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Liberar el alma en época de oscuridad

Twin Peaks | Imagen: Youtube

“Sin embargo, a veces, sucede algo extraño. Se nos escapa un detalle, un amor nos perturba, un muerto nos habla. De repente, es el espejo el que se da la vuelta en el hombre; y lo que el hombre muestra entonces no es muy glorioso”.

Desde su estreno en abril de 1990, Twin Peaks, la serie creada por David Lynch y Mark Frost, ha generado un gran número de literatura alrededor de la serie, ya sea de manera independiente o dentro del marco de la obra de Lynch. Con el estreno de su tercera temporada, Twin Peaks: The Return (2017), aumentó más si cabe esas publicaciones. La historia secreta de Twin Peaks de Mark Frost, editado el año antes, suponía la recuperación de los imaginarios de la serie mediante una suerte de extraño ensayo-novela que intentaba explicar algunas fuentes y orígenes de la serie y crear un universo narrativo. Regreso a Twin Peaks (VV. AA; coordinación: Raquel Crisóstomo y Enric Ros; Errata Naturae, 2017), Twin Peaks. 25 años después todavía se escucha música en el aire (VV. AA; coordinación: Alexander Zárate; 2016), El hombre del otro lugar (Alpha Decay), de Dennis Lim o Espacio para soñar (Reservoir Books, 2018), de David Lynch y Kristine McKenna, quizá la biografía más detallada del cineasta, por ejemplo, ampliaban la mirada hacia una serie y una película a modo de precuela, Twin Peaks: Fuego camina conmigo (1992), que siguen generando nuevos acercamientos y discursos.

Tres ensayos sobre Twin Peaks (Alpha Decay, 2020), de Pacôme Thiellement, recupera tres textos del autor más un epílogo. El primero, La mano izquierda de David Lynch, publicado en 2010, analiza la serie y Twin Peaks: Fuego camina conmigo, como una obra cerrada, dado que no había previsión de una tercera parte. En el segundo y más breve de los tres, Exégesis de la Logia Negra, de 2014, Thiellement se adentra en ese extraño espacio conocido como la Logia Negra, que sirve al autor de excusa para trazar algunos apuntes sobre algunos elementos de la serie que, después, Lynch desarrollará en sus siguientes películas. Un texto que funciona, a su vez, como nexo entre el primero y el tercero, La sustancia de este mundo, escrito entre 2017 y 2018 y publicado en varios medios, y que aborda la tercera temporada de Twin Peaks de manera brillante. Finalmente, Y el tiempo se volvió “lynchiano”. David Lynch después de Twin Peaks, publicado en 2013 como parte del libro de Thiellement Pop Yoga, cierra esta colección que, a pesar de las diferentes fechas y motivaciones que tiene cada texto, en su conjunto, encierra una cierta unidad.

Alpha Decay

Thiellement, en el primer ensayo, recorre algunos de los lugares comunes de la serie -su relación con Laura, de Otto Preminger o Vértigo, de Alfred Hitchcock, por mencionar las dos más recurrentes- y la importancia en el contexto de la televisión; también ahonda en la figura de Laura Palmer y en su incuestionable relevancia icónica; las dualidades y los diferentes espacios que conforman el universo de la serie y, después, en cierta contraposición en algunos aspectos, la película; sobre los espejos que abren la primera temporada y cierran la segunda, en este caso, roto. Una ruptura que interesa especialmente a Thiellement al considerar que Lynch queda del mismo modo tras el final de la serie y lo expuesto en ella, con la frustración del fracaso de Twin Peaks: Fuego camina conmigo. A partir de ahí, su cine, para Thiellement, con bastante acierto, gira hacia una mayor oscuridad en la que el maniqueísmo entre bien y mal que ha presidido el cine de Lynch desde sus inicios ya no tendrá un resquicio de luz al final. Desde entonces, todo se vuelve más sombrío. Idea que también desarrolla en su epílogo al hablar de la obra en conjunto del cineasta.

El ensayista francés recurre a campos de estudio gnósticos e hindúes que, en ocasiones, quizá de una manera forzada pero sin duda interesante, amplían algunas cuestiones. De la relación de la serie con la New Age, Thiellement asegura que esta, en realidad, trata “de la imposibilidad de las religiones de sustitución, igual que de las que las han precedido, de detener la catástrofe espiritual inducida por el mundo moderno (…) salvo situándose frente a ella en la postura trágica de aquel que combate sus demonios sin esperanza de vencerlos”. Así, para el ensayista y pensador francés, desde la serie, como luego concretará con la llegada de la tercera temporada, Lynch se adentra en una mirada hacia un mundo en el que la lucha contra el mal nunca devolverá una victoria, ya ni siquiera mínima, como en algunas películas previas del cineasta, sino la constatación del derrumbe social.

“El mundo de Carretera perdida, de Mulholland Drive o de Inland Empire, literalmente infectado por la pornografía, la corrupción, la mafia, la policía, la prostitución y el Mal, es un mundo donde ninguna belleza es perceptible y donde ningún amor profano tiene sentido. Ninguno de estos mundos consigue ya proponer una ética adecuada que pueda extraerse de esta constatación terrible. Ninguno puede ofrecer la posibilidad de librarse de las condiciones más infelices de la existencia terrenal”.

Una idea que expone de manera más clara a lo largo de las páginas que dedica a la tercera temporada de Twin Peaks. Para su análisis arranca con Edgar Allan Poe y la figura del detective, el profiler, a quien equipara con cualquier investigador que quiera asomarse no solo a esta serie, sino a cualquier obra de la última etapa de Lynch: “es como si el conjunto de la temporada consistiera en observar a un investigador que recompone en su muro los diferentes hilos del relato con post-it y rotuladores fluorescentes. Y es la forma en que debe pensarse la aparición de los nuevos medios y la omnipresencia de la tecnología en nuestras vidas. La multiplicación de las fuentes de información y de las redes sociales han trasformado al hombre de hoy en profiler”. También recurre al caso de la Dalia Negra y Marcel Duchamp, a los cuerpos troceados y mutilados, como metáfora de una mirada, la de Lynch, que tiende hacia una fragmentación que da sentido final al conjunto a pesar de la aparente dispersión de sus planteamientos. O por ello mismo. En este sentido, para Thiellement, Lynch “ha perseguido, en esta tercera temporada de Twin Peaks, la búsqueda alucinada de una obra audiovisual no retiniana”.

Twin Peaks: fuego camina conmigo mostraba con crudeza el universo incestuoso, perverso y destructor de la serie y adelantaba algo presente en la tercera temporada: ya no será posible volver a Twin Peaks. No al menos pensando en él y en sus habitantes desde el humanismo que recorría las dos primeras temporadas. Las vidas de los personajes, incluso aquellas que irradiaban más dureza, ayudan a liberar tensión y dramatismo. El mal estaba oculto, o evidenciado, pero había un resquicio de salida. Tras la película, no lo habrá. La tercera temporada, de hecho, comienza con una imagen de miseria y muestra Twin Peaks como ”una población en un estado de decadencia total tras sufrir de lleno las consecuencias de la crisis económica”. A partir de ahí, Thiellement se adentra en ella desde una mirada lindante con lo político.

Lynch niega la nostalgia de volver al Twin Peaks que los espectadores, quizá, añoran o pretenden encontrar. Los escenarios se multiplican y la población original aparece de manera puntual, pero nunca como centro narrativo. Lynch regresa a Twin Peaks pero no para recuperar ese espacio como un paraíso perdido, tanto de dentro de la ficción como por su significancia icónica y cultural. Lo hace para mostrar que sigue, más que nunca, sumida en una lucha constante entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal, y que es algo extrapolable a toda la realidad de nuestro presente. A pesar de su abstracción en muchos aspectos, Twin Peaks: The Return supone una desoladora mirada hacia el mundo que niega toda posibilidad de regresar a un espacio, como el que representaba las primeras temporadas. Al igual que Bob/Leland Palmer, mataba la inocencia de Laura Palmer y convertía a esta en ser herido cuya única salvación y redención llega con su muerte, Twin Peaks: The Return muestra que no es posible regresar al paraíso. Porque no era tal: en la película Lynch mostró lo que la serie tan solo apuntaba. Con su tercera temporada, lo ha manifestado de manera más abierta.

Sobre el final de la serie, Thiellement concluye su magnífico ensayo:

“Si este final ha parecido tan oscuro al espectador, es porque, cegado por Judy y el seudoparaíso del primer Twin Peaks, puede que no haya entendido que este instante muestra precisamente la única victoria sustancial obtenida por Cooper en toda la serie; la única en la que, en tanto que espectador, debería alegrarse. Es el instante donde Laura se “se saca ella misma la mierda”.

Pero es un grito terrible porque vuelve a ser la guerra.

El combate entre la Luz y las Tinieblas no cesará: no es un accidente de este mundo, sino su sustancia misma”.

Etiquetas: Alfred Hitchcock, David Lynch, Edgar Allan Poe, Laura Palmer, Logia Negra, Marcel Duchamp, Otto Preminger, Pacome Thiellement, películas, Pop Yoga, Twin Peaks, Vértigo

Sobre el autor

Israel Paredes

Israel Paredes (Madrid, 1978). Licenciado en Teoría e Historia del Arte es autor, entre otros, de los libros Imágenes del cuerpo y John Cassavetes. Claroscuro Americano. Ha colaborado en más de una treintena de libros colectivos. Colabora actualmente en varios medios como Dirigido por, Imágenes, y es coordinador de la sección de cine de Playtime, suplemento del periódico El Plural, y publicado en La Balsa de la Medusa, Clarín, Revista de Occidente y otros medios.

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