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Sobre la tradición, la vanguardia y la crítica como género literario

Kriller 71 publica una selección de los artículos del poeta John Ashbery en los que reflexiona acerca del arte y el gesto artístico a modo de crónicas de sus visitas a galerías y museos | Foto: David Shankbone, WikiMedia Commons

En Las vanguardias invisibles. Escritos sobre arte (1960-1987) (Kriller71, 2021), con prólogo de Edgardo Dobry, se recogen una selección de artículos que el poeta y ensayista norteamericano, John Ashbery (1927-2017), escribió tanto en su estancia en París como en su regreso a Estados Unidos y que son un ejemplo de cómo aunar ensayo y crónica para elaborar una mirada crítica, en este caso, hacia el arte como vehículo para reflexionar sobre la obra propia.

Ashbery llegó a París en 1955, donde permaneció durante diez años. Debido a diversas circunstancias, en 1960 aceptó escribir para el Paris Herald Tribune sobre arte; a su regreso a Estados Unidos, seguiría haciéndolo para otras publicaciones como ARTNews, The New Yorker o Newsweek. Un trabajo que se extendió a lo largo de los años aunque no fuese del todo constante y que fue recogido en una compilación –Reported Sightings: Art Chronicles, 1957-1987– de la cual se ha llevado a cabo una selección para el presente volumen que da cuenta de una escritura que, aunque dependiente de las exposiciones de las que Ashbery debía escribir, resulta un ejemplo del aprovechamiento de ellas para exponer hondas reflexiones sobre el arte y el gesto artístico desde un hombre que proveniente de la poesía, de la letra, si bien también tuvo impulsos pictóricos, se acerca a la imagen, a la pintura, para establecer un diálogo que trasciende la inmediatez de aquello de lo que debe hablar.

Kriller 71

Esto último es importante: los textos sobre arte que encontramos en Las vanguardias invisibles, al menos la gran mayoría, surgen de aquello que Ashbery encuentra en galerías y en museos en cada momento. Es decir, debe escribir sobre la actualidad de aquello que ofrecen los diferentes espacios expositivos, y, a partir de ellos, elaborar un discurso propio que va más allá de la mera crónica para ir construyendo una mirada personal reflexiva sobre el arte que combina el historicismo y la autobiografía de los artistas, la estética y la técnica, la escritura y la pintura y, en términos generales, la búsqueda dentro del arte del siglo XX de la supervivencia de unas vanguardias que nacieron en contraposición de una herencia artística previa para, con el paso de los años, convertirse ellas mismas en parte de esa tradición y, al final, en herencia misma para nuevos artistas.

El libro está dividido en capítulos “temáticos”: Surrealismo y Dada; Románticos y Realistas; Estadounidenses por el mundo; Retratos; Artistas norteamericanos; Exposiciones colectivas; Arquitectura y ambientes; Figuras recurrentes; y, finalmente, Poetas y pintores, donde encontramos una muy interesante entrevista a Henry Michaux. Cada capítulo está compuesto por textos de diferente procedencia y que, sin embargo, en conjunto, acaban poseyendo una cierta unión analítica y discursiva que da cuenta de que Ashbery no llevó a cabo sus trabajos como meros textos de revistas para hablar tan solo de la actualidad, sino que buscó con ellos elaborar un discurso crítico del arte.

Ashbery acompaña a los textos de mucha información, siempre sucinta y elegida, sin incluir datos y datos sin más. Los elementos autobiográficos de los artistas le interesan en tanto a que revelan algo conectado con su obra o, incluso, con la propia muestra de la que habla. Su escritura, sobre todo en los textos iniciales, busca la concreción, pero en el transcurso de los años denota una mayor ambición en cuanto a la composición de la prosa ensayística: sin abandonar un gran sentido de la concreción y una extrema y envidiable limpieza expositiva, Ashbery alcanzó un estilo propio para ir armando una genealogía de las vanguardias mediante una prosa que no obviaba al público al que iba dirigido, a priori generalista en algunas de las publicaciones; pero eso no conllevaba en momento alguno una reducción de la exigencia intelectual ni literaria, es más, el poeta logra lo más complicado: transmitir ideas profundas desde una aparente sencillez expositiva. Y, además, como expone Dobry: “Estas crónicas de arte muestran no solo el modo en que un poeta se exige juzgar críticamente aquello que ve sino, también, la manera en que ese juicio sirve como poética para su propia obra de creación”.

Durante los años que abarcan estos textos, Ashbery se convirtió en la figura más destacada de la llamada Escuela de Nueva York y, desde luego, en uno de los poetas norteamericanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. La relación del grupo con el Expresionismo Abstracto y con otros movimientos pictóricos de mediados del siglo XX, se percibe en el interés de Ahsbery por ahondar en las vanguardias artísticas de comienzos de siglo, algo que se relaciona de manera directa con la creación poética que él mismo estaba conformando de manera individual, pero, a su vez, como integrante de un grupo que a pesar de su diversidad obedecía a ciertas pulsiones comunes. Las reflexiones sobre el surrealismo y sus transformaciones, así como su agotamiento; las diferentes formas de realismo y la manera en la que lo real es transformado en pintura; las pulsiones expresivas frente a la meditación técnica; la musicalidad de la pintura y la creación de imágenes materiales desde la abstracción; la permanencia de lo figurativo en un siglo en el que, desde sus inicios, se intentó dinamitar todo intento de mimetismo representacional, son algunas cuestiones que enlazan sus trabajos y exploraciones poéticas con los artistas que aborda en sus textos críticos sobre arte. Algo que hace de Las vanguardias invisibles, en cierto modo, una manera de comprender mejor al Ashbery poeta, sin con ello anular el interés que tienen por sí mismos estos textos que muestran una manera de ejercer la crítica desde el rigor y la inventiva, desde una prosa ensayística personal, que no olvida nunca a quien va dirigida a la par que exige al lector un ejercicio reflexivo constante. Porque Ashbery tiene claro que la manera en la que se representa la realidad es un vehículo esencial para relacionarse con ella. Y para comprenderla. Da igual cómo se creen las imágenes, lo importante es cómo nos sitúan en el mundo y cómo nos ayudan a comprenderlo mejor.

Israel Paredes

Israel Paredes (Madrid, 1978). Licenciado en Teoría e Historia del Arte es autor, entre otros, de los libros 'Imágenes del cuerpo' y 'John Cassavetes. Claroscuro Americano'. Colabora actualmente en varios medios como Dirigido por, Imágenes, 'La Balsa de la Medusa', 'Clarín', 'Revista de Occidente', entre otros. Es coordinador de la sección de cine de Playtime de 'El Plural'.

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