Revista de Letras
12 años de Periodismo Cultural

Escuela RdL: Una de zombis. "El jardín colgante", de Javier Calvo

3 diciembre 2012 Críticas

El jardín colgante. Javier Calvo
Seix Barral (Barcelona, 2012)

Existe en los últimos años, en la literatura española, una tendencia hacia cierto revisionismo histórico, cuyo resultado parece ser la deconstrucción de incuestionables mitos fundacionales, sobretodo de aquellas épocas más problemáticas que siguen teniendo un marcado sesgo ideológico. Porque la épica es a la Historia lo que el melodrama a los sentimientos, un enfoque que, fingiendo interesarse por el objeto, simplifica tanto el mensaje que acaba desvirtuando la realidad y creando una narración paralela, ingenua y sin profundidad. El jardín colgante, del traductor y escritor barcelonés Javier Calvo (1973), participa de esta tendencia revisionista, pero lo hace desde la sátira, el antihistoricismo y el esperpento.

Esta novela, ganadora del Premio Biblioteca Breve, se supone la segunda entrega de una trilogía que comenzó en 2010 con Corona de flores, y que sin tener una continuidad argumental, comparte con aquella el gusto por lo gótico (entendido como siniestro) y la ambientación en Barcelona en un momento histórico de cambio. Una ciudad real transformada en arquitectura inverosímil, en espacio desasosegante, donde lo imaginario acaba destruyendo las certezas del pasado.

“Un país concebido como un jardín. Sin las complicaciones que trae el pasado. Sin ideas preconcebidas. Sin heridas. Bien rastrillado y hermosamente autocontenido. Sin caminos que entren o salgan. Sin caminos al pasado o al futuro. Un jardín colgante, desconectado de todas las cosas. La idea es extrañamente fascinante, igual que a veces lo es la idea de la muerte: destruyendo el futuro, se destruye también el pasado. Matar las cosas para que nunca hayan existido. Limpio y fascinante como un hechizo. Un país que no será un país. Será algo nuevo para lo que no existe nombre”.

El jardín colgante es una suerte de novela policíaca ambientada en 1977, un tiempo furioso en que el régimen que había surgido del final de la dictadura se enfrentaba a las tensiones de la descomposición. Un país lastrado por cuarenta años de nacionalsindicalismo, que al final se desvanecía entre la violencia absurda de los involucionistas y la esperanza utópica e insensata de la  extrema izquierda postsesentayochista. La Transición, le llaman los historiadores a ese tiempo. Una fase de la historia española propensa a la edulcoración y la propaganda que Javier Calvo se pasa por el arco del triunfo para construir una narración de zombis, de seres alienados y sin alma, de verdaderos canallas cuyas motivaciones apenas conocemos moviéndose en el ocaso de un mundo. Barcelona era entonces una ciudad gris, en cuyos bares más mugrientos comenzaban a sonar aquellos ruidos chirriantes que desembocarían en el no future. Y para postre un meteorito acaba de chocar contra nosotros.

No está nada mal como decorado. Bueno, también deberíamos añadir un islote mediterráneo que deviene en todo lo contrario de la idea del paraíso que cualquiera de ustedes podría tener. En este decorado fantasmal e inverosímil se mueven a sus anchas unos personajes caricaturescos que causan grima, por su aspecto, por sus acciones, por existir simplemente. Seres como Arístides Lao, alias Agente Sirio, una malformación zafia e inquietante del necio Ignatius Reilly de J. K. Toole, o Teo Barbosa, el larguirucho infiltrado en la organización terrorista TOD, que recuerda a aquel Onofre Bouvila de una de las mejores novelas de Eduardo Mendoza. Y es que a Javier Calvo le ha salido una novela muy mendoziana, si me permiten la expresión, no sólo por la desvergonzada soltura con la que ambos inventan nombres para sus personajes, sino también por esa textura paródica que comparten.

La historia que cuenta la novela, narrada en tercera persona, es la exterminación de una célula terrorista por parte de los servicios secretos españoles. Y lo hace alternando capítulos que le dan voz a unos y otros, capítulos escritos con evidente tensión narrativa, que desembocan hacia el final en una especie de holocausto caníbal repleto de higadillos y decapitaciones gratuitas, en una vorágine feroz de violencia y salvajismo bien regada con drogas alucinógenas.

El jardín colgante ha de ser leída con sentido del humor, como una alegoría o una burla hacia la novela policíaca y la novela histórica, repleta de guiños sarcásticos y simbólicos, cuyo tema al final parece ser la identidad, o más bien la pérdida de ella. Aquí no hay buenos ni malos, ni siquiera verdades y mentiras, no hay denuncia social, ni mucho menos una leve esperanza de redención; lo que hay es impostura, traición, vacuidad y manipulación en un mundo irreal y apocalíptico. En fin, El jardín colgante le gustará si le gustan las historias broncas, oscuras y dementes. O las películas de zombis.

José Navarro

Esta crítica ha sido seleccionada entre las presentadas por los alumnos del Grupo I como ejercicio de la Unidad Didáctica 2 (“La crítica y la reseña. Fronteras y sinergias”) del Curso de Periodismo Cultural de Revista de Letras.

Etiquetas: El jardín colgante, Escuela RdL, Javier Calvo, Seix Barral

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