Revista de Letras

El arrancacorazones, de Boris Vian

6 agosto 2009 Críticas

El arrancacorazonesEl arrancorazones. Boris Vian
Traducción de Jordi Martí Garces
Tusquets (Barcelona, 2009)

Boris Vian (actor, ingeniero, novelista, escritor de relatos y guiones, músico de jazz, cantante, crítico e insigne sátrapa del Colegio de la Patafísica) murió con 39 años en 1959. Fue fulminado por un ataque cardíaco durante el preestreno de la adaptación al cine de su obra Escupiré sobre vuestras tumbas.

Aunque en su época fue tan conocido como polémico por sus novelas negras, todas ellas escritas bajo el seudónimo de Vernon Sullivan, El arrancacorazones pertenece a otra suerte de novelas, donde Vian coincide en plasmar un universo disparatado y brillante, en las que podemos incluir La espuma de los días, El otoño en Pekín y La hierba roja. Insospechadamente, estas novelas, lejos de cosechar el aplauso, fueron ignoradas por la crítica.

Boris VianVian vivió alocadamente, y en su obra esto queda reflejado en sus frenéticos mundos, la naturaleza excéntrica de sus relatos, la libertad poética de sus personajes. Escribió tal y como vivió y toda su producción posee una frescura que la aleja de la pose y la impostura. Lo más extraño en Vian nunca resulta artificial. La narración es ágil y ligera, y el lector siempre tendrá una sonrisa o un nudo en el estómago, ambas experiencias igual de deliciosas. Cuando recibió el último rechazo de Gallimard al intentar publicar esta novela Vian escribió a su última mujer, Úrsula Kübler, comentando su fracaso:

“ Quieren matarme, todos. No puedo reprochárselo, sé que es difícil de leer; pero lo que les parece “artificial” es el fondo. Qué raro, cuando escribo en broma parezco sincero y cuando escribo de verdad, creen que bromeo…

En El arrancacorazones se nos presenta a Jacquemort, un inquietante psiquiatra de barba roja que busca desesperadamente clientes de los que aprender y asimilar sentimientos dada su imposibilidad de poseerlos. Jacquemort llega un día, casi fortuitamente, a la casa del acantilado donde Clémentine está dando a luz a sus trillizos. A partir de ese momento Jacquemort se integrará en la vida de la familia e irá conociendo a sus integrantes – El marido de Clémentine: Ángel y la criada: Culoblanco- e irá conociendo a los peculiares habitantes del pueblo cercano. El psiquiatra conocerá allí a una serie de personajes no menos peculiares y sus divertidas (y a veces incluso crueles) costumbres.

Paralela a esta búsqueda, se desarrolla la historia de Clémentine, absoluta figura de la Madre, que evolucionará desde el desconcierto, y cierta repugnancia hacia “sus pequeñas larvas”, hasta la absoluta obsesión, mediante la interiorización del valor del sacrificio, el poder controlador sobre sus vástagos, la responsabilidad y el miedo. Todas estas pasiones llevarán a Clémentine al delirio. Los trillizos, Citroën, Noël y Joël, por su parte, crecerán entre juegos fantásticos, en su jardín maravilloso que tanto recuerda al de la Alicia de Carroll, rodeados de babosas coloreadas que les dan la capacidad volar y pulgas peludas que cambiarán su tamaño. Los trillizos crearán un abismo entre su mundo infantil, tan lleno de posibilidades, y el de los adultos, tan incomprensiblemente rígido.

Entre la madre y los hijos se creará entonces un juego de contrastes, de comunicaciones fallidas y desafios.

Los personajes están dibujados con tinta surrealista pero incisiva: deforma sus contornos pero sus pasiones (y pecados) son puramente humanos, identificables en cada uno de nosotros. Sin perder la comicidad, vileza e inocencia bailan en cada historia, en cada habitante del pequeño pueblo: sirvientas incultas y poco pudorosas, curas exaltados y tramposos y amantes rechazados. Durante una visita al pueblo, Jacquemort es testigo de una feria en la que se ha sustituido el ganado por viejos del lugar. Uno de los personajes más notables es el viejo La Gloira, que desde su barco toma con la boca los putrefactos despojos que arrojan los habitantes del pueblo y que es, a cambio de un oro inservible, el depositario de las vergüenzas de los demás, liberándolos de todo remordimiento.

Vian hace hablar a todos: crea vida, inventa nuevos espacios y nuevos materiales (con especiales propiedades), todo su mundo es original, reinventa cada minúsculo detalle de nuestra aprendida realidad para darle un nuevo matiz, una vida llena de sorprendentes oportunidades. Los gatos
negros se prestan a psicoanalizarse y los animales hacen autoestop hasta la granja más cercana. Hasta los nombres de los meses, que marcan una especie de diario personal, han sido transformados en broma y juego (juego que nos recuerda al Ubú Rey de Jarry y sus disparatados experimentos lingüísticos).

En la novela no se menciona el título, El arrancacorazones, misterioso artefacto o humano, pero los más curiosos podrán encontrarlo en La espuma de los días, al igual que harán con otro de los personajes que se despide de esta novela en El otoño en Pekín.

Vian tejió el más fantástico de los universos y nos corresponde a nosotros disfrutarlo desde todos los cristales posibles.

Alejandra Ligero

Etiquetas: Boris Vian, El arrancorazones, Jordi Martí Garces, Tusquets

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1 Comentario

  1. Rodolfo Garcia Samano 3 septiembre 2016 at 13:46

    El arrancacorazones es como la historia sin fin de ende. Viva Vian quien revive con Juan Gabriel y sobre todo con Nicolás Alvarado

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