Revista de Letras

Lecciones de baile para mayores, de Bohumil Hrabal

leccionesLecciones de baile para mayores. Bohumil Hrabal
Traducción de Jitka Mlejnková y Alberto Ortiz
Metáfora (Madrid, 2003)

El sol se iba acercando a la línea del horizonte y la señorita Kamila estaba subida en una escalera de mano, comía unas cerezas y sonreía al anciano de abajo, que todos los días le trae un ramo de rosas, sustraídas en jardines ajenos, y le promete que volarán juntos de Viena a Budapest, para enseñarle todos esos lugares en los que había estado en los tiempos del Imperio Austriaco.

La mayoría de los ancianos tienen esa ternura que los hace tan especiales. Han recorrido muchos años en la vida, tal vez ello les ha permitido descartar lo que no vale la pena y mostrarnos lo que si vale. Para ellos es muy importante recordar, sus recuerdos los dicen una y otra vez como deseando pasen también a ser de quien los escucha. El narrador de Lecciones de baile para mayores de Bohumil Hrabal, Jiri, un anciano zapatero que platica con Kamila, una bella joven que toma el sol en la playa y que se advierte tiene intenciones de seducir, repite con alegría: “¡Qué memoria la mía! ¿verdad?!” o “¡Qué memoria la mía, da gusto!”, alegrándose de que a su edad la memoria no le falle. Qué ternura provoca, brota el deseo de prodigarle una caricia.

También, en los recuerdos de muchas personas mayores vive, explícita o implícitamente, la frase “Antes, esto era mejor. Ahora, ya no es lo mismo”. Para este anciano zapatero, por ejemplo, el progreso, la Modernidad, “ha sido una verdadera peste” para la cerveza, el pan y la mantequilla, por ejemplo, porque:

Josef Lada 1La técnica, para estas cosas, hay que emplearla con mucho tino, en las antiguas industrias, la cerveza se cocía en cobre, el fuego para los calderos se hacía con troncos resinuosos y la llama traspasaba aquel cobre y caramelizaba la cerveza, igual que para el pan se empleaba el centeno que hasta noviembre se hacía reposar en los graneros, para que toda la fuerza de las espigas entrara en el grano, sólo después se desgranaba… ¡qué pan, aquel! ¡Se podía oler a un kilómetro cuando se horneaba ese regalo de Dios! ¡Cuanto más antiguo, mejor…

La mente de Jiri, es a veces como la de un niño. Nos narra episodios de su vida, como aquella anécdota de su vaca, “un animal feo y cojo, pero que parió quince terneros”, que cuando murió dejó un ternero que al crecer no podía ver ni un tren ni una bicicleta, por lo que le ponían unas anteojeras. El anciano zapatero pasa de un tema a otro constantemente. Está hablando, por ejemplo, sobre el pan, y miren lo que viene a su cabeza, es genial. En cuanto termina de decir “¡Cuanto más antiguo, mejor…” refiriéndose al pan, expresa:

lada_det_kantPor eso el Emperador prefería viajar en Landó más que en coche y le gustaba beber vino, por eso murió en un excusado, pero él si sabía cultivar el Renacimiento europeo con la Sratová: Yo estaba entonces de guardia en Maidling y vi con mis propios ojos como el Emperador le sujetaba la escalera y la protegía; mientras la Sratová allí subida cogía unas ciruelas, él le echaba miradas bajo sus faldas como si fuera Goethe…

Además de su ternura, la ironía y el humor de Jiri, un gran humor, son notables. Está contando sobre el ternero, el hijo de su vaca coja, cuando cambia de tema y rememora que la iglesia siempre tuvo sus más y sus menos con la nación checa: “se pasó casi mil años intentando apaciguar las pasiones, pero ¿quién puede con las naciones?… éstas se rigen más que nada conforme al opúsculo del señor Batista sobre las garantías de la felicidad matrimonial, que viene a decir que en cuanto un hombre ve a una mujer hermosa, inmediatamente le empieza a recorrer un hormigueo y, acto seguido, se pone a pensar cómo llevársela a la cama; como suele decir el poeta Bondy, se trata del deseo de trasladar a las mujeres de la posición vertical a la posición horizontal y que él, aun siendo poeta, gracias a tal posición horizontal, tiene ahora dos hijos, que siempre tiene que llevar consigo en cochecito”.

La ironía en esta novela me parece notable, con ella el narrador hace resaltar el sentido verdadero de lo que realmente quiere desvelar. Está hablando de lo trabajadora que era su madre, de lo santa que fue y que lo educó a él y a sus hermanos ella sola, cuando le viene a colación su vecino, Mejtnej, que igualmente era muy trabajador y que así como laboraba en los campos atendía una taberna: “Pero su mujer, en lugar de servir copas a los clientes, se las servía a sí misma, y él, como era tan católico, la pegaba, la pegaba y la pegó hasta matarla, conforme al Antiguo Testamento, pero eso sí, las vacas y los caballos estaban relucientes, el cofre repleto de dinero y las libretas ahorro en la caja”.

En este monólogo no puede pasarse por alto el contexto histórico como una de las partes fundamentales, la primera edición de la novela es de 1964. Esos vestigios del Imperio Austro-húngaro que se tocan en todas partes porque no se han ido, están ahí en esa época de plena transición en la que vive el artista zapatero. El antes y el ahora, el recuerdo de ese Imperio y sus cenizas evidentes así como la modernidad que percibe vacía, reciben del narrador una crítica inclemente y, a la vez, existe una nostalgia por lo que fue y ya se ha ido. Veamos un ejemplo entre tantos otros:

Al Emperador le gustaba ponerse un kaiserrok, un abrigo que parecía un frac cerrado, así de fina era aquella familia imperial, pero los líos que tenían eran los mismos que los de otras familias: el hijito, el príncipe heredero, tuvo que tomar por esposa a la princesa belga Estefanía, pero se pirraba por el cuerpo de la Vecerová, aquella belleza de busto y ojos exuberantes, bueno, y todo acabó en un tiroteo colectivo… y Dasa, aquella farmaceútica, que tenía desconocimientos básicos en lo relativo a la vida sexual sana, pues ésa me dijo, cuando le conté lo de la tragedia de la vida imperial: “Bueno, yo también le pegaría un tiro, si fuéramos marido y mujer, y usted anduviera con otra”, así me lo dijo, porque la tragedia el mundo, y a los escritores de novelas no les falta materia abundante para escribir… En todos los años de reinado (del Emperador) no hizo más que la reforma monetaria y mandar ahorcar a Slosárek y a Hugo Senk (…) Al viejo Imperio Austrohúngaro le gustaba darse postín, pero por otra parte si uno iba de paseo no hacía más que tropezar con la prótesis y muletas de los mendigos y, en lugar de disfrutar del busto de una señorita, uno andaba angustiado de tanta miseria…

Jiri nos sigue siempre contando sus recuerdos, sus correrías amorosas, sus triunfos, tristezas, alegrías, fracasos, anécdotas de un hombre soltero, es todo un lujo escucharlo. Del humor, en ocasiones muy negro, pasa a la tragedia y viceversa, la novela es un canto a la vida, a la muerte, al amor, al arte, a la poesía. Jiri es muchas veces irreverente, descreído, burlón, impar:

jaro1954Los libres pensadores reprochaban a la Iglesia que Cristo, si era Dios, tuviera relación carnal con una mujer perdida, pero yo decía que en eso no había nada que hacer, que ante una belleza yo también me rendía, como no iba a sucumbir Cristo, Nuestro Señor, el hombre más seductor de su época, y ya ven, María Magdalena, aunque de oficio fue ramera en un bar, logró, no obstante, la santidad y conquistó  popularidad en el cielo y no traicionó  a Cristo; con su propio cabello limpió  su sangre y él, pobrecito, clavado en la cruz por haber predicado a favor del progreso social y que todas las personas fueran iguales.

Lo que sigue a este párrafo es genial…

Esta novela no debe dejar de leerse, es de esas novelas que se quedan dentro de uno, que jamás se olvidan…

(Las ilustraciones que acompañan a este texto son de Josef Lada)

Magda Díaz y Morales
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Etiquetas: Bohumil Hrabal, Lecciones de baile para mayores, Metáfora

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