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Desde el noir, en el noir, sobre el noir

La última novela de Toni Hill, el cómic de Teresa Valero y el ensayo de Àlex Martín y Jordi Canal son tres interesantes muestras de la buena salud del género negro | Foto: Cottonbro, Pexels

Suicidio, asesinato, extorsión, crimen organizado, secuestro, mafia, policía, robo, apuñalamiento, tiroteo, venganza… No se puede decir que el género negro destaque por el optimismo y la jovialidad de su campo semántico. Sin embargo, o precisamente por ello, hay algo que nos atrae en este tipo de obras para atraparnos desde la portada y no soltarnos hasta la última página o minuto de metraje. Disfrutamos descubriendo el lado perverso de nuestra humanidad, y ese placer (no tan) culpable nos ha llegado a todos, o casi todos, en algún momento de nuestras vidas.

Desde la ventana de Teresa Lanza

Si preguntamos a cualquier aficionado al género sobre los mejores escritores españoles de novela negra en activo, el nombre de Toni Hill estará en boca de muchos de ellos. Este escritor barcelonés es el creador del inspector Héctor Salgado y con su primera obra, El verano de los juguetes muertos, se convirtió de manera casi instantánea en un auténtico éxito de ventas y traducciones a otros idiomas. Sin embargo, Hill no se quedó instalado en la comodidad de la fórmula detectivesca que tan bien funcionó en su primera trilogía y decidió explorar otros terrenos como el de un extrarradio barcelonés en tono de suspense (Tigres de cristal) o la urbanización burguesa donde suceden la mayoría de acontecimientos de su última obra publicada, El oscuro adiós de Teresa Lanza.

Grijalbo

La historia de El oscuro adiós arranca con el testimonio del fantasma de Teresa, una Teresa espectral que muchos han comparado con otro conocido fantasma del noir, el de la hija de Charlie Parker de John Connolly, aunque yo no pude evitar pensar en ese arranque de ultratumba que acabó eliminado de las escenas iniciales de El crepúsculo de los dioses. Sea como sea (al fin y al cabo, a cada uno le asaltan las referencias que tenga más frescas), en muy pocas páginas Hill logra situarnos en la atmósfera y localización donde se va a centrar la mayor parte de la trama. Castellverd se presenta como la clásica urbanización de clase alta a las afueras de Barcelona donde nunca pasa nada, hasta que pasa. Y en este caso, el supuesto suicidio de Teresa Lanza, acontecido un año antes, reaparece en las vidas de cinco familias conectadas por unas tramas que conforme avanza la historia, se hacen más y más complejas. Castelleverd se convierte de esta forma en un espacio cerrado, claustrofóbico, donde nadie parece tener escapatoria.

El que en mi opinión es el primer acierto del escritor está en que su propuesta no sigue ningún cánon de “descubrimiento de muerte lleva a investigación”, sino que todo se cuece a fuego lento para que podamos saborear cada uno de sus ingredientes, que son muchos y con múltiples matices. Teresa murió en extrañas circunstancias, sí, pero al fin y al cabo sólo era una inmigrante que limpiaba las casas de otros para ganarse la vida mientras estudiaba para dejar aquella vida atrás. Es por ese motivo que la narración casi deja abandonada a Teresa en un meditado segundo plano para adentrarnos en una novela de personajes en la que vamos conociendo poco a poco las relaciones entre ellos y donde se nos van encendiendo múltiples alarmas ante la potencial relación con el trágico suceso que ha vuelto a sus vidas a través de unos carteles colgados en su urbanización.

De esta forma, El oscuro adiós de Teresa Lanza se va convirtiendo hacia la mitad de su extensión en otra cosa. Lo que era una exploración de la psique humana y sus contradicciones va dejando paso a una trama llena de oscuridad y peligros que nos acerca a un desenlace poco previsible y que, por el camino, nos ha dejado la extraña sensación de que saber lo que le pasó a Teresa no es tanto el fin como el medio para contarnos algo mucho más grande.

Tal vez por eso, calificar la última obra de Hill como novela negra me parece algo impreciso. Al autor se le quedan cortas las etiquetas y de la misma forma que no hablamos de Ishiguro o McEwan como escritores de ciencia ficción por haber escrito sus últimas obras en esa clave (Klara y el sol y Máquinas como yo, respectivamente), tampoco Hill se deja encerrar entre esas fronteras. El último adiós de Teresa Lanza realiza un complejo retrato de nuestros miedos, inseguridades, anhelos y, por supuesto, nuestro lado más oscuro donde la muerte de Teresa no es más que un pretexto para entender el resto de la historia. La habilidad del autor a la hora de construir a esos personajes que parecen más bien personas creo que no debería pasar inadvertida para los productores de las múltiples plataformas que nos atiborran regularmente con series de mucha menor profundidad psicológica. Si leen la novela y no piensan que esto da para una serie de éxito, les devuelvo de mi bolsillo el dinero que gastaron en su ejemplar.

En tiempos de Franco, esto no pasaba

Pero si lo que les pide el cuerpo es una historia de género negro clásico, corran a la librería de cómics más cercana a comprar Contrapaso, la nueva obra de Teresa Valero. La autora madrileña ha concebido una de esas obras que reclaman premios desde el día de su publicación por lo interesante de su trama y lo sensacional de su apartado gráfico. Porque sí, Teresa es una de esas autoras completas capaces de dominar guión y dibujo y que, por ese mismo motivo, tanta envidia generan entre los y las compañeras de profesión.

Norma Editorial

La trama de Contrapaso nos sitúa en el Madrid de los años cincuenta y nos lleva de la mano de las investigaciones de dos periodistas de sucesos. Y como en el caso de El último adiós, en Contrapaso no sólo interesa el caso que se traen entre manos sino también la relación entre estos dos personajes tan aparentemente distintos y que, sin embargo, deben reconciliarse (entre ellos pero también con sus demonios internos) para llevar adelante su investigación. Uno falangista y el otro hijo de un conocido comunista francés, ambos nos enseñan no sólo a rasgar esa venda en los ojos que era el prejuicio tan habitual en aquellos y estos tiempos (sólo con un detalle sobre alguien ya nos atrevemos a afirmar que sabemos cómo piensa y siente) sino a entender que muchas veces se puede respetar al que no piensa como nosotros, e incluso se pueden compartir metas comunes.

¿Pero qué investigan los personajes de Contrapaso? Una serie de asesinatos nos irán llevando por distintos lugares de la capital española y otras ciudades como Málaga para adentrarnos en una compleja historia que reúne muchos de los temas más candentes en aquella época. La represión de la dictadura, las diferencias de clases, la relación del poder con la prensa, el machismo imperante, el castigo a los homosexuales o los casos de bebés robados tan comunes por entonces pueblan un relato donde todos los personajes esconden más de lo que parece a simple vista.

En ese sentido, el trabajo de documentación ha sido soberbio. Cada viñeta no sólo nos habla de la historia sino de ese Madrid tan bien construido y reflexionado para este cómic. Nada queda al azar en esta obra de Teresa Valero que ya anuncia una continuación en dirección a la trilogía que todos esperamos. Ya me estoy frotando las manos.

Sobre el género negro y sus múltiples formas

Alrevés Ediciones

Ahora es cuando viene el giro final de la trama y les digo que me declaro un completo principiante en esto de la lectura de novela negra. Sé de los clásicos, conozco a un buen puñado de autores de primer nivel (aquí tendría que decir eso de “envío un saludo a mi amigo Francisco Bescós, no dejen de leer El porqué del color rojo”) y trato de seguir las tendencias que van marcando las novedades en las librerías, pero me pierdo entre toda esta maraña de subgéneros y etiquetas. Por ese motivo he abrazado con entusiasmo los dos volúmenes de A quemarropa que llegaron a casa desde la editorial Alrevés y que me han permitido sumergirme en el qué, el cuándo y el cómo de la novela negra de la mano de dos verdaderos expertos en la materia como son Àlex Martín Escribà y Jordi Canal i Artigas.

En su primera entrega, los autores decidieron centrarse en la época clásica y desgranar la terminología del género -algo que no es baladí-, entrando en materia a la hora de describir el concepto de novela policíaca, novela negra y sus múltiples ramificaciones hacia subgéneros como la novela de detectives, la de delincuentes o la psicológica criminal. Incluso se atrevieron a analizar los distintos cánones y argumentar la selección de listas solventes que han realizado y que acompañan el volumen junto a preciosas cubiertas clásicas que ya valen por sí solas como excelente selección para no iniciados (o para relectores convulsivos).

El segundo volumen de A quemarropa opta por presentarnos las nuevas tendencias del género en la época contemporánea, una novela negra y policíaca que acaba por convertirse en transversal para todo tipo de trama que la necesite en su propuesta. Es así como nos vamos moviendo entre las propuestas que más beben de lo clásico hasta toda esa retahíla de nuevas etiquetas que, ahora sí, me atrevo a mencionar en mis conversaciones con cierta sensación de conocimiento. Hablo de cozy mysteries, femikrimis, gastronoirs (¡chúpate esa, Ferran Adrià, una gastroetiqueta que no es tuya!), tartan noirs o mis favoritos, el neo-noir y el cybernoir. Y acabamos con un paseo interesantísimo por ese mundo de la mafia que tanto nos atrae que da pie a una nueva propuesta de cánones para esta nueva época del género y otra cuidada selección de cubiertas. Si es usted un aficionado al género, no puede permitirse no contar en su biblioteca con estos dos tratados que rezuman erudición y claridad expositiva. Y si aún no sabe de qué estamos hablando, no sé a qué espera para hincarles el diente.

Jose Valenzuela

Nacido en Terrassa, Jose Valenzuela es ingeniero, doctor en humanidades y papá de Llucia. Ha trabajado en laboratorios de física de nanomateriales o de realidad virtual, en departamentos de innovación biomédica y en agencias creativas. Apasionado de la narrativa en todas sus formas y del estudio de la mente humana, actualmente divide su tiempo entre su trabajo en neurociencia en el Brainlab de la Universidad de Barcelona, la docencia online y escribiendo en Jot Down Magazine y otros medios culturales.

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