Revista de Letras
12 años de Periodismo Cultural

Personajillos 3.0: "Exhumación", de Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez

Exhumación. Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez
Alpha Decay (Barcelona, 2010)

El tum tum de la pista que se te mete entre el esternón y la carne. Gritos, manos alzadas, bailes zómbicos. Tum tum. Una veinteañera en minifalda muy minifalda se aparta del grupo y sale corriendo al lavabo, haciendo equilibrio sobre dos tacones de cristal. Por supuesto, en el lavabo de tías la cola es interminable y decide entrar al de tíos. De un empujón le quita el sitio a uno que esperaba con las manos en los cojones y se mete en el cuchitril que huele a orines. Bloquea la puerta, baja la tapa del váter y se sienta en el retrete. Es un frenesí. Extrae cuaderno y boli rojo de su bolso y escribe escribe escribe nunca he soportado las fiestas, las gotas de sudor caen sobre el papel sal a la pista: inmólate,  lesbovampirismo y se escuchan golpes en la puerta del cuchitril ¿hasta dónde demonios estaba dispuesta a caer? y el calor es más calor, el orín huele peor pero ella detesta a los hombres un tío grita del otro lado, la chavala no para, no puede soy la moda, tu hermana, el boli se agota, hay que seguir escribiendo, ya acabas el amor a uno solo es una barbarie, pero se consigue a costa de todos los demás, el boli se queda sin tinta, venga, acaba, exhibicionismo del happy end, genial, de puta madre. Volvamos a la pista. Tum tum.

Y yo que pensaba que Exhumación había sido escrito así, en un rapto, entre pasti y pasti, en sólo unos minutos encerrada en un lavabo de discoteca, entre besos lésbicos y música para zombies… Pero no. La ya célebre Luna Miguel confiesa que la coautoría con Antonio J. Rodríguez (a.k.a. Ibrahim Berlin) se desarrolló en un treintañero, sencillo y estereotípico café de barrio.

La pregunta: ¿cómo puede ser que un librito de no más de 60 páginas que se entiende más bien poco haya levantado tanta polvareda? (Pregunta que, quizás, se habrán formulado los críticos del XIX con ese niñato de 19 años llamado Rimbaud y Una temporada en el infierno. O incluso los detractores de los beatniks casi cien años después. O los escandalizados por Bukowski en la década siguiente).

Las posibles respuestas: porque sus autores son “jóvenes insultantemente jóvenes” según El País; porque son jóvenes postnocilla (qué poco dura todo que al año siguiente ya se lo considera post); porque son “futura carne de revistas de tendencias”, según Javier Calvo; porque vuelcan su catarsis blogoadolescente con el principal objetivo de construir sus personajillos y marcar camino; porque son el reflejo de la comunicación inmediata de sms y textos con más fotos que letras; porque, siendo guapos y fashion y descarados, es muy fácil atraer prensa que necesita llenar páginas con cosas vendibles…

Y, principalmente, porque Exhumación es una apuesta atrevida de Alpha Decay para ampliar un catálogo ya de por sí atrevido. Atrevida, aunque quizás no demasiado riesgosa como dicen por ahí.

Para quienes no conocen a la autora, Luna Miguel es una bloguera 3.0 que construye ese personajillo en su blog a fuerza de sentencias trasgresoras, fotogénicas, catárticas y a ratos agresivas. Escribe una columna en el diario Público y con su precocidad ya exhibe una fulgurante carrera poética. De más bajo perfil, Antonio J. Rodríguez es crítico literario en la revista Quimera, y a pesar de sus escasas 23 primaveras se vislumbra un importante bagaje lector. Ella enlolitada y él rimbaudizado, con estos antecedentes no es difícil suponer qué parte de Exhumación fue escrita por una o por otro.

Por tanto, pasemos a hablar del libro, ¿no? Es que doy tantos rodeos porque no tengo mucho para decir sobre él, sino más bien sobre lo que hay alrededor de él. A ver, intentémoslo: la historia versa sobre dos chicas que son pareja, Djunia y Amalia, que huyen de padres muertos, de prejuicios y de “un mundo que las aburre”. Para lo cual se sumergen en la noche de la discoteca El Rostro Encendido, submundo plagado de personajes eclécticos como Kerri –el dueño de la discoteca–, Memphis –el DJ–, o un curioso enano de traje blanco (¿habrán visto mucho Lynch estos chicos?). Djunia despotrica contra el empaquetamiento juvenil (“eres una linda gatita que reparte caramelos a las japonesitas manga”); o bien subraya su atracción hacia Amalia, modelo muy guapa enemiga del sexo masculino, pero que ahora está “en calma por la seguridad que le proporciona un sexo menos conflictivo”. Hay sensualidad, hay buenas intenciones. Hay prosa poética de frases inconexas, cursivas, espacios en blanco y versalitas… A veces el juego parece funcionar, pero cae en un exceso de verborrea propio de una primera prosa:

Amanda representa el mismo papel que todo el mundo por aquí cerca (saberse amada), pero quizá, no sabes muy bien por qué. O sí, porque la amas, ella va más allá.

Las últimas dos frases simplemente me sobran.

Sin embargo hay pasajes interesantes, por ejemplo cuando Djunia equipara a su Amalia como una diosa griega, o cuando entre tanto tum tum, disfraces y luces asfixiantes podemos llegar a la conclusión de que, a fin de cuentas, el centro del universo siempre es uno mismo.

Esta tendencia de hacerse célebre en la red y saltar al papel no sólo demuestra lo analógicos que seguimos siendo, sino que configura un trend que no tiene intenciones de parar en los próximos años. A este tren ahora se suben Luna y Antonio con su precocidad, su impostura y su desbocada intención de crear huella a golpes de bytes y fotos provocativas en blogs y en revistas de distribución nacional.

Todo esto prueba que, hoy día, entrar en el mercado editorial depende más de saber usar con astucia las nuevas herramientas de difusión, que de permanecer encerrado durante horas haciendo lo que realmente debe hacer un escritor: construir historias.

Alguien calificó a Exhumación como la precuela de algo que promete. Que dentro de unos años se buscará en librerías de viejo para entender el origen que habrá marcado la tendencia del año 2020. Quién sabe. Lo cierto es que los beatniks tampoco empezaron siendo beatniks. Ni siquiera Rimbaud, a los 19 años, sabía que iba a ser Rimbaud. Por eso dejemos que el tum tum de Luna y Antonio siga sonando, a ver qué nos ofrecen la próxima.

Franco Chiaravalloti
http://decatisondeteibol.blogspot.com

Etiquetas: Alpha Decay, Antonio J. Rodríguez, Exhumación, Luna Miguel

Sobre el autor

Franco Chiaravalloti

Franco Chiaravalloti (Buenos Aires, 1979) es escritor y profesor de narrativa. Máster en Teoría de la Literatura por la Universidad de Barcelona, ha publicado el libro de cuentos 'Como un cuentagotas que se presiona suave, muy suavemente' (Hijos del Hule, 2009). Asimismo, suele colaborar como lector y redactor para diversas editoriales. Actualmente imparte clases de novela y cuento en la Escola d'Escriptura del Ateneu Barcelonès. En 2010, su blog 'Decati Sonde Teibol' fue finalista del premio Revista de Letras al Mejor Blog de Creación Literaria.

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