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Pioneros de la ciencia ficción rusa

Alba Editorial reúne en un volumen once relatos de autores del género, de entre 1892 y 1929, como Bogdánov, Vólkov o Apujtin | Imagen: Cdd20, Pixabay

La ciencia-ficción rusa, un caso particular por la influencia que parecieron ejercer sobre ella las radicales etapas de su evolución política de los últimos doscientos años, un fenómeno no observado, al menos con la misma intensidad, en la historia del género del resto de literaturas occidentales ―aunque estos últimos años, con la llegada a Europa de autores chinos, parece que el fenómeno ruso no es tan exclusivo como aparentaba; algo debe tener el comunismo que excite de tal forma la literatura crítica con el régimen―, podría observarse, según el criterio temporal, agrupada en tres grandes períodos: el presoviético, el estalinista y el posestalinista.

En el primero de ellos, transcurrido entre los últimos años del régimen zarista y el fracaso de la revolución de 1905, el género, en plena definición, se desvía del camino tradicional, compartido con occidente, excepto por algunas particularidades de raíz asiática; los textos destacan su carácter utópico presagiando al comunismo como ideología definitiva, anticipándolo para un futuro no muy lejano y atribuyéndolo a sociedades extraterrestres avanzadas.

Con la llegada al poder del régimen estalinista, las utopías procomunistas se van convirtiendo en distopías. El estalinismo ha comenzado a mostrar su peor cara y ha hecho presa entre los intelectuales y los escritores no convenientemente afectos; estos, más inteligentes que sus censores ―un fenómeno recurrente en todas las dictaduras, incluida la que ocupó cuarenta años de la historia española―, utilizan la literatura de género, en especial la de ciencia-ficción, para mostrar las vergüenzas del Estado; sobreviven, naturalmente, unos pocos partidarios del estalinismo, pero estos se limitan a emplear la literatura como pura propaganda. Esta crítica al sistema mediante la fábula, la metáfora o la alegoría se extiende a la órbita política soviética y aparecen opositores literarios en todo el ámbito del telón de acero. No obstante ese florecimiento, la denominada Edad de Oro de la ciencia-ficción norteamericana no encuentra su reflejo en la Europa oriental, pues pocos escritores de allí llegan a manos de los lectores occidentales.

La relativa apertura que significó el fin del estalinismo provocó que los autores de ciencia-ficción, de forma parecida al resto de escritores, se atrevieran a ser más explícitos. La represión continuó, pero de forma más leve ―el exilio en lugar del gulag― en la URSS, pero fue perdiendo fuerza en los países satélites hasta su total extinción. El género recuperó su carácter universalista, aunque mantuvo algunos trazos particulares, presentes aún hoy en día, que lo diferencian de lo que se publica en occidente.

Alba

La antología Pioneros de la ciencia ficción rusa (1892-1929) recoge once relatos, inéditos en castellano, escritos por nueve escritores y circunscritos al primero de los tres períodos citados; algunos de los relatos remiten más al género fantástico que a la ciencia-ficción, mientras que otros, en la actualidad, podrían circunscribirse al género de terror.

Alekséi N. Apujtin es de la opinión de que la vida eterna debe ser un asunto muy aburrido que más parece un castigo que un premio, porque no se puede llamar vida a estar eternamente deseando reencarnarse; parece una alternativa mejor olvidarse de tanta beatitud y experimentar las alegrías y los dolores del ser humano.

Porfiri P. Infántiev escribe la que parece ser primera manifestación de la ciencia-ficción marciana en Rusia, el primer año del siglo XX. Debido a ciertos tintes procomunistas, fue censurado y represaliado por el régimen zarista por anticiparse en el uso de la ciencia-ficción para la crítica social.

Valeri Y. Briúsov, uno de los fundadores del simbolismo ruso, reconocido intelectual y escritor, muy influenciado por las corrientes literarias europeas, aporta, a finales del siglo XIX, una visión crítica de la futura dictadura del proletariado y de la consecuente tiranía absolutista.

Serguei R. Mintslov especula acerca de un revolucionario aparato que permite reproducir hechos ocurridos en un lugar determinado gracias a la impregnación que provocan en las paredes.

Aleksandr P. Ivanov, en un relato que mezcla la anticipación con el terror, con evidentes ecos de Poe y Lovecraft, teoriza acerca de la paradoja del viajero en el tiempo.

Ignati N. Potápenko, ubica su relato anticipatorio a mil años vista de la fecha de su publicación,  en una sociedad altamente jerarquizada en la que los avances médicos convierten al ser humano en prácticamente inmortal.

Aleksandr A. Bogdánov, el escritor de ciencia-ficción más conocido de su generación gracias a Estrella Roja y El ingeniero Menni, conjetura también acerca de la posibilidad de alargar la vida humana y de los conflictos políticos, sociales y éticos que comportaría esa circunstancia, dificultades solubles únicamente en el marco de una sociedad socialista, aunque siempre quedarían sujetas al imprevisible factor humano.

Vivian A. Itin revisa las miserias y las grandezas del ser humano frente a diversas circunstancias y realidades alternativas bajo el prisma de un pesimismo ontológico que puede llegar a reducir al ser humano a una insensible máquina de generar respuestas.

Alekséi M. Vólkov, un enigmático escritor del que se poseen muy pocas referencias, contribuye con dos relatos que se encuadran en la tradición de las visitas de seres alienígenas a la Tierra.

Joan Flores Constans

Joan Flores Constans nació y vive en Calella. Cursó estudios de Psicologia Clínica, Filosofía y Gestión de Empresas. Desde el año 1992 trabaja como librero, actualmente en La Central del Raval. Lector vocacional, se resiste a escribir creativamente para re-crearse con notas a pie de página, conferencias, críticas y reseñas en la web 2.0, y apariciones ocasionales en otros medios de comunicación.

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