Revista de Letras

Generación X, la revolución dormida

Han pasado 20 años desde que saliera al mercado Generación X, la novela de Douglas Coupland que dio nombre a todo un fenómeno. En ella reflejaba cómo vivían y qué pensaban los jóvenes occidentales que no habían conocido guerra ni posguerra y que habían crecido con el auge del consumismo, los niños de la sociedad de bienestar, los descendientes de los que habían intentado cambiar el mundo en los 60, y no era, precisamente, alegre. Una generación a la que Kurt Cobain, líder del grupo Nirvana, dio el pistoletazo de salida y además puso música, estética y sentimientos antes de convertirse él mismo en la metáfora del No Future mediante la bala con la que se suicidó en 1994 dejando a toda una generación, caracterizada por la falta de fe, aún sí cabe, más a la deriva.

Douglas Coupland tiene ya 50 años y los más jóvenes de esta generación están cerca de los 40. Veamos con algunos de sus protagonistas qué queda de ese movimiento lleno de contradicciones pero de gran efervescencia, qué supuso- sobre todo en España-, en qué ha derivado y si queda algo de él. Separemos el grano de la paja e intentemos despejar esa ecuación, esa incógnita: esa X tan controvertida que todos sus miembros rechazan.

Triste, sensible, insatisfecho.

Hay muchos baremos para definir a la Generación X pero, simplificando, podemos decir que son los nacidos entre 1968 y 1980, después del Baby Boom. Personas que vivieron su adolescencia durante la década de los 80 y principios de los 90.

Siempre que se intenta definir la filosofía vital de esta generación hay polémica, pero arriesgándonos a caer en el tópico (que si está ahí es por algo), podemos decir que se caracterizaba por el inconformismo, el rechazo a todo lo anterior- ya fuera Dios, las tradiciones o la familia- el hastío, la apatía y la tendencia a la depresión: nada merecía la pena porque todo era falso. Millones de jóvenes enarbolaron como bandera la idea, plasmada por Douglas Coupland en su novela, de que la vida era un hartazgo o las, ya clásicas, últimas palabras de Kurt Cobain en su nota de suicidio que decían: “Soy el típico piscis: triste, sensible, insatisfecho”.

En opinión de Francisco Fernández, escritor y ex cantante del famoso grupo de los 90 Australian Blonde: “Tras el fracaso de la izquierda americana en los sesenta, ciertas élites abandonaron la lucha política y se refugiaron en el hedonismo y el cinismo del consumismo (léase Jeff Rubin, o los “desencantados” del 68). Se suponía que el mercado iba a darle a todo el mundo lo que necesitaba”. Pero no fue así, o al menos, no para sus hijos, que veían como, cuanto más se asentaba el Estado de Bienestar más vacío estaba todo de sentido y más aburrida resultaba una vida en la que, si bien el estómago estaba siempre lleno, el espíritu se moría de hambre. Los hijos de los hippies soñaban con su propio Woodstock y su Verano del Amor, pero ya no eran tan inocentes como lo habían sido sus padres; no querían cambiar el Mundo, sólo querían que los dejaran en paz; que no les obligaran a encajar en un sistema en el que no creían.

El grupo Nirvana (foto: blogys.ne)

En cuanto a Arte es imposible separar la Generación X de la música, ya que, aparte de algunos escritores como Irvine Welsh, Nick Hornby o, el ya citado, Coupland, fue en este campo donde realmente encontraron su lugar. Como apunta Diana Aller, célebre bloguera y ex miembro del grupo de pop de fama efímera Meteosat (al que, por cierto, también pertenecía el polémico Nacho Escolar): “Nuestros padres escuchaban todos la misma música: en los 60, las opciones culturales eran monolíticas”. Por primera vez, se vio el tremendo potencial de esta generación, ya que grupos de la llamada escena grunge, o independiente, como Sonic Youth, Pearl Jam, R.E.M o Nirvana, que fueron creados sin esperanzas de éxito, pasaron, de la noche a la mañana, a vender millones de discos y llenar estadios. Con sus guitarras distorsionadas, sus letras depresivas y sus largas melenas desbancaron a artistas como Michael Jackson de los primeros puestos de las listas de ventas.

España indie.

La Generación X en España fue especial, ya que tanto artística como espiritualmente tardó algunos años más en fraguar y no fue hasta ya bien entrados los 90 cuando empezó a notarse que algo estaba pasando aquí también.

Poster de la película "Historias del Kronen" (Montxo Armendáriz, 1995)

En nuestro país la sociedad de bienestar aún no había llegado a aburrirnos y nuestros padres no habían sido, desde luego, hippies. Además los años 80, al contrario que en otros países, habían sido espléndidos en libertades y utopías y muy fructíferos en el Arte. Más que de Generación X podríamos hablar de generación Indie (herederos de los JASP: Joven Aunque Sobradamente Preparado), en cuanto a que, tomando nota de lo que estaba ocurriendo en el mundo anglosajón, el Arte se liberó, o al menos lo intentó, del corsé del mercado y miles de jóvenes se lanzaron a escribir, a formar grupos de clara influencia británica, y a montar discográficas y revistas desde la más absoluta independencia. En opinión de Paco Loco– quizá el productor musical español más importante de los últimos 20 años- la generación de los 90 era muy culta y con muchas inquietudes, y ya no querían ser rock stars. Estaba esta primera generación de niños de la democracia- mayoritariamente universitarios y de gran nivel cultural- dispuesta a demostrar lo que valía. Además, obviamente, también aquí hubo algún que otro escándalo y jóvenes escritores como Ray Loriga con su novela Héroes, en la que decía, entre otras perlas, “en mis sueños Dios me la chupa” o José Ángel Mañas con su novela Historias del Kronen, en la que se retrata la vida de unos niños bien madrileños que malgastan su vida (y de paso el dinero de sus padres) drogándose, follando y siendo inmorales, lograron hacerse enormemente conocidos. Pero no fue, ni por asomo, el mismo fenómeno, ni la misma generación, que en el mundo anglosajón ni hubo grandes aportaciones dentro del Arte pues no había auténtica rebeldía ni ideales. Según Francisco Fernández “los indies (españoles) son los nerds que han sido marginados en el instituto de su pueblo y luego tienen la ocasión de la vida universitaria en la gran ciudad y se vengan de los deportistas y populares”.

Porque, sea la generación que sea, estamos hablando de algo muy antiguo e inherente al hombre: el rechazo a lo inmediatamente anterior y consolidado para buscar la propia identidad. Como dice Diana Aller: “Todas las generaciones son X.

En opinión de Enric Montefusco– cantante del famoso grupo catalán Standstill y el más joven de los aquí citados- “esta dialéctica es inevitable y sana; higiénica. Todo se pudre y malbarata muy rápido, cada vez más, y hay que llegar pronto con ideas e imaginarios frescos”. Como apunta, con humor, Roberto Nicieza, también miembro de Australian Blonde y fundador de la imprescindible discográfica independiente Astro: “Mi novia tiene 9 años menos que yo y odiaba a mi grupo porque era el grupo de moda en su adolescencia, que representaba además a los pijos que cantan en inglés y se las dan de modernos… es la vida abriéndose paso”. Por algo el himno de esa generación, Smell Like Teen Spirit (huele a espíritu adolescente), de Nirvana, sigue siendo coreando por los más jóvenes.

El grupo Australian Blonde (foto: Luis Hevia)

La incógnita.

Así pues, visto o visto ¿Existió una Generación X? La opinión mayoritaria es que no: fue un invento de los medios de comunicación para vender revistas, ropa, libros y discos, un filón que cuando se agotó dejaron abandonado. Ciertas actitudes específicas e individuales- según piensa Enric Montefusco- a veces se convierten en icónicas y, por lo tanto, en carne de cañón de oportunistas, y al final en referencias manipuladas y simplistas para adolescentes perdidos. El consumismo entró en escena una vez más y consumió, valga la redundancia, a una generación hastiada de consumismo: Kurt Cobain no aceptó su propia fama y ser líder espiritual de nadie y terminó con su vida de forma violenta. A los grupos y artistas que, en general, más encajaban en el patrón se les ofrecieron contratos multimillonarios y una fama desmedida que, por lo menos en España, no se vio reflejada en auténtica influencia. Como dice Roberto Nicieza: “Personalmente opino que se encumbraron artistas que, no digo que no lo merecieran, pero quizá llegaron a la gente antes de que estuvieran preparados para entretener como lo hicieron sus antecesores”. Demasiado pronto. Y cuando, como es lógico, los auténticos empezaron a escasear, la máquina ya no podía pararse y comenzaron a crearse falsos profetas a la medida de las discográficas, editoriales y revistas: ídolos con pies de barro que nada tenían que decir fuera de una estética y una serie de clichés para seguir vendiendo la marca X. Pura ley de mercado.

Algunas personas, como Enric opinan que, quizá, todo esto, la amarga consciencia sobre lo rápido que todo pasa, es una manera de explicar la posmodernidad y el cinismo de la última década. Otros apuntan a que estamos viviendo los últimos coletazos de la Generación X, que aún no ha habido ruptura – en palabras de Roberto los nuevos artistas sólo se diferencian de los de los 90 en que dan por hecho que no van a vivir de su arte. Lo tienen somatizado – y que el cambió está a punto de producirse. La situación es insostenible y si bien la Generación X se reveló contra el capitalismo y el feroz consumismo dándole la espalda, la nueva generación que tiene que venir ha aceptado estas ideas pero será, a la fuerza, mucho más combativa, pues, como apunta Francisco: “En Las tribulaciones de un chino en China se cuenta la historia de un opulento que, hastiado de la vida, decide suicidarse. Como le falta valor, se lo encarga a un tercero. Pero luego, ante la inminencia de la muerte, ansía vivir. Creo que la crisis que se avecina (y que todavía no ha empezado) hará que el Estado de Bienestar se tambalee y entonces la gente saldrá de la apatía y el conformismo a la fuerza. Los nacido entre el el 45 y el 55 se han traído del futuro todo el dinero de aquellos jóvenes que no hemos tenido acceso al poder y que no vamos a poder pagar la hipoteca. Es una verdadera guerra generacional. Se acerca tiempos interesantes”.

Decía Coupland que la vida era un hartazgo y que la revolución sólo era posible desde el sillón. Esperemos que, visto lo visto, los más jóvenes se hayan dado cuenta de que desde el sillón sólo se puede ser un esclavo.

Manuel Astur González
www.manuelastur.wordpress.com

Etiquetas: Astro, Australian Blonde, Diana Aller, Douglas Coupland, Enric Montefusco, Estado de Bienestar, Francisco Fernández, Generación X, Héroes, Historias del Kronen, Irvine Welsh, JASP, Jeff Rubin, José Ángel Mañas, Kurt Cobain, Las tribulaciones de un chino en China, Meteosat, Michael Jackson, Nick Hornby, Nirvana, No Future, Paco Loco, Pearl Jam, R.E.M., Ray Loriga, Roberto Nicieza, Smell Like Teen Spirit, Sonic Youth, Standstill, Woodstock

Sobre el autor

Manuel Astur González

Manuel Astur González (Grado, Asturias, 1980) es escritor, periodista, poeta y productor musical. Entre sus muchas peripecias vitales destacan haber sido editor de la conocida revista cultural madrileña Arto!. Tras diez años en Madrid, actualmente reside en Barcelona, desde donde colabora con diversas revistas nacionales. Ha publicado relatos en varias antologías, destacando especialmente "Mi madre es un pez" (Libros del Silencio, 2012) o "Perversiones" (Ediciones Traspiés, 2012). Recientemente ha salido al mercado su primer libro; el poemario "Y encima es mi cumpleaños" (Esto no es Berlín Ediciones, 2013).

¡Comparte este artículo!

4 Comentarios

  1. Roxana Popelka 5 junio 2012 at 11:06

    Siempre hay algo de verdad en los restos de una generación, especialmente si se hace visible a través de los mass media.

  2. lala 25 agosto 2012 at 20:43

    Claro que hubo una generación X. Es la que retrata el reno renardo en su tema ‘crecí en los 8o’. El mayor desengaño de los de mi generación X fue la de que había que estudiar porque era la vía para asegurarse el futuro. Nuestros padres, hijos de la postguerra, nos inculcaron esto viendo que los arquitectos, médicos, abogados, etc. de su época vivían como reyes. Muchos conseguimos esos puestos, pero viviendo como mileuristas.

  3. poli 10 octubre 2012 at 14:44

    Interesante artículo. Claro que existimos, los casi cuarentones de hoy somos esa generación X. Nos matamos a estudiar y al llegar al mercado laboral nos encontramos con todos los puestos copados y bien cogidos por la generación anterior. Se inventó y extendió la palabra curriculum, que en realidad no servía para nada, sino para asistir a interminables procesos selectivos y entrevistas laborales donde te miraban por encima del hombro y a veces ni los leían. Tuvimos que soportar la soberbia de las generaciones de nuestros padres a diario y lidiar con el hecho de que eramos en realidad unos mantenidos. Muchos se desahogaban en la noche de la música techno y el after hour, que en realidad acudías porque no querías volver a casa. Aunque el sexo no nos preocupaba tanto porque ya estábamos más liberados que las generaciones anteriores, siempre ese miedo a las enfermedades, sobre todo al vih, que todavía no se había convertido en una enfermedad crónica. Ahora que echo la vista atrás, y veo a éstos jóvenes veinteañeros de hoy, no soy como mi padre, no pienso que no sirven para nada o que no saben vivir, los miro con respeto y a diferencia de lo que pasó conmigo, sí creo que son inteligentes y que se crearán un gran futuro y mundo mejor para todos.

  4. Adrian Castillo 15 marzo 2013 at 21:27

    Buen Articulo:

    De hecho esta generación se quedo en el limbo, como dijo el usuario Poli, estudiamos como nunca y nos topamos con los trabajos vedados, ocupados por ancianos.

    Una generación que es el eslabon perdido entre la vieja y la nueva tecnnologia,

    desde las tarjetas perforadasde las computadoras hasta el wi fi.
    Desde el video casette beta hasta el blue ray
    Desde el wolswaguen hasta los manejados con gps
    desde el pacman hasta el wii.
    Desde la unica tribu de los grafiteros hasta las mas de 200 tribus urbanas.
    desde las tv de bulbos hasta las led.
    Desde el metodo del ritmo, los condones unicos hasta la pildora de emergencia.
    Tantas cosas que yo le llamaria un eslabon perdido.

Envía tu comentario