contempla”, se afirma casi al final de la saga, “asombrado desde el otro lado del espejo deslumbrante del sexo, que brilla como el sol, la luna y las estrellas en el centro de nuestra mente”. Un fajo de impresiones indefensas alimenta la maquinaria trituradora de la invención en el volumen central de la trilogía, editada por Impedimenta, en traducción de Marian Ochoa de Eribe, Cegador, junto a El ala izquierda, y El ala derecha, (2021), donde las palabras, como mariposas, “sobre las estrellas y los cenagales y las fronteras y las amebas (…) inexpresables como un arco reflejo o un arco voltaico”, abandonan la página impresa, tiernas y tristes, evocando no solo la espantosa comprensión de la ausencia que alberga el, entre otros, Premio Thomas Mann de Literatura o el Formentor de las Letras, sino su tensa repetición en “fragmentos de pintura que se aclaran un momento antes de culminar en nuevas deformidades”. Todas las preguntas se vuelven absurdas frente a la gran pregunta de El cuerpo, una historia no del todo real que apunta a la irrealidad que todo lo abarca.

José de María Romero

José de María Romero Barea (Córdoba, 1972) es crítico de narrativa, poesía, ensayo y novela gráfica. Es miembro de la AAEC-Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y coordinador de las I Jornadas de Crítica Literaria ACE-Andalucía 2014. Pertenece a la Asociación Cooltura, Acción y Poesía y a la Asociación Nueva Grecia, así como al Circuito Literario Andaluz. Colabora con sus reseñas, entrevistas y traducciones en publicaciones de ámbito nacional e internacional.

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