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Revista de Letras
10 años de Periodismo Cultural

Soledad espectral

20 agosto 2019 Críticas, Portada

Foto: StockSnap | Pixabay Commons

Enero fue la primera novela publicada de la escritora y periodista argentina Sara Gallardo (1931-1988) cuando tenía, en 1958, veintisiete años. Procedente de un entorno burgués, Gallardo entregó una obra corta y concisa que está considerada como la primera novela argentina que aborda el tema del aborto desde el punto de vista de la víctima: su protagonista, la adolescente Nefer, ha sido violada en el entorno rural en el que vive. Un tema que puede imponerse a la hora de hablar de Enero; y, sin embargo, y aun siendo relevante, no debería ser la base para analizar un trabajo tan desnudo en su propuesta como, precisamente por ello, profundo.

“¿Qué puede hacer una chica, sola en el campo, en un campo tan ancho y tan verde, todo horizonte, con trenes que se van a ciudades y vuelve quién sabe de dónde? ¿Qué puede hacer?”.

Nefer vive con su familia en un espacio rural. Desde el comienzo, Gallardo introduce al lector en un contexto muy preciso. La joven está embarazada después de haber sido violada por un trabajador del campo. A su vez, está enamorada de otro. Su embarazo, lo sabe, será problemático frente a su familia y a las férreas estructuras sociales en las que vive. Que haya sido producto de una violación, en realidad, parece ser lo que menos preocupa a Nefer en cuanto a cómo lo recibirán sus padres y quienes la rodean.

El itinerario que Gallardo crea alrededor de Nefer sirve a la escritora para trazar una mirada hacia un medio rural claustrofóbico y cerrado, con unas severas líneas de conducta que producen miedo en Nefer a la hora de afrontar una situación en la que es evidentemente una víctima, pero que, en ese contexto tan específico, puede devenir en culpable. Nefer deambula en busca de compresión y constata que se encuentra encerrada en unos contornos opresores, rígidos, asentados en una organización vital, moral y social en la que su embarazo será un problema.

“¿Qué es el día, qué es el mundo cuando todo tiembla dentro de uno? El cielo se pone oscuro, las casas crecen, se juntan, se tambalean, las voces suben, aumentan, son una sola voz. ¡Basta! ¿Quién grita así? El alma está negra, el alma como el campo con tormenta, sin una luz, callada como un muerto bajo la tierra”.

Editorial Malas Tierras

Gallardo compone Enero sobre una base que puede parecer muy liviana desde un punto de vista narrativo y estructural. A base de capítulos breves, a modo de cuadros narrativos que crean un desarrollo lineal muy básico y cuyo conjunto presenta algunas fisuras. Esto se debe, ante todo, a un mayor interés en crear una novela atmosférica, sensitiva y, si se quiere, emocional. En este sentido, podría decirse que, en cuanto a lo argumental, quizá no resulte una novela del todo sorprendente. Al menos desde una perspectiva actual. Sin embargo, hay que detenerse en esa capacidad para analizar el contexto y a los personajes por la precisión de la mirada y lo atmosférico en cada momento, en cada pasaje. Esto no quiere decir que importen más las partes que el conjunto, pero sí que cada una va añadiendo al conjunto de una atmósfera muy particular, árida y cerrada, agobiante.

La visión de Gallardo de ese entorno rural no se corresponde a una visión edénica ni a la composición de una arcadia reconfortante, sino a una estructura laberíntica, tanto en lo externo como en el interno, en la que Nefer se mueve buscando respuestas, ayuda y, sobre todo, comprensión. Porque Enero, entre otras cosas, es una novela sobre la soledad. Sobre una soledad absoluta y total, sobre ese silencio hostil que recibe de manera permanente. Ya sea familiar, social o, incluso, espiritual, como muestra ese capítulo en el que Nefer se confiesa y que resulta arrollador en cuanto a la imposibilidad de la joven de encontrar amparo, siquiera, en la forma de lo abstracto de la fe.

“Nefer piensa que no sabe cómo acabar con este miedo que come su comida y duerme su sueño. El año pasado también tuvo miedo de la confesión, pero era distinto. Y esta capilla donde cada paso suena y resuena y los gestos están trabados por los o jos que miran si traje viejo, si confesión larga, si cara de muchos pecados”.

La escritora argentina no solo atiende en Enero al proceso interno de Nefer; lo exterioriza, lo corporeiza, mediante un gran trabajo literario para relacionar su desasosiego vital con ese cuerpo en cuyo interior crece una vida con la que no sabe qué hará; cuerpo que, además, se relaciona con un entorno cuya sequedad y aridez produce, en el contexto de Nefer, una violencia interna. Gallardo conforma un territorio casi feudal, cerrado, asfixiante, violento y masculino en el que Nefer deambula pidiendo ayuda, buscando una salida no solo a su embarazo, carente de posibilidad alguna para tomar una decisión, sino a una disyuntiva personal basada en qué hacer con su vida.

Con Enero, Gallardo entrega una novela sobre las diferencias sociales, sobre el espacio que cada cual ocupa en una organización asentada en unos preceptos cerrados e inamovibles dentro de los cuales apenas queda resquicio para Nefer de encontrar consuelo. Gallardo, al menos, concede voz a Nefer para expresar sus sentimientos dentro de un silencio espectral. Porque, en el fondo, la joven es un espectro moviéndose entre las sombras de su realidad de las cuales, al final, saldrá alejándose de ese territorio rural. Aunque para ello deba de aceptar lo que, entendemos, presentimos, será otra forma de esclavitud. Porque, Nefer, es en el fondo y en la forma, una sierva de todos. Y ahí, Enero, resulta tan desoladora como preclara a la hora de lanzar un mensaje de clase sobre los lazos, a veces visibles, otras ocultos, de una servidumbre individual y social de la que apenas se puede escapar.

Etiquetas: aborto, arcadia, Argentina, diferencias sociales, embarazo, Enero, novela atmosférica, rural, Sara Gallardo, víctima

Sobre el autor

Israel Paredes

Israel Paredes (Madrid, 1978). Licenciado en Teoría e Historia del Arte es autor, entre otros, de los libros Imágenes del cuerpo y John Cassavetes. Claroscuro Americano. Ha colaborado en más de una treintena de libros colectivos. Colabora actualmente en varios medios como Dirigido por, Imágenes, y es coordinador de la sección de cine de Playtime, suplemento del periódico El Plural, y publicado en La Balsa de la Medusa, Clarín, Revista de Occidente y otros medios.

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