
Cabaret Voltaire continúa con la recuperación de la obra de la escritora francesa Annie Ernaux, en esta ocasión, con Una mujer, publicada en 1987 en francés. Un breve libro que la autora dedica a la figura de su madre.
“Voy a seguir escribiendo sobre mi madre. Es la única mujer realmente importante en mà vida y estaba demente desde hacÃa dos años. Quizá harÃa mejor en esperar a que su enfermedad y su muerte se fundan en el curso pasado de mi vida, como ha sucedido con otros acontecimientos, con la muerte de mi padre y la separación de mi marido, para tener esa distancia que facilita el análisis de los recuerdos. Pero en este momento no soy capaz de hacer otra cosaâ€.

La narrativa de Ernaux, en su conjunto, supone un trabajo continuado en el que cada obra, directa o indirectamente, se relaciona entre sÃ. A veces de manera explÃcita, tomando elementos de unas novelas en otras, creando vasos comunicantes entre sÃ. Desde diferentes perspectivas, pero siempre a través de una mirada única y personal, Ernaux vuelve continuamente a su pasado, indaga y reflexiona sobre él, sobre quienes lo poblaron y sobre ella: sobre su perspectiva al mirar hacia atrás desde un presente en el que se cuestiona y, a su vez, piensa sobre la capacidad de la literatura para operar como vehÃculo para recuperar esas memorias. Hay siempre en las palabras de Ernaux una pulsión dialéctica que persigue alcanzar la mejor manera de dar cuenta sobre ese pasado, atendiendo a la descripción material y figurativa para recrear con precisión, pero de forma sucinta, el espacio fÃsico de ese pasado; pero también ahondando en cómo la literatura, la palabra, puede, o no, resucitar emociones abstractas muy precisas. Tanto intimas (individuales y personales) como generales (sociales y polÃticas). Y, sobre todo, cómo a través de esos recuerdos y su construcción literaria, Ernaux se observa en su presente.
El primer capÃtulo de Una mujer comienza con la muerte de la madre de Ernaux; mejor dicho, con su certificación. Después, durante unas pocas páginas, la escritora (de)escribe con extraordinaria precisión el proceso desde la notificación hasta el entierro. Una escritura milimétrica, distante emocionalmente y, a la vez, de extrema dureza en un relato a través del cual Ernaux busca ordenar los hechos y transmitir una suerte de sentimiento de irrealidad: aquel que surge ante la muerte y lo absurdo -administrativo, social- que se instala a su alrededor en los primeros instantes. Después, la extrañeza, el vacÃo. La ausencia y el dolor.
“Me parece que ahora escribo sobre mi madre para, a mi vez, traerla al mundoâ€.
Entre el diario y el relato memorÃstico; la autobiografÃa y la ficción; y el ensayo histórico y social y la confesión Ãntima y personal, Una mujer, como casi siempre en Ernaux, rompe los lÃmites asignados a la narrativa para buscar su propia voz y el modo más preciso y adecuado para trasladar al papel unos sentimientos contradictorios; también para, mediante la escritura, no solo recuperar a la figura materna -en otros lugares fue el padre o la propia Ernaux y algunos pasajes muy particulares de su vida-, sino para lograr que perviva -o sobreviva- gracias a la literatura. En ese sentido, como encontramos a menudo en la obra de Ernaux, asistimos a una lucha constante entre ese deseo -y creencia- en la literatura como vehÃculo para alcanzar la persistencia en el tiempo y la duda de si esto es en realidad posible. ¿Vivirá para siempre la madre a través de estas páginas? Y de hacerlo, ¿será capaz de, desde la concreción del recuento de su vida, de transmitir quién fue?, ¿Cómo vivió? ¿Qué sintió?
Quién fue.
Y, de paso, conseguir averiguar quién es ella.
“Esta forma de escribir, que me parece ir en el sentido de la verdad, me ayudar a salir de la soledad y la oscuridad del recuerdo individual, por el descubrimiento de un significado más general. Pero siento que algo en mà resiste, querrÃa conservar de mi madre imágenes puramente afectivas, calor o lágrimas, sin darles un sentidoâ€.
Una mujer es un bello relato sobre la ausencia, sobre cómo atrapar el recuerdo de alguien que estuvo presente de manera fÃsica, que fue, y que de repente ha dejado de estar. En el fondo, un relato fantasmagórico que lucha contra el olvido y el paso del tiempo. Pero también, la visión a través de la madre de Ernaux de una figura femenina en un contexto social, polÃtico e histórico particular: a través de las páginas de Una mujer nos asomamos a una vida de provincias, a unos anhelos sociales, a las pérdidas que se producen durante el camino y a los cambios que se producen en el paÃs. Si bien su desarrollo es menor que en otras obras de Ernaux, como en la recientemente publicada por la editorial, Los años, la idea prevalece y muestra el deseo de Ernaux de hablar de lo general desde lo individual. O bien, introducir lo personal en un contexto tanto Ãntimo como global. Para Ernaux la singularidad define una identidad particular; pero también revela en muchos aspectos la pertenencia a un contexto, a una tradición, y a un devenir histórico preciso que modula, de una manera u otra, la forma de ser individual. Y entre lo Ãntimo y lo general, Ernaux recupera la figura de su madre a través de la literatura, aunque, finalmente, queda cierta desolación al considerar que, con su pérdida, la escritora, ha perdido “el último nexo con el mundo del que salÃâ€.
“Esto no es una biografÃa, ni una novela, naturalmente, quizá algo entre la literatura, la sociologÃa y la historia. Mi madre, nacida en un medio dominado, del que quiso salir, tenÃa que convertirse en historia, para yo me sintiera menos sola y falsa en el mundo dominante de las palabras y las ideas al que, según su deseo, me he pasadoâ€.